A Fondo
La moral de la decadencia
Jordi Contreras (R).- Cuando hablamos de moral en la sociedad posmoderna podemos observar una filosofía de vida que subyace y justifica a la sociedad capitalista que es, básicamente, hedonista y pegada al mundo como única opción posible de vida. La visión esencial del ser humano solitario y vacío es la de una criatura que busca insistente e instintivamente el placer y huye despavorida ante cualquier posibilidad de lo contrario, es decir, el sentido trágico del propio destino.
La esclavitud inconsciente del querer más a cualquier precio induce a la comunidad a una neurosis bloqueadora de cualquier capacidad para soportar una bajada a los sufrimientos de esta vida. El dolor por el esfuerzo en la elevación ética es la fuente del despertar y contribuye siempre a la creación de valores de belleza y superioridad espiritual. Sentirse vivo y escultor de la propia vida es síntoma de que el hombre imprime su huella y modela con su acción a aquello que lo neutraliza y le impide su afirmación positiva.
Es oportuno señalar que una vez que el ciudadano queda a merced de dicha esclavitud, aflora en él la apatía y desarraigo egocéntrico derivador de un materialismo neurótico que lo secuestra de la necesidad de estar conectado al entorno en el que vive, y sentirse partícipe de la realidad cambiante que sin darse cuenta le afecta y moldea.
El sacrificio por los demás, el heroísmo puesto al servicio de los otros, el sufrimiento como oportunidad de aprendizaje, la disciplina, el rigor, el altruismo en suma, están casi completamente ausentes de los criterios prácticos de la mentalidad posmoderna. Con el utilitarismo y el pragmatismo se consigue diluir cualquier atisbo de crecimiento espiritual y conocimiento del ser en sí mismo. En el caso del cristianismo, transformado en moral social y en evangelio laico, vemos como ha perdido su contenido religioso que ya no es obstáculo para el galopante vacío espiritual de Europa. El resultado es que vivimos en una sociedad sin legitimación ni sentido comunitario, donde la domesticación social y la alienación psicológica de masas han tomado el relevo de las ideas y de los mitos.
En el campo de la política observamos suficientemente como la esencia degenerante fluye por ese ambiente viciado de codicia y prestigio personal, un lenguaje neutro propio de la ausencia de la política en mayúsculas y que pone de manifiesto qué tipo de élites nos gobiernan. La causa finalista del sistema es la exclusión de todo tipo de manifestaciones que perjudiquen el imperio de lo aceptable.
Para este fin el placer, el dinero como sactum santorum, la acriticidad, el individualismo atomizador, la preocupación por el mañana de uno mismo -no desde luego desde una visión comunitaria- han creado una jungla desestructurada en la cual los políticos juegan a promocionar y alimentar esta apuesta por la muerte de la posibilidad del restablecimiento del sentido de comunidad.
Los “derechos políticos de los europeos” sólo advierten una visión para el ciudadano: La elección de un conjunto de representantes derivados de la legitimidad y soberanía del pueblo. Pues bien, esa ilusión democrática del voto cada cuatro años es una razón instrumental de las élites económicas gestionada por las políticas para la perpetuación de un sistema que institucionaliza soterradamente un cúmulo de privilegios miserables, dominio psicológico y legitimación de un modelo que fomenta la mediocridad: el demócrata-financiero-mundialista.
Por otro lado, el fomento de la neutralidad ideológica dirigida es un elemento capital para entender la desmovilización de las personas en las sociedades capitalistas. El resultado hallado por la observación de dicha neutralidad y vaciado de contenido es el de la debilidad compulsiva por el materialismo exclusivo como forma sustitutiva de la acción social consciente en todas sus vertientes. Por tanto, la impotencia como resultado de la manipulación y distorsión de la realidad se infiere como una sensación de conformidad respecto a lo político, estableciéndose como estrategia y arma desactivadora permanente; se hace necesaria, no obstante, para la supervivencia en la “normalidad de las democracias occidentales”. Por este camino, la voluntad de un pueblo cede y deja de tejer su propio destino quedando supeditada al imperio de fuerzas y cosmovisiones no soberanas y extra-europeas.
En esta degradante psicología, subyace también una intención negadora de la diferencia étnica y cultural, producto de la cual se construye una distorsión extensiva de la que emana una visión universalista y desarraigada del concepto de hombre, que promueve la disolución de las culturas y el sentido de culpabilidad por ser lo que se es: europeo en este caso. Este odio por lo diferente es derivado por corrientes anti-naturalistas y humanistas que nacen con el cartesianismo y que pretenden acabar con el sentido del ser mediante la supremacía de la razón-técnica deshumanizadora, la desarmonía con el entorno natural, la disolución del lazo histórico y ancestral de los pueblos, para llegar finalmente a una meta edénica: un gobierno mundial, es decir, comunidades sin atributos naturales ni históricos, donde no haya un obstáculo para el dominio cultural único, mercantil y financiero del orbe.
La unidad espiritual, la lucha por el derecho a la afirmación cultural en Europa, la autorrealización en la comunidad y para la comunidad nacional, el regreso a la vida sin la trampa de las teorías del exilio, el gusto por la belleza elevada como símbolo de lo vital, el rigor de nuestro honor frente la vida, la recuperación del orgullo sano de ser europeos y no occidentales, hará que germine de la tierra la chispa prometeica materializada como la espada sagrada que nos permitirá combatir por la hegemonía cultural que nos devuelva a nuestra senda en la historia.
Ser consciente, crítico y tener la voluntad sobrehumanista como elemento de lucha y afirmación europeo son las llaves para ordenarse activista desenmascarador de los valores alógenos y narcotizantes que destruyen nuestras comunidades.
En definitiva y a modo de conclusión, la extensión de lo físico, de lo económico, del individualismo de masas, de la mecanicidad como funcionamiento de la prisión liberal en la que vivimos, se corresponde con la modernidad decadente, con el ocaso de lo histórico, de lo artístico, de lo religioso y de lo popular.
*Responsable de Acción Política de Plataforma per Catalunya (PxC) en Tarrasa.
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Pánico total en los sindicatos. Por Jesús Salamanca Alonso
«Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, …»
Dos insignes sindicalistas vallisoletanos me confiesan que los sindicatos mal llamados «obreros» han entrado en pánico ante futuros gobiernos de VOX y de la «derechita cobarde», que se ha tenido que amoldar al acuerdo para formar gobierno regional. Ya sucedió en Castilla y León la legislatura pasada hasta que la insigne derecha de VOX se rasgó las vestiduras, pero se dio un paso importante de legislatura como fue eliminar las subvenciones multimillonarias que recibían los sindicatos «comegambas» o «rebaña-ostras».
Aquel paso, que llevaba tiempo reclamando la ciudadanía, tuvo una vergonzosa retrocesión por parte del PP al verse desamparado, acobardado y sin apoyos, pero quedó patente que los ciudadanos exigen que ese paso se dé de forma permanente. Y ahora se debe hacer; los sindicatos clasistas de la izquierda ventajosa y fomentadora de odio y desigualdad no han hecho nada importante para ser mantenidos por papá Estado a toda costa y a lo grande. Hasta la ministra, Yolanda “Varufakis” Díaz o Yoli «cohete», alias «Tucán», ha hecho el más burdo ridículo con las subvenciones sindicales. Lo raro es que no los haya traicionado, que es su especialidad, aunque nunca es tarde. Está apartada del Consejo de ministros desde que se marchó a la entrega de los Óscar. Cada día despierta más desprecio y menos simpatías. Doy fe.
En los últimos siete años de izquierda presuntamente (y sin presunta) corrompida con apoyos golpistas, comunistas, independentistas y terroristas ha habido infinidad de motivos para convocar huelgas sectoriales y hasta generales, pero el dúo «comegambas» practica el famoso «do ut des». En pocas palabras: dame pan, llámame perro y lléname la faltriquera. ¡Manda huevos! Bien es verdad que han perdido la calle, se han hecho casta, incluso se creen con derecho de pernada con los trabajadores y hoy corren el riesgo de que se les echen encima esos trabajadores responsables, honrados y que no viven de un mundo subvencionado ni duermen hasta las doce de la mañana por estar liberados. Las movilizaciones contra esos sindicatos no se harán esperar y conocerán la horma de su zapato. Al tiempo.
Hay sindicatos sectoriales que no reciben ni un euro, ¿por qué estos vividores sí las reciben? Nunca serán respetados mientras no se hagan cargo de las nóminas de sus propios liberados, ¿qué es eso de que sean las empresas quienes sigan pagándolos si no producen? ¿Qué es eso de que Yolanda y los dos sindicatos más denostados socialmente decidan las subidas salariales sin contar con la patronal? No estaría de más que alguna vez pagaran ellos con el dinero público que reciben. Ellos invitan y el Estado paga con dinero público. ¡Cuánta indignidad y descontrol tienen y cuánta acumulan cada día! ¡Joder, qué tropa!, repetiría incesante don Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones.
Este modelo sindical ya no sirve, nadie cree en ellos, son la mofa y el hazmerreír permanente y, cuando salen en TV los líderes de esas formaciones izquierdosas y ultra-izquierdosas, lo primero que se escucha en los bares, restaurantes y mesones es «¡ladrones!» y, además, se enfatiza, repite y contagia a los asistentes. Incluso calificativos, o descalificativos, muchos más gruesos. Y es que han hecho méritos para ello, llevan siete años holgando y presenciando la corrupción de varios miembros del Gobierno y aledaños, incluso viendo y comprobando como huye el galgo de Paiporta o se esconde, a la vez que miente o entorpece la acción judicial, el avestruz de Adamuz o cómo la UCO saca los colores a la «fontanera», «la Paqui», Ábalos, Koldo, Cerdán y demás parroquia, a veces amparados por las hojas parroquiales de izquierdas: las misma que acusan al juez Peinado de tener dos DNI o a Julio Iglesias en falso.
Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, el Ministerio de Transportes o la presidencia de las Cortes, por no añadir a Felisín Bolaños, Yolanda «Tucán» o Isabelita Rodríguez, más parada que un baile agarrado de los años setenta.
El gran logro sindical español se alcanzará cuando los sindicatos paguen la nómica de sus propios liberados y los gastos de mantenimiento del propio sindicato. Ese día llegará, doy fe de que llegará y tendrá el apoyo de los organismos europeos y de los propios trabajadores. Precisamente será el momento del nacimiento de la modernidad sindical en España y sospecho que Juanma Moreno será quien dé el primer paso junto con Castilla y León, que ya tiene práctica de ello.
Tras las elecciones andaluzas, y el futuro nuevo gobierno de Moreno, ha anunciado que revisará y recortará drásticamente las subvenciones públicas que reciben CC.OO. u UGT cada año. Hablamos de decenas de millones de euros que reciben esas formaciones y cuyo control deja mucho que desear. Ni siquiera sabemos si actúa el Tribunal de Cuentas al respecto ni cómo actúa. Lo del patrimonio sindical lo dedicaremos artículo aparte y en exclusiva.
Los líderes sindicales ya han salido en tromba y planean movilizaciones para seguir mangoneando y chupando del bote, aunque saben que no tienen apoyo de los trabajadores y menos de la ciudadanía en general, pero tranquilos, que llega el día grande de las gambas, el 1º de mayo.
Está claro que lo que proyectan esos sindicatos es «¡un ataque a los trabajadores!» y una amenaza a la Administración para seguir mangoneando y desprestigiándose, aunque ya no pueden desprestigiarse más.
Yo, como trabajador, sigo luchando para acabar con esos privilegios de señoritos y abusadores. Ni creo en ellos ni he creído nunca y jamás me han reportado nada. De ello, doy fe.

Piti
24/02/2020 at 15:55
Nada nuevo, esta es la educación de la izquierda y la falsa derecha han instaurado durante 35.
Ante la brutal ineptitud que nos rodea y gobierna, lo mejor es rezar y exclamar ¡¡¡Que Dios salve a España!!!