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Economía

Motivos para boicotear el ‘Made in China’

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Joaquín Olivetti.- En los últimos años estamos viendo como los negocios regentados por ciudadanos chinos proliferan y se multiplican de forma peligrosa y alarmante en nuestros barrios y ciudades. El limbo legal y el silencio absoluto de nuestros dirigentes, provocan que surjan rumores y leyendas urbanas como que durante los primeros años no pagan impuestos, al cumplir ese período ponen el negocio a nombre de otro chino y así sucesivamente.

No puedo demostrar que no paguen impuestos pero sí que puedo afirmar que en el sector de la prevención, que es donde trabajo, de una cartera de 300 empresas a las que atiendo tan sólo tengo 2 chinas, curiosamente formalizaron el contrato cuando recibieron una visita de la inspección de trabajo. Desconozco si las autoridades sanitarias hacen la vista gorda ante la falta de limpieza e higiene de muchos restaurantes chinos, lo único que puedo asegurarles es que si se realizaran más inspecciones en los bazares chinos del todo a 100, tendrían que retirar bastantes productos por su peligrosidad.

A los ciudadanos de la pintoresca y vieja Europa nos ha costado mucha sangre, sudor y lágrimas lograr conquistas sociales y laborales como las pagas extra, un horario de trabajo no superior a ocho horas diarias, los días festivos y diversos puentes. Desde los albores de la revolución industrial hemos evolucionado de forma progresiva en las mejoras en las condiciones laborales, en aquellos duros tiempos los trabajadores eran tratados como animales de carga, no se diferenciaban entre niños y mujeres embarazadas, trabajaban 16 horas cada día hacinados en barracones y sin ningún tipo de derecho.

Afortunadamente y gracias a las protestas organizadas por los trabajadores de aquellos años hemos logrado numerosas ventajas y conquistas laborales y sociales. Tenemos derecho al desempleo, estamos más protegidos ante los caprichos del empresario y disfrutamos de una calidad laboral impensable hace apenas 150 años. Estas ventajas y conquistas laborales se encuentran seriamente en peligro por culpa del gigante asiático.

China y sus ciudadanos continúan viviendo en un régimen dictatorial y autoritario en el que llevan anclados varias décadas, es un país donde se violan de forma sistemática los derechos humanos, donde no existe la libertad de expresión y el oscurantismo y poder de las mafias goza de total impunidad ante las autoridades. Los chinos están sometidos al miedo que inspiran sus terribles y sanguinarios dirigentes, ese pavor les impide protestar y pedir mejoras en su trabajo y en su vida ya que una vez se manifestaron y fueron cobarde y miserablemente asesinados en la matanza de la plaza de Tiannamen.

Los trabajadores chinos ganan unas veinte veces menos que un trabajador europeo por trabajar unas cinco horas más, carecen de seguridad social ni cualquier tipo de protección laboral, en caso de accidente laboral lo mandan para casa y por supuesto los productos chinos no pasan controles de calidad ni de seguridad como los europeos. Es lógico por tanto que el coste productivo de un material en China sea la mitad que el mismo material fabricado en Europa o los EE.UU, lógico también que ese material cueste más barato en las tiendas de cara a la venta al público.

El futuro se sustenta en que para seguir siendo competitivos en Europa tenemos que disminuir los costes de producción de los materiales, el peligro radica en que para lograr ese abaratamiento se reduzcan y anulen esas ventajas y conquistas laborales logradas por Europa a lo largo de los años. Por supuesto que los directivos de las empresas e industrias no van a reducir sus ganancias y ventajas, por lo que me temo que como siempre acabará siendo perjudicado el pobre currito mileurista.

Las mafias chinas invierten su dinero a través de familias humildes con el fin de no dejarse ver ni registrar sus nombres, a través de esa familia regentan un negocio en el que dar salida a los productos fabricados en China. Esas pobres familias están esclavizadas al negocio, tienen la obligación de abrir unas 16 horas al día, incluyendo fines de semana, festivos y puentes. Lógicamente el negocio tradicional del barrio no puede competir en precios ni horarios con su competidor chino.

Lo que más me fastidia de estos inmigrantes chinos es que apenas realizan gastos en el país donde viven, me resulta desalentador y sumamente extraño que nunca haya visto a una familia china comiendo o cenando en algún restaurante o chiringuito, es muy difícil verlos de visita al cine o al teatro. Además de que no tienen tiempo por estar encadenados al negocio creo que deben pagar alguna deuda con la mafia que los trajo porque es algo inhumano comprobar cómo viven varias familias hacinadas en pisos en condiciones lamentables.

Lo que más detesto de los empresarios chinos es su total falta de escrúpulos o autoridad moral, son en su gran mayoría, seres fríos y crueles capaces de fabricar y vender juguetes para niños con alto contenido en plomo o piezas con riesgo de provocar asfixia. Les da exactamente igual las consecuencias si logran ganar dinero, sus productos dejan mucho que desear en cuanto a calidad y seguridad pero eso a nosotros nos da igual si nos cuestan más baratos a la hora de comprarlos.

Como consumidores tenemos mucho poder de cara a los empresarios y fabricantes, somos millones de europeos consumiendo a diario y con nuestra unión podemos ejercer presión. Si queremos vivir disfrutando de dos días libres a la semana, poder tener el lujo de estar un mes de vacaciones remuneradas, tener cobertura médica en caso de accidente laboral, mantener las pagas extra y demás ventajas es fundamental realizar un boicot a los productos chinos.

En nuestras manos está en evitar la fuga de nuestras empresas a países sin derechos laborales como Marruecos, Pakistán, Vietnam, Tailandia, Singapur, Rumanía o Túnez. Si queremos seguir trabajando en europa y mantener ciertos privilegios debemos ser conscientes del peligro que supone los negocios chinos. Somos tan desaforados e ingenuos consumistas que compramos productos en los chinos a sabiendas que no nos durarán mucho, nos da igual que su calidad sea mínima con tal de que nos cueste menos que en el tendero de toda la vida.

Personalmente y como consumidor llevo varios meses sin comprar ni agua en un establecimiento regentado por chinos, me niego a ser un consumidor irresponsable sin conciencia de a dónde destino el dinero que gano. Algunos podrán decir que es algo estúpido e inútil pero al menos tengo la conciencia tranquila, no necesito convencer a nadie porque estoy plenamente convencido de que soy un consumidor responsable al mirar la procedencia de todo lo que compro.

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Ramiro
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Ramiro

No entro en bares chinos, no porque tenga algo contra ellos -tome buena nota, señor fiscal del odio y contra la discriminación racial-, SINO PORQUE EL CAFÉ ES UNA MIERDA.
Tampoco almuerzo o cena en restaurantes chinos: me dan asco.
No adquiero productos en bazares o tiendas chinas, no porque tenga algo contra ellos, SINO PORQUE SON DE UNA CALIDAD MUY DEFICIENTE, por no decir ninguna…
Si todos hiciéramos así, seguro que no ESTARÍAMOS INVADIDOS POR LOS CHINOS (entre otros).

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