Opinión
Los gobernantes que no amaban a las mujeres
Para los españoles empieza a ser monótona la noticia: “una manada de inmigrantes viola…” Prácticamente no hay día que no nos desayunemos con otra lindeza más de este tipo y entonces uno se pregunta: ¿qué pensarán de todo esto en las altas esferas? Por ejemplo, en Moncloa, donde dos simpáticos monigotes se han instalado como si estuvieran en su sauna habitual, y uno de ellos dice que es el presidente. Ni más ni menos.
Nada nuevo bajo el sol. Okupas drogadictos de una etnia que no podemos nombrar y también, cómo no, violadores: ése es el perfil de la Manada de Sabadell. Un perfil muy antifa, si lo piensas. Tal vez por eso el silencio informativo del Sistema y sus progres, que se han callado como putas ante esta nueva agresión sexual: ésa que acaba de sufrir una chica de 19 añitos en la acogedora ciudad catalana. Ciutat acollidora, sí. De mangantes y violadores. Gracies per tot, progres. Ni una menos y tal: supongo que se refieren a esta plaga de violaciones silenciadas, en su gran mayoría cometidas por inmigrantes ilegales.
«No es la primera vez que sale una chica corriendo de ahí dentro. Lo que le habrán hecho o si habrá denunciado, yo eso ya no lo sé. Pero que yo he visto a alguna chica saliendo a la carrera de ahí, eso seguro”. Esto nos cuenta un mecánico del mismo polígono que estos cerdos, con perdón de los animales, han ocupado a todos los efectos. Él mismo denuncia robos en su taller, pero es un auténtico clamor popular en el barrio: mientras el Ayuntamiento de Sabadell les subvenciona y les permite estar ahí, okupando una nave abandonada, la gente honrada no pueden ir a trabajar ni a pasárselo bien en una discoteca. La víctima fue acosada en un local de fiesta, de hecho, antes de ser acechada afuera para ser secuestrada y violada en grupo.
Se acabó la España segura. Ahora tenemos que asumir la política migratoria autoinvasora de los políticos y sus amos, que por supuesto viven muy lejos del peligro. En auténticos palacios de cuento, muy vigilados por cierto, como puedan ser los de Galapagar o La Moncloa. O Zarzuela, sí, por qué no, porque de ese preparado señor nunca se habla. Su nombre es demasiado puro para ser mencionado.
¿Por qué te callas ahora, “Presidente”? ¿Es que no te importa que tus simpáticos refugiados se dediquen a violar hasta a menores de edad? Tú qué pusiste el grito en el cielo cuando la Manada famosa, porque cinco hombretones habían entrado en un portal con esa chica… ¿Por qué callas ante este hecho repugnante, esta indiscutible violación, una más entre tantas a cuenta de inversores? Junto a tus amigos Pablemos, Casado y Rivera habéis guardado un absoluto silencio, en pacto de omertá, mientras nos distraeis con la tragedia de Venezuela o guerritas inventadas en Cataluña. La misma canción que en Suecia, por ejemplo, donde la inmigración DESCONTROLADA ha llevado la cifra de mujeres violadas a un auténtico récord. ¿En esto consiste la “liberación de la mujer”? ¿En tener que salir a la calle con el velo, las mujeres europeas, para evitar que vuestros no refugiados las violen por sistema?
¿Por qué te callas tú también, Míster Preparao? Ya sabemos que todo te resbala bastante y no participas de polémicas: lo tuyo es la neutralidad o, en otras palabras, el pasar de todo mientras los plebeyos sufrimos las consecuencias de esta política de tu Estado. Según tus absurdos seguidores, ya sabes, reinas pero no gobiernas, luego no es viable dirigirte la más mínima queja. ¡Me hubiera apuntado a la mani del domingo si fuera para echarte a ti también, junto a tu okupa amigo y vecino! La inutilidad de tu cargo así lo exige, porque a pesar de tus lacayos lo cierto es que no vales para nada. Habría que quejarse ante tus jefes, a lo mejor, puesto que no eres más que otra marioneta puesta ahí para despistar. Lo que se llama un engañabobos. Y lo cierto es que nos sales muy caro.
Españoles. Europeos. Inmigrantes, también, que vivís entre nosotros. ¿Es éste el país que queremos para nuestros hijos? Y en especial para nuestras hijas, que parecen condenadas a pagar todo el pato de esta política abierta y acogedora. Acollidora, en catalá, per els amics de Sabadell que no parlan castellá. Y no es que uno sea racista ni fascista. Tenemos inmigrantes sin antecedentes penales que han demostrado lealtad sobrada a la Nación y a sus Leyes, durante años y años, pero a ésos no les arreglamos los papeles. Sí a esta clase de invasores, pese a que son un peligro para todos, y que parece que tenemos que subvencionar y hasta reirles la gracia cuando violan. Ya está bien.
El que quiera a estos hijos de puta lo tiene fácil: que predique con el ejemplo y los acoja en su propia casa y, a ser posible, en un palacio a las afueras de Madrid. En los barrios obreros NO les queremos y NO es NO.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
