Opinión
Las chicas de Podemos se saben perdedoras. Por Jesús Salamanca Alonso

Ione Belarra se ve perdedora. Ni ella ni la “marquesita” pueden ser cabeza de cartel al suscitar tanto desprecio entre las mujeres, hartas del daño descontrolado que Podemos hace a las mismas con la ley del «Sí es sí»
No hay duda de que el don Tomás Díaz Ayuso tiene una oportunidad única para hacer que se rasquen los bolsillos cuantos miserables han colgado la lona con su imagen, dado que han incurrido en calumnias e injurias, a sabiendas de que los tribunales le exoneraron de todo lo que se le acusa. El objetivo de la «muñeca» Belarra y su panda asalvajada de indocumentados era difamar a Tomás para hacer daño ilimitado a su hermana; una política integral, preparada, admirada y ampliamente votada, frente a las cuadriculadas podemitas, hace tiempo catalogadas como «mujeres de medio mandil». A ese medio mandil habría que añadir la lengua viperina que les caracteriza por falta de ideas y cavernarias expresiones.
Es imprescindible que haya «consecuencias civiles y tal vez penales». «Es un deseo unánime que el hermano de Ayuso se querelle contra Podemos en algún momento, después de las elecciones». No es de recibo insultar a la ciudadanía, y mucho menos a un ciudadano particular. Quien así actúa solo merece que se le trate a gorrazos, empujones y puntapiés. Podrán comprobarlo cuando las feministas se echen encima de las desequilibradas «chicas de la tarta», una vez que salgan del inservible ministerio de IGUAL-DA, o se les tape la boca por vías ajenas a la diplomática y sin protocolos escolarizados, pero sí encolerizados.
Si para el sector de mamertos bolivarianos no hay límites ni normas que respetar, pondrán el grito en el cielo cuando se les aplique a ellos. La calle la han perdido, del mismo modo que perdieron la vergüenza al aceptar el Gobierno conociendo sus propias limitaciones y el desprecio que suscitaban entre la ciudadanía. La suerte que tenemos los ciudadanos es que no vamos a tener que soportar a esta gente más de unos pocos meses. Como mucho, diciembre va a ser su tumba, como los meses precedentes serán su sucio escaparate.
Lo que hacen las intrusas del Ministerio de IGUAL-DA –con su fuerte carga de machismo redecorado y anquilosado– no es decente, ni siquiera es política; más bien es mafia y por eso hemos de empeñarnos en que esta gente desaparezca de la política por la vía de urgencia y poniéndolas frente a su propio espejo, al igual que Isabel Díaz Ayuso puso en huida y con el rabo entre las piernas al antiguo «macho alfalfa», refrescador de alumnas en baños públicos, vicepresidente desautorizado y rácano por abandono a la hora de actuar en defensa de los mayores de las residencias de ancianos (19 marzo 2020), además de docente sin alumnos a quienes impartir conocimientos y claramente despreciado por ese mismo sector discente.
¿Y por qué no poner un cartelón de lona al exmarqués de Galapagar en la Puerta del Sol? Pongámonos a ello porque merece la pena, aunque solo sea con el objetivo de la mofa y el escarnio hacia el «excoleta morada». Donde las dan, las toman. Y si alguien pensaba que la ley de Talión estaba en desuso, es evidente que estaba muy alejado de la realidad. Talión está presente como lo está el regreso del karma. ¿Acaso la actitud vengativa de Podemos no es ley de Talión?
¿Para cuándo la lona sobredimensionada para el Tito Berni y sus prostitutas de catálogo? ¿Y la de «perejil» Bolaños ridiculizado y arrodillado el Dos de Mayo ente los madrileños? ¿Y la de los socialistas del Congreso y noctámbulos del Ramsés? ¿Y la de ese diputado del PSOE que se pasa la sesión parlamentaria mirando el trasero de las diputadas mientras intervienen en el atril, incluidas las suyas? Vamos, vamos, pongamos trampantojos de lona para toda la escoria de la siniestra política. Y cuando toque al otro bando, también, aunque ya se lo ponen sin motivo y sin que les toque el turno. Por cierto, la JUEC ha hecho el ridículo más calamitoso de toda la era democrática: el cartelón de Tomás; alcaldesas con camisetas del PSOE-Txapote; votantes con el rótulo referido al voto del etarra; votos comprados que van a declararse válidos… ¿De dónde han sacado a esos señoritingos protocolarios? ¿Acaso son activistas y colaboracionistas de Pedro Sánchez, alias «doctor cum fraude»?
No entiendo nada de cuanto hace Belarra, cargada de odio y desesperación. Dicen sus allegadas que, cuando mira a Díaz Ayuso y comprueba la admiración que siente a su paso, le corroe la envidia al saberse ante una mujer integral y admirada. Y, cuando vuelve la vista hacia ella misma o se escucha, se cree Cenicienta, pero al instante queda deslumbrada por su propia mentira, sus aseveraciones retorcidas y las ‘bofetadas’ que le propina Carlos Herrera con una alta carga de sentido común. Y si Belarra pierde el sentido del ridículo, que lo pierde cada vez que abre la boca con desconocimiento, no tarda en aparecer Alfonso Rojo para zurrarle la badana, ponerla educadamente a escurrir y demostrar su ignorancia hasta con la Agenda 2030, obra de salvajes «prorrouristas» y vendepatrias «soristas».
Ya uno no sabe si aspiran a tener más poder o a que Grande Marlasca les proporcione un «Rabocop_69» como el que tuvieron las chicas de la CUP y el independentismo catalán, o el que desearon tener y no tuvieron las chicas «abertzales». La tal Belarra ya se ve perdedora, ni ella ni la «marquesita» pueden ser cabeza de cartel porque es excesivo el odio que suscitan entre las mujeres feministas de verdad, hartas del daño que Podemos hace a las mismas y de la desprotección que ha traído. Eso de llegar en vaqueros y salir de Chanel ya habla de la envidia que sentían y a qué aspiraban, pero esto se acabó.
Si la política que defienden es poner carteles de insulto, plantarse camisetas con la cara de Tomás Díaz Ayuso para dañar a su hermana presidenta, lo mejor que pueden hacer es marcharse a peinar rabos, planchar pepinos y asar corbatas.
Han dejado pequeño a Romanones y sus ocurrencias, pero ellas siguen siendo tropa: mala, pero tropa, al fin y al cabo.
España
Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».
Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.
Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.
Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?
Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.
Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.
En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.
Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.
Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.
Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.
El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.
Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.






