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(PREGUNTAMOS A NUESTROS LECTORES) Dos filósofos de prestigio desmontan la «ideología de género»

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Impedimos que un niño de 12 años coma las chuches que quiera, pero dejamos que decida cambiarse de sexo. Nos preocupa el efecto a medio plazo de su más mínima obesidad, pero permitimos que sea sometido a tratamientos hormonales irreversibles que alientan una futura mutilación genital. Negamos (justamente) la capacidad de un menor para consentir en una relación sexual con adultos, pero condenamos al oprobio público y al escarmiento mediático a quien niegue a un niño, que lo ignora todo sobre el sexo, su capacidad para consentir, inducido por adultos, en intervenciones químicas o quirúrgicas sobre su sexo.

¿”Dejamos”? ¿”Permitimos”? ¿”Condenamos”?

No. Quienes “dejan”, “permiten” y “condenan” son ideológicamente -y, en algunos casos, incluso personalmente- los mismos que ayer (y, como ahora, en nombre del Progreso y los Derechos) jaleaban la pederastia como una forma de liberación sexual.

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Dos filósofos han denunciado esta hipocresía y estas contradicciones en un reciente artículo en Le Figaro: se trata de Olivier Rey, matemático y filósofo y miembro permanente del Instituto de Historia y de Filosofía de las Ciencias y la Técnica, y Jean-François Braunstein, profesor de Filosofía en la Universidad de París-I Panteón-Sorbona.

Cambio de sexo para los menores: el descontrol de la lógica de los derechos

En las últimas semanas, con ocasión del caso Matzneff, nos hemos preguntado: ¿cómo hemos podido, en los años 70 y 80, ser tan condescendientes con los adultos que reivindicaban haber tenido relaciones sexuales con niños o adolescentes muy jóvenes? Cuestión, cuanto menos, sesgada. De hecho, es falso decir que, en los años 70 y 80, “nos” mostrábamos particularmente condescendientes al respecto. Una minoría, que pretendía encarnar el progreso y el sentido de la historia, creía que eso estaba bien y relegaba a todos los que no pensaban igual del lado de los idiotas, los reprimidos, los reaccionarios podridos.

Bernard Kouchner [co-fundador de Médicos sin Fronteras y Médicos del Mundo, exministro de Sanidad con Lionel Jospin y luego de Asuntos Exteriores con Nicolas Sarkozy], situado en uno de los primeros lugares en la lista de firmantes de una petición que, en 1977, defendía el derecho a tener relaciones sexuales con niños, invoca el ambiente de la época: “Otros tiempos, otras costumbres. El periodo era estúpidamente laxo y permisivo”.

El periodo es la excusa perfecta. Si la población era realmente tan laxa y permisiva (tan falta de common decency), no habría sido necesaria una petición para permitir lo que la mayoría reprobaba. Kouchner debería haber dicho: el pequeño círculo al que yo pertenecía, que en su lucha contra el “orden moral” sermoneaba a Francia, era “estúpidamente laxo y permisivo”.

Más grave aún. Los que hoy se llaman “progresistas” son los primeros en indignarse por las fechorías del pasado. Muchos de ellos son los impulsores diligentes o, en su defecto, los acompañantes indulgentes de las violencias inéditas cometidas contra los niños. Es lo que sucede, por ejemplo, con esta nueva maravilla: los niños que el Estado certifica que no tienen padre. Genealogía truncada, organizada por el poder público: existe el derecho de la mujer a tener un hijo sin padre, pero «no el del niño a tenerlo, cualquiera que sea el momento para ello» (declaración del diputado Jean-Louis Touraine, relator del proyecto de ley bioética, en la comisión parlamentaria, 11 de septiembre de 2019). Evidentemente, los niños sin madre no tardarán en llegar: el «vientre de alquiler para todos» está ya de camino.

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Dichos niños serán muy ingratos si se quejan: no sólo llegarán al mundo con una calidad mínima garantizada debido a la selección de gametos y al diagnóstico preimplantacional, sino que además podrán cambiar de sexo si el que les ha sido “asignado” no les convence.

Pero la diferencia sexual no es una nimiedad: dado que la humanidad está formada por hombres y mujeres, nadie puede pretender ser, él sólo, depositario de la humanidad. La sexuación desmiente el fantasma de la omnipotencia y la plenitud personal, e inscribe en cada uno de nosotros el límite. Comprendemos que para el niño enfrentarse a la diferenciación sexual puede generar dificultades. Y en algunos casos incluso grandes dificultades. Es responsabilidad de los padres, los adultos y las instituciones ayudarlos de la mejor manera posible a superarlos. Pero ha surgido otra idea: proponer a todo el que no esté satisfecho con su sexo que lo cambie. Y esto, en edades cada vez más tempranas.

‘Bloqueo de la pubertad’

Así, en Estados Unidos, como en el Reino Unido y en el norte de Europa, a un niño de unos doce años con disforia de género se le puede proponer, si los padres lo permiten, un tratamiento con “bloqueadores de la pubertad” para que tenga tiempo para reflexionar. A continuación, a los 15 o 16 años, el adolescente, que en realidad sigue siendo niño, puede por voluntad propia, lanzarse a una “transición” guiada por hormonas, cuyos efectos son en su mayoría irreversibles (desconociendo también si este tipo de medicación, que deberá ser tomada de por vida, tiene a la larga efectos nefastos sobre la salud), para pasar, en última instancia, por quirófano a partir de los 18 años.

Los hechos dicen que al “bloqueo de la pubertad” sigue, en la casi totalidad de los casos, una “transición” efectiva. Lo cual es lógico: al impedir que el cuerpo madure, el tratamiento también impide que el cerebro lo haga, con el pretexto de dar tiempo para la reflexión; pero lo único que hace es paralizar la situación en espera de que el paciente llegue a la mayoría de edad para que la “transición” emprendida llegue a su conclusión. Dicho de otro modo: se carga sobre la voluntad de un niño de 11 ó 12 años el peso de decidir la puesta en marcha de un proceso de cambio de sexo.

Comparemos esto con la severidad con la que son condenadas hoy en día las relaciones sexuales entre adultos y niños o jóvenes adolescentes. Aunque estas relaciones fueran “consentidas”, la ley estima que los niños y los jóvenes adolescentes son demasiado jóvenes para que el “consentimiento” en cuestión, si existe, autorice a un adulto a tener relaciones sexuales con ellos. Pero en este caso, ¿qué habría que pensar de las personas para las cuales el deseo expresado por niños de la misma edad, o aún más jóvenes, de cambiar de sexo, es ley, por lo que consideran que es necesario responder proporcionándoles los tratamientos adecuados? ¿Demasiado jóvenes para que sea verdad su consentimiento a una relación sexual con un adulto, pero suficientemente maduros para comprometerse a una “transición” de un sexo a otro?

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Por el momento, en su conjunto los médicos y la administración del Ministerio de Sanidad son, en la práctica, más prudentes en Francia que en Estados Unidos o el Norte de Europa. Sin embargo, podemos confiar en que los detractores del “retraso francés” obtendrán rápidamente un alineamiento con lo que es ya costumbre en los países más “avanzados”.

En el Reino Unido, la multiplicación de casos tratados por la sanidad pública en el Gender Identity Development Service (GIDS) es asombrosa: de 97 en 2009-2010 a 2590 en 2017-2018 [un crecimiento de casi el 2500% en una década]. Y la lista de espera no deja de aumentar ante el flujo de peticiones. Una serie de vídeos en internet se encargan promoverlo entre los niños, y los padres tienen cada vez más dificultades en ofrecer resistencia, porque el mensaje que reciben de manera insistente es que los buenos padres son los que “acompañan”. Es lo que muestran las películas. Y la televisión.

En Estados Unidos, un niño, Jazz Jennings, ha hecho pública su “transición” de niño a niña en I Am Jazz, un reality show del canal TLC (The Learning Channel), en el que se le ve con su familia, sus amigos, en el colegio. La primera temporada fue emitida en 2015; la quinta, emitida a principios de 2019, acompañó a Jazz hasta la clínica en la que se llevó a cabo la operación de “confirmación de género”.

Cuando Jazz tenía sólo siete años, sus padres lanzaron la Fundación TransKids Purple Rainbow en apoyo de los jóvenes transgénero. Estos son los padres que se pone como ejemplo a seguir. Los que actúan de otro modo son unos monstruos, peores que los Thénardier, quienes por malos que fuesen no se habrían opuesto a que Cosette se convirtiera en Nicolás [alusión al matrimonio de posaderos en Los Miserables, de Víctor Hugo, a quienes Fantine entrega su hija Cosette para que se ocupen de ella. La alusión a Nicolás tal vez tenga que ver con el protagonista de las novelas de René Goscinny El pequeño Nicolás, para seguir en ámbito literario; ndt].

El documental Trans Kids: It’s Time to Talk, realizado por la psicoterapeuta Stella O’Malley y difundido en el Reino Unido en noviembre de 2018 por Channel 4, incluye el testimonio desgarrador de una madre sometida por este contexto: ¿cómo podría ella convertirse en la madrastra tránsfoba que se opone a la “transición” que quiere su hija y que el sistema de salud pública británico propone? Al mismo tiempo, piensa en la posibilidad de que su hija, años más tarde, se arrepienta de su transformación y le reproche el haberse sometido al ambiente: “¿Quién puede asegurar que Matt no nos diga, a los 25 años: ‘¡Era un niño, tenía once años! ¿Por qué me habéis hecho esto? No me dejabais comer chocolate, o hacer esto o lo otro, ¿por qué entonces habéis tomado la decisión de darme inhibidores de la pubertad?’”.

Tiene razón en plantearse la pregunta: hay personas que, años más tarde, se han arrepentido de su “decisión”, y desean volver a su sexo original, desean “detransicionar”. Pese a ello, recordar las dificultades a las que tienen que hacer frente los transexuales después de su “transición” es casi imposible, sería “hacerle el juego” a los tránsfobos.

Cuando James Caspian, un psicoterapeuta que ha acompañado a un gran número de jóvenes durante su “transición” quiso llevar a cabo un estudio sobre los transgénero que, más tarde, se han arrepentido de haber seguido este camino, la universidad de Bath Spa rechazó el proyecto alegando que era “potencialmente políticamente incorrecto” y podía dañar la reputación de la universidad en las redes sociales. Una universidad debe estar del lado del progreso; y el progreso es la felicidad que la “transición” garantiza.

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Stella O’Malley tenía razones muy personales para realizar este documental sobre los niños “trans”. Nació en los años 70 en Dublín, y toda su vida se sintió un chico, vivió como un chico. Cuando llegó la pubertad, fue una tragedia: la transformación de su cuerpo desmentía lo que ella quería y pretendía ser. Pero esta tragedia fue también un pasaje. Ahora, con la distancia, Stella O’Malley constata: “Emergí como mujer y soy feliz de ser mujer. Me casé y tengo dos hijos a los que amo. Ya no consigo ver en mí a ese niño que yo era”.

Tiempos caóticos

Sin duda, la evolución no siempre es tan favorable. No obstante, en la mayoría de los casos, antes de la existencia de los “tratamientos”, los raros casos de disforia de género eran estados temporales que se reabsorbían con el paso a la edad adulta. Sería positivo tenerlo en cuenta: la feminista Camille Paglia acusa a los «propagandistas transgénero» de «abuso infantil» y afirma que «los padres no deberían hacerle esto a sus hijos».

Stella O’Malley se da cuenta de la suerte que tuvo: “Si llego a nacer treinta y cinco años más tarde, estoy segura de que habría sido ese niño que está siempre en internet, elige recibir el tratamiento hormonal y transiciona, estoy convencida de ello”. Piensa que la mayoría de los niños que deciden transicionar se equivocan, como se hubiera equivocado ella: «Los desorientamos. Creo que están confundidos y nosotros los desorientamos».

En los tiempos caóticos en los que vivimos, es muy difícil proyectarse hacia un futuro de varios decenios. Si sobreviniera un colapso, como predicen algunos, las personas recordarían con incredulidad, en medio de las ruinas, esta moda “trans” que agitó al mundo cuando estaba al borde del abismo. Si la trayectoria se mantiene igual, del mismo modo que los “progresistas” de 2020 se alarman de la libre sexualidad con niños y adolescentes muy jóvenes que era “tendencia” defender e impulsar unos decenios antes, los “progresistas” de 2050 se alarmarán al saber que, en 2020, era considerado progresista proponer la “transición” de un sexo al otro a los muy jóvenes. Los que hoy animan o simplemente admiten las “transiciones precoces” dirán: era la época. Pero no, no era la época: eran ellos.

 
¿Cree usted que debe permitirse a los colegios que enseñen ideología de género a los niños?
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PP-PSOE: La Gran Coalición para traicionar definitivamente a España

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EL SOMETIMIENTO DE SOCIALISTAS Y POPULARES A LA AGENDA 2030 FACILITARÁ LAS COSAS.

El pasado miércoles Bieito Rubido -ex director de ABC y ahora al frente de El Debate, medio impulsado por la Asociación Católica de Propagandistas-, dijo con claridad lo que muchos piensan pero no todos dicen: PP y PSOE deberían gobernar juntos: “El PSOE y el PP deberían unirse de verdad en las grandes cuestiones de Estado. El día que PP y PSOE hagan una gran alianza… decir: ‘oye gobierna la lista más votada, yo te apoyo cuando seas la lista más votada y hacemos un gran consenso sobre las grandes cuestiones de España’. Ese día España habrá progresado espectacularmente. ¡Pero cómo es imposible!… estamos ante una clase política cainita y con luces cortas”.  

De momento, este deseo no se escucha ni en Génova ni en Ferraz y es probable que no lo manifiesten hasta después de las próximas elecciones generales, donde ya no será necesario esconder las cartas. Entonces sabremos que el pacto está cerca cuando la mayoría de los satélites mediáticos que orbitan entre Teodoro y Bolaños reclame -todos a la vez y de manera espontánea, por supuesto- un pacto de Estado entre socialistas y populares. La fórmula -gran coalición a la alemana o gobierno de un solo partido apoyado por el otro desde fuera- será lo de menos, porque lo esencial se habrá logrado: el fin de la ficción del enfrentamiento cainita izquierda-derecha.

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En esto llevan tiempos algunas voces más o menos influyentes y otras que sí lo son, que además tienen la amabilidad de decirlo sin ambages. Es el caso de los grandes empresarios y el Ibex 35, tradicionalmente partidarios de que todo cambie para que todo siga igual. PP y PSOE representan para ellos un valor seguro, y tras las dos elecciones generales de 2019 hubo reivindicaciones a favor de un pacto entre PSOE y Ciudadanos, en abril, y otro de PSOE y PP, en noviembre, para evitar la entrada de Podemos y el separatismo en el Gobierno. El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, dijo dos días después de las elecciones del 28 de abril que Rivera y Casado deberían abstenerse para dejar que gobernara Sánchez, “ya que es quién ha ganado las elecciones”. Fue interesante escucharle decir que la patronal se sentiría “cómoda” con un Gobierno socialista, “todo lo que gire alrededor del centro izquierda, como en otro momento del centro derecha, será lo mejor”. Esta declaración de intenciones se entiende, en parte, por la escasa independencia que tiene la mayoría de las empresas del Ibex 35 respecto al poder político. Esto se debe a que muchos proceden del sector público o padecen una regulación excesiva. Las puertas giratorias, desde luego, tampoco ayudan a la credibilidad ni del Ibex 35 ni de la clase dirigente.  

La legislatura avanza confirmando el hundimiento de Podemos, lo que dificultará la reedición del pacto Frankenstein de Sánchez. Ese escenario y que el PP no acaba de despegar por la falta de liderazgo de Casado, empujará a ambas formaciones a plantearse que gobierne la lista más votada. O incluso un gobierno de coalición, lo que hoy se antoja improbable pero que, de confirmarse, supondría un hito mucho mayor que el del actual Frente Popular. Porque, ¿quién lideraría entonces la oposición? Sería la primera vez en 40 años que ni PP ni PSOE lo hicieran. No es un dato menor. Y sería divertido -disculpen la maldad- ver, por ejemplo, al ABC y a El País o la COPE y la SER hacer malabares ante sus lectores y oyentes para disimular que en realidad están defendiendo al mismo Gobierno.   

Este proceso se aceleraría si los socialistas sacan adelante los presupuestos de Moreno Bonilla en Andalucía. El pacto se venderá en pos de la estabilidad no sólo de la región, sino en clave nacional, y nadie recordará la historia reciente de corrupción, prostíbulos y cocaína del PSOE andaluz, reconvertido en partido socialdemócrata alemán en cuanto las terminales mediáticas, patronal y sindicatos toquen el silbato. 

Tampoco se rescatarán hechos más recientes, como las agresiones de Sánchez -al que desligarán del PSOE también cuando sea menester- al Estado de derecho. El sanchismo es el problema, el PSOE la solución. Casado ya dijo hace poco en la SER que se trata de “un gran partido”, pues “hemos hecho la Constitución, hemos conseguido entrar en Europa…”. 

De este modo el PP se tragará algunos sapos incómodos como los indultos (normalizados ya por la bendición de la CEOE y la Conferencia Episcopal), los pactos con Bildu y los golpistas, la Mesa de diálogo, la complicidad en los homenajes a los terroristas y borrones mayúsculos como la inconstitucionalidad del primer estado de alarma. Casado hará como si aquí no hubiera pasado nada, incluso, haciendo de la necesidad virtud, podrá decir que pacta con el PSOE precisamente para evitar todo esto.

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Si hay que identificar el momento bisagra de la legislatura éste ocurrió en la moción de censura del año pasado. Casado no sólo votó en contra de echar a Sánchez, sino que atacó a Abascal en un sorprendente discurso en el que marcaba distancia ¿definitiva? con VOX, al que acusó de seguir “una estrategia irresponsable y corrosiva para España”, ser “el socio en la sombra de este Gobierno” y “enfrentar a la sociedad, para hacer imposible la convivencia”. El líder del PP, elogiado en la cámara por Lastra, Sánchez e Iglesias, sentenció: “Es la hora de poner las cartas boca arriba. Hasta aquí hemos llegado”. 

Soltadas las amarras, Casado (o el que le sustituya) ya tiene el camino expedito hacia un pacto que, en lo ideológico, no supondrá mayores traumas. El sometimiento de socialistas y populares a la Agenda 2030 (globalismo, fomento de las multinacionales en detrimento del productor nacional, cambio climático, control de la población, inmigración masiva, feminismo, ideología de género, cesión de soberanía, etc) facilitará las cosas. La prueba del algodón se aprecia a diario en Bruselas, donde no sólo ellos, sino todos los partidos europeos de centro-derecha y centro-izquierda van de la mano en cuestiones fundamentales como las citadas. En la vigente legislatura PP y PSOE han votado juntos el 70% de las veces en el Parlamento Europeo. 

En España también hay sinergias reveladoras. En Ceuta, donde gobierna el PP, el partido de Casado ejerce -junto al PSOE y los pro marroquíes- un cordón sanitario contra VOX. Hay más. El jueves en el Congreso los populares votaron al candidato propuesto por el PSOE como representante de las Cortes Generales en la ‘Conferencia sobre el Futuro de Europa’. Todos los grupos se pusieron de acuerdo en la Comisión Mixta para la Unión Europea para votar al socialista Pere Joan Pons Sampietro. El otro candidato, Iván Espinosa de los Monteros, sólo obtuvo los votos de su partido.

Los hechos respaldan un pacto que no tardará en llegar. Y una vez formalizado, ¿Qué podremos esperar de ese mitificado consenso formalizado al fin en un acuerdo de Gobierno? Pues más setentayochismo, claro, más autonomismo y cesión de competencias protagonizado por quienes ansían salir en la foto de la segunda Transición. Los estatutos de autonomía de segunda generación ya no contentarán a los caciques autonómicos inmersos, a calzón quitado, en la federalización de España. Ahí veremos la nueva relación de Cataluña con el Estado, eufemismo que oculta la ruptura definitiva de España con el aplauso de patronal, sindicatos, medios de comunicación y, veremos, si hasta de la Iglesia.     

Javier Torres


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Traidores, alimañas desgarramantas, y facinerosos. Todo lo que se quiera decir, es poco: El PP -la derecha cobarde- prefiere al PSOE antes que a VOX: vota al candidato sociata como representante en la «Conferencia sobre el Futuro de Europa»

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PRIMERA CONSECUENCIA:
LA TERCERA FUERZA POLÍTICA NO TENDRÁ EL REPRESENTANTE QUE LE CORRESPONDE

El Partido Popular ha votado este jueves al candidato propuesto por el PSOE como representante de las Cortes Generales en la ‘Conferencia sobre el Futuro de Europa’.

Todos los grupos se pusieron de acuerdo en la Comisión Mixta para la Unión Europea para votar al socialista Pere Joan Pons Sampietro, a excepción de los miembros de VOX que votaron a su candidato Iván Espinosa de los Monteros. Así, Pons Sampietro logró 25 votos, Espinosa de los Monteros 3 votos (los miembros de VOX) y hubo un voto en blanco.

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«De la votación se deduce que el PP ha podido elegir entre votar a VOX o al PSOE, y ha elegido. No es sorprendente puesto que la propia candidatura de Pons Sampietro es fruto de un acuerdo entre PP, PSOE, Podemos y PNV. Pensaba que quizá habrían podido recapacitar sobre el sentido del voto, pero esta decisión deja constancia que no ha sido así», declaró Espinosa de los Monteros en la sesión.

El diputado del PP Rubén Fausto Moreno aseveró que su formación entiende que la representación en la Conferencia debe estar basada en la representatividad de las dos Cámaras, y el equilibrio entre hombres y mujeres, y entre Congreso y Senado. «Por el tipo de votación hubo un acuerdo entre cuatro partidos (PSOE, PP, Podemos y PNV) que facilitó la distribución que tenemos», aseveró, al tiempo que sostuvo que la decisión demuestra que el PP no es un partido a la contra, que no apoya nada de lo que se plantea desde el partido que sustenta al Gobierno. «Es evidente que eso no es así», ha concluido.

La decisión ratifica, por tanto, el acuerdo que las cuatro formaciones alcanzaron en junio y que deja a VOX, tercera fuerza política, sin el representante que le corresponde en proporción a la representación con la que cuenta en el Congreso de los Diputados.

VOX, al contrario que el consenso socialdemócrata de populares y socialistas, se opone al multiculturalismo, a las fronteras abiertas, a la entrega del poder a las oligarquías de Bruselas y a la ideología de género, y aboga por una Unión Europea de Estados soberanos que cooperen en libertad de manera libre y voluntaria.




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«Un daño Irreversible». El libro de Abigail Shrier que el circo LGTBI odia y que cuenta como destrozan a las niñas con la ideología de género

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«Un daño irreversible», el polémico libro de Abigail Shrier.

Abigail Shrier es periodista de The Wall Street Journal. Estudió en las universidades de Columbia, Oxford y Yale. Su libro, Un daño irreversible, ha sido considerado uno de los libros del año por The Economist y The Times y ha provocado una gran polémica en Estados Unidos, donde fue acusado de transfobia e ignorado por muchos de los grandes medios de comunicación. Shrier vive en Los Ángeles.

@AbigailShrier

A la periodista norteamericana Abigail Shrier, columnista del Wall Street Journal, la estaban esperando. Basta con un tecleo rápido de su nombre en Twitter para descubrir los sarpullidos que produce en ciertos entornos. «Atención a lo que va a publicar Planeta en una semana. Esto también es violencia». «En un contexto de crecimiento de la transfobia y la LGTBfobia son inadmisibles las publicaciones que favorezcan el discurso de odio». «No le deis mucha bola a la Abigail Shrier y su mierda porfa que hay un límite de veces que quiero leer la sinopsis de su panfleto».

Y todo a cuenta de una investigación que cobró forma de libro, Un daño irreversible, que publica Deusto y que explora el otro lado de la moneda del furor trans que seduce a las adolescentes en Estados Unidos. Un recorrido de 300 páginas que recibió el aplauso de la revista progresista The Economist y que denuncia los excesos del activismo trans en su país. Con casos que obligan a la pausa antes de seguir leyendo y que conducen a preguntarse (cuando menos) si no habremos llegado demasiado lejos. ¿Viviremos algo parecido en España?

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Abigail Shrier encontró una explicación al disparatado incremento de las terapias para el cambio de sexo entre adolescentes en Estados Unidos (y algunos países europeos) durante la última década. ¿Cuál? Una corriente cultural, alimentada en las redes y en las escuelas, que adorna de virtudes la distinción trans y que provoca que se extienda a toda velocidad. Como una moda. Sobre todo entre adolescentes blancas, de familia progresista y de clase media-alta con episodios nada esporádicos de ansiedad.


 – La locura transgénero que seduce a nuestras hijas – 

 – Una generación de niñas en riesgo por la moda transgénero – 


Hasta hace apenas unos años, el trastorno de identidad de género —la sensación de grave incomodidad en el sexo biológico propio— era muy infrecuente. Se daba en menos del 0,01 por ciento de la población, aparecía durante los primeros años de infancia y afectaba de manera casi exclusiva a los hombres.

Pero hoy en día, en las universidades, los institutos e incluso las escuelas primarias grupos enteros de amigas afirman ser «transgénero». Son niñas que nunca han experimentado incomodidad alguna con su sexo biológico hasta que alguien da una conferencia en su escuela sobre su experiencia trans, descubren la comunidad de influencers trans en internet o alguien les dice que serán más populares entre sus amigos y en sus redes sociales si se declaran transexuales.

Padres que hasta entonces no habían sospechado nada descubren que sus hijas están enganchadas a estrellas trans de YouTube. Y educadores y terapeutas «afirmadores de género» empujan a chicas que aún no han llegado a la edad adulta a adoptar cambios irreversibles que les afectarán de por vida, como dobles mastectomías y bloqueadores de la pubertad que pueden causar infertilidad permanente.

Abigail Shrier, periodista del Wall Street Journal, ha investigado la moda trans, hablado con las chicas, con sus angustiados padres y los consejeros y médicos que llevan a cabo las transiciones de género, así como con las jóvenes que, al acercarse a la edad adulta, se arrepienten amargamente de haberse sometido a ese proceso en su adolescencia.

Y con ello ha generado una enorme polémica, recibiendo acusaciones de transfobia y peticiones públicas de que se censure el libro. Algo que, afortunadamente, no han conseguido.


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Samsung y Xiaomi se burlan de Apple y sus nuevos iPhone 13

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Apple Vs Xiaomi
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Los rivales de la compañía de Cupertino recordaron que algunas de las características del iPhone 13 no son nuevas y que las de sus dispositivos incluso las superan.

Algunos rivales de Apple han aprovechado el evento de presentación de la nueva línea de iPhone 13, celebrada esta semana, para burlarse de esos dispositivos y destacar sus propios ‘smartphones’.

Entre otras cosas, la empresa con sede en Cupertino (California, EE.UU.) presentó su nuevo teléfono inteligente iPhone 13, así como sus versiones Mini, Pro y Pro Max. Las características de esos dispositivos incluyen pantalla con una frecuencia de refresco de 120 Hz, cámara principal de 12 megapixeles, mientras que la capacidad de su batería oscila entre 2.406 y 4.352 mAh, dependiendo de la versión del teléfono.

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«¿Alguien más está experimentando un deja vu? ¿O solo nosotros?», publicó este martes Samsung Mobile US en Twitter, coincidiendo con dicho evento de Apple. En otro tuit indicó que los dispositivos del fabricante surcoreano cuentan con pantallas que alcanzan la tasa de refresco de 120 Hz de hace «un tiempo» atrás.

«Amiga, no hagas un evento muy largo»

Samsung Mobile US continuó insinuando que «sería genial» si el iPhone 13 «se pudiera doblar por la mitad«, en una aparente referencia a los nuevos ‘smartphones’ plegables de la marca surcoreana. También criticó que los flamantes dispositivos de Apple todavía tengan una muesca en la pantalla en pleno 2021. Al respecto, en su tuit etiquetó al Galaxy Z Fold3, cuya cámara frontal está oculta debajo de la pantalla.

Otro de los fabricantes de teléfonos inteligentes que aparentemente se burló de la presentación de los nuevos iPhone fue Xiaomi. «Amiga, simplemente no hagas un evento muy largo, es posible que tus clientes no tengan la batería suficiente para verlo hasta el final», tuiteó Xiaomi Brasil. Destacó que mayo pasado el fabricante chino lanzó su ‘smartphone’ Mi 11 con pantalla de 120 Hz, cámara principal de 108 megapixeles y batería de 4.600 mAh. También recordó que su dispositivo viene con un cargador rápido de 55 W, mientras que Apple ya no incluye ni cargador ni auriculares en la caja.


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