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¿Te gustaría saber a qué olía Cleopatra? Los expertos nos lo cuentan

¿Quién no ha imaginado alguna vez a Cleopatra como una mujer espectacular, con una belleza absolutamente deslumbrante? Sin embargo, lo cierto es que la ciencia nunca ha podido saber cuál era el aspecto real de la última gobernante que tuvo Egipto antes de pasar a manos de los romanos.
Lejos de esto, en realidad, algunos estudios han apuntado a que su aspecto físico no sería tan agraciado como la leyenda ha querido hacer ver. Pero curiosamente, los arqueólogos sí que han podido saber a qué podía oler este personaje histórico. Unos expertos han recreados los perfumes que solían utilizarse en el imperio, a través de algunos restos que contenían aún unas vasijas.
El Chanel Nº 5 del antiguo Egipto
Uno de estos arqueólogos, procedente de la Universidad de Hawái, dijo este era el Chanel Nº 5 del antiguo Egipto. Junto con un colega, ha pasado años haciendo excavaciones en un lugar conocido como Tell-El-Timai, que antiguamente era la ciudad de Thmuis. Este fue el hogar de los perfumes más conocidos en el mundo antiguo y en Mesopotamia.
En el año 2012 se encontró lo que podía ser la casa de un comerciante de perfumes, que contenía un área destinada a fabricar alguna clase de líquido, botellas de vidrio con residuos y ánforas. Las botellas no desprendían ningún olor concreto, pero al analizar el lodo a nivel químico se pudo saber cuáles eran algunos de los ingredientes que contenía.
Entonces los investigadores pusieron sus hallazgos en manos de dos expertos en perfume egipcio, los cuales ayudaron a recrear los olores a través de las fórmulas que se encontraron en los textos griegos antiguos.
Si pensabas que en el antiguo Egipto olían a algo parecido a los perfumes de Yves Saint Laurent o Carolina Herrera (descubre una de sus últimas novedades en fragancias), debes saber que no era precisamente así. Los aromas recreados tienen su base en la mirra, resina que se extrae a partir de un árbol espinoso de la Península Arábiga y el Cuerno de África.
A este ingrediente se añadieron otros como el aceite de oliva, la canela y el cardamomo, dando lugar a olores propios de otros tiempos, mucho más espesos y cargados que los que se utilizan hoy en día. El resultado final es un aroma fuerte, picante y un poco almizclado.
¿Realmente utilizaba Cleopatra esta fragancia?
Una perfumista que en el año 2005 ayudó a reproducir un perfume que se había usado para perfumar una momia infantil, basada en los raspados que se realizó a una máscara mortuoria, explicó que en realidad no tenemos la certeza de que Cleopatra utilizara ese perfume, ya que ella contaba con su propia fábrica de perfumes, y podía utilizar fragancias exclusivas y no otras que hubieran sido el equivalente a ponerse una marca comprada en tienda.
Existe una curiosa leyenda que cuenta que Cleopatra roció las velas de su barco real con tal cantidad de olor que Marco Antonio podía olerla incluso antes de llegar a la orilla, cuando la visitó en Tarso.
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Iluminar estancias con luz cálida pero sin exagerar

No todas las lámparas decorativas de interior tienen que ser escandalosas o futuristas para tener presencia. A veces lo que transforma de verdad un espacio es esa luz cálida y discreta que te hace quedarte sin darte cuenta. La que no te deslumbra, pero te envuelve. Las lámparas Marset entienden bien ese papel: acompañan sin invadir. Diseños sobrios, casi silenciosos, pero con un carácter que se nota en cuanto enciendes la luz.
Hoy en día muchas casas tienen una iluminación uniforme y plana. Todo demasiado encendido, sin sombras ni rincones con vida propia. Esa luz que te sirve para ver, pero que no aporta nada más. Romper esa monotonía es fácil si se introducen puntos de luz alternativos, con temperaturas más suaves, direcciones distintas y un diseño que no pase desapercibido. Las lámparas decorativas de interior tienen justo esa función: sumar capas, generar ambientes nuevos, sin necesidad de cambiar todo el mobiliario.
Encender la luz para quedarse, no para ver
Una buena lámpara decorativa no solo cambia el aspecto de una habitación. Cambia también el uso que haces de ella. Una luz más baja, más puntual, hace que te sientes. Que bajes el ritmo. Si está colocada sobre la mesa del comedor, puede alargar sobremesas. Si está junto al sofá, puede convertir ese rincón en tu refugio favorito. La luz te empuja a estar, no solo a pasar.
Algunos modelos de Marset están pensados justo para eso. No dominan el espacio, pero lo redefinen. Materiales como el vidrio opalino, tejidos translúcidos o acabados mate crean una luz que no molesta ni interrumpe. Además, muchos modelos permiten regular la intensidad, algo que debería ser casi obligatorio. Porque no siempre necesitas lo mismo. A veces querés leer, otras descansar, otras solo tener una luz de fondo. Una buena lámpara se adapta.
Cuando el diseño no estorba
Diseñar una lámpara bonita es fácil. Diseñar una que además funcione bien y no moleste es otra historia. Hay piezas que parecen pensadas solo para llamar la atención. En cambio, las lámparas Marset suelen ocupar su lugar con naturalidad. Están ahí, aportan, pero no se imponen. No te cambian la casa, pero sí la manera en que la vives.
Y es que no se trata solo de iluminar. Se trata de crear una relación entre luz y espacio. Una lámpara decorativa bien colocada cambia la percepción de un rincón. Lo hace más acogedor, más personal. No es lo mismo un pasillo frío con luz blanca en el techo que un pasillo con una luz cálida de pared marcando un recorrido. Ahí está la diferencia.
Integrarse sin perder carácter
Hay diseños que gritan. Otros que susurran. Las lámparas decorativas de interior que apuestan por formas orgánicas, materiales naturales o acabados neutros tienden a lo segundo. No necesitan competir con el cuadro del salón ni con la estantería del fondo. Se integran, pero dejan huella. Esa es una de las virtudes de algunas piezas de Marset: parecen hechas para estar justo ahí.
Es curioso cómo a veces no sabes por qué una habitación te resulta agradable. Pero si te fijas, suele haber una luz indirecta bien puesta, una lámpara que no apunta directamente a la cara, un reflejo suave en la pared. Todo eso construye sensaciones. Y una buena marca sabe cómo jugar con eso sin que te des cuenta.
Mejorar sin gastar en reformas
Cambiar la atmósfera de un espacio no requiere obras ni muebles nuevos. Con dos o tres lámparas bien elegidas, puedes darle otro aire a una habitación entera. Una lámpara de sobremesa en un rincón olvidado. Una colgante sobre la mesa que antes estaba iluminada por un foco general. Un aplique que bañe de luz una pared desnuda. Pequeños gestos, grandes efectos.
Las lámparas Marset tienen ese tipo de inteligencia. No necesitan ser protagonistas. Pero cuando se encienden, todo mejora. Y eso, al final, es lo que se busca. Que una casa no solo se vea bien, sino que se sienta bien. Que apagues la luz general y solo dejes encendida esa lámpara de rincón porque, sencillamente, ahí se está mejor.
Una elección que suma sin recargar
Iluminar no es llenar de luz, igual que decorar no es llenar de cosas. Es saber elegir. Las lámparas decorativas de interior tienen un papel esencial en ese equilibrio. No sustituyen la funcionalidad, pero la completan. No hacen milagros, pero marcan la diferencia. Y si encima lo hacen con un diseño pensado para durar, con materiales nobles y acabados cuidados, entonces vale la pena apostar por ellas.
Las Marset no son para todo el mundo. No son espectaculares a primera vista ni buscan serlo. Pero si buscas piezas que aporten calidez, que se integren sin gritar, y que conviertan cualquier espacio en un lugar al que apetezca volver, entonces estás mirando en la dirección correcta.






