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Nadal, campeón del mundo (FIT) por cuarto año

Redacción

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Rafa Nadal ha sido nombrado por cuarta vez campeón del mundo por la Federación Internacional de Tenis, tras una temporada en la que ha logrado dos Grand Slam y ha liderado el triunfo de España en la Copa Davis. La australiana Ashleigh Barty ha logrado el título femenino.

Nadal sigue siendo el único español que ha tenido el honor de ser el Campeón Mundial de la ITF y se mueve junto a Ivan Lendl en la lista de los ganadores de todos los tiempos. Sólo Roger Federer (cinco), Novak Djokovic y Pete Sampras (ambos seis) han logrado este galardón más veces .

«Estoy muy contento de ser nombrado Campeón del Mundo de la ITF y de recibir este premio de la ITF», dijo Nadal. «Terminar como No. 1 del ránking ATP por quinta vez y ganar dos títulos más de Grand Slam este año ha sido algo que, mirando unos años atrás, nunca hubiéramos pensado que sucedería. Y como final perfecto, fue particularmente especial ganar la Copa Davis en casa, en España. Gracias también a mi equipo que ha estado conmigo todo este tiempo», ha señalado el mallorquín.

Nadal ha acabado la temporada con un récord de partidos de 58-7 y terminando la misma como el número 1 del mundo por quinta vez. Hay una diferencia de 11 años entre la primera vez que terminó el año como número 1 del mundo en 2008 y la más reciente, mientras el zurdo de Manacor es el jugador más antiguo en la historia del ránking en terminar en la cima.

Barty es la primera australiana en ser nombrada campeona mundial Femenina de la ITF y se ha convertido en la primera mujer australiana en alcanzar el número 1 en el ránking mundial desde Evonne Goolagong Cawley en 1976. Ganó su primer título de Grand Slam en Roland Garros, y luego levantó el trofeo en las Finales de la WTA en Shenzen (China) y llevó a Australia a su primera final de la Copa Federación desde 1993.

«Es un honor para mí ser nombrada Campeona Mundial de la ITF de este año. 2019 ha sido un año increíble, ganar el Abierto de Francia y llegar a la final de la Copa Federación fueron los momentos más destacados. Estoy muy orgullosa de mi equipo y de mí por lo que hemos logrado y estoy deseando que empiece la temporada 2020», dijo Barty.

El español también ha sido elegido como el ganador del Premio Stefan Edberg al tenista más deportivo de la temporada 2019 que entrega la ATP. El manacorí fue el más votado por sus compañeros de circuito para conseguir este trofeo a la deportividad por segundo año consecutivo y por tercero en total tras el logrado en 2010. El balear superó en la votación al suizo Roger Federer, el argentino Diego Schwartzamnn y el austriaco Dominic Thiem.

Además, el escocés Andy Murray fue reconocido por el ‘Mejor Regreso’ tras su vuelta a las pistas pese a anunciar a principios de año que se retiraría tras Wimbledon por sus problemas de cadera. Una segunda operación ha mejorado su condición física y el de Dunblane pudo incluso volver a jugar en individuales, conquistando a finales de año el torneo de Amberes (Bélgica).

Los italianos Matteo Berrettini, que empezó el 2019 en el puesto 54 y acabó en el octavo, y Jannik Sinner, campeón de las Next Gen y que es el 71 del mundo tras iniciar la temporada más allá del ‘Top 500’, fueron premiados como el tenista que más ha mejorado y al mejor novato del circuito.

Además, el suizo Roger Federer y los gemelos estadounidenses Mike y Bob Bryan fueron elegidos como los favoritos de los aficionados en las categorías individual y de dobles, mientras que el francés Gilles Cervara, técnico del ruso Daniil Medvedev, se llevó el trofeo al mejor entrenador. Indian Wells, Acapulco y Doha fueron reconocidos como mejor Masters 1.000 y mejores torneo ATP 500 y ATP 250, respectivamente.

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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