España
Mientras leemos o escuchamos el cuento del «francotirador» de Tarrasa…
Por José L. Román.- Mientras contemplamos, leemos o escuchamos el “cuento del francotirador de Tarrasa”, parido por los canallas que todos conocemos, y difundido por sus medios comunistas afines con el único objetivo de convertir a un traidor en héroe, nos olvidamos por ejemplo, de que uno de los mayores corruptos de la historia de la democracia española, Jordi Pujol, junto al emperador de las cloacas de esa misma democracia, el excomisario Villarejo, ambos, y al más puro estilo mafioso de Calabria o Sicilia, tienen a todos los artífices del sistema cogidos por los mismísimos.
Nos olvidamos del atropello y el escarnio sufrido por el periodista Armando Robles, detenido en su domicilio por orden de una jueza de Málaga, por ejercer como periodista su derecho a la información, y, como ciudadano, a expresar libremente sus ideas y sentimientos como uno de los derechos básicos de las personas tal y como establece la Constitución.
Nos olvidamos de que la nación española está en estos momentos dirigida por un presidente ilegítimo que miente más que habla, y que entre otras muchas fechorías cuenta en su haber con el grave delito de fraude por haber plagiado su “tesis doctoral”.
Nos olvidamos de que estamos siendo gobernados por una banda, para la que el antimilitarismo y la fabricación y venta de material bélico, es solo reprobable si la industria armamentística NO emplea a miles de trabajadores en aquellos lugares donde ellos gobiernan.
Nos olvidamos de que, “El Chepas”, un siniestro comunista que nos quiere meter a machamartillo el régimen bolivariano, y que se ha venido vanagloriando de vivir en un barrio obrero, una vez en el machito, sin un ápice de vergüenza y gracias a nuestro dinero y al manchado de sangre de Irán y Venezuela, ha podido adquirir un casoplón millonario en una de las zonas más elitistas de Madrid.
Nos olvidamos del odio y la obsesión enfermiza del okupa de la Moncloa y su banda por exhumar el cadáver del general Franco, aunque para ello tengan que saltarse a la torera todas las normas y leyes establecidas al respecto, y ejecutar esa obsesión mediante la improvisación y el decretazo.
Nos olvidamos de que se nos está prohibiendo algo tan básico y natural como defender al hijo concebido y no nacido, del derecho sagrado que tiene a nacer.
Nos olvidamos del ataque frontal del Gobierno contra la independencia del Poder Judicial en la figura del Tribunal Supremo, a fin de desprestigiarlo, desvitalizarlo y vilipendiarlo, con el objetivo de sacar indemnes a los golpistas catalanes que se encuentran en prisión, desgastando y atropellando sin ningún tipo de escrúpulo el ejercicio libre e independiente de un hombre de honor e incorruptible como el juez Llarena.
Nos olvidamos de la presión ejercida por este Gobierno ilegítimo sobre la Abogacía del Estado, para que retire los cargos de “rebelión” contra los golpistas catalanes, y conseguir con sus votos alargar la legislatura y culminar la misión encomendada de destruir nuestra nación.
Nos olvidamos de las excarcelaciones de asesinos en serie pertenecientes a una organización terrorista y criminal como la ETA, y de que uno de estos excarcelados, “el carnicero de Mondragón”, encabezaba hace unos días una contramanifestación en Alsasua desafiando a los españoles de bien y al Estado de Derecho, ciscándose públicamente en las víctimas del terrorismo.
Mientras leemos o escuchamos el cuento del «francotirador» de Tarrasa, nos olvidamos de que este Gobierno ilegítimo y anticonstitucional, permite que se conculquen nuestros derechos más elementales como el de sentirse español en España, y la obligación de aprender y hablar nuestro idioma, así como el uso del mismo tal y como establece la Constitución.
Nos olvidamos de que esta banda de antiespañoles que nos gobierna, a cuyo frente han colocado a un muñeco de trapo manejado desde la cárcel por los golpistas, engaña a los trabajadores con la subida de unos euros sobre el Salario Mínimo Interprofesional, mientras ellos sostienen sus ingresos desde SEIS MIL euros mensuales, más prebendas y privilegios, a costa del sudor y el sacrificio de los contribuyentes.
Nos olvidamos de que la impresentable ministra de Justicia sigue aferrada a su sillón ministerial, a pesar de haber sido grabada por el ínclito Villarejo, cuando ésta ejercía de fiscal de la Audiencia Nacional y en presencia de su amo, llamando “maricón” al entonces juez y hoy ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, y escuchando como el excomisario daba cuenta de un plan de prostitución encubierta para neutralizar y chantajear después, a jueces y fiscales de la Audiencia Nacional.
Nos olvidamos de que la actual ministra de la mala educación e incultura, prócer de los descamisados y los pobres sin hogar y sin recursos, es propietaria de un patrimonio inmobiliario amasado supuestamente con los ingresos provenientes del sudor, las penas y las lágrimas de los sufridos contribuyentes. Un comportamiento tan hipócrita e impresentable, que hasta en la antigua Roma hubiese hecho dimitir al mismísimo Calígula.
Cada vez que el okupa de la Moncloa y su banda están a punto de ser engullidos por el sumidero político, por acumulación de incoherencias y despropósitos, salen al rescate y en tromba sus medios afines con una farsa nueva y cada vez más esperpéntica, para convertir al traidor en héroe, y lanzarlo de nuevo al estrellato como una víctima de la ultraderecha.
De ahí, el “cuento del franco-tirador de Tarrasa”, colocado estratégicamente en todas las televisiones y medios comunistas, con el fin de tapar las últimas atrocidades y atropellos en materia de seguridad, sanidad (ver video), justicia y educación, llevadas a cabo por este Gobierno siniestro y malvado, capitaneado por un soberbio iletrado que no sirve ni para gestionar una comunidad de vecinos.
Que bien los define la lingüista y política peruana, Martha Hildebrandt, segunda mujer en alcanzar la presidencia del Congreso de la República del Perú:
“Progresista: “Fracasado que gusta culpar de sus miserias al “sistema” y procura que los demás reconozcan sus méritos como “luchador social”, predicando a favor de lo que llama “justicia social” que, en el fondo, consiste en que unos vivan a expensas de los demás, utilizando al Estado como cómplice. Se les puede ver predicando su ideología en ONG,s y organismos públicos, nacionales e internacionales, donde solucionan todos sus problemas desde sus escritorios con magníficos artículos llenos de palabritas como “articular”, “visibilizar”, “empoderar”, “desigualdad”…y destrozan el lenguaje con modismos sexistas como “ciudadanos y ciudadanas”. Son argolleros y gustan de hacerse pasar por intelectuales. Se les conoce también como “parásitos sociales”.
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La confesión carnal del Cardenal: la pornografía pastoral como doctrina oficial
Si la función de la Iglesia es salvar almas, el Prefecto de la Doctrina de la Fe parece más interesado en el terrenal y, específicamente, en el instinto más primitivo del ser humano. Víctor Manuel Fernández, alias «Tucho», ha transformado el episcopado en un circo de autocomplacencia, donde la explicitud sexual y la arrogancia política eclipsan la serenidad necesaria para velar por el depósito de la fe[6].
No es que la Iglesia necesite un clero de estatuas, pero tampoco necesita un cardenal que actúe como un pionero de la pornografía pastoral. «Tucho» ha demostrado, a lo largo de su carrera, una incapacidad patológica para guardar el pudor, tanto en sus escritos como en su comportamiento público, convirtiendo las sacristías en el «Sálvame» de la alta jerarquía, donde se discuten sus salidas de tono con el mismo asombro que se analizan las telenovelas[6]. Su llegada al Dicasterio para la Doctrina de la Fe no trajo la limpia que se esperaba, sino más bien la confirmación de una decadencia intelectual y moral que amenaza con envenenar la enseñanza de la Iglesia[2].
El libro del orgasmo y la mística: una confusión intelectual desde 1998
La raíz del problema de «Tucho» no es reciente; es una enfermedad crónica que venía gestándose desde hacidas décadas. En 1998, apenas doce años después de su ordenación sacerdotal en 1986, el futuro cardenal publicó un libro titulado «La pasión mística: Espiritualidad y sensualidad» en la editorial católica Dabar[9]. En este texto, Fernández vinculaba la pasión erótica con la pasión mística de una manera que, aunque podría ser poética en un laico, resulta inadecuada y escandalosa para un sacerdote que debe hablar de la virginidad y el espíritu[9]. Se trata de un intento de justificar el apetito carnal bajo el manto de la espiritualidad, una confusión conceptual que revela un pensamiento débil y un deseo de buscar notoriedad a través de lo «provocante» en lugar de lo profundo.
Este afán por lo sexual explícito no quedó en esa primera obra. Siempre ha existido la preocupación de que, bajo su liderazgo, la pureza de la fe se convierta en un juego de palabras sobre el cuerpo. Sus escritos han ahondado en la presencia de Dios en el «orgasmo de la pareja» como un anticipo del cielo[4][7]. Esta visión, si bien es una interpretación posible del misticismo, se vuelve ridícula cuando la persona que la profesa no muestra la misma contención en otros aspectos de su vida pública. La explicitud con la que describe el «beso» y el «orgasmo» en sus libros ha sido constante, desatando escándalos recurrentes que, lejos de desvanecerse, han ido en aumento[3].
Lo más alarmante no es tanto el contenido en sí, sino la falta de autocensura. Un simple examen de conciencia habría mostrado que hablar de los placeres carnales con tal crudeza no encaja con la sobriedad que requiere el magisterio. Al publicar textos donde el acto sexual es protagonista, «Tucho» se ha convertido en un espejo de la confusión moderna que ve la fe no como una disciplina del espíritu, sino como otra forma de satisfacción egoísta[9]. Es como si creyera que la santidad se logra a través de la fama más que a través del sacrificio; y en su obsesión por la fama, ha convertido sus escritos en un panfleto de su propio apetito, forzando a los fieles a aceptar su visión mundanal de la religión.
El expediente oculto y la pornografía renaciente
La historia de «Tucho» es una serie de episodios que, si se contaran con la precisión que merecen, revelarían que su comportamiento ha sido siempre un problema conocido. En 2009, antes de ser nombrado por Bergoglio, el propio DDF ya tenía un «expediente con preocupaciones» sobre sus escritos, lo que llevó a una investigación preventiva[3]. Esto demuestra que no se trata de rumores, sino de una realidad documentada: el cardenal ha vivido siempre en la sombra de su propia escandalosidad. Sin embargo, su ascenso al poder parece haberle dado una sensación de impunidad, llevándolo a creer que su pasado de polémica es un rasgo de distinción en lugar de una debilidad moral.
Los años no han sanado su afán explícito. Al contrario, se han descubierto nuevos textos eróticos escritos por el cardenal en 2025, demostrando que su fascinación por el contenido sexual no se ha apagado[8]. El Wanderer describe estos textos como «despectables» y «pornográficos», señalando que el «afán pornográfico de Tucho no se detuvo en los dos libros conocidos» por todos[8]. Es una imagen perturbadora: el prefecto de la Fe, el guardián de la doctrina, dedicando su tiempo a redactar pasajes que, en esencia, son tan vulgares como los de cualquier revista de entretenimiento de baja calidad, pero con la arrogancia de imponerlos como parte del debate teológico.
Este comportamiento ha generado una atmósfera de asco y confusión en la Iglesia. La gente espera del clero guías espirituales, no lectores de erotica. Cada vez que se vuelve a hablar de estos textos, se refuerza la imagen de un hombre que no puede controlar su propia carnalidad y que, en su vanidad, cree que esto es algo de lo que enorgullecerse. La resiliencia de los católicos es grande, pero su paciencia es finita. El cardenal Fernández parece haber olvidado que su cargo no es una plataforma para explorar sus fantasmas privados, sino un servicio para iluminar las tinieblas del mundo con la luz de la verdad.
El arrogante: amenazas, manipulación y el «Sálvame» de la curia
Más allá de sus libros, la verdadera naturaleza de «Tucho» se revela en su comportamiento político. Se ha convertido en el «epicentro de los ‘Sálvame’ de las sacristías» después de firmar «Fiducia supplicans», la declaración que da luz verde a bendecir a parejas homosexuales[6]. Esta medida ha generado un revuelo tal que ha recibido mensajes anónimos de amenaza con la frase «Te destruiremos» para llevarlo a la hoguera[6]. La virulencia de sus palabras y sus declaraciones a diestro y siniestro ha creado un ambiente tóxico en el que nadie se siente seguro para discrepar sin ser acusado de traición[5].
La arrogancia de Fernández es palpable. En una entrevista, se alardeó de que el documento había registrado «más de 7.000 millones de visualizaciones en internet», comparando su popularidad mediática con la de documentos doctrinales que ni siquiera recordamos el nombre[5]. Esta obsesión por las estadísticas y el éxito mediático es antitética a la humildad evangélica. Más preocupante es su actitud hacia sus críticos; los ha calificado de «traidores al juramento de obediencia al Santo Padre» y se ha mostrado «horrorizado» al leer comentarios de católicos que bendecían leyes antigay[5]. Su falta de tacto y su incapacidad para escuchar a la grey se han vuelto comunes bajo su liderazgo[3].
Llega a los 61 años curado en el arte de generar controversias, dejando «confusión y tensiones innecesarias» en la Iglesia[2]. Su estilo de comunicación, que alguna vez pudo interpretarse como sinceridad, hoy se percibe como arrogancia. En un mundo donde la diplomacia es clave, el cardenal se ha convertido en un espejo que refleja todo lo que está mal con la comunicación eclesiástica: la falta de escucha, el cierre al diálogo y el uso de la palabra para destruir más que para edificar. No pone barrera alguna para que en medio del boato vaticano le traten como «Tucho», un apodo que sugiere familiaridad excesiva, pero que en realidad esconde una falta total de respeto por la dignidad de su cargo[6].
La destrucción de la autoridad doctrinal
La función principal del Dicasterio para la Doctrina de la Fe es promover y tutelar la «integridad de la doctrina católica sobre la fe y la moral»[1]. Sin embargo, bajo «Tucho», el foco se ha desviado hacia la creación de un «nuevo magisterio» basado en la sensibilidad de la época en lugar de la inmutabilidad de la verdad[7]. Se ha centrado en temas de «pastoral» y «sentido», ignorando la necesidad de proteger la fe de las amenazas actuales, como la teoría de género, para ocuparse de debates sobre la carne y la bendición de los pecadores[7]. Es un uso oportunista del poder que demuestra que su prioridad no es la salvación de las almas, sino la aprobación social y mediática.
La falta de tono académico y la irreverencia hacia la tradición se han vuelto comunes. Su camino ha sido el de la confusión, llevando a una notable «aumentada de desconfianza hacia la Santa Sede» acompañada de un «evidente deterioro de la autoridad doctrinal del dicasterio que preside»[2]. No es de extrañar que las miradas vaticanas se centren en él como el «capón» de los cardenales y obispos críticos, acusándolos de traición cuando ellos solo intentan proteger la fe[5]. La Iglesia necesita hombres que puedan hablar de la castidad con autoridad, no con la vergüenza de quien sabe que sus escritos privados son una confesión de falta de control y de doctrina.
Conclusión: La cabeza detrás del desastre
Víctor Manuel Fernández es la mano que está detrás de declaraciones como «Dignitas infinita» que ofrecen una visión renovada de la dignidad humana pero que, en la práctica, diluyen la enseñanza tradicional[7]. Su llegada al prefecto ha sido clave para que se convierta en un compendio del magisterio de Francisco, pero a costa de la claridad doctrinal. La imagen de «Tucho» se ha desgastado, y lo que queda es un hombre que debe decidir si quiere enmendarse o si prefiere seguir hundido en sus propias miserias y en su obsesión por el escándalo personal.
La historia de «Tucho» es, hasta ahora, un capítulo de una novela que se lee con frustración. Es la historia de un hombre con talento, pero sin alma. Un hombre que ha tenido acceso a los secretos más sagrados de la fe, pero que parece haberlos utilizado para satisfacer su propia vanidad y sus propios caprichos. Las escrituras de su sensualidad y las salidas de tono de su arrogancia son el testimonio de un hombre que ha perdido el norte. Y en un mundo donde los valores cristianos son cada vez más atacados, necesitamos líderes que sean escudos, no flechas que hieran a la grey. «Tucho» ha demostrado ser una flecha torcida, que no encuentra su blanco y solo hace daño a quienes la rodean. Es hora de que la Iglesia tome nota, tome el control y exija la decencia que merece su patrimonio espiritual. Hasta entonces, el nombre de Víctor Manuel Fernández seguirá siendo sinónimo de un potencial desperdiciado y de una lección dolorosa sobre la importancia de guardar el pudor y la reverencia.
Fuentes Consultadas
| Fuente | País | Enfoque Principal |
|---|---|---|
| Noticias Obreras | – | Menciona «tercer intento de escándalo» por publicaciones eróticas y la nota sobre María. |
| Infovaticana | – | Análisis de la «art of generating controversies» y deterioro de autoridad del DDF. |
| Wanderer | – | Menciona «expediente con preocupaciones» de 2009 y descripciones explícitas de beso y orgasmo. |
| ABC.es | 🇪🇸 España | Detalles de «La pasión mística» y descripciones gráficas de orgasmos y «Dios en el orgasmo». |
| Infovaticana | – | Acusación de «traición» a críticos, «horrorizado» ante bendiciones antigay y «7.000 millones de visualizaciones». |
| La Razón | 🇪🇸 España | Referencia a «Sálvame de las sacristías», amenazas de «Te destruiremos» y virulencia. |
| ABC.es | 🇪🇸 España | Menciona la mano detrás de la condena a género, «Dios en el orgasmo» y cambio en el foco del DDF. |
| Wanderer | – | Descubrimiento de nuevos textos eróticos en 2025, describiéndolos como «despectables» y «pornográficos». |
| Caminante Wanderer | – | Detalles de «La pasión mística» (1998, Dabar) y referencia a «Corruptio optimi pessima». |
| Noticias Argentinas | – | Ataques tras la autorización de bendiciones pastorales a parejas homosexuales. |
Alerta Nacional | Opinión y Análisis

