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Cartas del Director

Las democracias liberales son el barniz del diablo

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Inmigrantes africanos recién llegados a España bailan durante una fiesta de bienvenida organizada por grupos vecinales en Bilbao, el 28 de julio de 2018.
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Alguien sostuvo que las democracias liberales son el barniz del diablo. La definición pierde toda su estridencia y adquiere un siniestro realismo cuando en nuestro ánimo pesa la sesión plenaria de ayer en el Congreso, que abordó monográficamente la crisis del Open Arms y en general la inmigración. No es preciso recordar la importancia nuclear que AN concede a este asunto, que va a marcar indefectiblemente lo que seamos o dejemos de ser en el futuro.

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.El barniz del diablo se hizo ayer más visible que nunca durante las intervenciones de los portavoces parlamentarios. Dos argentinos, Cayetana Álvarez de Toledo (PP) y Gerardo Pisarello (En Comú Podem), y una brasileña, María Carvalho (ERC), fueron los portavoces de sus partidos para abordar un tema de tanta enjundia para el porvenir de nuestra nación. Solo faltó la cubana Rocío Monasterio, en representación de Vox, para completar el cuadro.

La conclusión es que el debate migratorio representa para ellos lo que un atrezzo en la escenificación de una gran farsa. Los poses y el postureo de Cayetana Álvarez de Toledo, que se estrenaba como portavoz del PP, confirmaban la impostura de unos dirigentes con el alma de plástico. Fiel a sus orígenes, la encumbrada Cayetana estuvo pretenciosa, falsamente culta, pedante, inauténtica, superficial y farolera.

No se puede criticar la política migratoria del gobierno si tu partido obedece a los que promueven la llegada masiva de ilegales a suelo europeo. Cayetana ni nadie de su partido tendrán nunca el valor de decir alto y claro lo que supondría para Europa la absorción demográfica de su población nativa, que es el gran objetivo de las instancias mundialistas.

Al pose artificioso de Cayetana siguió la voz chillona de Inés Arrimadas, ya gaditana sin complejos, que también quiso convencernos de que la inmigración es apenas un problema técnico y no una cuestión de supervivencia. Tanta banalidad, tanta pose y artificio, tanto mérito simulado, tanta mediocridad sin complejos, tanto arrogante exhibicionismo, tanta solemne intrascendencia y tanto fingido patriotismo, nos sirvieron de respuestas acerca del por qué España no puede esperar nada bueno de esta gente.

La crónica barnizada por el diablo recogió también el etnomasoquismo de los separatistas. Los de Cataluña reivindicaron la acogida de ilegales como principio. Y los del partido fundado por Sabino Arana tuvieron los santos bemoles de advertir contra el supremacismo blanco.

La portavoz de JxCat , Laura Borràs, fue todavía más lejos al recriminar el “viraje insólito” del Gobierno de Pedro Sánchez en política migratoria hacia “una política propia de la ultraderecha de Salvini”.

Borràs acusó al Gobierno español de permitir “que los intereses de los Estados se sitúen por encima de las necesidades de los seres humanos”. Lo que no nos dijo es si ella estaría dispuesta a practicar con el ejemplo y acoger a esos seres humanos en algunos de sus 18 inmuebles de catalana oprimida. O si pondría su Jaguar de 92.000 euros a disposición de las ONG que avituallan a los centros de acogida.

Es justo admitir que Santiago Abascal fue de lejos el que más cerca estuvo del diagnóstico correcto: “Hay una alianza entre la oligarquía, los caciques de Bruselas y la extrema-izquierda para impulsar la llegada masiva de inmigrantes a Europa”, señaló el de Amurrio. El problema es que las manifestaciones de Abascal en sede parlamentaria luego no casan con las concesiones al PP y a Ciudadanos para que implementen las mismas políticas migratorias de siempre.

Abascal, sin embargo, no se atreve a enfocar el asunto desde una perspectiva antropológica. Soslayar esta cuestión en un debate sobre inmigración desautoriza también a Vox como parte de la solución. Estudios realizados en Dinamarca, Reino Unido, Francia, Holanda o Finlandia encontraron en los últimos años que los puntajes de coeficiente de inteligencia (IQ, por sus siglas en inglés) en las poblaciones analizadas habían disminuido considerablemente en comparación con generaciones anteriores.

De acuerdo con la investigación, publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences, la revista de la Academia de Ciencias de Estados Unidos, la media de los noruegos nacidos después de 1975 experimentan una disminución en su IQ con respecto a los nacidos antes de esa fecha.
Si bien a lo largo del siglo XX se había registrado un crecimiento exponencial en los resultados de las pruebas de este tipo en gran parte del mundo (un fenómeno conocido como «Efecto Flynn»), algo pasó en las últimas cuatro décadas, según los investigadores noruegos, para que las cifras comenzaran a ir en picada.

La versión políticamente correcta sugiere que son factores ambientales y no genéticos los que están detrás de esto y que pueden ir desde los cambios en el sistema educativo, en la nutrición hasta el hecho de que ahora leemos menos o a que pasamos más tiempo en línea. Solo les falta apuntar el cambio climático como una de las causas de este declive intelectual.

Las poblaciones europeas han sido la punta de lanza de la humanidad porque nunca carecieron de fórmulas creativas que asombraron al mundo. No es por tanto casualidad que la penicilina, el cine, la imprenta, el Renacimiento, la Ilustración, la música clásica, las máquinas de vapor, los transportes aéreos, sean algunas de las fecundísimas e innumerables obras del genio europeo. Millones de africanos quieren venir a Europa porque este es de los pocos lugares en el mundo donde nadie muere de hambre ni nadie muere privado de la asistencia médica. Esto no habría sido así sin el nutriente étnico capaz de convertir un país carente de recursos naturales como Alemania en la cuarta economía más poderosa del mundo. Los experimentos sincretistas que la ingeniería social ha previsto para Europa supondrían una irreparable pérdida de la genialidad creativa de las poblaciones nativas y, por consiguiente, su creciente empobrecimiento. Los pueblos son el resultado de una herencia biológica de siglos. Si la herencia biológica de un europeo del siglo XVI hubiese sido sustituida por la de un etíope de nuestro tiempo, entonces es bastante probable que la humanidad no conociera hoy la imprenta, ni el telescopio, ni el secreto de la circulación de la sangre, ni la teoría heliocéntrica del sistema solar, ni el astrolabio, ni el reloj, ni los jardines botánicos que abastecían de materia prima a los médicos y farmacéuticos de la época.

Por consiguiente, ¿debería considerarse una oportunidad o una catástrofe para Europa la africanización de sus sociedad? Las élites ya han decidido que lo primero. Los que intervinieron ayer en el Congreso representan exclusivamente los intereses de esas élites resueltas a utilizar las más sofisticadas armas biológicas diseñadas en los laboratorios de la ingeniería social. Nadie habló en nombre del pueblo al que dicen defender.

La inmigración proveniente de sociedades desestructuradas y tercermundistas nos empobrece a todos. Debería darle vergüenza a la izquierda defender tales cosas cuando dice representar a los sectores más humildes de la población. La perspectiva ante el problema es radicalmente distinta si se observa desde El Raval que desde un exclusivo casoplón en Galapagar, vigilado día y noche por agentes de la Benemérita.

Acabo esta crónica como la empecé, recordando lo que alguien dijo sobre el barniz del diablo y las democracias liberales. Estoy cada vez más convencido de que los representantes estamentales representan para Europa un plan satánico de vida, antagónico a la civilización cristiana de Occidente, fuente de todos nuestros bienes.

Lo visto ayer en el Congreso no es más que un reflejo de una sociedad decadente, en crisis terminal, y sin apenas contrapesos efectivos para revertir el curso de unos acontecimientos que nos están conduciendo al infierno en la tierra.


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Cartas del Director

Carta a la Comisión Europea: Dejen caer al Gobierno de Sánchez e Iglesias. Ni un euro para España

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AD.- «Algunos ven a las empresas privadas como un depredador que debe ser disparado, otros como una vaca que debe ser ordeñada, pero pocos son aquellos que las ven como un robusto caballo que tira de la carreta» (Winston Churchill)

 

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Es un principio comúnmente aceptado que hay que dejar que las cosas se deterioren del todo para emprender su reconstrucción. Sobre todo si el problema afecta a su estructura. Simplificar el problema estructural de un edificio ruinoso añadiendo más cemento a los pliegues de una fachada, no evita su progresivo deterioro. No reconocer que el problema de España está en la raíz de su modelo económico solo sirve para que el Gobierno gane tiempo. La Comisión Europea (CE) ha establecido un fondo de recuperación de 750.000 millones de euros, de los cuales 500.000 millones se darán en forma de subvenciones y 250.000 en forma de créditos.

Mal haría Europa en otorgar este pastizal previsto para que el Gobierno teje una amplia red de clientelismo electoral similar al que permitió a los socialistas gobernar en Andalucía, durante cuarenta años, gracias a las ayudas del PER (Plan de Empleo Rural). El resultado ha sido una región a la cola europea en número de parados y un amplio sector de la población dependiente de las ayudas y renuente a la cultura del trabajo.

Ahora se pretende hacer lo mismo con el Ingreso Mínimo Vital. ¿Debemos fiarnos de la gestión objetiva y real de ese dinero por parte de un Gobierno como este? ¿Cuántas horas tiene que trabajar un trabajador español para ganar 1.000 euros? La pregunta del millón: ¿esto se puede aguantar siempre? La pregunta estúpida: ¿esto quién lo paga?.

Un semanario holandés ha dibujado como “vagos” a españoles e italianos, representados por un hombre con bigote tomando vino y una mujer en bikini, mientras dos trajeados de pelo rubios holandeses trabajan moviendo la maquinaria financiera de la Unión Europea.

Con el titular “Ni un céntimo más al sur de Europa”, la revista explica “por qué el plan de Merkel y Macron de regalar 500.000 millones no es una buena idea”. La verdad no duele, duelen las consecuencias. La propuesta de la Comisión Europea es perversa porque pretende ser una donación incondicional a los países más afectados por la epidemia, lo que significa una transferencia de dinero del norte al sur de Europa.

Los hechos muestran que España no es pobre y tiene suficiente dinero o acceso al dinero. Solo hay que ver estos días las terrazas y los chiringuitos playeros repletos de gente ociosa. No hay dinero para las pymes pero sí para los actores, para las feministas, para los refugiados venezolanos o para mantener las pensiones no contributivas. Mientras la Europa del norte ha tenido que mejorar el poder adquisitivo de sus economías implementando duras reformas tras la crisis financiera de 2008, el Gobierno de España lo apuesta todo a las ayudas del continente. Lo que se debe exigir al Gobierno de España es responsabilidad. Eso o que sigamos siendo un pozo sin fondo que abusa de Europa en cada crisis financiera. Esto tiene que acabar.

Por otra parte, advertimos a la Comisión Europea acerca de la manipulación histórica de las cuentas nacionales de España. El PIB ‘oficial’ de España está sobrevalorado en un 16% con respecto al PIB ‘real’) y además destacando con anticipación que las reducciones de déficit prometidas por el gobierno español a la UE nunca se cumplirían.

Las ayudas previstas tendrían consecuencias de largo alcance en la magnitud del déficit público de España y en la sostenibilidad a largo plazo de su deuda. Como saben perfectamente, España depende completamente del programa de estímulo del BCE para no declararse en bancarrota. Sin embargo, la dinámica de incumplimiento de las reducciones de déficit prometidas por España parece no tener fin; Además, se ha acentuado en los últimos tiempos.

Hace dos semanas, el gobierno español presentó un Plan de Estabilidad para 2020-2021 a la Unión Europea; en él, se introdujo una caída del 9,2% en el PIB durante 2020 y una recuperación del 6,8% en 2021, más un déficit del 10,3% en 2020, cifras que son, por decir lo menos, pura ficción científica.

Comenzando con el PIB de España, nuestra estimación es una caída del 19,9%, basada en i) las cifras oficiales del primer trimestre (-5.2% o -20.8% aumentadas a la tasa anual), ii) los PMI para el segundo trimestre, con caídas a 7 y 8 en el sector de servicios (el peor de la historia), y iii) las previsiones para todo el año de las asociaciones de empleadores activas en los sectores más afectados (ver Anexo 1). Las industrias en el sector de servicios representan, con mucho, el componente más grande de la economía (alrededor del 68% del PIB y el 75% del empleo). Estas industrias son, en promedio, las más afectadas por la pandemia, y los ingresos perdidos desaparecen para siempre, no se difieren (menos consumidores que tienden a gastar menos). Por este motivo, no es posible una recuperación del 6,8% en 2021; Un crecimiento cero es nuestra estimación.

Anticipamos un aumento del 19,6% en el déficit de España a raíz de las necesidades financieras derivadas de la pandemia y un aumento brutal en los gastos corrientes propuestos por el gobierno español, que incluye un aumento gigantesco en el gasto en salarios públicos (6%). En resumen, un aumento sin precedentes en el tamaño del sector público español, que pasa del 41,9% al 51,5% del PIB de España. Además, el gobierno español considera que el interés de la deuda apenas aumentará de 25,000 a 29,000 millones de euros, en un contexto en el que se necesitarían al menos 380,000 millones de euros en realidad para la refinanciación y la nueva financiación.

Con respecto al empleo, se han perdido cerca de un millón de empleos entre el 12 de marzo y el 30 de abril, y además 3 millones de trabajadores están bajo un esquema de desempleo temporal («ERTE» en español). Teniendo en cuenta estos trabajadores desempleados temporales, España ha alcanzado un 34% de desempleo. Como se estima que uno de cada tres trabajadores temporales desempleados perderá su trabajo de forma permanente, podemos anticipar que el desempleo se estabilizará en un 24%. Las cifras de la Seguridad Social española también muestran que en un mes y medio 142,000 empresas han sido desmanteladas en España, y los trabajadores independientes han sufrido la mayor caída desde que se registran series estadísticas.

Finalmente, en la relación deuda / PIB, se realizan dos estimaciones, una con la deuda EDP y la otra con la deuda total, incluidos los pasivos no incluidos en la deuda EDP que ascienden a 350,000 millones de euros según el Banco de España. En resumen, la deuda EDP / PIB = 141% y la deuda total / PIB = 175%. Es imposible pagar esta deuda, por lo que España está obligada a suspender los pagos en 2021, y dado el tamaño de nuestra economía, 6.5 veces mayor que la de Grecia, España no puede ser rescatada. En nuestra opinión, la única opción realista para abordar este desafío es poner fin al modelo de regiones autónomas, que representa un desperdicio anual de aproximadamente 100.000 millones de euros.

Por esta razón, creemos que la financiación adicional requerida por España debe tener como condición «sine qua non»: el corte drástico en nuestro modelo administrativo regional que representa un desperdicio anual de alrededor del 10% del PIB. Solo las duplicaciones entre las Administraciones Públicas representan 36.000 millones de euros despilfarrados. En palabras del antiguo Ministerio de Finanzas: «dos millones de empleados públicos se han unido al servicio público a través de conexiones personales y no por méritos»,. Hay más de 3.000 empresas públicas en las administraciones de las regiones autónomas que son ineficaces. Asignar recursos adicionales a España sin condiciones implicaría la eventual salida del país del euro, y probablemente el fin del sistema del euro.

Por consiguiente, dejen caer al Gobierno de España aún cuando ello implique a corto plazo el progresivo deterioro de nuestras condiciones económicas. Sin la ética de la responsabilidad y el trabajo, España va a seguir siendo el Brasil del sur de Europa, una sociedad de festeros y parásitos al acecho siempre de las ayudas.

El futuro de España y el de la Eurozona está en peligro. No ayuden a consolidar una economía clientelar al servicio de los peores paradigmas de la sociedad, que es lo que conviene a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para consolidar su régimen bolivariano. Si les preocupa el futuro de España, dejen caer a Sánchez suspendiendo las ayudas previstas hasta la llegada de un nuevo Gobierno. Si comparten con nosotros la necesidad de que media España deje de parasitar a la otra media, entonces eviten que la reconstrucción económica española tenga que ser, una vez más, a costa del esfuerzo y el trabajo de millones de europeos.


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Cartas del Director

Armando Robles, en ‘Buenos días España’: «El Gobierno utiliza a la Policía para reprimir a los ciudadanos y afianzar su régimen»

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Lo único que les preocupa a los militares es conservar sus prerrogativas económicas sin comprometerse con nada. Esto al menos es lo que ha opinado el director de AN, Armando Robles, en el programa «Buenos días España», de Radio Cadena Española.

«Me sorprende que los mandos castrenses hablen de la defensa de nuestra Patria, estando como están a las órdenes de políticos traidores que están promoviendo la destrucción nacional», señaló Robles en el programa conducido y presentado por Santiago Fontenla.

«Cuando hablan de los enemigos de España, señalan Mogadiscio, Besmayah, Libreville y el Océano Índico. Y no es verdad. Los enemigos de nuestra Patria no están tan lejos. Los enemigos de España los tienen muy cerca y me extraña que no los hayan reconocido aún. En el Congreso de los diputados podrían reconocer a muchos de ellos. Están emparentados por línea consanguínea con aquel conde Don Julián que facilitó a los moros la invasión y destrucción de la España visigoda. Son los que no detectaron la supuesta malversación de fondos por parte de los procesados como líderes del golpe independentista en Cataluña. Son los que gobiernan gracias al apoyo de los separatistas que pretenden destruir nuestra Patria. Son los que visitaron al líder de Bildu, Arnaldo Otegi, en el caserío Txillarre y que luego dan la espalda a las víctimas del terrorismo. Son los que pasan por alto el sufrimiento y la persecución que sufren los no nacionalistas, que esperaban de sus militares el mismo interés que estos demuestran en las operaciones de salvamento de ilegales en aguas del Mediterráneo. Son del mismo partido que ordena a la Policía identificar a los españoles que llevan la bandera nacional en su coche. Son los que han arruinado el prestigio de la Fiscalía General del Estado sometiéndola a la lógica de sus pactos políticos con los separatistas. Son los que están acercando a cárceles vascas a miembros de la banda terrorista ETA a cambio del apoyo parlamentario del PNV. Son los causantes de la muerte por coronavirus de miles de ancianos españoles, los que en esta crisis han antepuesto el interés partidario a la salud de los españoles, los que han sembrado España de cadáveres y pobres. Esos son los enemigos de nuestra Patria. han llevado a cabo una gestión negligente que ha llenado de muertos los hospitales. Los altos mandos militares solo creen en el dinero. Que nadie espere nada de ellos», manifestó Robles.

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Para Robles, la ampliación del estado de alarma tiene por objeto un cambio de régimen y lamentó que policías y guardias civiles hayan dado la espalda a los españoles al impedir las protestas y vigilar a los discrepantes en redes sociales, además de no perseguir las opiniones contrarias al Gobierno.

«El Gobierno utiliza a Policía y Guardia Civil para reprimir a los ciudadanos y afianzar su régimen», apostilló.

TODO ESTO Y MUCHO MÁS, EN RADIO CADENA ESPAÑOLA:


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Cartas del Director

Armando Robles: “¿Por qué estoy harto de España y por qué preferiría no tener que llamarme compatriota de la mayoría de los españoles?”

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Excusen llamarme patriota. No lo soy. Para serlo tendría que amar y admirar a la población de la que emerge el concepto de España. Ni la amo ni la admiro. Digo más, preferiría no tener que llamarme compatriota de la mayoría de las personas con las que me cruzo a diario. De esta población, la derecha social me gusta todavía menos. Aceptaría encantado el pasaporte que me brindara un país como Estados Unidos. Incluso Corea del Norte. Allí al menos no ha llegado todavía el hedor de esta democracia herrumbrosa de quinquis, trileros, psicópatas y maleantes. Allí al menos se fusila bien. Reconozco que he llegado al límite estas semanas de coronavirus. La cobardía, la hediondez moral, la mediocridad, la materialidad, la incultura, la indignidad, la ridiculez, el poco o nulo vital de los españoles, puestos en evidencia las últimas semanas, han sido más que suficientes.

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Excepto por media docena vacaciones que he cogido en mi vida, no he dejado de trabajar duro desde que tenía veintipocos años. No recuerdo en todo este tiempo haber estado enfermo, y si lo estuve no recuerdo que ello me impidiera cumplir con un horario de trabajo, que nunca bajó de las 12 horas al día. Nunca nadie me regaló nada, y he tenido que trabajar siempre muy duro para al menos alcanzar la posición de escribir u opinar lo que me sale del nabo sin tener que depender de ningún editor garrulo .

Pero reconozco que empiezo a estar harto, muy harto de vivir en este país enfermo. Estoy harto de vivir a las órdenes de unos políticos que conforman el estadio moral más bajo de la sociedad.

Estoy harto de que estos días, la vida o la muerte, la salud o la enfermedad de miles de ciudadanos españoles dependa de unos dirigentes a quienes les ha importado más los cálculos electorales y los chanchullos de siempre que el interés colectivo.

Estoy harto de que ni aún cuando la salud de muchos dependiese de la llegada de material sanitario en buenas condiciones, nos hayamos librado de esa legión de pícaros, bribones, golfos, salteadores y corruptos que han sido y son el mejor exponente de los valores partitocrátios.

Estoy harto de esos españoles que han salido cada tarde a los balcones para bailar, cantar y batir palmas, mientras los tanatorios, los hospitales y las residencias se llenaban de cadáveres.

Estoy harto de que los españoles pasen de todo y traguen con todo. Por ejemplo, que los dirigentes añadan más incertidumbre al futuro poniendo al frente de la reconstrucción económica nada menos que a un socialista sin estudios que traduce en fracaso todo lo que toca, y a un líder comunista cuyo dato biográfico más sobresaliente es el de representante de la guerrilla de las FARC en las conversaciones de La Habana.

Estoy harto de un país que permite que haya test para los futbolistas y no para los sanitarios.

Estoy harto de que un vago o un ‘okupa’ tenga más derechos que las personas que aún conservan la ética de trabajo.

Estoy harto de una Policía que sanciona por llevar banderas españolas, que penetra en las iglesias interrumpiendo las homilías y desalojando a los fieles, que detiene a un pobre diablo por salir a la calle y permite a Pablo Iglesias saltarse la cuarentena. Estoy harto de esos patriotas de pacotilla a quienes el sueldo de esos policías les preocupa más que el de un trabajador del campo.

Estoy harto que se dé luz  verde a la ‘okupación’ ilegal de pisos mientras guardias civiles vigilan día y noche para que nadie entre en el chalecito del par de golfos de Galapagar.

Estoy harto de que mientras se prohíbe a los cristianos la entrada en los templos, el Gobierno autorice los desplazamientos fuera de sus localidades a las personas de religión musulmana con motivo del ramadán.

Estoy harto que cualquier ciudadano español vea cómo sus hijos, pese a prepararse concienzudamente, son incapaces de lograr un puesto de trabajo, mientras se permite que el más tonto de los españoles pueda ser elegido para gestionar y administrar el Tesoro o dirigir el destino de la nación.

Estoy harto la dictadura de género y la aberración del lenguaje inclusivo disfrazado de igualdad, que ha convertido el Parlamento español y el resto de administraciones públicas en una academia feminista de analfabetas funcionales.

Estoy harto de esa caterva de artistas progres subvencionados, y de esas continuas deposiciones cinematográficas al servicio de una sociedad partidaria, pornográfica y frentista.

Estoy harto de que la política tenga que salir al auxilio del arte, porque ese arte se ha prostituido tanto que es incapaz de vivir si no es a expensas de los políticos.

Estoy harto de que el ‘culebrón Merlos’ haya protagonizado más tertulias televisivas y más encendidos debates que la letalidad entre los mayores.

Estoy harto del poder que psicópatas y maricas ejercen sobre nuestras vidas. Estoy harto de que el futuro económico y la salud moral de nuestros hijos dependa de gente como ‘El Chepas’ y la cajera.

Estoy harto de que me digan que tengo que acoger y ayudar a los representantes de esos pueblos que comían larvas mientras aquí se construían catedrales.

Estoy harto de que me digan que debemos ganar menos para mantener a la legión de vagos, menesterosos, oenegeros, feministas y subvencionados de toda laya, con tal de que la izquierda no pierda su principal cantera de votos.

Pero sobre todo, estoy muy harto de la derecha social, porque debiendo tener conciencia de todas las cosas que provocan mi hartazgo, lo que hace es mirar para otro lado. Estoy harto de esa derechona friki y cobarde, cuyos confines ideológicos se limitan al ‘Viva España’ escobariano y al ‘Arriba España’ cuartelero. Estoy harto de esa derecha dominguera que no hace más que perder batallas, una tras otra. Estoy harto de esa derecha zafia, tópica, cainita, de argumentos epidérmicos y de andar con el pie cambiado. Estoy harto de esos patriotas postureros que exaltan a La Legión en su centenario y se olvidan de mencionar el nombre de su fundador.

Debo admitir que esa derecha, a trompicones entre el sainete y el Capitán Araña, vale menos que la izquierda, que ya es valer poco. La izquierda está ganando de calle la guerra que muchos creían haber ganado en el 39. Han conseguido sacar a Franco de su tumba, confinar la incorrección política  en el baúl del olvido, adoctrinar ideológicamente a la nación, introducirnos sus prejuicios, imponernos su visión maniquea de la historia, cambiar el nombre a nuestras calles, ideologizar la moral, pervertir el lenguaje, implementar la verdad oficial como un dogma de fe, oficializar sus preferencias éticas y estéticas, demonizar a nuestros héroes. Salvo este medio, ni siquiera se ha tenido el coraje de despedir a Billy el Niño con el respeto que ellos dispensaron al genocida Santiago Carrillo, enterrado en olor de multitudes. Por eso no distingo entre el PP y Vox, salvo en algunos detalles florales que en el fondo no alteran nada.

Un pueblo que ha perdido la dignidad hasta de pedir justicia para sus muertos, víctimas en muchos casos de la negligencia de este Gobierno, no merece ser reconocido como algo propio y cercano afectivamente. Pura razón natural tras 42 años de oligarquía partitocrática. Lo que tenemos es una masa adormecida, amorfa, hueca, vacía, grotesca, extremadamente manipulable… De ella no se podrá sacar nunca nada bueno, nada positivo. Al igual que otros europeos, pero en grado mucho mayor, los españoles han llegado al último capítulo de la decadencia y la degradación. Este es un organismo en putrefacción avanzado. La carne agusanada de este cuerpo es lo único que realmente se mueve y tiene vida.

Los representantes de ese pueblo son todavía peores. La Monarquía letiziana no sirve a los españoles. Los partidos sirven solo a sus dirigentes y financiadores. Las altas esferas judiciales sirven a los fuertes y se ensañan con los débiles. La cúpula de la Iglesia sirve a Satanás. Los medios de manipulación sirven al pesebre que les llena las alforjas con millones de euros. El sistema ha quebrado. El sistema es un inmenso campo moral de ruinas. Nos han arruinado y humillado, nos han dejado sin futuro. Las próximas generaciones de españoles pagarán dramáticamente los excesos de estos años.

Los españoles ya no sienten ni frío ni calor. Están tan cretinizados que admiten como corriente lo que en otra época habría provocado un levantamiento. Lo lamento, pero estoy harto, muy harto, de los españoles. Lo que me pide el cuerpo es otro pasaporte y mandar a la mierda el que ahora tengo.


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