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Muere el piloto portugués Paulo Gonçalves durante la séptima etapa del rally Dakar

Redacción

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El piloto portugués Paulo Gonçalves ha fallecido este domingo durante la séptima etapa del Dakar 2020, según ha informado la organización del rally.

Gonçalves, de 40 años, sufrió un accidente a la altura aproximadamente del kilómetro 263 de la etapa entre Riad y Wadi Al Dawasir (Arabia Saudí), que tenía el tramo cronometrado más largo de todo el rally, con un total de 546 kilómetros de competición.

El portugués participaba por decimotercera vez en el rally más duro del mundo y, por primera vez, lo hacía con la marca india de motos Hero, tras haber competido antes con la japonesa Honda, con la que en 2015 quedó segundo del Dakar, el mejor resultado de su carrera.

El piloto estaba inconsciente y presentaba una parada cardiorrespiratoria cuando acudió a su rescate un helicóptero de la organización del Dakar. Los médicos de la carrera le practicaron maniobras de reanimación en el mismo lugar del accidente sin éxito, por lo que fue el piloto luso fue trasladado al hospital de Layla, dentro de la región de Riad, donde se certificó su fallecimiento.

Uno de los pilotos que se detuvo a ayudar al motociclista accidentado fue el australiano Toby Price (KTM), último ganador del Dakar y tercero en la clasificación general de la actual edición del rally. Price se encontraba entre los pilotos que iban marcando los mejores tiempos del día en los primeros sectores de la etapa, pero optó por detenerse al encontrar a Gonçalves tendido en el camino.

Además del segundo escalón del podio del Dakar obtenido en 2015, el piloto portugués había finalizado el rally otras tres veces entre los diez primeros.

Es la primera muerte de un participante del Dakar en cinco años, pues el rally no registraba ninguna víctima moral desde 2015, cuando el motociclista polaco Michal Hernik falleció por deshidratación.

Relación de participantes fallecidos:

  • 1979: el joven motociclista Patrick Dodin tras salirse de la pista en Agadés (Níger).

  • 1981: dos técnicos del equipo IVECO (Franco Druetta y Andrea Carisitres), en Tamanrasset (Argelia).

  • 1982: en accidente el motorista holandés Bert Oosterhuis (Yamaha XT500).

  • 1983: el motorista francés Jean-Noel Pineau al ser atropellado, en la etapa en Uagadugu.

  • 1986: el motorista japonés Yasuo Kaneko en un accidente en el tramo entre París y Sete. El día 14 de enero se produce el accidente más grave en la historia de la prueba al fallecer cinco personas al estrellarse un helicóptero en Gourma (Níger), entre ellas el creador de la prueba, Thierry Sabine, así como el cantante francés Daniel Balavoine, la periodista Nathalie Odent, el piloto suizo Francois-Xavier Bagnoud y el técnico de la televisión de Luxemburgo Jean-Paul Le Fur. Además, 48 horas después de finalizar la prueba muere el motorista italiano Giampaolo Marinoni, que había sufrido una grave caída en Dakar.

  • 1988: es el segundo año más trágico en la prueba con la muerte de seis personas. El navegador holandés Kees Van Loevezij, cuando su camión DAF dio seis vueltas de campana en Djado (Niger). El francés Patrick Canado al chocar su Range Rover contra un Mercedes. Días después, una niña de 10 años muere atropellada por un vehículo que cruzaba una travesía de la ciudad maliense de Kita . Muere en un hospital parisino el motorista francés Jean Claude Huger, tras caer entre las localidades malienses de Tombouctou y Bamakomuere. Una mujer mauritana y su hija, perecen al ser arrolladas por un coche de prensa entre Mauritania y Senegal.

  • 1990: el reportero y ex piloto finlandés Kaj Salminen fallece tras chocar su coche con un vehículo local en Mali.

  • 1990-91: el francés Charles Cabannes, piloto del camión de asistencia de Citroen, como consecuencia de los disparos recibidos en una emboscada en el pueblo tuareg de Kadaouane, localidad controlada por el ejército de Mali.

  • 1991-92: los franceses Laurent Le Bourgeois y Jean-Marie Sounillac, ocupantes del Range Rover de asistencia del equipo Duc de Boulogne, al volcar el vehículo en Sabah (Libia). El piloto francés Gilles Lalay (Yamaha) al chocar contra un vehículo de asistencia médica en la localidad congoleña Pointe Noire.

  • 1994: el belga Michel Sansen al caer de su moto sobre una pista de arena en Nouakchott (Mauritania).

  • 1996: el francés Laurent Gueguen, conductor de un camión participante Mercedes, al hacer explosión una mina abandonada entre Foum el Hasan y Smarra (sur de Marruecos). En la ciudad guineana de Tarembali, fallece una niña al ser atropellada por la moto del francés Marcel Pilet. El español Tomás Urpí, fallece en Tarrasa como consecuencia de las heridas sufridas al dar su coche varias vueltas de campana cuando se dirigía a su hotel en las proximidades de Rabat.

  • 1997: el francés Jean-Pierre Leduc muere al caer de su motocicleta KTM, entre la localidad senegalesa de Tambacunda y la maliense de Kayes.

  • 2001: fallece el mecánico del equipo Toyota Trophy Daniel Vergnes en un accidente cuando se dirigía a la localidad mauritana de Tidjikja.

  • 2003: el copiloto francés Bruno Cauvy fallece tras sufrir el Toyota, pilotado por Daniel Nebot, un espectacular vuelco entre Zilla y Sarir (Libia).

  • 2005: el motociclista español José Manuel Pérez, ‘El Carni’, muere el 10 de enero minutos después de ingresar en el hospital de Alicante, donde había sido trasladado desde Dakar tras ser intervenido de una caída grave el 6 de enero entre Zquerat y Tichit. El piloto italiano de motos Fabrizio Meoni, vencedor de las ediciones 2001 y 2002, como consecuencia de un paro cardíaco mientras disputaba la etapa entre Atar y Kiffa, en Mauritania. Dos motoristas belgas del equipo de asistencia del piloto René Delaby (KTM) mueren tras ser atropellados por un camión en los alrededores de la capital senegalesa.

  • 2006: el piloto australiano Andy Caldecott (KTM), fallece en la etapa entre Nuakchot y Kiffa (Mauritania).

  • 2007: el motociclista sudafricano Elmer Symonds, de 29 años, fallece en el acto el 9 de enero al chocar contra el borde de un río seco, en la etapa entre Er Rachidia y Ouarzazate (Marruecos). El piloto francés Eric Aubijoux, de 42 años, fallece el 20 de enero de un paro cardiaco en el tramo entre las ciudades senegalesas de Tambacunda y Dakar.

  • Enero 2009: El motorista francés Pascal Terry, de 49 años, fue hallado muerto en la noche del martes 6 de enero al miércoles 7, en Jacobacci (Argentina), en la trigésima edición del Rally.

  • Enero 2012: El piloto de motos argentino Jorge Andrés Martínez Boero, de 38 años, muere en un accidente en el kilómetro 55 de la primera etapa del Dakar, entre las localidades argentinas de Mar del Plata y Santa Rosa.

  • Enero 2013. El motociclista francés Thomas Bourgin (KTM) muere al estrellarse con su vehículo contra una patrullera de la policía chilena mientras disputaba la séptima etapa del Dakar 2013, entre la ciudad chilena de Calama y la argentina de Salta.

  • Enero 2014. El piloto de motos belga Eric Palante (Honda) falleció en la quinta etapa del Dakar, que discurrió entre Chilecito y Tucumán. El camión que recoge a los pilotos rezagados de la etapa del día anterior encontró el cuerpo sin vida de Palante en el kilómetro 143 del tramo cronometrado.

  • Enero 2015. El piloto polaco de motos Michal Hernik, de 39 años, muere durante la tercera etapa del Dakar, entre San Juan y Chilecito, en el kilómetro 206 de la Cuesta del Miranda, en la provincia de La Rioja.

  • Enero de 2020. El piloto portugués Paulo Gonçalves fallece durante la séptima etapa al sufrir un accidente en el kilómetro 263 de la etapa entre Riad y Wadi Al Dawasir.

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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