Opinión
¡Y dicen que Franco fue un dictador!
Las libertades del ser humano no se limitan solo al ámbito político, ya que éstas son solo una dimensión de la libertad humana. En efecto, la vida humana opera a muchos niveles, se desarrolla en muchos planos y dimensiones, de las cuales la esfera política es la menos importante. Por ejemplo, ¿qué libertad es más relevante: la de poder elegir la educación que deseamos para nuestros hijos, o la de votar a gente desconocida para que, una vez en el poder, gobiernen con arreglo a los intereses de su partido, muchas veces en contra del programa que ofrecieron en su candidatura, en oposición a los ciudadanos a los que dicen representar?
Limitar la democracia a un régimen donde se vota para elegir a individuos desconocidos –e ineptos y chupópteros– puestos ahí por su partido, cuyo principal fin es arramblar con los privilegio y prebendas de sus poltronas, satisfacer su megalomanía, y gobernar con arreglo a los designios de quienes les han puesto en el poder –léase mafias globalistas–, en vez de servir a los intereses y necesidades de la Patria; y, por el contrario, llamar dictadura a una forma de gobierno que restringe la libertad política pero concede una gran libertad en todos los demás ámbitos de la vida, es una falsedad, un engaño.
Tal fue el régimen franquista: llaman a Franco «el dictador», palabra que ha pasado a ser su epíteto, como su apellido, pero cualquier persona que haya vivido bajo Franco, como es mi caso, puede atestiguar que la inmensa mayoría de los que vivimos en la España de Franco jamás tuvimos la sensación oprobiosa de vivir bajo una sanguinaria tiranía, ni mucho menos, ya que disfrutábamos de una inmensa panoplia de libertades. De ahí la abrumadora adhesión al Caudillo, y la nula oposición democrática que tuvo durante 40 años.
Hubo restricciones en las libertades políticas, pero especialmente para los que, bajo el disfraz de demócratas, eran puro totalitarismo: socialistas, comunistas, anarquistas, separatistas. Entre estos antifranquistas, no había habido ningún demócrata en la República, ni lo hubo bajo la España franquista, ni lo hay ahora, cuando, después de 40 años duros de adoctrinamiento, al ver que la sociedad española ya está «desfranquizada», se han quitado la careta democrática, y vienen otra vez con sus persecuciones a las libertades, con su ancestral totalitarismo, como se demuestra en la inicua memoria histórica, en el no menos inicuo totalitarismo LGTBI, en los ataques al catolicismo, y un largo etcétera.
La democracia partitocrática, además, no es la única posible, ni la mejor, pues es la que le conviene a las mafias jacobinas, creadas por las élites globalistas para controlar el mundo: ¿es democrático que la gente vote a quien se le dice en unos medios de comunicación totalmente controlados por el psicopático clan mundialista, que son quienes eligen verdaderamente a los que deben ostentar el poder de acuerdo con sus luciferinos intereses? ¿Se puede llamar a esto democracia? ¿Se puede llamar a esto libertad política? Frente a esta farsa, frente a este trampantojo, está la democracia orgánica, fundamentada en que todo individuo pertenece a una familia, un municipio y un sindicato, que son las tres instancias que verdaderamente representan a los ciudadanos, y no los corruptos y traidores partidos políticos, que anteponen sus intereses a los de la Patria y el Bien Común.
Sí, la España de Franco fue una dictadura, aunque más bien habría que calificarla de «dictablanda», pues dictadura es una palabra que hay que reservar para regímenes totalitarios como los comunistas, como el que quería implantar la Segunda República, donde un Estado policial controla absolutamente la vida de los ciudadanos, y hay un partido único monolítico que absorbe al Estado. Contra este régimen que quería implantar la dictadura del proletariado se levantó Franco, y no contra una democracia legítima.
Ejemplos de totalitarismos son las dictaduras comunistas, que gobiernan a base de purgas, chekas, pogroms, gulags y campos de exterminio, cosas que jamás existieron con Franco. ¿O es que acaso alguien puede calificar de demócratas al golpista Largo Caballero, al pistolero Indalecio Prieto, al genocida Santiago Carrillo, a la enloquecida Pasionaria, etc… ¿Por qué los rojos de hoy no apuntan sus baterías «democráticas» contra los emperadores del mal, contra los dementes exterminadores que fueron Lenin, Stalin, Mao, Castro, y toda la patulea luciferina que inundó el mundo con ríos de color púrpura, con un maremágnum de horror y locura satánica? ¿Es que acaso estos zares apocalípticos no eran dictadores? Con sus mausoleos y todo, por supuesto. ¿Es que acaso el Coletudo Mayor y Sánchez son demócratas?
También dicen de Franco que fue un golpista, pero levantarse contra un gobierno ilegítimo –que accedió al poder mediante un alevoso pucherazo en las urnas–, y además inepto, incapaz de mantener el orden público y la seguridad de los ciudadanos, no puede considerarse propiamente un golpe de Estado, pues al Alzamiento Nacional le amparaba el derecho de legítima defensa frente a una agresión dirigida por potencias extranjeras contra nuestro país, que además pretendía el exterminio de la España católica y conservadora.
Otro hecho a tener en cuenta son las circunstancias históricas que rodean el nacimiento de una dictadura. En lo que respecta a la de Franco, resulta risible y esperpéntico que alguien en su sano juicio pueda pensar que un general victorioso en una guerra contra una revolución totalitaria como la que pretendía implantar en España el Frente Popular, una vez derrotado el enemigo, convoque inmediatamente elecciones generales para que los derrotados y los revolucionarios puedan presentarse, volviendo de rositas como si aquí no hubiera pasado nada. ¿Hay realmente alguien que pueda imaginar esta situación imposible?: ganas una guerra, y luego lo vencidos -que llevaban años de supuesta «democracia» organizando golpe tras golpe- vuelven tan tranquilos, e intentan ganar en las urnas lo que perdieron en los campos de batalla. Y, claro, los frentepopulistas bolchevizados sí hubieran convocado elecciones libres, dejando participar en ellas a los partidos de derecha, a los que estaban exterminando sin piedad desde mucho antes del Alzamiento.
Junto a esto, un hecho que puede justificar la privación de libertades políticas en un país es el advenimiento de una época de especial dificultad, de crisis social, política y económica, como sucede en una posguerra, y más si el conflicto ha sido interno, causante de unas heridas y una polarización que llevará tiempo solucionar. Si a esto le añadimos un contexto de crisis total debido a la Guerra Mundial, un país al que a la ruina de la guerra se le añadió a un estado anterior de atraso en casi todos los órdenes, resulta claro que España lo que necesitaba, más que otra democracia fallida, era una época de estabilidad, de orden, de autoridad, de paz, que facilitara la reconciliación y el progreso. Eso fue lo que consiguió la dictadura de Franco, en una época en la que más de media Europa estaba bajo la tiranía de las «repúblicas democráticas» comunistas.
Por último, aparte de las consideraciones que hemos hecho más arriba, habría que evaluar a un régimen autoritario examinando si los frutos que ha producido compensan la restricción de las libertades políticas. La pregunta salta por sí misma: esa dictadura, ¿ha mejorado las condiciones de vida del pueblo sobre el cual ejercía su autoridad? ¿Ha llevado al país sobre el que se implantó a más altas cotas de paz, orden y progreso? En caso afirmativo, estos logros y conquistas pueden llevar a la conclusión de que la falta de libertades políticas ha valido la pena.
Hoy día, es incuestionable que la España de Franco ha sido la época de mayor paz, orden, estabilidad y prosperidad de nuestra historia. Los datos incontrovertibles están ahí: durante la época de Franco, la población española adquirió las coberturas del Estado de Bienestar y la Seguridad Social de que hoy disfrutamos, y unas condiciones económicas que convirtieron a España en una verdadera potencia, cuando antes de Franco éramos un país casi subdesarrollado:
Capítulo aparte en la paz social que vivió la España de Franco merece la pacificación total de las regiones proclives al secesionismo, que tantos problemas habían dado a la República, y que tan activamente habían colaborado con el golpismo izquierdista, secesionismo marcado por las purgas, el totalitarismo y el racismo.
Junto a todas estas conquistas provechosas para España, otro argumento poderoso a la hora de valorar el régimen de Franco es la constatación de que la vida cotidiana en aquella época se regía por unos parámetros construidos sobre los valores tradicionales de la civilización cristiana, valores que daban seguridad a las personas, que creaban a su alrededor un universo armonioso donde la vida tenía sentido, ya que ésta se desarrollaba bajo un profundo sentido de la ley natural.
Dicen que Franco fue un dictador, pero el régimen pretendidamente dictatorial que creó desembocó pacífica y rápidamente en una democracia, a través de una Transición modélica que fue el asombro del mundo, lo cual dice bien a las claras que aquella dictadura no era tan «dura», ya que llevaba en sí los gérmenes de las libertades políticas.
Y ahora me gustaría hacer a los españoles la siguiente pregunta, que no es «la del millón», porque su respuesta está cantada: ¿Estaría usted dispuesto a renunciar a su libertad democrática de votar en elecciones para elegir a politicastros corruptos, ineptos y traidores, a cambio de que hubiera en España un régimen autoritario donde no existieran autonomías despilfarradoras, secesionismos racistas, invasión de inmigrantes, totalitarias ideologías LGTBI que pretenden adoctrinar a nuestros hijos? ¿Estaría usted dispuesto a renunciar a la libertad de expresión que permite ultrajar nuestra bandera y nuestro himno, que permite las amenazas de los filoterroristas en las redes sociales, a cambio de un régimen que acabara con el IVA y el IRPF, con el infierno fiscal, con las ayudas a los inmigrantes, con unas televisiones plenas de inmundicias globalistas, con unas bandas antisistema que amenazan a quienes disienten de la ideología oficial, con las patuleas de antiespañoles que consideran facha enarbolar símbolos patrióticos, con unos partidos que son agencias de colocación y mangoneo; con unos politicuchos que pretenden prohibir la caza, la pesca, los toros, los castillos en la arena; con un sistema que nos vigila dictatorialmente con sus drones, sus cámaras, sus trolls…? ¿Estaría usted dispuesto a entregar estas libertades a cambio de un régimen que asegurara el pleno empleo, una deuda del 7% en lugar del 110% actual; un régimen donde se le pagaran las horas extras y se respetara su descanso dominical; donde las multinacionales fueran obligadas a admitir un 50% de capital español; donde solamente se necesitaran entre 5 y 8 años para pagar una hipoteca, en vez de los 30 años actuales; donde había Cajas de Ahorros al servicio de los ciudadanos, y no bancos voraces entregados a la vorágine globalista?
Pues así fue la España de Franco, la famosa «dictadura». ¿Qué tenemos ahora?: pues una «dictacracia». Y así nos van las cosas.
España
Los sindicatos reactivarán algaradas y movilizaciones. Por Jesús Salamanca Alonso
«La falta de experiencia en la formación de equipos de trabajo y en gobernar instituciones puede hacer que VOX interfiera en cuestiones que deben darse por superadas»
Con tanta ayuda pública, los sindicatos mayoritarios viven en la abundancia como señores feudales venidos a menos. Permiten llevar una vida de lujos y privilegios; eso hizo hace unos años que, en algunas sedes de las formaciones mayoritarias, colgaran longanizas como forma de llamarlos «chorizos»: esas debieron de ser bien acogidas porque no las devolvieron, confirmando lo que ya se sabía.
Mientras se dan una vida de lujo y sin sobresaltos, los trabajadores ven cómo los recortan y aprietan cada vez más. Por eso, la ciudadanía en general, exige que sean los afiliados quienes mantengan a esas organizaciones tan costosas, tan poco rentables y desprestigiadas. Protestar, deben de protestar mucho, pero en lo de trabajar ya tengo más dudas y una prueba es que más del 30% de los convenios colectivos siguen sin aprobar, pero como no afecta directamente al bolsillo de ellos, pues tranquilidad, no hay prisa. Si esa es su forma de actuar en todo, mejor que cierren sus sedes, envíen al tajo a sus liberados y se jubilen los dirigentes, que ya chirría y molesta hasta su imagen degradada y despreciada sindicalmente.
¡Qué diferencia, de lidiar con esta gente que se agarra como lapas al sillón, a negociar con Marcelino Camacho, Nicolás Redondo y, posteriormente, José Mª Fidalgo y Cándido Méndez! Hay que destacar que Nicolás Redondo luchó y padeció el franquismo y siempre fue un referente en la lucha obrera en las acerías navales de Vascongadas. Y puesto que vive en el mismo municipio del que es natural Patxi López, no estaría de más que le diera unas lecciones de urbanidad, educación básica, cortesía, dignidad y protocolo; tal vez de esa forma dejaría de hacer el ridículo en las controladas y sesgadas ruedas de prensa del Congreso de los Diputados, más propias de un dictador que de un demócrata. No por casualidad lo llaman «el zorro del Congreso» por sus espantadas.
Volvamos al gran logro que ya planifican las comunidades donde la derecha y VOX trabajan para formar Gobierno: la eliminación y dependencia de las ayudas públicas. Andalucía lo tiene claro y ya ha anunciado que retirará el 50% de las ayudas sindicales. Sin duda, es un intento fallido, ya que debe ser el 100% si no quiere tener problemas a corto plazo, lo mismo que Castilla y León. De Aragón apenas ha trascendido nada al respecto, pero es firme el convencimiento de seguir la misma línea que las demás comunidades. Extremadura también acabará con ese atropello que ha existido durante años: tal vez se chupen menos cabezas de gamba y se respete más a los pobres crustáceos emparentados con el langostino y el camarón.
Lo prometido por Andalucía es el camino que seguirán las demás, excepto las dos comunidades rebeldes, más egoístas y aprovechadas e insolidarias. También es el momento de que los trabajadores se organicen contra los sindicatos sectarios y de clase y convoquen movilizaciones contra ellos. En una reunión de amigos, el más político de todos comentaba que «si VOX no cumple su compromiso, lo mejor es que no participe en los gobiernos autonómicos y calle en lo sucesivo» La falta de experiencia en la formación de equipos de trabajo y en gobernar instituciones puede hacer que VOX interfiera en cuestiones que deben darse por superadas. Desde que se celebraron las elecciones ya va siendo hora de que se formen los gobiernos. Han perdido demasiado tiempo con la constitución de las mesas de cada Parlamento y cualquiera diría que les da miedo dar el paso de formar los gobiernos. ¡A trabajar, gandules!

A ver si es verdad que se les acaba el abuso público y se inicia la transparencia que nunca ha existido, ni en las comunidades y no digamos en el Gobierno central donde nos ocultan hasta los viajes viciosos, lascivos y deshonestos del Falcon al ser declarados treinta y nueve de ellos como secreto de Estado. Eso no huele bien y menos los que llevaban destino a República Dominicana y a Venezuela vía Colombia.
Llevamos sin una huelga general muchos años y no será que no ha habido motivos para ello: corrupción, latrocinio, malversación, mordidas, comisiones, nula transparencia, ataques a los jueces, corrupción del exfiscal general y otras instancias más respetables que el Gobierno del felón «cum fraude». Ahora que se sienten rechazados los sindicatos, las huelgas se cuadruplican en este año 2026, debido al bloqueo de las negociaciones salariales. Más de un 30% de los trabajadores están afectados.
Hay que recordar que desde 2022 parecía que la relación entre empresas y trabajadores se había normalizado o, por lo menos, se había calmado debido al acuerdo entre CEOE, Cepyme y el sindicalismo fantasma de la izquierda bolchevique, protegidos por doña Yolanda «Tucán», hoy caída en desgracia en el Gobierno sanchista. Sus traiciones al sanchismo y a Podemos le han pasado factura. Nadie le admite en sus filas porque lo que toca, lo desgobierna. ¡Si tendrá capacidad de traición y facilidad para la misma que hasta a su principal mentor lo «apuñaló» por la espalda! ¿Se acuerdan de Xosé Manuel Beiras, político y economista gallego, además de líder del BNG? Si a ello añaden la protección y encubrimiento al pederasta Ramiro Santalices por pare de Yolanda, pues ya tienen todos los ingredientes para que nadie se fie de ella y genere un rechazo brutal, menos en UGT y CC.OO. a quienes ha regado de euros y prebendas.
Las solicitudes de huelga y los conflictos laborales ya han comenzado y aumentarán si hay adelanto electoral y se hunde, como es previsible, la zurda sindical, falsaria y ruinosa. Quienes llevan siete años tirándose a la bartola se reactivarán con las algaradas y las movilizaciones.
Tan sólo las huestes del felón tranquilizan a esos sindicatos radicales y reaccionarios cuyo logro de la «derechita cobarde» será eliminar por completo las abundantes ayudas y subvenciones públicas que reciben los dos sindicatos sectarios y falsarios amparados y amamantados también por la mafia criminal sanchista.
