Internacional
LECCIÓN PARA EUROPA: Tiempo de venganza: Cómo Rusia erradicó la ‘peste’ yihadista en Chechenia
[sc name=»li1″ ]El líder de la república de Chechenia, Ramzán Kadírov, anunció el 20 de enero que el último grupo terrorista de este territorio fue erradicado. Este suceso marcó el fin de una larga lucha contra los radicales. Con este motivo, Sputnik recuerda cómo Rusia vengó la muerte de sus ciudadanos caídos a manos de los terroristas.
La reciente operación contra los terroristas se realizó de manera efectiva, lo que garantizó que los uniformados rusos no sufrieran bajas. Los terroristas eliminados habían permanecido en libertad durante años y ahora, tras la ejecución de la banda, se puede decir que no hay terroristas activos en Chechenia.
En su mensaje en Telegram, el líder checheno reconoció que todavía hay terroristas provenientes de Rusia —mayormente del Cáucaso Norte— en otros países de Oriente Medio, como Siria. Sin embargo, Kadírov advirtió que los que traten de «perturbar» a los ciudadanos rusos correrán el mismo destino que los últimos terroristas de Chechenia.
La eliminación de esta banda tenía como objetivo ajusticiar a las víctimas del atentado perpetrado en el aeropuerto Domodédovo de Moscú en 2011, en el que fallecieron más de 30 personas. Esta no es la primera vez que Rusia lleva este tipo de operaciones para vengar la muerte de los ciudadanos caídos a manos de los radicales.
El ejemplo más conocido es la operación especial realizada por los uniformados rusos contra uno de los líderes de los terroristas chechenos responsable de numerosos actos de violencia contra civiles rusos. Ese terrorista pertenecía al movimiento separatista de Chechenia de la década de 1990 y 2000. Su nombre era Shamil Basáyev.
Su eliminación fue uno de los puntos de inflexión en la aniquilación de los elementos radicales en el Cáucaso Norte. El operativo que puso fin a la vida de este criminal fue parte de una serie de operaciones especiales contra los cabecillas independentistas y radicales de origen checheno.
La operación contra Basáyev puede ser comparada con los asesinatos de los líderes separatistas chechenos Yojar Dudáyev y Aslán Masjádov, así como con el operativo para eliminar al terrorista de origen saudí Ibn Jattab.
Esta es la historia del terrorista número uno de Rusia, cuya eliminación es comparable con el reciente operativo que acabó con la peste yihadista en Chechenia. Sputnik recuerda de qué es culpable Basáyev y relata los detalles del operativo que puso fin a la vida del yihadista.
Crímenes salvajes del terrorista número uno de Rusia
Las agrupaciones terroristas de Shamil Basáyev fueron la columna vertebral del ‘Ejército’ de los separatistas chechenos durante la Primera Guerra de Chechenia. En la primera etapa de aquella sangrienta guerra, Basáyev se dedicó a la lucha armada contra las fuerzas federales rusas.
Pero en mayo de 1995, cambió de tácticas y decidió optar por ataques terroristas, ya que consideraba que esta era la mejor manera de convencer a las autoridades rusas de reconocer la independencia de esa región. Basáyev pensó que el Gobierno federal no vería otra opción que sentarse en la mesa de negociación con los radicales.
Moscú, al entender el peligro que representaba Basáyev para la seguridad del país, se lanzó a la caza del terrorista. En los medios aparecía información sobre la posible eliminación o muerte del cabecilla radical. Sin embargo, todos estos informes resultaron ser incorrectos. La sociedad rusa quería que Basáyev pagara el precio más alto por los numerosos actos de violencia que cometió a lo largo de una década, entre 1995 y 2005.
La lista y magnitud de sus crímenes son verdaderamente aterradores.
El primer atentado orquestado por Basáyev que pasó a ser universalmente conocido y provocó una ola de indignación en la sociedad rusa debido al gran número de víctimas civiles fue la toma de rehenes en un hospital de la ciudad rusa de Budiónovsk, en la región de Stávropol. El ataque tuvo lugar en junio de 1995 y se saldó con 130 víctimas mortales entre los civiles, la mayoría de ellos mujeres.
Entre agosto y septiembre de 1999, la banda de Basáyev y las unidades del terrorista Ibn Jattab invadieron la región rusa de Daguestán. Tres años después, Basáyev se declaró responsable de haber planeado la toma de rehenes en un teatro en Moscú que tuvo lugar el 23 de octubre de 2002 y que resultó en la muerte de 129 civiles.
También asumió la responsabilidad del ataque terrorista en un estadio en la ciudad de Grozni, capital de Chechenia, en el que falleció el padre del líder actual de Chechenia y primer presidente de esa república rusa, Ajmat Kadírov. Desde entonces, Ramzán Kadírov juró vengar la muerte de su padre. Para el jefe de Chechenia esto fue una cuestión de honor.
Pero el crimen más atroz del que Basáyev asumió la responsabilidad causa asombro por su enorme brutalidad y demuestra el carácter inhumano del terrorista. Se trata de la toma de rehenes en la ciudad de Beslán, en la república rusa de Osetia del Norte. El número de rehenes se cifró en 1.100, muchos de ellos menores de edad. Este crimen de lesa humanidad se saldó con 333 muertos y 783 heridos. De los 333 fallecidos en ese atentado 187 fueron niños.
Venganza inevitable
El entonces director del Servicio de Seguridad de Rusia, Nikolái Pátrushev, informó el 10 de julio de 2006 al presidente de Rusia, Vladímir Putin, que el terrorista número uno de Rusia, Shamil Basáyev, había sido eliminado. La unidad especial de las fuerzas rusas eliminó a 12 terroristas junto con él. Este fue un gran éxito para Moscú y acercó un paso más el fin del terrorismo en el país.
Si bien los pormenores de la operación que acabó con la vida de Basáyev todavía siguen siendo un secreto, ya se conoce más del operativo. Se sabe, en particular, que el líder yihadista fue eliminado a raíz de un ataque por parte de las fuerzas rusas entre el 9 y el 10 de julio de 2006 en el territorio de la república rusa de Ingusetia. La causa de muerte fue la explosión de un camión que transportaba armas y municiones y que estaba siendo escoltado por el automóvil de Basáyev.
Según la información presentada por varios medios rusos, en el operativo se usó el mismo procedimiento que durante el asesinato del líder separatista checheno Yojar Dudáyev: la localización de Basáyev fue encontrada gracias a la señal de su móvil. El terrorista sufrió heridas fatales supuestamente a causa de un ataque con misiles.
Dicho camión transportaba armas que presuntamente serían usadas para perpetrar un atentado similar al de Budiónovsk y Beslán. En otras palabras, las acciones de los servicios especiales rusos previnieron un nuevo atentado que podría haber cobrado más vidas civiles rusas. Con el fallecimiento de Shamil Basáyev Rusia y, en particular, el Cáucaso Norte, se hicieron lugares más seguros.
La muerte del terrorista número uno de Rusia fue celebrada por muchos políticos rusos e incluso extranjeros.
Según Ramzán Kadírov, «Basáyev nunca fue un musulmán, ni una persona creyente. Fue un chacal y murió como un chacal». El presidente ruso, Vladímir Putin, dijo que la eliminación del terrorista y de su banda fue «una venganza merecida por —la muerte de— nuestros niños de Beslán, en Budiónovsk, por todos los atentados que perpetraron».
El entonces presidente de EEUU, George Bush, declaró que «si él de verdad fue la persona que asumió la responsabilidad por la toma y el asesinato de rehenes en Beslán, entonces merecía morir».
La muerte de Basáyev no fue el fin del terrorismo en Rusia, pero su muerte fue un fuerte mensaje a todos los que estaban listos para tomar la vida de personas inocentes: Rusia no lo tolerará.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
