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Los secretos de la momia natural más antigua del mundo

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Una batalla legal sobre un antiguo esqueleto de 10.600 años, llamada ‘Momia de la Cueva del Espíritu’, ha terminado después de que la secuenciación avanzada de ADN descubriera que estaba relacionada con una tribu de nativos americanos, como se informa en un artículo sobre la investigación que se publica este jueves en la revista ‘Science’.

La revelación forma parte de un amplio estudio internacional que analizó genéticamente el ADN de una serie de restos antiguos famosos y polémicos de América del Norte y del Sur, incluidos los de la Cueva del Espíritu, los esqueletos de Lovelock, los restos de Lagoa Santa, una momia inca y los restos más antiguos de la Patagonia chilena. El estudio también evaluó los segundos restos humanos más antiguos de la cueva Trail Creek en Alaska: un diente de leche de 9.000 años de edad de una niña.

Los científicos secuenciaron 15 genomas antiguos que iban desde Alaska hasta la Patagonia y pudieron rastrear los movimientos de los primeros humanos a medida que se extendían por las Américas a una velocidad “asombrosa” durante la Edad de Hielo y también cómo interactuaban entre sí en los siguientes milenios.

El equipo de académicos no solo descubrió que los de la Cueva del Espíritu, la momia natural más antigua del mundo, eran nativos americanos, sino que pudieron descartar la teoría de que un grupo llamado Paleoamericano existía en América del Norte antes que los nativos americanos.

La investigación pionera también descubrió pistas de una desconcertante señal genética de Australasia en Lagoa Santa, de 10.400 años de edad, restos de Brasil que revelan un grupo previamente desconocido de los primeros sudamericanos, pero el vínculo de Australasia no dejó rastro genético en América del Norte. Fue descrito por uno de los científicos como “evidencia extraordinaria de un capítulo extraordinario en la historia humana”.

La directora del estudio, Eske Willeslev, quien ocupa cargos tanto en el ‘St. John’s College’ y en la Universidad de Cambridge, Reino Unido, como en la Universidad de Copenhague, Dinamarca, señala: “Los restos de la Cueva del Espíritu y Lagoa Santa fueron muy controvertidos porque fueron identificados como de los llamados ‘Paleoamericanos’ basándose en la craneometría: se determinó que la forma de sus cráneos era diferente a la de los nativos americanos actuales. Nuestro estudio demuestra que eran en realidad genéticamente más cercanos a los nativos americanos contemporáneos que a cualquier otro grupo antiguo o contemporáneo secuenciado hasta la fecha”.

Los restos de Lagoa Santa fueron recuperados por el explorador danés Peter W. Lund en el siglo XIX y su trabajo condujo a esta “hipótesis paleoamericana” basada en la morfología craneal que teorizó que el famoso grupo de esqueletos no podía ser de nativos americanos; pero este nuevo estudio refuta esa teoría. “Mirar las protuberancias y las formas de una cabeza no te ayuda a entender la verdadera ascendencia genética de una población. Hemos demostrado que puedes tener personas que se vean muy diferentes, pero que estén estrechamente relacionadas”, añade.

La importancia científica y cultural de los restos de la Cueva del Espíritu, que se encontraron en 1940 en una pequeña zona rocosa en el desierto de la Gran Cuenca, no se entendieron correctamente durante 50 años. Inicialmente, se creía que los restos conservados del hombre de unos 40 años de edad tenían entre 1.500 y 2.000 años de antigüedad, pero durante la década de 1990, las nuevas pruebas textiles y de cabello databan el esqueleto de hace 10.600 años.

La tribu Fallon Paiute-Shoshone, un grupo de nativos americanos con base en Nevada cerca de la Cueva del Espíritu, reclamó su afiliación cultural con el esqueleto y solicitó la repatriación inmediata de los restos conforme a la Ley de protección y repatriación de sepulturas de los nativos americanos.

La solicitud fue rechazada porque se disputaba la ascendencia, por lo que la tribu demandó al gobierno federal y la demanda enfrentó a los líderes tribales en contra de los antropólogos, quienes argumentaron que los restos proporcionaban información invaluable sobre los primeros habitantes de América del Norte y deberían seguir siendo exhibidos en un museo.

El punto muerto continuó durante 20 años hasta que la tribu acordó que el profesor Willeslev podría llevar a cabo la secuenciación del genoma en el ADN extraído de los restos de la Cueva del Espíritu por primera vez. “Aseguré a la tribu que mi grupo no haría las pruebas de ADN a menos que dieran permiso y se acordó que si los restos de la Cueva del Espíritu eran genéticamente de un nativo americano, la momia sería repatriada a la tribu”, relata el profesor Willeslev.

El equipo extrajo cuidadosamente el ADN del hueso petrus del interior del cráneo, lo que demuestra que el esqueleto era un antepasado de los nativos americanos actuales; por lo que los restos se devolvieron a la tribu en 2016 y hubo una ceremonia privada de entierro a principios de este año a la que asistió el profesor Willeslev y se acaban de divulgar los detalles.

La tribu se mantuvo informada durante el proyecto de dos años y dos miembros visitaron el laboratorio en Copenhague para reunirse con los científicos y estuvieron presentes cuando se tomó todo el muestreo de ADN. Una declaración del ‘Fallon Paiute-Shoshone Tribe’ resaltó: “La Tribu ha tenido mucha experiencia con miembros de la comunidad científica, en su mayoría negativos. Sin embargo, hay un puñado de científicos que parecieron entender la perspectiva de la Tribu y Eske Willerslev fue uno de ellos”.

POBLACIÓN ANCESTRAL

El genoma del esqueleto de la Cueva del Espíritu tiene un significado más amplio porque no solo resolvió la disputa legal y cultural entre la tribu y el gobierno, sino que también ayudó a revelar cómo los antiguos humanos se movían y se asentaban en las Américas. Los científicos pudieron rastrear el movimiento de las poblaciones desde Alaska hasta el sur de la Patagonia. A menudo se separaron y se arriesgaron a viajar en pequeños grupos aislados.

El doctor David Meltzer, del Departamento de Antropología de la ‘Southern Methodist University’ de Dallas, Estados Unidos, detalla: “Algo sorprendente sobre el análisis de los restos de la Cueva del Espíritu y Lagoa Santa es que su similitud genética cercana implica que su población ancestral viajó a través del continente a una velocidad asombrosa. Eso es algo que sospechamos debido a los hallazgos arqueológicos, pero es fascinante que la genética lo confirme”.

Y añade: “Estos hallazgos implican que los primeros pueblos estaban altamente cualificados y se movían rápidamente a través de un paisaje totalmente desconocido y vacío. Tenían todo un continente para ellos y viajaban grandes distancias a una velocidad impresionante”.

El estudio también reveló huellas sorprendentes de la ascendencia de Australasia en los antiguos nativos americanos de América del Sur, pero no la genética de Australasia. Se encontró un enlace en los nativos americanos de América del Norte.

El doctor Peter de Barros Damgaard, del Centro de Geogenética de la Universidad de Copenhague, explica por qué los científicos siguen desconcertados pero optimistas sobre la señal de ascendencia de Australasia en América del Sur. “Si asumimos que la ruta migratoria que trajo esta ascendencia de Australasia a América del Sur pasó por América del Norte, cualquiera de los portadores de la señal genética llegó en una población estructurada y se fue directamente a Sudamérica, donde luego se mezclaron con nuevos grupos entrantes o ingresaron más tarde”, expone.

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El impacto de los mayas en el medio ambiente fue mayor de lo que se creía

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Agencia Sinc.- Ante el aumento de la población y las presiones ambientales, como el aumento del nivel del mar de hace entre 3.000 y 1.000 años o las sequías hace unos 1.200 años, las sociedades mayas respondieron convirtiendo los bosques tropicales en complejos campos de humedales con canales para gestionar la calidad y cantidad de agua.

Crearon humedales que sirvieron como sistemas agrícolas a gran escala para el cultivo de aguacate, maíz y calabaza

Estos humedales sirvieron como sistemas agrícolas a gran escala para el cultivo de aguacate, maíz y calabaza y estuvieron activos durante eventos climáticos extremos, como sequías y épocas de expansión de la población.

“Estos humedales perennes fueron muy atractivos durante las duras sequías mayas, pero estos también tuvieron que tener cuidado con la calidad del agua para mantener la productividad y la salud humana”, explica Sheryl Luzzadder-Beach, coautora del estudio que se publica hoy en la revista PNAS e investigadora en la Universidad de Texas en Austin (EE UU).

El nuevo trabajo es el primero en combinar imágenes obtenidas por lídar –mediante un escáner láser aerotransportado– con evidencias de excavaciones antiguas de cuatro humedales en la cuenca del Río Bravo en Belice, lo que comprende un área de más de 14 km2.

Los resultados revelan que uno de ellos, el llamado Birds of Paradise, es cinco veces más grande que el descubierto previamente. Los científicos además encontraron otro complejo de humedales aún más grande en ese país.

Así el estudio muestra que los mayas tuvieron “impactos antropogénicos más tempranos, más intensos y de mayor alcance” en los bosques tropicales que los conocidos previamente. “Estas grandes y complejas redes de humedales pueden haber cambiado el clima mucho antes de la industrialización, y estas pueden ser la respuesta a la pregunta de cómo se alimentó una gran civilización de la selva tropical”, indica Tim Beach, autor principal del estudio e investigador en la universidad estadounidense.

Mayor emisión de gases

Para desvelar el extenso campo de humedales antiguos y las redes de canales, el equipo obtuvo 250 kilómetros cuadrados de imágenes láser de alta precisión para mapear el suelo debajo del dosel del bosque pantanoso. En su interior, los científicos descubrieron evidencias de múltiples especies de alimentos antiguos cultivados, como el maíz, además de conchas y huesos de animales.

Según los investigadores, la extensión de estos sistemas pudo aumentar las emisiones de dióxido de carbono con la quema de vegetación y de metano. De hecho, el mayor aumento de este último gas hace entre 2.000 y 1.000 años coincide con la formación de estos canales, así como los de América del Sur y China.

“Incluso estos pequeños cambios pudieron haber calentado el planeta, lo que proporciona una perspectiva aleccionadora para el orden de magnitud de los cambios más grandes durante el siglo pasado que se acelerarán en el futuro”, subraya Beach.

Los investigadores plantean la hipótesis de que la huella del humedal maya pudo ser aún mayor e imperceptible debido al arado, la degradación y el drenaje modernos. Los hallazgos se suman a la evidencia de los primeros impactos humanos en los trópicos, y plantean la hipótesis del aumento del dióxido de carbono atmosférico y el metano por la combustión, la preparación y el mantenimiento de estos sistemas de campo que contribuyeron al Antropoceno temprano.

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Los polos magnéticos de la Tierra pueden invertirse mucho más a menudo de lo que se creía

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Un grupo de científicos ha descubierto que los polos magnéticos de la Tierra pueden invertirse mucho más a menudo de lo que se pensaba, según un artículo publicado el pasado 20 de septiembre en Earth and Planetary Science Letters.

El equipo, formado por miembros de la Academia de Ciencias de Rusia y del Instituto de Física del Globo de París, recolectó muestras de sedimentos de un afloramiento en el noreste de Siberia. Tras calentar a temperaturas extremas las partículas magnéticas que contenían para desmagnetizarlas, descubrieron su correspondencia con la del campo magnético en el momento y el lugar en que fueron depositadas.

Tomando como punto de referencia la edad de los fósiles de trilobites hallados en dichas capas, pudieron determinar que hace unos 500 millones de años el campo magnético del planeta se invertía aproximadamente 26 veces cada millón de años.

¿Cuándo volverá a ocurrir?

De acuerdo con Yves Gallet, autor principal del estudio, este dato es “extremo”, teniendo en cuenta que es la frecuencia más alta jamás sugerida. Hasta ahora se consideraba que 5 giros por cada millón de años era una cifra elevada. Asimismo, este científico detalló que es “igual de interesante” el hecho de que hace 495 millones de años la frecuencia de inversión del campo magnético terrestre se redujo muy rápido, pasando a girar solo una o dos veces cada millón de años.

Los expertos señalan que todavía no está claro qué provocó este “cambio repentino”, aunque se ha sugerido que podría ser la consecuencia de una variación en las condiciones de calor del núcleo externo de hierro líquido impulsado por el manto.

La última inversión de la polaridad magnética de la Tierra ocurrió hace unos 780.000 años. Ante el temor de algunos de que esto vuelva a repetirse pronto —lo cual haría que la radiación solar dañina nos alcance—, Gallet concluyó que este fenómeno “no ocurrirá mañana”, ya que estima que la frecuencia actual es de “al menos varios millones de años”.

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Mensaje urgente de 500 científicos de todo el mundo a la ONU: “No hay ninguna emergencia climática”

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Fotomontaje de Rebeca Thunberg, la niña monstruo elegida por Soros para su campaña planetaria
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Una red global de 500 científicos y profesionales pertenecientes a más de 20 países de todo el mundo ha hecho llegar un manifiesto urgente al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, con un único mensaje: “No hay ninguna emergencia climática”.

Los firmantes del texto, en su mayor parte destacados científicos de Francia, Australia, Estados Unidos y Alemania, señalan en su carta que “la ciencia del clima debería ser menos política y las políticas climáticas deberían ser más científicas”. En su opinión, “los científicos deben reflexionar abiertamente sobre las incertidumbres y exageraciones en sus predicciones del calentamiento global, mientras que los políticos deben contar desapasionadamente los beneficios reales, así como los costos imaginados, de la adaptación al calentamiento global, y los costos reales, así como los beneficios imaginados, de su mitigación”.

En su misiva a la ONU, los expertos explican que “el archivo geológico revela que el clima de la Tierra ha variado” en numerosas ocasiones desde que existe el planeta, con fases más frías y más calientes. “Lo que conocemos como la ‘pequeña Edad de Hielo’ terminó en unas fechas tan recientes como la mitad del siglo XIX y, por lo tanto, no sorprende que ahora estemos experimentando un período de calentamiento”. De hecho, sigue diciendo el documento titulado No hay emergencia climática, “solo unos pocos artículos revisados ​​por pares llegan incluso a decir que el calentamiento reciente es principalmente antropogénico”.

Los autores del documento afirman rotundamente que el calentamiento es mucho más lento de lo previsto y que la política climática se basa en modelos inadecuados. “Los modelos climáticos tienen muchas deficiencias y no son remotamente plausibles como herramientas de hacer política. Además, lo más probable es que exageren el efecto de los gases de efecto invernadero como el CO2 e ignoran, por otro lado, el hecho de que enriquecer la atmósfera con CO2 es beneficioso”.

En este sentido, el panel de 500 científicos recuerda que “el CO2 no es un contaminante. Es esencial para toda la vida en la Tierra. La fotosíntesis es una bendición. Más CO2 es beneficioso para la naturaleza, ecologizando la Tierra: el CO2 adicional en el aire ha promovido el crecimiento de la biomasa vegetal global. También es bueno para la agricultura, aumentando los rendimientos de los cultivos en todo el mundo”.

“No, el calentamiento global no ha aumentado los desastres naturales”, afirman en su comunicado. “No hay evidencia estadística de que el calentamiento global esté intensificando huracanes, inundaciones, sequías y otros desastres naturales similares, o haciéndolos más frecuentes. Sin embargo, las medidas de mitigación de CO2 son tan perjudiciales como costosas. Por ejemplo, las turbinas eólicas matan pájaros e insectos, y las plantaciones de aceite de palma destruyen la biodiversidad de las selvas tropicales”.

Los científicos citados concluyen advirtiendo a la ONU de que el objetivo de la política internacional debe ser proporcionar energía confiable y asequible en todo momento y a todo el mundo, y que la política climática debe respetar las realidades científicas y económicas. “No hay emergencia climática. Por lo tanto, no hay hay motivos para el pánico o la alarma. Nos oponemos firmemente a la política dañina y poco realista de cero CO2 propuesta para 2050”.

(La Tribuna del País Vasco)

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