Sociedad
Otra infamia de Pedro Sánchez que provoca víctimas: El mejor test para el COVID-19 es ESPAÑOL, pero no podemos usarlo. ¿Quiere saber porqué?
La firma española Genómica, empresa de diagnóstico molecular del grupo PharmaMar, ha creado un test que detecta el coronavirus con una eficacia del 98% y que, de un día para otro -apenas fue lanzado hace dos semanas-, se ha convertido en una de las pruebas más solicitadas en hospitales de todo el mundo.
Su gran éxito se debe, entre otros aspectos, a que es capaz de detectar a los portadores de Covid-19 asintomáticos en apenas dos horas. Dicha empresa biotecnológica tiene al frente, como consejera delegada, a Rosario Cospedal, hermana de María Dolores de Cospedal, quien fuera ministra de Defensa, presidenta de Castilla La-Macha y secretaria general del PP.
Genómica, que tiene filial en Wuhan -origen del SARS-CoV-2-, probó en el hospital Carlos III -entre otros muchos- dicho ‘kit’ logrando un 100% de efectividad en un rápido período de tiempo.
Rosario Cospedal, bioquímica y consejera delegada
Rosario Cospedal es la hermana pequeña de María Dolores de Cospedal, la que fuera secretaria general del Partido Popular y ministra de Defensa durante el Gobierno de Mariano Rajoy, pero pocos conocen que ha trabajado en la creación de un kit para detectar el Covid-19 que se vende en 30 países del mundo y que tiene una fiabilidad del 98%.
Rosario (52) o Charo, como la llaman sus más allegados y también sus compañeros de trabajo, creció junto a María Dolores (54) y su hermano Ricardo (51), hoy economista y abogado, en El Bonillo, un pueblo de Albacete de apenas 3.000 habitantes. Su padre, Ricardo de Cospedal Peinado, ingeniero agrónomo, fue militante en UCD y uno de los impulsores del Partido Reformista Democrático en Castilla-La Mancha. Junto a su madre, María Luisa García Sánchez, que pertenecía a una familia de terratenientes de El Bonillo, criaron a sus tres hijos en el seno de una familia de clase media católica. Estudió con su hermana en el Colegio La Anunciata de las monjas dominicas de Nuestra Señora del Rosario y luego pasaron al Instituto Sabuco de Albacete.
El curriculum de Rosario Cospedal no está bien visto por el Gobierno que tiene claro que la batalla contra el coronavirus tiene que vencerla únicamente la izquierda. Las consignas políticas ideadas por el núcleo duro de Pedro Sánchez son claras: la culpa de las muertes es de los recortes en Sanidad, minimizar la ayuda del sector privado, evitar imágenes de muertos y potenciar mensajes positivos.
El postureo político del PSOE y sus socios continúa mientras el virus sigue propagándose y los ciudadanos desconocen si están infectados o no. La OMS ya alertó sobre la importancia de realizar test a la población para detectar los posibles focos. Sin embargo, el Gobierno dos meses después de la primera muerte por infección, sigue esperando material sanitario comprado en China a través de un «distribuidor español» que -hasta la fecha- nadie conoce.
Genómica vende el test a todos los países
Genómica apenas sobrepasa los 50 empleados, pero se ha colado en el mercado internacional tras 30 años de trabajo y una larga lista de éxitos en el avance de equipos de diagnóstico. Cospedal explicaba recientemente que Genómica distribuye entre 300.000 y 400.000 test al año de distintos tipos que detectan el virus del papiloma humano, 21 virus respiratorios o herpes.
En muy poco tiempo han preparado el kit para detectar el COVID-19 con una previsión de mercado de más de 10 millones de unidades al año. Solo en China se distribuirían 3 millones. Cuesta 20 euros y ofrece un resultado fiable en apenas unas horas.
España
Se les acaba la alfalfa en el pesebre. Por Jesús Salamanca Alonso
.«Es un hecho que la afiliación sindical ha descendido del año 2000 para acá; son los sectores de servicios los que acaparan mayor afiliación: educación, biblioteca, etc. Hoy no supera el 12-13% y bajando, según la OCDE»
El pesebre sindical se va quedando sin alfalfa. Al sindicalismo en desuso, consagrado casta y de buen vivir se le acaban los haces de alfalfa como a los aviones de ciertos países, que se van quedando sin queroseno de reserva. Sea por improvisación de los Gobiernos, mala gestión de las políticas o simplemente la conflagración de una guerra inesperada, el caso es que quienes comían ya no comen, al igual que los que vivían del lujo, malgastando fondos de la Junta de Andalucía o del Fondo europeo ya no vive igual y comprueba como Anticorrupción, la UCO o Hacienda le tienden trampas. Algunas iguales a las que tienden a los contribuyentes, que ponerlas las ponen.
Hacienda, la UCO y la Fiscalía Anticorrupción lleven a cabo una investigación en profundidad sobre la opacidad del patrimonio sindical y, en algunos casos, el de los líderes que llevan años enclaustrados con tumbona, porrón, cacahuetes y naipes de ocio alargado. Algunas sanciones a esos sindicatos machistas, privilegiados y casta se han pagado con patrimonio sindical, cuando las sanciones han sido aplicadas por la mala gestión efectuada. No echen en saco roto cómo uno de esos sindicatos amamantado por el Erario Público pagaba a su gente viajes al Caribe con cargo de los fondos que recibía de la Junta de Andalucía. Investiguen, investiguen, verán como no es necesario que me retracte.
Durante muchos años han vivido de los presupuestos y del dinero público. Ahora parece que el grifo se queda sin agua o tiene fugas por otros sitios. Grifo sin agua y vaca sin leche ya se sabe. Han tirado tanto de la ubre que no da más de sí. Están obligados a pedir perdón a los trabajadores por usos y representación fraudulenta. En España, entre los trabajadores de 25 a 44 años, está afiliado a un sindicato el 18% de los empleados a tiempo completo. Parece que ese porcentaje desciende al 10% entre los trabajadores que trabajan parcial. Es un hecho que la afiliación sindical ha descendido del año 2000 para acá; son los sectores de servicios los que acaparan mayor afiliación: educación, biblioteca, etc. Hoy no supera el 12-13% y bajando, según la OCDE.
«Más allá de su función institucional (…), el grado en que los trabajadores deciden afiliarse a un sindicato refleja su nivel de identificación con estas organizaciones y la capacidad de éstas para atraer y retener nuevos miembros. En los últimos años, diversos estudios han señalado un proceso de debilitamiento de la afiliación sindical en muchas economías avanzadas, especialmente entre los trabajadores más jóvenes y aquellos con trayectorias laborales más inestables». Eso se debe a una transformación estructural del mercado de trabajo, el aumento de la temporalidad y una mayor rotación en el empleo, así como por los cambios habidos en las relaciones laborales.
El nivel de identificación en España con este tipo de organizaciones no supera el cuatro por ciento. Están obligados a cambiar su estructuración, su dedicación al afiliado o usuario y a un aumento de las exigencias para la mejora de sus servicios. El gran logro del siglo XXI se habrá alcanzado cuando aprendan a mantenerse con sus propios presupuestos para ganar independencia respecto al Estado. Ahora es ese momento: vivir de sus afiliados y mantener sedes y servicios de ellos, ajenos al Estado y a las empresas. «Han vivido del robo y la venta de los trabajadores y se han dado lujos de los que se privaban los trabajadores: mariscadas, vicios mayores, orgías a destiempo, etc.», dice E. San Román, afiliado hasta su desengaño.
Ahora empezarán las huelgas que llevan años sin hacer porque, estando lleno el buche, no dan ganas de algaradas ni de quema de contenedores. Les interesan más sus intereses y llenar sus bolsillos que las necesidades de los trabajadores. Movilizaciones las llaman, pero solo recurren a ellas si les tocan el bolsillo. ¡Vividores a trabajar! Castilla y León se han comprometido a quitar las subvenciones a los sindicatos y a enseñarlos a vivir de lo que generen. Ya lo hizo en la legislatura anterior, pero solo mientras VOX permaneció en el Gobierno. Si se ha hecho en casi todos los países, ¿por qué en España seguimos sin evolucionar, pringados en naftalina y con estructuras sindicales anquilosadas? A Alfonso Fernández Mañueco le hemos dado un plazo prudencial para cerrar el grifo de las subvenciones inútiles, que las hay, y muchas. Si no lo lleva a cabo tendrá que soportar movilizaciones de la ciudadanía que produce y si no, al tiempo.
Mientras este tipo de sindicatos no cambie y se modernice, solo merecen patatas cocidas (marraneras) y no tantas gambas. ¡Ya está bien de fiestas! Para el 1º de mayo ya está organizado el comité de seguimiento para comprobar cómo desciende el «montante gambeto» de España. Contabilicemos gambas y liberados.

