España
Ortega Lara: ‘Los asesinos gobiernan España de manera cada vez menos disimulada’
José Antonio Ortega Lara, fundador de VOX y secuestrado durante 532 días por la banda terrorista ETA, y la vicepresidenta de la Fundación Villacisneros y miembro de NEOS, María San Gil, han denunciado la nueva ley de «memoria democrática» dictada por Bildu, en la concentración en la Plaza de las Cortes de Madrid, frente al Congreso de los Diputados, por el 25 aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de la banda terrorista ETA.
Así, ha cargado contra el falso homenaje que se va a celebrar el próximo domingo en Ermua de «quienes acaban de acordar la nueva ley de ‘memoria democrática’ con ETA» y que «constituye un desprecio y una afrenta a la nación, a la verdad, a la dignidad de las víctimas y a la inteligencia de los españoles, inaceptable e intolerable».
«El legado de Miguel Ángel Blanco y su profundo significado de rebelión cívica, de «basta ya», no se puede convertir en el relato para blanquear una estrategia perversa de un Gobierno y de un proceso, sino para recordar el valor y el coraje que protagonizaron quienes se enfrentaron a ETA y al miedo propio de un asfixiante ambiente nacionalista de quienes supieron defender España y sus instituciones, empezando por la Constitución y Dignidad», ha aseverado María San Gil.
Asimismo, ha dejado claro que el legado de Miguel Ángel Blanco y de José Antonio Ortega Lara «representa varios principios y valores imprescindibles en democracia que se resumen en tres palabras: verdad, libertad y dignidad«.
San Gil ha evitado pronunciarse sobre la ausencia de miembros del Partido Popular al acto: «Eso habrá que preguntárselo a ellos».
Además, ha recalcado que en España se han hecho muchas cosas mal para que muchos jóvenes no conozcan a día de hoy a Miguel Ángel Blanco: «Hemos abandonado los principios y los valores, y nos hemos olvidado en muchas ocasiones de explicar a las siguientes generaciones lo que ha supuesto la sangrienta historia de ETA«.
«Hemos hecho mal en no contarlo, y este acto lo que hace es reavivar la memoria de aquellos que la tengan dormida», ha añadido.
Del mismo modo, José Antonio Ortega Lara, ha asegurado que los asesinos «gobiernan España de manera cada vez menos disimulada y se preparan para el asalto al Gobierno del País Vasco a la luz del día».
«Las manos blancas, que se convirtieron en un símbolo de paz y resistencia ante el chantaje del terror, han sido reemplazadas hoy por unas manos rojas, ensangrentadas, que han logrado hacerse con el poder, de momento», ha añadido.
Por su parte, el exministro del Interior e impulsor de NEOS, Jaime Mayor Oreja, ha destacado que este pacto del Ejecutivo de Sánchez con Bildu, significa algo gravísimo «para el futuro, más que para el presente»: «Es una advertencia de este frente popular que nos gobierna que no tendrá límites, que seguirán por el camino de la ruptura porque eso es lo que escenifican en Ermua Urkullu y Sánchez».
A la pregunta de un periodista sobre la presencia de VOX y la ausencia del Partido Popular en el acto, Jaime Mayor Oreja no se ha mojado y ha asegurado que «en NEOS no estamos en política» pero que los políticos vienen «en función de sus convicciones».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
