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Sánchez hunde al PSOE en formol

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(Krisis'18)
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José Javier Rueda.- Pedro Sánchez reverdece la teoría de Rajoy de que gobernar es resistir. Esta semana ha reiterado que pretende agotar la legislatura con o sin presupuestos. Mientras tanto, el PSOE languidece, desdibujado por el tacticismo y la confusión ideológica.

Vivimos una época de reformulaciones. En tiempos líquidos no hay certezas. Así se explica que, mientras los comunistas actuales son los mejores gestores del capitalismo (China y Vietnam), los países capitalistas desarrollados van en la dirección del comunalismo cooperativo como manera de superar el capitalismo (Zizek). En este contexto, la socialdemocracia sigue buscando un ideario para reconquistar a su electorado natural mientras se desmorona en prácticamente todas las citas electorales. Sufre un evidente distanciamiento de las clases medias por el enfado/miedo de los ciudadanos por cómo los partidos tradicionales han gestionado la globalización y la salida de la peor crisis económica desde la Gran Depresión.

¿Y en España? Es uno de los pocos países europeos donde hoy gobierna un partido socialista. Pero Pedro Sánchez, capitidisminuido con sus 84 diputados, sin un programa y ante un intenso ciclo electoral a punto de comenzar, está optando por la misma estrategia que su antecesor: resistir. Y no lo tiene fácil. Enfrente tiene una oposición (PP y Ciudadanos) que ha intensificado su hostilidad porque entre ellos se disputan el electorado de centroderecha. Al lado se han colocado unos presuntos aliados que lo pueden devorar en cualquier momento: unos porque están en guerra con el Estado para lograr la secesión (ERC, PDECat y Bildu), otros porque quieren privilegios para su Comunidad (PNV) y otros porque pretenden arrebatarle su electorado (Podemos). De cualquier modo, el ave fénix del socialismo español es un auténtico superviviente que no piensa desperdiciar su oportunidad, aunque sea a costa de anestesiar a su partido.

En sus casi 140 años de historia, el PSOE ha vivido múltiples ‘actualizaciones’. La primera ya surgió en su fundación: su primer programa asumía el marxismo aspirando a la nacionalización de la propiedad, pero inmediatamente reclamaba derecho de asociación, libertad de prensa y sufragio universal. Más tarde, se entusiasmó con la revolución soviética de 1917, pero acabó colaborando con el dictador Primo de Rivera. Y en el periodo de la Guerra Civil aún se intensificaron más esos giros. La retahíla de ‘aggiornamentos’ alcanzó un punto álgido con Felipe González en los años setenta. Fue él quien devolvió al PSOE la ocasión de gobernar con su audaz maniobra para borrar el culto al marxismo en 1979. González y Alfonso Guerra fueron capaces de encabezar un proyecto progresista, modernizador y homologable con el resto de los partidos socialdemócratas europeos.

La etapa de José Luis Rodríguez Zapatero fue la de la vacuidad ideológica e intelectual. “Pensamiento Alicia”, lo definió ingeniosamente el filósofo Gustavo Bueno. Acabó con el PSOE del proyecto político de la Transición, basado en el consenso, y desarrolló la estrategia de asumir como propias, paradójicamente, las tesis de los nacionalismos periféricos.

Hoy, Pedro Sánchez puede convertirse en el enterrador definitivo de aquel PSOE que triunfó en 1982. El único programa claro que se percibe en la Moncloa es que su actual inquilino no quiere cambiar de residencia, aun a costa de aceptar la deriva antiliberal del nacionalismo. No hay, pues, ni confusión estratégica ni desajuste ideológico coyuntural. Hay un presidente del Gobierno que ha metido a su partido en formol para que no le moleste.

Casi medio siglo después del congreso de Suresnes (1974), aquellos que se hicieron con el control del partido han desaparecido o se han convertido en incómodos ‘jarrones chinos’ (según Felipe González). Sin haber superado todavía las secuelas del mandato de Zapatero, el PSOE está ya en manos de una nueva generación que no vivió la Transición.

Ha rejuvenecido, sin duda, pero ya no se le percibe con una identidad diferencial. Ya no resulta atractivo. El tacticismo lo ha desdibujado. Hoy solo parece una obsoleta maquinaria dedicada en exclusiva a mantener el hiperliderazgo de Pedro Sánchez y de algunos ‘barones’ regionales.

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Una pregunta a Pedro Sánchez

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Cárcel de Lledoners
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La Justicia depende de un tribunal y sus circunstancias. A los siete magistrados ya los conocemos, pero conviene tener en cuenta la necesidad de unanimidad y detenerse en la pobre legislación existente. Algunas preguntas:

  1. ¿Quién descafeinó la tipificación del delito de rebelión en la reforma del Código Penal (artículo 217 del CP de 1973)? El biministro Belloch, y el presidente González, en 1995.

  2. ¿Quién eliminó del Código Penal el delito de referéndum ilegal (artículo 506 bis)? El ministro Alonso y el presidente Zapatero, en 2005. Aquella medida había sido aprobada a finales de 2003 y contribuyó frenar el plan Ibarretxe.

  3. ¿Quién decidió entregar la competencia sobre las cárceles a Cataluña? El ministro Barrionuevo, y el presidente González, en 1983.

  4. ¿Quién decidió trasladar a los políticos independentistas presos a la cárcel de Lledoners, en Barcelona? El ministro Grande-Marlaska, y el presidente Sánchez, en 2018.

El elemento común a estas cuatro decisiones políticas es que fueron adoptadas por ejecutivos socialistas.

Ahora que nos gobierna otro presidente socialista y que hay elecciones el 10 de noviembre, conviene hacer una última pregunta tras un breve preámbulo:

Dado que los políticos sediciosos (¡se acabó lo de los políticos presos!) dormirán en una cárcel catalana bajo administración de la Generalitat, es posible que vean la luz del sol antes de la cuenta. Sólo en el caso de que la autoridad penitenciaria decidiera cambiarles antes de tiempo a un régimen de semilibertad (al tercer grado) la decisión sería recurrida y acabaría en manos del Tribunal Supremo, que previsiblemente la revocaría. Pero antes de traspasar esa línea roja hay al menos tres atajos que permitiría a los sediciosos empezar a salir a la calle: un permiso regular para un fin concreto, como el de Urdangarín (artículo 117); una actividad puntual como la de los etarras arrepentidos a los que un juez permitió hace unas semanas una visita cultural en el día en Logroño (artículo 114), o permitir a un recluso en segundo grado disfrutar de beneficios propios del tercer grado (artículo 100.2). Estas tres últimas decisiones, en caso de recurso, no acabarían en el Tribunal Supremo.

Por tanto, la pregunta final es: ¿está dispuesto Pedro Sánchez, del Partido Socialista, a aplicar el artículo 155 para recuperar ya mismo la gestión de las competencias penitenciarias, de forma que las decisiones sobre el cumplimiento de condena de Junqueras y compañía no las tome un empleado de la Generalitat, sino el Ministerio del Interior?

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Exhumado Franco, ¿qué conejo electoral sacará Sánchez de su chistera?

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Paloma Cervilla.- Bueno, pues 44 años después volvemos a enterrar a Franco. No se engañen, al PSOE le ha importado bien poco durante este periodo si el dictador estaba en el Valle de los Caídos o en cualquier otro sitio. Porque hubo un PSOE que entendió que la reconciliación, tras el desastre de la Guerra Civil, se llevó a cabo con una Transición ejemplar que nos llevó a una democracia, en la que se cerraron la mayoría de las heridas.

Pero llegó un político que no entendió nada, el peor presidente de Gobierno que ha tenido España, y decidió reabrir la Guerra Civil con una Ley de Memoria Histórica, que nos trajo de nuevo el enfrentamiento y la división.

Ante su incapacidad para gobernar, como así quedó de manifiesto tras negar la crisis y conducir a España a una desastrosa situación económica, José Luis Rodríguez Zapatero se inventó esta ley para intentar tapar su incapacidad política.

El daño de esta ley ha sido tremendo, como es fácil comprobarlo hoy. Porque muertos en las cunetas hay de todos los bandos, porque tragedias familiares hubo tanto en la derecha como en la izquierda: republicanos, sacerdotes, religiosas, que fueron asesinados por pensar de otra manera. Pero aquello se superó, porque un país no puede vivir con rencor.

El testigo de aquel disparate de la Ley lo recogió otro presidente, que va camino de superar a Zapatero por su nefasta gestión, como es Pedro Sánchez. Encaramado a la Moncloa con el apoyo de la extrema izquierda y de los que quieren romper España, no se le ocurrió otra cosa que volver a poner a Franco en el centro del debate político para que no se hablara de las cosas que realmente preocupan a España: el precio del alquiler, la subida de la luz, el deterioro económico, las pensiones…. Tapar todo eso con mucho Franco y yo me voy a apuntar la medalla de que lo saqué del Valle de los Caídos.

Pues ya lo ha sacado, cosa que a mí, si lo dice un tribunal me parece muy bien. Las sentencias (señor Torras, usted también) se cumplen, y a ver si Pedro Sánchez pone el mismo empeño en que el presidente de la Generalitat cumpla la ley, como lo está poniendo con la familia Franco.

Y ahora, ¿qué? Sin el reclamo de Franco, ¿qué conejo va a sacarse de la chistera Pedro Sánchez para no afrontar los problemas que tiene España? Pues ya os lo digo yo, ahora empezará a distraer a la parroquia con si va a demoler o no la cruz del Valle de los Caídos, si va a sacar también a José Antonio Primo de Rivera de su tumba. Todo menos afrontar la realidad actual de España, viviendo 44 años atrás, en vez de mirar hacia el futuro y superar una de las páginas más negras de la historia de España.

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12 de Octubre

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Jorge Fernández Díaz.- Hoy conmemoramos la Fiesta Nacional de España. También es el Día de la Hispanidad y la Virgen del Pilar –Reina de esta Hispanidad–, y el intenso eco de esta fecha resuena en todo el orbe hispano.

La Iglesia y el mundo hispánico celebran esta fecha con un sólido fundamento histórico: según acreditada tradición, el 2 de enero del año 40, la Virgen María, estando viviendo en Éfeso con san Juan, se apareció en carne mortal al apóstol Santiago en Zaragoza para fortalecerle en su misión evangelizadora por tierras de la Hispania romana. Otro 2 de enero, de 1492, se consumó la gesta de la Reconquista con la capitulación del reino nazarí de Granada ante los Reyes Católicos. Curiosas coincidencias de fechas, el 12 de octubre de ese mismo año, la expedición naval comandada por Colón, avistaba tierra americana para comenzar otra gigantesca epopeya: la conquista y evangelización de América.

También en Estados Unidos hoy se celebra el Columbus Day. Son numerosas las estatuas erigidas en muchos de sus estados que homenajean al genovés y a otros evangelizadores misioneros, como fray Junípero Serra o la «Dama de Azul», la venerable Madre María de Jesús de Ágreda. Sin embargo, una furia iconoclasta está empeñada en retirarlas, invocando un presunto genocidio de las tribus indígenas.

Que le pregunten a las tribus que viven en las reservas de los EEUU y a los mestizos de la América hispana, quién fue el verdadero genocida.

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