Opinión
Herejías antiguas en tiempos nuevos

Las verdades como los errores, sean en el terreno de la filosofía o en el de la teología, se repiten de forma natural por desconocimiento de la verdadera doctrina, tropezando en la misma piedra o por infección diabólica provocada por los enemigos de siempre contra la Iglesia de Cristo.
De esto el mundo no se librará mientras las inculturas religiosas y filosóficas sigan haciendo la labor disolvente en el marco del escepticismo y el relativismo.
Pero el católico debe exigirse esa solidez de formación que le haga ser libre (la verdad os hará libres), y sentirse firmemente amarrado al puerto contra las embestidas de las olas, con la maroma de sus convicciones en la verdadera doctrina revelada.
Faltando esa solidez, todo se presta a dudas y eternas y vacías discusiones. Dos errores viejos, y que siguen siendo peligrosos para la espiritualidad católica, son el gnosticismo y el pelagianismo.
El gnosticismo ya surgió en los comienzos del cristianismo en época apostólica. Se presentaba con un ropaje de ciencia de alta especulación, pretendiendo representar la verdadera ciencia divina y humana mezclando ideas helenísticas y orientales con otras cristianas. Defendían una oposición eterna entre Dios y la materia como origen del mal. De ahí el “dualismo”. Y Cristo, solo sería un Redentor como emanación del Ser Supremo y no como persona divina concreta. Así, se disuelve la doctrina salvífica concreta en un aprecio inmenso de la propia inspiración subjetiva y con ella se destruye la moral objetiva.
La Iglesia lo desenmascaró y combatió con los apóstoles Pedro y Pablo y San Justino y San Ignacio de Antioquía y, entrando el siglo II, San Ireneo, San Hipólito y Tertuliano, en la instrucción de los fieles.
Un tal Pelagio, británico pero que gozaba en Roma de fama de hombre espiritual, comenzó a defender a principios del siglo V que el hombre con su libertad es capaz de obrar el bien por sí mismo, con sus propias fuerzas, y sin el auxilio de la gracia de Dios, librarse de todo pecado y que éste no se transmita al respeto de la especie humana.
Esto halagaba la vanidad humana, atribuyéndole el obrar el bien al margen de las ayudas de la gracia divina.
Lo pudo decir por su soberbia espiritual de asceta y contra el concepto pesimista que había de la naturaleza humana.
Fue esencialmente San Agustín quien más combatió esta herejía, reconociendo la necesidad de la gracia ante el lastre del pecado original que seguimos heredando. El Padre Zósimo condenó esta soberbia y narcisista doctrina.
El hombre actual, cuando se desvía de las prácticas religiosas (católicos no practicantes), puede caer en estos errores gnósticos de inventarse sus propios errores. Creencias e interpretaciones de la fe y la moral, sintiéndose autosuficiente en sus cumplimientos “a su manera”.
Para el gnosticismo, no se salva uno ni con la fe ni con las obras, sino con ese “conocimiento” subjetivo a gusto de cada quien.
Para el pelagianismo, no se salva con la fe, sino solo con las obras.
Para el protestantismo no se salva con las obras, sino solo con la fe.
Y para el catolicismo, solo nos salvamos con las obras concordes con las exigencias de la fe.
Así podemos resumir y distinguir cada camino de salvación en fondo y en forma, libres de aduladoras doctrinas que nada tienen que ver con la ortodoxia única y verdadera católica.
Vemos cómo la naturaleza del humano no cambia con el paso de los siglos… Tenemos las mismas tendencias al pecado, y la gracia y la oración están para combatir esos peligros de incumplimiento.
Seguimos siendo de carne y polvo, pero nuestras limitaciones pueden convertirse en polvo enamorado por la gracia divina, cuando el humano sigue unido a los recursos redentores del Salvador y unido a esos Sagrados Corazones que laten eternamente por la feliz realización de nuestra eterna bienaventuranza.
Los errores se repiten, pero las virtudes nos enaltecen, triunfando de las pequeñeces terrenales.
¡Nada sin Dios!
Párroco de Villamuñio, León.
España
Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».
Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.
Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.
Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?
Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.
Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.
En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.
Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.
Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.
Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.
El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.
Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.






