Opinión
«Presidente» por el Teniente Coronel Enrique Area Sacristán

[C]uando uno ama a la patria, no se le roba como están haciendo bajo su gobierno un conjunto de sinvergüenzas en “representación de no sé qué pueblo”. En realidad, algo parecido ha venido diciendo reiteradamente la parte del pueblo que no les vota. Se entendió, desde el caso de los ERE en Andalucía, hasta el caso de sedición de los dirigentes catalanes, como en otros y múltiples abusos al español de a píe, por profesionales del pillaje de todas las ideologías, que la justicia sería apoyada en una portentosa y decidida acción desde el gobierno para investigar, denunciar y enjuiciar, para obtener duras sentencias, contra el «conjunto de sinvergüenzas»: sus amigos y colegas políticos de dudosa honradez y menor lealtad a las Instituciones.
Es difícil, sino imposible, que, jugando en el lodazal, retozando en una piara, el lodo o la bazofia no ensucien o manchen. En las dos décadas pasadas la corrupción fue un sistema que subsiste, sino campa en la actualidad, tanto en el orden político-económico como en lo moral por parte de esta caterva de sinvergüenzas. O roban o reciben tajada del robo a las arcas del Estado. O guardan cómplice, cobarde y cínico silencio. O exigen a la ciudadanía lo que no transmiten con el ejemplo. Corrupción en todas sus formas, acción, complicidad, omisión.
Las palabras, y ni de eso hay por su parte porque está metido en el guisote, señor presidente, no reemplazan las acciones. Hasta hoy, no ha demostrado más que connivencia en relación con la descomunal corrupción de sus coidearios, a quienes aplauden y vitorean cuatro estómagos agradecidos, aun sabiendo, como saben, de los atracos; es casi una burla para seguir espantándose con lo que pasa: más espanta e indigna lo que deviene en encubrimiento.
Pero le voy a recordar un dicho fundamentado en la historia de Madrid antes de que voten el 4 de mayo, evitando, sin duda alguna, apoyar la candidatura de su partido. En el Madrid de los Austrias del último cuarto del siglo XVI, había una taberna en la Cava Baja que era regentada por un matrimonio compuesto por Alonso de Zayas y su esposa María Morena. No queda claro si “Morena” era el apellido o un simple mote por el posible color de su cabello, algo así como María “la morena”.
Esta pareja fue famosa en el año 1579 debido a un proceso judicial, que se abrió contra ellos dos, por una trifulca que se armó en el establecimiento, tras negarse a servir su mejor vino a un grupo de soldados que hasta allí habían llegado sedientos y con ganas de tomar unos tragos.
Ese caldo de mejor calidad era guardado para servir a clientes de mayor abolengo, ya que la cantina era asiduamente visitada por ilustres funcionarios y miembros de la Corte como la que ustedes participan.
Tras negarse a servir en buen vino, comenzó en el local una trifulca y, por lo que los escritos de entonces explican, la que repartió más leña fue la propia tabernera, conocida por todos los lugareños como Mari Morena. De aquí el dicho.
No será de extrañar que se monte la Mari Morena con su irresponsabilidad de servir el buen vino, como los fondos europeos que están al caer, sólo a sus acólitos y allegados políticos y se le abra un proceso judicial desde las propias Instituciones.
Enrique Area Sacristán.
Teniente Coronel de Infantería. (R)
Doctor por la Universidad de Salamanca.
España
Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».
Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.
Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.
Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?
Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.
Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.
En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.
Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.
Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.
Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.
El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.
Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.






