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Europa

Los combatientes del Estado Islámico desaparecidos de Europa

Redacción

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Por Soeren Kern.- El Gobierno alemán ha perdido la pista a numerosos alemanes que viajaron a Irak y Siria en los últimos años para unirse al Estado Islámico (EI). La revelación se produce entre los crecientes temores de que algunos de esos combatientes estén volviendo a Alemania sin ser detectados por las autoridades.

El Ministerio del Interior alemán, en respuesta a una pregunta de Linda Teuteberg, secretaria general del Partido Democrático Libre (FDP), de corte liberal clásico, reveló que las autoridades alemanas no tienen información sobre el paradero de al menos 160 alemanes que se marcharon para combatir con el EI, según Welt am Sonntag. El Ministerio dijo que, aunque seguramente algunos habían muerto en combate, otros se habían escondido y quizá estaban intentando restablecerse en Alemania.

«En vista de la muy fragmentada protección de las fronteras externas de la UE, es particularmente preocupante que el Gobierno federal parezca no haber tomado más medidas para impedir la reentrada incontrolada de combatientes del EI en la clandestinidad», dijo Teuteberg a Welt am Sonntag. Añadió que el Gobierno «sigue sin tener ninguna idea» sobre qué hacer con los antiguos combatientes del EI de Alemania, incluidos «los alemanes detenidos en la zona de guerra, así como los más de 200 antiguos seguidores del EI que ahora han vuelto a Alemania».

Teuteberg dijo que el Ministerio del Interior debería dar con un plan para el tratamiento de los retornados del EI y cómo hacer que rindan cuentas, por ejemplo, reforzando la competencia legal para investigar y enjuiciar los crímenes de guerra en el extranjero.

De los 1.050 alemanes que se calcula que viajaron a Irak y Siria para combatir en los últimos años, aproximadamente un tercio (350) ha vuelto a Alemania. Se cree que otros 220 han muerto en el campo de batalla. Según fuentes del Gobierno citadas por el programa de la televisión alemana «Tagesschau», aproximadamente 120 están detenidos en Irak y Siria. Además, al menos 138 hijos de combatientes del EI alemanes están retenidos en Irak y Siria. Se desconoce el paradero de los demás.

El Gobierno alemán restó importancia a las inquietudes de Teuteberg respecto a que los combatientes del EI puedan volver a Alemania de forma desapercibida:

«Dadas las diferentes medidas (incluidas las listas de los más buscados o barreras fronterizas) que han dificultado considerablemente la reentrada incontrolada, también se supone que, en el futuro, la entrada sin el conocimiento de las fuerzas de seguridad alemanas debería seguir siendo la excepción».

Sin embargo, se sabe que varios combatientes del EI han entrado en Europa —incluida Alemania— sin ser detectados, haciéndose pasar por inmigrantes: la mayoría de los terroristas que perpetraron los atentados yihadistas de noviembre de 2015 en París, donde murieron 130 personas y 360 resultaron heridas, entró en Europa haciéndose pasar por inmigrantes, según los investigadores antiterroristas. La mayoría de los atacantes son perfectamente conocidos por la policía y al menos 9 estaban en la lista de terroristas vigilados. Una vez que traspasaron la porosa frontera de la UE por el sur de Europa, pudieron viajar por el resto de Europa sin ser detectados.

Los combatientes del EI desaparecidos son un problema que afecta a toda Europa. Un estudio de julio de 2018 realizado por el International Center for the Study of Radicalization (ICSR), del King’s College de Londres, calculó que más de 5.900 personas —3.379 hombres, 1.023 mujeres y 1.502 menores— de Europa occidental se unieron al Estado Islámico. Otras 7.250 personas del este de Europa se unieron a la organización.

Según los cálculos del ICSR, alrededor de 1.765 combatientes han vuelto a la Europa occidental, y 784 han vuelto a Europa del Este. Al menos 800 combatientes del EI están retenidos en centros de detención kurdos en el norte de Siria. En torno a 700 de las esposas de los combatientes y 1.500 de sus hijos también están en campos, según Reuters. Sigue sin saberse cuántos de los combatientes del EI no contabilizados han muerto en el campo de batalla y cuántos están escondidos.

En Austria, por ejemplo, de 250 combatientes del EI, han vuelto 93. En Bélgica, de los 500 combatientes del EI, han vuelto 123. En Gran Bretaña, de los 850 combatientes, han vuelto 425. En Dinamarca, de los 145 combatientes del EI, han vuelto 72. En Francia, de los 1.900 combatientes del EI, han vuelto 400. En Italia, de los 129 combatientes del EI, han vuelto 11. En los Países Bajos, de los 300 combatientes del EI, han vuelto 60. En España, de los 210 combatientes del EI, han vuelto 30.

En Suecia, de las 300 personas que se calcula que salieron del país para unirse al Estado Islámico, han vuelto aproximadamente 150, según el Servicio de Seguridad Sueco (Säpo). Se cree que en torno a 100 combatientes suecos han muerto en el campo de batalla; el Gobierno no tiene información sobre el paradero de los otros.

Entre 35 y 40 combatientes suecos del EI han vuelto a Estocolmo, pero el ayuntamiento no se ha puesto en contacto con ni uno solo de los retornados, y quizá ni siquiera sepa dónde vive ninguno de ellos, según una revelación de la televisión sueca, SVT, la cadena nacional pública.

La SVT sondeó a varios funcionarios de cinco ayuntamientos suecos —Gotemburgo, Estocolmo, Örebro, Malmö y Borås— donde vive la mayoría de los 150 retornados del EI, y descubrió que esos ayuntamientos, en conjunto, sólo tienen conocimiento del paradero de un máximo de 16 adultos y 10 niños.

Esa aparente apatía se ha atribuido a la carencia legislativa de Suecia. «Somos casi el único país de la UE que no tiene leyes contra la participación en y cooperación con organizaciones terroristas», dijo Magnus Ranstorp, experto antiterrorista de la Universidad de la Defensa de Suecia en Estocolmo. «Por supuesto que somos vulnerables —añadió—. Los que son peligrosos y andan por nuestras calles pueden reclutar a más, e incluso pueden planear actos terroristas».

Entretanto, cientos de combatientes yihadistas extranjeros que están retenidos en Siria representan una «bomba de relojería» y podrían escapar y ser una amenaza para Occidente, a menos que los países hagan algo más por llevarlos de vuelta, según las autoridades encabezadas por los kurdos y respaldadas por EE. UU., y que los están reteniendo.

«Parece que la mayoría de los países han decidido que ya han terminado con ellos, que los van a dejar aquí, pero es un gran error», dijo Abdulkarim Omar, de las Fuerzas Democráticas Sirias. «Sus países de origen deben hacer más para enjuiciar a los combatientes extranjeros y rehabilitar a sus familias, o si no, esto será un peligro y una bomba de relojería».

En febrero de 2019, el presidente de EE. UU., Donald Trump, pidió a los países europeos que repatriaran y enjuiciaran a sus combatientes extranjeros:

Estados Unidos le está pidiendo a Gran Bretaña, Francia, Alemania y otros aliados europeos que se hagan con el control de 800 combatientes del ISIS que hemos capturado en Siria y los lleven a juicio. El califato está a punto de caer. La alternativa no es buena, en el sentido de que estaremos obligados a ponerlos en libertad…

Estados Unidos no quiere ver cómo estos combatientes del ISIS se filtran a Europa, que es adonde se espera que vayan. Hacemos mucho y gastamos mucho. Es hora de que otros den el paso y hagan el trabajo para el que son tan capaces. ¡Estamos retrocediendo después de una victoria completa sobre el califato!

En abril, Trump tuiteó: «Tenemos 1.800 prisioneros del ISIS tomados como rehenes en nuestras batallas finales para destruir la totalidad del califato en Siria. Se está decidiendo ahora qué hacer con estos peligrosos prisioneros… Los países europeos no están ayudando nada, aunque esto se hizo en gran medida por su bien. Se están negando a aceptar de vuelta a los prisioneros desde sus países específicos. ¡Eso no está bien!».

El 24 de junio, la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, pidió que todos los combatientes extranjeros detenidos en Siria e Irak sean repatriados, investigados y enjuiciados o puestos en libertad. «No es aceptable la continua detención de individuos no sospechosos de crímenes, a falta de una base legal y una revisión judicial independiente y regular», dijo.

La renuencia de Europa a recuperar el control de sus combatientes del EI se basa en una mezcla de factores jurídicos, económicos y políticos. Algunos países empezaron a repatriar a los hijos de los yihadistas del EI caso por caso, pero aceptar de vuelta a los combatientes extranjeros y sus familias es profundamente impopular y comporta riesgos políticos.

En Francia, por ejemplo, el primer ministro, Édouard Philippe, dijo hace poco que prefería que los yihadistas franceses fuesen repatriados, en vez de arriesgarse a que eludan la justicia. Deberían «ser juzgados, condenados y castigados en Francia, en vez de que desaparezcan y vayan a su aire para planear otros actos, también contra nuestro país, otra vez», dijo en una entrevista del 30 de enero con France Inter. Sus declaraciones desataron una inmediata indignación. Valérie Boyer, del partido centroderechista Les Républicains, dijo en el Parlamento que el Gobierno debía «impedir la vuelta de los yihadistas que han traicionado a Francia y combatido contra nuestra civilización».

Nicolas Bay, diputado de la Asamblea Nacional, y también miembro de la junta ejecutiva del partido de Marine Le Pen, Agrupación Nacional (RN), añadió:

«Los yihadistas franceses, por su compromiso con las organizaciones que han declarado la guerra a nuestro país, y habiendo cometido actos innobles en nuestro territorio; estos yihadistas han optado deliberadamente por romper con Francia y no hay ninguna justificación para concederles ninguna protección».

En vez de prepararse para su vuelta, el Gobierno debería hacer todo lo posible por impedir que vuelvan a territorio francés. Deben ser juzgados por las autoridades sirias e iraquíes competentes.

Philippe dio después un giro de 180 grados. En una entrevista el 6 de marzo con BFM TV, dijo: «No vamos a traer de vuelta a nadie. La doctrina francesa ha sido siempre que los combatientes franceses que van a zonas de combate están luchando contra nosotros. Cuando sean detenidos, serán juzgados y, si es necesario, castigados allí mismo [en Irak o Siria]».

El Wall Street Journal, en un reciente editorial: «El problema de Occidente con los combatientes extranjeros», señaló que los gobiernos europeos se enfrentan a un callejón sin salida: o repatrian y enjuician a sus yihadistas, o se arriesgan a que desaparezcan del radar y perpetren nuevos atentados en Europa. Escribió el Journal:

«En febrero, el presidente Trump tuiteó que EE. UU. está pidiéndole a Gran Bretaña, Francia, Alemania y otros aliados europeos que recuperen el control de sus combatientes del ISIS y los enjuicien en casa. Indonesia, Marruecos, Rusia y Sudán empezaron el proceso hace meses, pero los gobiernos europeos se siguen resistiendo».

Plegados a la presión política doméstica, los políticos europeos, como el secretario del Interior británico, Sayid Yavid, se han comprometido a rechazar a los miembros del ISIS e incluso a despojarlos de su ciudadanía. Las autoridades alemanas y francesas también han expresado públicamente su escepticismo sobre aceptar a terroristas encarcelados. Los países que han criticado a EE. UU. por la Bahía de Guantánamo están ahora haciendo la vista gorda a la detención de sus ciudadanos en otras partes…

Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) han tratado a los detenidos con humanidad, pero no los pueden retener para siempre. En algún momento, a la organización no le quedará otra opción que dejar a los prisioneros, agravando mucho más una amenaza para la seguridad manejable. Estos combatientes curtidos en la batalla son especialmente peligrosos, por sus conocimientos prácticos y el respeto que podrían inspirar en los aspirantes a yihadistas.

Muchos combatientes puestos en libertad podrían infiltrarse en Irak, mezclarse con las poblaciones suníes simpatizantes y prepararse para un resurgimiento del ISIS. Otros podrían aprovechar los vacíos de seguridad en Libia o Somalia o provocar conflictos en otras regiones inestables. Quizá el mayor riesgo es que algunos volverán a Occidente entre los refugiados, sin ser detectados. Los países que dudan de recuperar a sus ciudadanos deberían darse cuenta de que podrían volver de todas formas, pero clandestinamente.

Fuente: Gatestone Institute

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España

Lo único bueno que nos trae Europa: retuercen el brazo a Sánchez para aumentar el gasto en Defensa

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El portaaeronaves Juan Carlos I se renueva con 50 equipos para su nueva propulsión y 35.000 metros de cableado

La gran revisión del buque insignia ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas

Tras casi cuatro meses de trabajos, el buque insignia a L-61 Juan Carlos I estará puesto a flote este lunes 10 de noviembre, antes de iniciar las pruebas de mar previstas para la primera quincena de diciembre, según ha informado la Armada española.

El proyecto, uno de los más relevantes desde la entrega del buque a la Armada en 2010, ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas , reflejando la magnitud técnica y humana de la actuación. Los trabajos comenzaron el 17 de julio, con la entrada del buque en dique seco , y han incluido actuaciones críticas para garantizar su operatividad durante la próxima década.

El punto central de la modernización ha sido el reemplazo completo del sistema de propulsión, un proceso de alta complejidad que permitirá optimizar el rendimiento energético del buque. Se han desmontado los Pods existentes, desinstalado 48 equipos del sistema anterior e instalado 50 nuevos equipos para sustituir su propulsión de última generación.

El proyecto ha implicado el tendido y conectado de más de 35.000 metros de cableado —tanto de fuerza como de control— y la reutilización y reconexión de otros 31.000 metros ya existentes. Estas tareas aseguran la integración total del nuevo sistema y su compatibilidad con los sistemas eléctricos y de control del buque.

La inmovilización ha incluido un programa de trabajos de varada de gran envergadura: tratamiento de superficies del casco y la superestructura, revisión de hélices transversales, estabilizadores, anclas y cadenas, y la renovación de ánodos y sistemas de protección catódica (ICCP) . También se ha intervenido en el sistema antiincrustante MGPS, se han sustituido o revisado más de 200 válvulas de fondo y se han limpiado y pintado casi 80 tanques y sentinas.

Entre las labores más complejas destacan también las de mantenimiento de los grupos generadores diésel, que han sido sometidas a un «overhaul» completo para garantizar la confiabilidad y disponibilidad necesarias para alimentar los nuevos sistemas de propulsión.

Modernización total

El capitán de corbeta Héctor Arias Macías, jefe de Máquinas del buque, ha subrayado la importancia técnica y humana del proyecto: «La modernización efectuada en el buque se traduce en una mayor confiabilidad de los sistemas y en una mejora sustancial de las condiciones de vida a bordo».

Según explica, las mejoras en habitabilidad se reflejarán en «las zonas de esparcimiento, aseos y cocinas, que se han renovado por completo junto con las cámaras frigoríficas». Arias ha destacado además «la empatía y profesionalidad con la que todo el personal y las empresas implicadas han afrontado el proyecto», y ha reconocido que «ver al buque de nuevo a flote, tras cuatro meses en dique seco, listo para la siguiente misión, nos llena de orgullo e ilusión».

Imagen del L-61 al frente de un grupo naval

Imagen del L-61 al frente de un grupo naval. Armada Española

 

Por su parte, Joaquín Pery Bohórquez, jefe de programa de Navantia, ha subrayado «la magnitud de esta inmovilización, tanto en términos de empleo en la Bahía de Cádiz, como en el trabajo conjunto con la Armada para garantizar la plena operatividad del buque y la mejora de la habitabilidad para la tripulación».

Pery ha destacado que «han sido meses de intenso trabajo en los que Navantia se ha involucrado para entregar a tiempo y con la calidad que la Armada requiere», en una actuación que consolida la experiencia del astillero gaditano en el mantenimiento de grandes unidades navales.

El Juan Carlos I, puesto en servicio en 2010, es el buque de mayor tamaño y capacidad de la Armada Española, con una eslora de 231 metros, una cubierta de vuelo apta para aviones AV-8B Harrier II Plus y helicópteros, y capacidad para transportar un batallón completo de Infantería de Marina con sus vehículos y equipos.

Con esta modernización, el buque insignia de la Armada refuerza su papel como plataforma estratégica de proyección anfibia y aérea, preparada para afrontar las nuevas misiones nacionales e internacionales que le sean encomendadas.

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