España
Los presos independentistas recogen sus actas de diputados en el Congreso
Cuando apenas pasaban cuatro minutos de las 10 de la mañana, los cuatro diputados electos que actualmente están en prisión preventiva por su participación en el «procés» han llegado al Congreso para acreditarse como parlamentarios en la legislatura que arranca mañana. Oriol Junqueras, de ERC, y Jordi Sànchez, Josep Rull y Jordi Turull, de JxCat, están en estos momentos realizando los trámites pertinentes para recoger sus respectivas actas de diputados.
Han llegado a la Cámara Baja procedentes de la cárcel de Soto del Real. Han entrado en cuatro coches directamente al párking de la Cámara, tras pasar por la plaza de las Cortes. Han utilizado un acceso compartido entre el aparcamiento público que hay en esta zona y el del Congreso. Desde primera hora, en los alrededores del Congreso se había desplegado un fuerte dispositivo de seguridad.
Los políticos presos del «procés», una vez en el interior del garaje, han quedado bajo custodia de la Policía de la Cámara Baja, que supervisará su estancia en la Cámara. Tal y como determinó el Supremo la semana pasada, todos ellos «deberán ser debidamente custodiados y adoptarse por la Presidencia de ambas cámaras las decisiones oportunas para que dichos trámites se practiquen sin dilación y para que sean reintegrados al centro penitenciario a la mayor brevedad posible». Por esta razón, una vez concluidos estos trámites, tendrán que abandonar las dependencias parlamentarias.
Dentro de las medidas de seguridad que deben cumplir, a instancias del Supremo, también se encuentra el hecho de que ninguno de ellos podrá mantener reuniones o comparecer ante los medios de comunicación. Esta prohibición de realizar declaraciones no ha impedido a Junqueras, que ha sido valorar su presencia en el Congreso a través de su perfil en Twitter. «Estamos en el Congreso, estamos bien porque estamos rodeados de amigos y compañeros. Es un privilegio extraordinario y un orgullo infinito. Lo que hace falta es llevar al país a la libertad», ha señalado en un vídeo que ha grabado en el interior de la Cámara junto a Rufián. «Hoy hemos podido salir de la prisión de Soto del Real gracias a vuestros votos para recoger las credenciales que nos acreditan como senador y diputado del Congreso. Vuestros votos nos han hecho libres. Y el domingo nos harán libres en Europa».
Deben entregar toda la documentación necesaria para ser diputados así como cumplimentar hasta tres declaraciones escritas, la de bienes, la de actividades y la de intereses económicos. Tras esto, han sido trasladados hasta la segunda planta del edificio para posar para la fotografía de la ficha oficial del Congreso. Los policías de la Cámara les están acompañando por todo el recorrido a través estas dependencias. Se ha dado la circunstancia de que, en el momento en el que los cuatro diputados presos han entrado en la sala en la que debían acreditarse, en su interior se encontraba el ex ministro de Justicia durante el Gobierno de Rajoy, Rafael Catalá. Precisamente Catalá era el ministro de Justicia durante la celebración del referéndum ilegal del 1 de octubre. El ahora diputado del PP no ha completado los trámites y ha abandonado la sala al percatarse de la presencia de Junqueras y de los tres diputados electos de JxCat.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
