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Athletic Club asaltó Mestalla y se internó en semis de Copa a costa del Valencia
Sin importar que el contexto no fuese el más favorable, el Athletic Club de Bilbao logró internarse en las semifinales de la Copa del Rey 2022/23. Para ello, el cuadro vasco tomó por asalto Mestalla, recinto del Valencia, su rival en los 4º de final de la competencia.
Lejos de sentirse visitantes en la casa del cuadro ‘Che’, los de San Mamés fueron muy superiores a los de casa, llevándose uno de los cuatro boletos para la siguiente instancia del torneo, por un 1-3 que reflejó el dominio y mejor juego del conjunto de Ernesto Valverde.
A pesar de verse inferiores en el papel, según las proyecciones de gamblingguy.com, los bilbaínos no tuvieron ningún complejo por el escenario que visitaban, al contrario, demostraron su carácter para superar a una oncena de casa que, precisamente, por jugar en su fortín, partían con cierto favoritismo.
El accionar visitante fue tal, que los cuatro goles que tuvo el partido corrieron por su cuenta, ya que la diana local, que colocó el 1-1 transitorio, fue a causa de un gol en propia puerta de ‘Los Leones’.
El dominio ‘Rojiblanco’ vino a traducirse en el marcador superada la primera media hora de encuentro. Después de un posible penal a su favor, el Athletic Club continuó su juego con un acertado Ander Herrara, que mandó un centro a la cabeza de Iñaki Williams, que en lugar de rematar, combinó con un Muniain mejor ubicado que agarró el esférico botando y marcó el primero para la visita, a los 35’.
Sin embargo, la respuesta local no se haría esperar, y antes de la conclusión de la primera parte, los de Gattuso volverían a poner todo como al principio. Una gran jugada de Diakhaby, desbordó e ingresó al área por el sector derecho, le permitió al espigado central francés mandar un centro raso que Óscar de Marcos, apretado por sacar, terminó mandando a guardar a su propio arco, en el 43’.
No obstante, el gol en contra no bajó los brazos visitantes, que siguieron con su juego e inmediatamente, antes de finalizar la primera parte, volvieron a ponerse en ventaja. Ahora, el encargado de marcar el segundo del Athletic Club, correría por cuenta de Nico Williams, que anotó tras una nueva asistencia de su hermano, Iñaki.
El joven extremo de 20 años, que viene de representar a España en la Copa del Mundo Qatar 2022 se aprovechó de un rebote dentro del área valenciana que le cayó a su hermano, quien sin pensarlo dos veces la jugó hacía atrás, donde estaba Nico, que soltó un disparo inatajable para Mamardashvil, ingresando en la parte superior izquierda del arco local, pegando en el travesaño antes de ingresar, a los 45’.
Ya en segundo tiempo, la superioridad vasca se haría aún mayor, viniendo a cerrar el partido a falta de un cuarto de hora para el cierre, cuando marcador el tercer tanto que puso tierra de por medio.
En esta oportunidad, Nico sufrió una barrida dentro del área por parte de Cenk, que en un primer momento no pareció gran cosa, pero, luego, tras el ingreso del VAR sobre la acción, llamaron a del Cerro Grande, principal del cotejo, para que apreciara con mayor detenimiento la acción, dictaminando este último, la pena máxima.
Se hizo cargo del lanzamiento Mikel Vesga, que con un remate colocado, que adivinó y estuvo a punto de atajar el golero georgiano, puso diferencia de dos y acabó con las esperanzas ‘Che’ de remontar el partido.
Athletic Club ganó su última Copa del Rey en 1984
En los últimos años, la Copa del Rey ha sido uno de los trofeos más importantes para el Athletic Club, el cual, más allá de no ganarlo recientemente, siempre los tiene como uno de los protagonistas.
El club vasco es el segundo máximo ganador de este torneo, con 23 coronaciones, superado, únicamente, por el FC Barcelona, que dispone de 31 consagraciones. Sin embargo, tras coronarse en 1984, el Athletic no ha podido volver a hacerse con el certamen, teniendo, actualmente, una sequía de casi cuatro décadas.
Desde esa última victoria, los de San Mamés han asistido a seis finales, mordiendo el polvo en cada una de ellas, incluyendo, las dos más recientes, en la 2019/20 y 2020/21, ediciones consecutivas en las que se quedaron a un triunfo de volver a levantar la copa.
Su rival en la actual edición, lo conocerán este lunes, cuando se lleve a cabo el sorteo, donde también estarán, la grata sorpresa de la temporada, Osasuna, junto a los ya acostumbrados Barcelona y Real Madrid.
Por cuarta edición al hilo, Athletic Club logra meterse entre los cuatro mejores de la competencia, esperando, que esta sea la definitiva en la cual pueda dejar atrás todos esos años de tropiezos.
Deportes
Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
