Sociedad
Los suicidios superaron en 2017 a las muertes por accidentes de tráfico
Las muertes por suicidio han aumentado un 3,1% en un año hasta las 3.679 y se colocan muy por encima de quienes perdieron la vida en accidente de tráfico, que sumaron 1.943 fallecimientos en 2017, con un aumento del 2,8%.
Son algunos de los datos correspondientes a 2017 que se extraen de la estadística «Defunciones según la causa de Muerte» difundida hoy por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
En 2017 murieron en España 424.523 personas, 13.912 más que el año anterior (3,4%) y de ellas 214.236 eran hombres (2,5% más) y 210.287 mujeres (4,3% más).
Estas cifras sitúan la tasa bruta de mortalidad en 912,3 fallecidos por cada 100.000 habitantes, un 3,2% superior a la del año anterior, con bastante diferencia entre hombres y mujeres ya que la primera se situó en 938,4 fallecidos por cada 100.000 hombres (2,4% más) y la femenina en 887,2 (4% más).
Destaca el INE que en 2017 el 96,3% de las defunciones (408.686 personas, un 3,5% más que un año antes) se debieron a causas naturales.
Las enfermedades del sistema circulatorio (infarto, angina de pecho…) se mantienen como la primera causa de muerte en 2017 (263,2 fallecidos por cada 100.000 habitantes), seguida de los tumores (243,4) y las enfermedades del sistema respiratorio (110,9).
Si se compara con el año anterior, los fallecimientos por enfermedades del sistema respiratorio aumentaron un 10,3%; los del sistema circulatorio lo hicieron un 2,2% y los originados por tumores un 0,3%.
Por sexo, los tumores fueron la primera causa de muerte en los hombres (300,1 fallecidos por cada 100.000, con un descenso del 0,2 %) y la segunda en mujeres (188,8, un 1 % más).
Las enfermedades del sistema circulatorio fueron la primera causa de mortalidad femenina (279,7 muertes por cada 100.000, un 2,8 % más) y la segunda entre ellos (246,1, un 1,6 % más).
Por edades, entre los menores de un año, el 78,9% de las defunciones se debieron a afecciones perinatales y a malformaciones congénitas (56% y 23%, respectivamente).
Y los tumores fueron la principal causa de muerte en los grupos de edad entre 1 y 14 años (30,2% del total) y entre los 40 y 79 años (44,3%).
El segundo motivo en el grupo de 1 a 14 años fueron las causas externas (22,4%), mientras que entre los de 40 a 79 años fueron las enfermedades del sistema circulatorio (22,2%).
Las principales causas de muerte entre las personas de 15 a 39 años fueron las causas externas —entre las que destaca el suicidio— (41,1% del total) y los tumores (23,8%).
En los mayores de 79 años las enfermedades del sistema circulatorio (33,1 % del total) y los tumores (17%) fueron los principales motivos.
Por sexo, las enfermedades isquémicas del corazón fueron la primera causa de muerte en los hombres mientras que entre ellas fueron las cerebrovasculares.
Los tumores que más muertes provocaron volvieron a ser el cáncer de bronquios y pulmón, pese a bajar un 0,3%, y el de colon, que se redujo un 3,2%.
Por sexo, estos tipos de cáncer fueron los más frecuentes entre los hombres. Y, en ambos casos, ocasionaron menos fallecimientos que en el año anterior (un 2% y un 4,4% menos respectivamente).
Entre las mujeres el cáncer con mayor mortalidad fue el de mama, que aumentó un 1,6%, seguido del cáncer de bronquios y pulmón (un 6,4% más).
Éste último se sitúa, por primera vez, en segundo lugar entre las mujeres.
En 2017 se produjeron 15.837 fallecimientos por causas externas, 169 más que en el año anterior (1,1%), de los que 9.923 eran hombres (1,2% más que en 2016) y 5.914 mujeres (0,9% más).
El suicidio se mantuvo como la primera causa de muerte externa, con 3.679 fallecimientos, un 3,1% más que en 2016.
Por detrás se situaron el ahogamiento, sumersión y sofocación (con 3.116 muertes y un aumento del 14,1%) y las caídas accidentales (con 3.057 y un incremento del 1,3%).
Por accidente de tráfico fallecieron 1.943 personas, lo que supuso un 2,8 % más que en 2016.
De ellos 406 eran peatones y algo más de la mitad era mayor de 70 años.
Por sexo, las principales causas de muerte externa en los hombres fueron el suicidio (2.718 fallecidos), las caídas accidentales (1.603) y los accidentes de tráfico (1.507).
Y en las mujeres las caídas accidentales (1.454 fallecidas), el ahogamiento, sumersión y sofocación (1.450) y los suicidios (961).
Por comunidades autónomas, las tasas brutas más elevadas de fallecidos por cada 100.000 habitantes correspondieron a Principado de Asturias (1.277), Castilla y León (1.195,8) y Galicia (1.182,3).
Y las más bajas a las ciudades autónomas de Melilla (582,5) y Ceuta (658,9) y en Canarias (705,2).
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
