Opinión
Sánchez huye de la transparencia. Por Jesús Salamanca Alonso
Como alguien profundice se va a encontrar hasta una ministra con la licenciatura falsificada y tres másteres no realizados. También la «media naranja» del presidente alardea de licenciatura que no existe en la universidad.+
+¿De qué sirve el Consejo de Transparencia si nadie le hace caso? Pedro Sánchez «El mentiroso» pasa de las peticiones de ese organismo, pero sus fechorías se sabrán al detalle cuando esté de patitas en la calle. No faltará quién le reclame el importe en dinero, aunque se acogen a lo de la seguridad presidencial. ¿Pero creen que a la ciudadanía nos preocupa la seguridad del presidente? Sepan que a los afectados por los ERE sí se lo reclaman a diario y no pueden salir de casa. Pues, eso.
En Presidencia no se atreven a decir el número de asesores que tiene adscritos el Gabinete presidencial, ni las tareas encomendadas, ni su formación, ni el currículum, ni.., ni… Al fin y al cabo son experimentados falsificadores de currículos, tesis, másteres y un largo etcétera. Ahí tienen al propio presidente con su tesis “fake” y a Yolanda Díaz anotando másteres y postgrados que nunca realizó. Como profundicen se van a encontrar hasta una ministra con la licenciatura falsificada, distinta a la falsificación que hizo la «media naranja» del presidente.
¿Para qué se creó el órgano encargado de velar por la adecuada aplicación de la Transparencia si lo torean en todos los ministerios? De poco sirve que dé diez días al «maletilla», Félix Bolaños, para que aporte datos, si tiene serios problemas hasta de lateralidad. Ya se los pidieron hace casi un año y fueron a la papelera del olvido. Además de torpes, rácanos y cobrando del erario. El órgano de referencia ha vuelto a amonestar a Moncloa y ahora le urge la aportación. Pero volverá a ser toreado, como los ayuntamientos y otros órganos muletean al Defensor del Pueblo como si fuera el cabritero de la localidad.
Dudo que al gaznápiro presidente del Gobierno le afecte mucho el informe de Transparencia en cuanto a los inservibles asesores que tiene actualmente colocados a dedo, sin cometidos, alguaciles del partido, mamertos socialistas y bufones gananciales. Hablamos de catedráticos de la estupidez y rateros del sentido común. Este Gobierno nunca cumple y si hay que echarse la ley al hombro, se la echan; de ahí el reiterado incumplimiento de las comunidades autónomas más renegadas y expertas en pavoneo inservible rayano en el ridículo.
Piensan que las leyes no se les aplica a ellos. Se creen intocables. Pero caerán, doy fe de que caerán y tendrán que dar cuentas. Que se lo pregunten a los ladrones de los ERE andaluces, que ni siquiera pueden pisar la calle porque la ciudadanía les pregunta que cuando devolverán lo robado. Lo que le está sucediendo al mentiroso presidente es lo que ven estos días. Y faltan 29 actos “fake”. La población ya se ha organizado y le hará sentir su desprecio cada vez que salga Sánchez de la lobera, a la que nunca debió llegar.
Me pregunto por qué hay que pagar este macrogobierno de voceros, «ladradoras» y creadores de problemas donde no los hay. Ayer me decía un «pepero» convencido que el Ejecutivo piensa que las leyes no son para ellos, son solo para que las cumpla Díaz Ayuso porque no encuentran ni un solo resquicio para doblegarla.
En época de recortes, estos deben ser para el Gobierno antes que para la ciudadanía. Las decenas de miles de parados que ha arrojado agosto son una dura preocupación y la de septiembre será mayor. Ello se debe a la inútil gestión de una ministra de trabajo que se creyó la «Varufakis» griega y solo ha demostrado que no estaba preparada para formar parte del Gobierno, órgano que le sigue quedando muy grande.
En vez de rodearse de asesores serios, se han rodeado de malos gestores. Y así les cubre el pelo. Lo mismo adoran a Simón Bolívar, que admiran a la corrompida Cristina Fernández; defienden al asesino cocalero del Palacio de Miraflores o pavonean y serpentean con Petro por Colombia. Con ello demuestran un inusual analfabetismo y un brutal desconocimiento de la historia. Siempre se juntan al mamerto, que es lo que ellos son en primera y segunda acepción.
La información que esconde el presidente es información pública y debe saberse. Muy mal me huele eso de que oculte parte de ella porque nos hace pensar que alguna traición muy grave ha cometido o sigue cometiendo. Al tiempo.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
