España
Un mensaje llama a los yihadistas a atentar contra las celebraciones de Semana Santa en España
La fundación. Al–Muntasir Media ha difundido hoy un mensaje en el que hace un llamamiento a las células durmientes y “lobos” solitarios que, según estos yihadistas vinculados a Daesh, hay en España. El objetivo es que ataquen las celebraciones de Semana Santa en nuestro país, según han informado fuentes antiterroristas.
El mensaje tiene como fin incitarles a cometer ataques, para lo cual les formulan una pregunta pública: “Dónde estáis ahora, muyahidines de Alá, cuando se os necesita”.
Se trata de la quinta anenaza que Daesh lanza contra España en lo que va de año (por medio de vídeos), a los que hay que unir, una de Al Qaeda.
Días pasados, el Ministerio del Interior elevó el nivel de alerta antiterrirista a 4 reforzado, entre otras cosas por la amenaza a la Semana Santa.
El pasado mes de diciembre, Al Muntasir lanzó un video titulado: “Precio caro, pagado en Barcelona”, en el que se incluían imágenes de archivo procedentes del atentado de Barcelona del 17-A. Una voz en off habla en castellano.
“Cruzados: vosotros alimentáis el radicalismo, pero no dais cuenta de ello. Sois como aquel que quiere apagar un fuego lanzando llamas contra ese fuego, pues estáis poniendo a todos los musulmanes en un mismo bando y alimentando el odio. Muchas de vuestras detenciones fueron en contra de musulmanes inocentes y que no formaban ninguna amenaza. Vuestra represión contra nuestras hermanas ha tenido un precio caro.
Las células están preparadas. Los objetivos designados. Estar preparados, os atacaremos cuando menos os lo esperéis. Por si no los sabíais los leones de Barcelona se vengaron por vuestra campaña de detenciones, y aún nos vengaremos más. Os anunciamos, oh cruzados, nuevas operaciones, entendéis vuestro error muy pronto”.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
