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¿Por qué el juramento de Guaidó es constitucional?

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Tomás A. Arias Castillo*. La situación política de Venezuela hace necesario tener en cuenta dos aspectos sobre los hechos ocurridos el pasado miércoles 23 de enero de 2019. Quién es Juan Guaidó y por qué ostenta en este momento la Presidencia de la Asamblea Nacional. Y más importante, por qué su juramento como presidente encargado es perfectamente constitucional.

Ingeniero industrial de 35 años, ha sido diputado de la Asamblea Nacional por el Estado de Vargas, durante dos períodos (2011-2015 y 2016-2021). Forma parte del partido Voluntad Popular, liderado por Leopoldo López, y que pertenece a la Internacional Socialista. Debido a los acuerdos políticos dentro de la oposición, los cargos de la Junta Directiva de la Asamblea Nacional van rotando según el partido político en cuestión. Así, durante el año 2016 presidió la Asamblea Nacional el diputado Henry Ramos Allup, de Acción Democrática. En 2017, le correspondió la presidencia al diputado Julio Borges, de Primero Justicia. En 2018, el turno fue para Omar Barboza, de Un Nuevo Tiempo. Y, en 2019, la presidencia tocaba en orden al partido Voluntad Popular. En una decisión un tanto sorpresiva –en especial por los acontecimientos que se desencadenarían luego– Voluntad Popular designó para el cargo a Juan Guaidó, quien tenía un perfil relativamente bajo dentro de la oposición y era desconocido a nivel nacional e internacional.

El juramento como presidente encargado

En clara confusión, o mala intención, muchos medios de comunicación han hecho alusión a una supuesta “autoproclamación” por parte de Juan Guaidó el pasado 23 de enero de 2019, cuando la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en sus artículos 233, 333 y 350, da suficiente cobertura a su posición –la hace obligatoria– como presidente de la República, encargado o interino, visto que: (i) las faltas absolutas de la Presidencia son cubiertas por el vicepresidente ejecutivo y, a falta de este último, como es el caso, por el presidente de la Asamblea Nacional; (ii) por argumento a fortiori, o por mayor razón, dicha regulación constitucional debe aplicarse ante la falta de un presidente electo, como también es el caso; (iii) todos los venezolanos –y más aquellos investidos de autoridad– tienen el deber de colaborar en el restablecimiento del orden constitucional; y (iv) el pueblo de Venezuela tiene el derecho a rebelarse contra un régimen o autoridad violatoria de los principios y valores democráticos, como sucede con el régimen de Nicolás Maduro, que usurpa la Presidencia de la República, controla las demás ramas del Poder Público y menoscaba sistemáticamente los derechos humanos de la población venezolana. El juramento de Juan Guaidó fue con el apoyo de la Asamblea Nacional –único poder legítimo en Venezuela– y al frente de la población que salió masivamente a las calles, para apoyar a Guaidó y rechazar la usurpación madurista. No puede confundirse un juramento así, basado en la Constitución y respaldado por el pueblo, con un pronunciamiento típico de las vías de facto”.

*Profesor de Derecho Público y Filosofía del Derecho de la U. Central de Venezuela

 

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Yo me acuso, yo confieso

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Francisco Javier Sáenz Martínez.- El Primer Ministro canadiense Justin Trudeau acaba de pedir públicamente perdón porque hace dieciocho años se disfrazó de Aladino pintándose la cara de negro; se siente avergonzado por tamaña felonía y se arrepiente compungido.

Esta noticia nos pone en la picota a millones de ciudadanos que nos tememos ser juzgados mediante un Auto de Fe para mayor escarnio; he decidido en consecuencia adelantarme confesándome y acusándome, plasmando negro sobre blanco, perdón por escribir negro, e intentar lograr un atenuante o con suerte la eximente por mi tan deplorable comportamiento, a saber:

Siendo niño y adolescente me tiznaban la cara de negro para participar cada cinco de enero como paje en la cabalgata de Reyes acompañando al Rey Baltasar, emulado por otro vecino también con la cara tiznada. Racismo intolerable.

No contento con ello disfrutaba leyendo en casa las aventuras de Tintín, recuerdo con mucho cariño “Tintín en El Congo”, mientras saboreaba unos Conguitos; al salir de la escuela, tras la merienda, jugábamos a indios y vaqueros; personalmente me encasquetaba un sombrero del Séptimo de Caballería y tras desenfundar la pistola que llevaba al cinto cargada con pistones, “mataba” a quienes iban disfrazados de pieles rojas y lo celebraba con fruición. Futuro asesino en serie.

El fin de semana acudía al cine, los sábados sesión doble y los domingos matinal, viendo a Tarzán y los safaris con filas larguísimas de negros portando fardos, a veces algunos se despeñaban por un barranco y no nos importaba; otras veces, el capataz los azotaba y no protestábamos. Cuando la película era una de vaqueros, todos apoyábamos a los vaqueros y a los soldados yankes en sus luchas contra los indios. Futuro niño supremacista.

Para colmo de males, colocaba cepos con unas migajas de pan para cazar gorriones y llenaba una bolsa; salía con amigos, todos portando una carabina del calibre 4,5 para cazar pájaros que después se freían para comerlos. Aprendices de Annibal Lecter.

Esto es lo que hay, confío que tras esta voluntaria confesión no tenga que enfrentarme a un negro futuro. Comenzaré rasgándome la ropa para flagelarme como acto de contrición.

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Racismo de chichinabo

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Rosa Belmonte.- La sensación de no ser el kamikaze del chiste es permanente. La del que oye por la radio que hay un loco en dirección contraria por la carretera. ¿Uno? Van todos. El ejemplo número 398.700 es el de Justin Trudeau pintándose la cara de negro en 2001. El tan denostado ‘blackface’ o ‘brownface’.

Ya sabemos que eso está mal visto en las sociedades occidentales echadas a perder. Es racista. También hacer ching chong (imitar el lenguaje chino) o estirarse los ojos (como hizo nuestra selección de baloncesto en los Juegos de Pekín en una publicidad de Seur).

Justin Trudeu, en el que algunos ven a Thomas Jefferson y otros a Fofito, corrigió a una mujer que utilizó la palabra ‘mankind’ (humanidad, con man de hombre) por preferir ‘peoplekind’ (algo como gentidad). Ahora se ha disculpado por el racismo. Ojalá nuestras cabalgatas de reyes siendo transgresoras. Que Baltasar sea un blanco pintado de negro y los otros, dos negros pintados de blanco.

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El salto al vacío de Sánchez y la oportunidad de Casado

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Paloma Cervilla.- Pues ya estamos donde Pedro Sánchez quería, ante unas nuevas elecciones generales para mayor gloria del líder del PSOE. El resistente, el hombre al que su propio partido tiró a la cuneta como un despojo, que se puso en pie y recuperó el poder de una manera épica, ahora intenta una nueva carambola, que no sabemos si le va a salir bien.

Sobre la mesa parece que sí, ya que la mayoría de las encuestas le dan una subida en votos y escaños, pero la percepción de la calle empieza a ser otra. A día de hoy, Pablo Iglesias es considerado la víctima de la ambición de Sánchez, y no está tan claro, o al menos eso me parece a mí, el trasvase masivo de votos al PSOE.
La humillación de Sánchez ha sido de tal calibre y la imagen de un Pablo Iglesias mendicante tan evidente, que el efecto puede ser el contrario: que los votantes podemitas, movidos por la necesidad de mantener su dignidad, respalden a su líder y no le retiren su voto.

Y si lo de Pedro Sánchez es un salto al vacío electoral, lo de Pablo Casado es una oportunidad para mejorar sus resultados, consolidar su liderazgo en el PP e iniciar la remontada.

A Casado le va a ir bien. Ciudadanos y VOX van a perder votos, y muchos de ellos se irán al PP, no lo digo yo, lo dice la gente que los votó. Y entonces, cuando el centro derecha se dé cuenta por segunda vez de que dividido no va a ningún lado, tendrá que unirse en torno a la formación que más apoyos tenga, dejando a un lado egos y ambiciones.

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