Internacional
¡ATENCIÓN MUY GRAVE! Rudolph Giuliani, ex alcalde de Nueva York, acusa directamente: «El régimen chino dejó escapar al COVID19 para dañar al mundo en un ACTO DE GUERRA»
El abogado personal del presidente Donald Trump, Rudy Giuliani, dijo el martes que el Partido Comunista Chino (PCCh) intencionalmente mantuvo sus fronteras abiertas para maximizar el daño que podía hacer el virus del PCCh (comúnmente conocido como coronavirus) al resto del mundo.
El exalcalde de la ciudad de Nueva York se refirió al coronavirus como “virus del PCCh” en Twitter el martes. En una entrevista con The Epoch Times, explicó que eligió deliberadamente el nombre porque considera al régimen comunista responsable de la pandemia, calificando la mala conducta del régimen como “un acto de guerra”.
“China lo supo durante un mes o un mes y medio antes de que nos lo dijeran”, dijo Giuliani. “Cerraron China, y durante meses después permitieron que miles y cientos de miles de chinos viajaran por toda Europa, y por todo Estados Unidos”.
“Cuando cerraron China, sabían lo peligroso que era esto. Y querían asegurarse de que el resto del mundo fuera tan dañado como lo fue China. Eso es algo totalmente despreciable. Podría considerarlo como un acto de guerra si quiere”.
Giuliani hizo una distinción entre la China propiamente dicha y el régimen comunista chino, señalando que el pueblo chino ha sufrido, al igual que el resto del mundo, el régimen del PCCh.
“Pensé que sería mucho mejor llamarlo el virus del PCCh, porque este no es [causado por] el pueblo chino”, dijo Giuliani. “La gran mayoría del pueblo chino no tiene ni idea. Incluso fueron víctimas de esto. Fueron tan víctimas como nosotros”.
Giuliani hizo dichas declaraciones el día después del regreso de Trump a la Casa Blanca tras una estancia de cuatro días en el Centro Médico del Ejército Walter Reed. El presidente dio positivo por virus del PCCh el 1 de octubre. Durante el fin de semana, cuando el presidente estaba todavía en el hospital, Giuliani culpó al PCCh por la infección del presidente.
El abogado del presidente dijo que “es una lástima” que nombres como virus de China y virus de Wuhan no se hayan usado en los Estados Unidos, culpando de tal asunto a la influencia del PCCh.
“Creo que no se usa por el control que el Partido Comunista Chino ejerce sobre Estados Unidos, y por las relaciones comerciales con China, que muchas personas muy influyentes consideran más importantes que Estados Unidos”, dijo Giuliani.
Ya en abril de este año, Trump sugirió que el PCCh pagará un precio sustancial por la pandemia. Giuliani dijo que Trump ha estado respondiendo a la amenaza y que “habrá más [medidas]”.
“No hay razón para telegrafiar a los chinos lo que estamos pensando o lo que vamos a hacer”, dijo Giuliani. “Él ya lo está haciendo. Y yo diría que habrá más [medidas]”.
(IVAN PENTCHOUKOV Y JAN JEKIELEK)
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
