España
La Policía teme más atentados en occidente tras la pérdida de territorios de la yihad
La Policía teme la comisión de más atentados en occidente tras la pérdida de territorios de los yihadistas en Siria e Iraq que llevará cada vez más al Dáesh a animar a los terroristas captados no tanto a ir a combatir a la zona de conflicto sino a actuar en sus países u otros de su entorno.
Así lo ha manifestado un inspector de la Comisaría General de Información de la Policía Nacional en el curso sobre yihadismo organizado por la Asociación Internacional de Policía, en el que han participado también representantes de Guardia Civil, Mossos d’Esquadra, Ertzaintza y Policía Local.
El inspector de la Policía Nacional ha señalado que el terrorismo de los yihadistas constituye la principal amenaza contra la seguridad en España y ha estimado que seguirá siéndolo en un largo plazo pues «no van a cesar ya que consideran que Al Andalus, Ceuta y Melilla es suyo» y ha apostillado: «Seguiremos trabajando pero en cualquier momento nos van a golpear».
Ha advertido además de las dificultades para realizar seguimientos de captadores de futuros yihadistas en España ya que los agentes han detectado que como se sienten vigilados suelen reunirse a altas horas de la noche y durante madrugadas en zonas con un alto grado de clandestinidad como polígonos industriales.
No obstante ha señalado que además de las zonas situadas en los entornos de las mezquitas también se llevan a cabo procesos de radicalización en las prisiones y a través de las redes sociales.
Por parte de la Guardia Civil ha intervenido el comandante de la unidad especializada en la lucha contra el terrorismo yihadista, que ha señalado que fruto de las operaciones llevadas a cabo se ha triplicado en España en los últimos cuatro años la población reclusa por esta actividad delictiva, lo que hace que también aumente el riesgo de acciones violentas contra funcionarios de prisiones.
Ha añadido que una reciente operación ha desarticulado a un grupo de presos yihadistas que estaba formando un auténtico «frente de cárceles» en los centros penitenciarios españoles.
El representante de la Guardia Civil estima que hay que mantener la dispersión de los presos yihadistas y no concentrarlos en una única cárcel que, a su juicio, se convertiría en un foco de radicalización.
Por su parte, el inspector jefe del Área Central de Análisis de los Mossos d’Esquadra ha comentado que los atentados de Cataluña han reflejado que quizá no se conocía tan bien como se creía el grado de integración social de una parte de la población islamista más radical pues se pensaba que si lo estaban por el hecho, por ejemplo, de que hablaban catalán.
En este sentido ha abogado no solo por seguir potenciando la coordinación entre cuerpos de seguridad sino también por incidir en una labor de Policía de proximidad para interactuar con el día a día de la calle y con todos los servicios implicados para recabar así una información vital para actuar con eficacia.
En este sentido un analista de terrorismo internacional de la Oficina Central de Inteligencia de la Ertzaintza ha estimado que es fundamental una interacción permanente con las comunidades islámicas.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
