Opinión
Sánchez, la pesadilla desesperada de la España digna y decente. Por Francisco Rubiales
Cada día somos más los españoles que sentimos miedo y escalofríos ante el futuro que le espera a España si Pedro Sánchez gana las próximas elecciones y gobierna cuatro años más. Es el tiempo que necesita para terminar de asesinar la democracia y convertir España en un país de esclavos sometidos a tiranos marxistas y a corruptos golpistas e independentistas catalanes y vacos. Muchos españoles demócratas estamos al borde de la desesperación porque Sánchez, ante la angustiosa debilidad del PP y la falta de fuelle en toda la oposición, puede ganar las próximas elecciones con holgura, ayudado corruptamente por el programa informático de Indra y sus funcionarios de Correos.
La sensación es que todo está controlado y que los barones y la vieja guarda socialista lo saben y le apoyan por eso.
La España del presente admite un análisis pesimista que llena de angustia y luto a millones de españoles que aman la democracia, los valores y la decencia. Ese análisis es como un vaticinio infernal que dice que Sánchez ganará las próximas elecciones con holgura, ayudado por los resortes corrompidos que él ya controla, como la informática electoral y el servicio de Correos. Pero los factores decisivos en la contienda no son esos sino la debilidad del PP, incapaz de utilizar en beneficio propio los abusos, mentiras y barbaridades del sanchismo, que navega impune por la inmundicia que su acción de gobierno desprende e inunda la nación.
El Sánchez del presente es una bestia depredadora sin nada que ver con el Sánchez de 2014 que, tras ganar las primarias del PSOE frente a Eduardo Madina, prometió un liderazgo “sensato”.
En España padecemos la tormenta perfecta que mezcla todos los dramas: la perversión dueña del poder, falta de liderazgo en la oposición del PP, estancamiento de VOX por sus propios errores, desaparición de Ciudadanos y cobardía paralizante en las instituciones que deberían haber reaccionado para parar los pies al tirano Sánchez.
El Poder Judicial resiste, pero su encefalograma es cada día más plano. Lo mismo ocurre en las Fuerzas Armadas, que el sanchismo ha castrado eficazmente controlando los ascensos, con la Monarquía a la que ha puesto un bozal, con las universidades, las asociaciones, la cultura y la sociedad civil, compradas o capadas por la actuación de la tiranía sanchista, enemiga de la democracia y la libertad.
Los que odian y quieren destruir España han encontrado en Pedro Sánchez la «bicoca» que soñaban, un enemigo de España situado al frente del gobierno, dispuesto a todo con tal de conservar el poder, un mentiroso sin vergüenza ni dignidad que está haciendo justo lo contrario de lo que prometió a la sociedad españoles, cometiendo con ese engaño una estafa electoral que le deja sin legitimidad.
Sánchez se comporta como un perro fiel que cumple las órdenes de organizaciones tan antidemocráticas y sucias como Podemos, el separatismo y los herederos de ETA.
España está siendo humillada y derrotada a diario por su cobardía, por su incapacidad de frenar la ignominia y el abuso, dejando que avance la pesadilla del totalitarismo, poco a poco, pero de manera demoledora, dinamitando todas y cada una de las defensas éticas, prostituyendo el poder judicial, el uso del dinero público, los fondos europeos, la verdad, la información, las leyes vigentes y los valores.
Los peores ministros imaginables no dimiten y nadie se levanta contra ese abuso. Leyes defensivas del Estado como las que regulan la sedición y la malversación están siendo acuchilladas y nadie lo impide, los enemigos de España reciben favores y concesiones que se les niegan a las autonomías leales y decentes, y un largo etcétera de iniquidades entre las que destacan el control de la información, a través de la compra descarada de medios y voluntades, y la muerte de la verdad, que es un derecho fundamental del pueblo en democracia.
El sanchismo lo está preparando todo para obtener, sin violencia aparente, el poder eterno que siempre ansían los malditos tiranos.
Francisco Rubiales
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
