Salud
Trece niños mueren cada hora en el mundo por causas ligadas al sida

Trece niños mueren cada hora en el mundo por causas relacionadas con el sida y solo la mitad de los infectados con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) tiene acceso a tratamiento, según los últimas estudios globales presentados este martes por Unicef en Johannesburgo.
Esto implica que, pese a que las cifras han descendido, el sida y sus consecuencias dejan aún una media diaria de 320 muertes de menores, con África subsahariana a la cabeza entre las regiones más afectadas.
Los datos fueron recopilados por el Fondo de la ONU para la Infancia (Unicef) durante 2018 y se hicieron públicos esta jornada, en un evento en Johannesburgo organizado en la antesala del Día Mundial de la Lucha contra el Sida, que se celebra el 1 de diciembre.
África subsahariana, la más afectada
Solo en África subsahariana se encuentran unos 2,4 millones de los casi 2,8 millones de menores que se estima que conviven con el VIH (desencadenante del sida) en todo el mundo.
Le siguen el sur Asia con 100.000 casos infantiles, Asia oriental y el Pacífico (Oceanía) con 97.000 y Latinoamérica y el Caribe con 76.000.
Durante 2018, se registraron en el mundo unos 160.000 nuevos contagios de niños hasta los 9 años y, en ese grupo, unos 89.000 se infectaron durante la gestación y el nacimiento, y unos 76.000 lo hicieron en el periodo de lactancia materna.
Las cifras muestran que, entre adolescentes, la población femenina es casi tres veces más vulnerable al contagio que la masculina.
«Ha habido un gran éxito en la prevención de la transmisión madre-hijo, pero el progreso se ha estancado y muchos niños continúan infectándose con el VIH», advierte Unicef en su informe.
Las muertes infantiles y adolescentes tienen dos causas fundamentales: los bajos niveles de acceso a tratamientos antirretrovirales, por una parte, y los esfuerzos limitados en el campo de la prevención, por la otra.
Así, según el Fondo de la ONU, en 2018 solo un 54 % de los niños hasta los 14 años de edad infectados con VIH tenían acceso a las terapias antirretrovíricas que podrían salvarles la vida.
Disparidad por regiones
Los datos arrojan fuertes disparidades por región y Unicef considera que, en general, el progreso de la lucha contra el sida se está estancando, al igual que ya advirtió ONUSIDA en su último informe global sobre la enfermedad, publicado en julio pasado.
Para ilustrar la heterogeneidad del problema, la agencia de la ONU para la infancia resalta que, aunque el sur y el este de África mantengan las peores cifras en materia de prevalencia y contagios, un niño nacido en esas zonas tiene actualmente el doble de posibilidades de ser diagnosticado en sus dos primeros meses de vida que un bebé de África central y Occidental o del sur de Asia.
Otro ejemplo es que «menos de la mitad» de los niños con VIH de hasta 14 años en Latinoamérica y el Caribe reciben antirretrovirales, pero en el Asia meridional la cifra de acceso al tratamiento asciende a nueve de cada diez infantes.
En el umbral de los grandes logros
«El mundo está en el umbral de hacer grandes logros en la batalla contra el VIH y el sida, pero no debemos dormirnos en los laureles del progreso conseguido», señaló la directora ejecutiva de Unicef, Henrietta Fore, en un comunicado.
«Descuidar las pruebas y las iniciativas de tratamiento para los niños y adolescentes es una cuestión de vida o muerte y, para ellos, debemos elegir la vida», agregó Fore.
El acceso de las madres a tratamientos antirretrovirales para prevenir la transmisión del virus a sus hijos se ha incrementado globalmente hasta alcanzar el 82 %, un dato especialmente positivo si se tiene en cuenta que hace una década la tasa era solo del 44 %.
El tratamiento previno dos millones de infecciones
«(Dar tratamiento) ha ayudado a evitar unos dos millones de nuevas infecciones de VIH y prevenido más de un millón de muertes de niños de menos de 5 años», destacó la directora ejecutiva de Unicef, aunque también advirtió de que aún queda «un largo camino por delante» en esta materia.
La clave ahora está, según esta experta, en lograr avances similares en el tratamiento pediátrico de los menores ya contagiados, con la vista puesta en que aumente tanto su calidad como su esperanza de vida.
Salud
Qué puede cambiar en una familia cuando se trabaja desde dentro

Cuando una familia repite los mismos conflictos una y otra vez, no es porque no se quieran o no se esfuercen. Muchas veces, es porque no logran ver qué está pasando realmente. Las emociones se cruzan con los roles, las rutinas con las expectativas, y lo no dicho empieza a pesar más que lo que se habla. En esos casos, acudir a terapia familiar en Madrid puede marcar una diferencia real.
Especialmente cuando se hace en espacios profesionales como Sampai Salud, donde el acompañamiento es cercano, sin juicios, y enfocado en desbloquear dinámicas que ya no funcionan.
Qué es realmente la terapia familiar
A diferencia de otros enfoques, la terapia familiar no se centra solo en un miembro del grupo. Trabaja con el sistema completo: padres, hijos, parejas, incluso miembros que ya no viven en casa pero que siguen influyendo. Se exploran los vínculos, los patrones de comunicación, los silencios, los síntomas y las historias que se arrastran.
No se trata de buscar culpables, sino de entender por qué se repiten ciertos choques, qué emociones no encuentran lugar y qué necesidades no están siendo vistas. En muchos casos, un problema visible (como la rebeldía de un adolescente o la ansiedad de un niño) es la forma que tiene la familia de expresar algo que no se puede decir de otro modo.
Cómo trabaja un centro como Sampai Salud
El equipo profesional trabaja desde una mirada sistémica, que permite ver el problema como parte de una red más amplia. No se busca reparar lo roto, sino fortalecer lo que sí funciona, lo que ya está disponible.
Las sesiones pueden ser con todos los miembros o en formato individual, según la etapa del proceso. Se trabaja con la escucha activa, con preguntas que abren, con ejercicios sencillos que ayudan a tomar perspectiva. También se acompaña en momentos de transición: separaciones, mudanzas, duelos, llegada de un nuevo miembro, enfermedad o cambios escolares.
La intervención es respetuosa, sin forzar, y siempre adaptada a las particularidades de cada núcleo familiar.
Cuándo es útil buscar apoyo
Muchas familias esperan a que el conflicto escale. Pero también se puede acudir cuando hay tensión no resuelta, cuando la comunicación se ha vuelto cortante o cuando uno de los miembros empieza a mostrar señales de malestar sostenido: insomnio, irritabilidad, tristeza, aislamiento.
Otros motivos comunes para iniciar un proceso de terapia familiar en Madrid incluyen dificultades en la convivencia, rivalidad entre hermanos, límites difusos entre padres e hijos o diferencias educativas entre los progenitores.
No hace falta tener una crisis para pedir ayuda. A veces, lo que hace falta es un espacio neutral donde escucharse de otra forma.






