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Internacional

Los «progresistas»: Unos cobardes ante el islam

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BD.- La mayoría de los occidentales están más que hartos de los inmigrantes musulmanes cuya violenta cultura supremacista basada sobre el honor es incompatible con nuestra cultura de civilidad. Un abismo separa la población de las élites supuestamente progresistas, que se comportan como una mujer maltratada que hace todo lo posible para evitar la cólera de su violento marido. Y estas cobardes élites se atreven a acusar de islamofobía a todos aquellos que se niegan a permanecer encerrados en esa relación patólogica o a someterse al síndrome de Estocolmo. En realidad estos “progresistas” son unos cobardes afectados de una verdadera fobia de la crítica al islam: han elegido el apaciguamiento y la sumisión antes que la afirmación de sí mismos. No debemos contar con estos cobardes para defender los logros de nuestra cultura de libre debate.

La cortesía consiste en evitar decir las verdades que puedan sucitar reacciones violentas, el civismo consiste en poder decir esas verdades sin exponerse a la violencia.

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Una reciente serie de reportajes nos informa que la opinión pública de los países europeos se preocupa seriamente del carácter cada vez más agresivo del islam, tal y como este se expresa a través de las poblaciones inmigradas. Citaremos a Soeren Kern, investigador responsable del servicio Relaciones Transatlánticas, en la sede madrileña del “Strategic Studies Group”.

“En estos momentos en que los europeos despiertan a las consecuencias de décadas de inmigración masiva proveniente de países musulmanes, los resultados revelan el abismo que separa los electores de sus dirigentes políticos en el tema de la ideología multicultural, que anima a los inmigrantes musulmanes a permanecer en una segregación voluntaria en lugar de integrarse a su sociedad de acogida.

Estos resultados son similares a los de decenas de otros sondeos recientes. Estos proporcionan una abundante prueba empírica que demuestra que el profundo escepticismo hacia la inmigración musulmana no está limitada a una minoría de “extrema derecha”, como lo pretenden muchas veces los militantes del multiculturalismo. Una mayoría de electores provenientes de todo el abanico político expresan ya su inquietud sobre el papel del islam en Europa”.

El abismo al que se refiere el artículo constituye uno de los hechos más preocupantes en la cultura occidental en el transcurso de la última década: por una parte, una élite que controla una gran parte del discurso en el espacio público (periodistas, universitarios, comentadores, políticos tradicionales…) y que teme más ser tachada de islamófoba y de racista que lo que teme a los racistas islamistas, y por otra parte, un población que se hace sermonear sobre la islamofobia y el racismo en cuanto expresa sus preocupaciones sobre el comportamiento de sus vecisnos musulmanes.

En las culturas del honor, es legítimo, previsible e incluso deseable, ir hasta el extremo de derramar la sangre para salvar el honor mancillado. La crítica pública es percibida como una afrenta, una ofensa personal insoportable. Así, en esas culturas, las personas se cuidan mucho de parecer “correctas”, y la libertad de prensa es imposible, aun en el caso en que sus leyes proclamen lo contrario. Sin embargo, la modernidad está basada sobre el debate público, sobre la civilidad antes que sobre el deseo de agradar. A la inversa, el islam contemporáneo rechaza vehementemente la autocrítica que exige la modernidad. El espíritu crítico le parece un ataque insoportable hacia el honor de los musulmanes. De esta manera, el yihad mundial y los profetas apocalípticos que mantienen una retórica genocidaria representan una forma particularmente violenta de modernidad abreactiva, en la cual los poderes de la sociedad moderna (en particular la tecnología) están centrados sobre la destrucción de la cultura moderna de los debates públicos abiertos. Sin embargo, la modernidad exige una mayor madurez, la secularización implica un mayor civismo de parte de las religiones y les prohibe el recurso a la fuerza del Estado para imponer sus creencias a los demás. Las comunidades religiosas deben renunciar a su necesidad de demostrar que detentan la verdad por la exposición de signos ostentosos de su superioridad. Esto implica un alto grado de confianza en si mismo y de tolerancia hacia la crítica pública.

Las manifestaciones actuales del resurgimiento islámico tienden a tratar al “otro”, el infiel, con brutalidad. Los peligros padecidos por los no musulmanes en las naciones de mayoría musulmana se reproducen de manera casi perfecta en el comportamiento musulmán en los enclaves musulmanes en Europa, esas zonas ya fuera del alcance la ley y en otras zonas sometidas al imperio de la sharia donde el derecho ya no se ejerce. En consecuencia, la relación del islam y de los musulmanes con el kufar (el infiel, literalmente: el que enmascara la verdad) será el gran problema a resolver durante la próxima generación, y en el corazón de este problema reside la facultad de los musulmanes de tolerar las críticas provenientes de los no musulmanes.

Nosotros, occidentales modernos (y posmodernos), que hemos sido pioneros en establecer las reglas grandiosas del dominio de uno mismo, nosotros que hemos imaginado y creado esta cultura tan rica, tan abigarrada y sin embargo tan tolerante, estamos en nuestro derecho de exigir que el islam adopte esas reglas, y sobre todo por aquellos que se aprovechan de la cortesía y el civismo de esta sociedad que hemos creado.

En realidad, porque nos importan esos valores de tolerancia, de libertad y de generosidad hacia el “otro”, nos debemos a nosotros mismos y a los musulmanes que están entre nosotros, imponerles esas reglas. Todo lo demás, incluida la idea fantasiosa que esto no es un problema, será un suicidio cultural. A pesar de ello, hasta ahora no logramos llevar las cosas bien, sobre todo porque tratamos de eludir el problema. La “sensibilidad exarcerbada” de los musulmanes es proverbial, y una buena parte del discurso público y hasta universitario reconoce tácitamente esta realidad cultural practicando el apaciguamiento.

A lo largo de esta última década la situación se ha degradado sin cesar. La actitud de la izquierda autoproclamada “progresista” (que fue antaño el bastión de las críticas contra los abusos del poder, la misoginia o la beligerancia) se ha mostrado extremadamente pusilánime hacia los musulmanes “hipersensibles”. Continuamente, como cuando el discurso de Benedicto XVI, han intentado impedir que los infieles, que tratan de islamófobos, digan lo más mínimo que pudiera herir los sentimientos de los musulmanes. En efecto, los progresistas se muestran más preocupados de ver a los críticos del islam provocar una erupción de cólera musulmana que de explorar las fuentes de esa violencia islámica. Y estos bienpensantes atacan aquellos que defienden los principios de la democracia arrojándoles el anatema con un tono despreciativo, lo que nunca se atreverían a hacer con los musulmanes.

Para terminar, volvamos al “abismo” que separa el pueblo de las élites. Nuestros periodistas, nuestros maestros pensadores, sienten una forma muy particular de islamofobia: esa que consiste en un temor desmesurado a criticar el islam. Traicionan sin ningún escrúpulo a sus conciudadanos, a todos aquellos que se han enrolado para defender nuestras reglas de vida cívica. No podemos contar con esta banda de cobardes que dominan el espacio público para defender nuestra cultura política moderna, tolerante y liberal.


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USA

El viejo genocida de bebés no planea detenerse: George Soros le inyecta 20 millones de dólares a la agenda progresista y abortista de Joe Biden

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Soros ha invertido fortunas en el demócrata desde que era candidato. También entregó más de 200 millones de dólares a organizaciones progresistas por la lucha de clases para alcanzar su ansiado globalismo.

El multimillonario George Soros no deja de aparecer en la escena mundial. Aunque gran parte de su trabajo ocurre tras bambalinas, hay muestras de cómo mueve las fichas para alcanzar su ansiado globalismo.

Esta vez trascendió que donará 20 millones de dólares para una campaña que buscará reunir a los progresistas de EE. UU., con el fin de apoyar los billonarios planes de infraestructura y de bienestar social que el presidente Joe Biden piensa poner en práctica.

El aporte de George Soros, nada modesto, será el impulso para lograr una recaudación final de 100 millones de dólares una vez que otros donantes y activistas demócratas vean a Soros entre los interesados. La cifra que aporte el multimillonario se destinará a la organización de base en lugar de la publicidad pagada, según un reporte de Axios. Es decir, para activar organizaciones progresistas.

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La donación se hará a través de Open Society Foundations, fundada por el magnate. El director ejecutivo para EE. UU, Tom Perriello, asegura que «cada iniciativa propuesta por el presidente Biden tiene un amplio apoyo público».

Por eso, ahora «no van a permitir» que las reformas de Biden sean «satanizadas» como supuestamente lo han hecho otras figuras partidistas y con «intereses especiales».

«Los hechos no siempre ganan sin que se ponga un poco de fuerza para poner esos hechos frente al pueblo estadounidense»

Ante este razonamiento no quedaría duda del interés tras la donación de George Soros. Sin embargo, hay que mirar más de cerca para entender los nexos.

Soros y las elecciones de EEUU

El multimillonario de origen húngaro nombró a Mark Malloch-Brown, como presidente de su fundación en diciembre de 2020. En el sitio web puede leerse su biografía.

¿Pero quién es Malloch-Brown? Un diplomático británico que desde 2014 era parte de la junta directiva de Smartmatic. La misma empresa que proveyó tecnología para varios estados de EE. UU. en las elecciones presidenciales donde Biden resultó ganador.

Malloch-Brown ha ocupado importantes cargos en todo el mundo. Fue especialista en desarrollo en el Banco Mundial, secretario general Adjunto de las Naciones Unidas, formó parte de la Cámara de los Lores en el Parlamento de Reino Unidos y muchas posiciones más que le han abierto paso a escala mundial.

Soros aplaudió el nombramiento de Malloch-Brown al frente de su grupo. Ese tuit lo aprovechó para decir que el mundo está «acosado por el iliberalismo». Hacia finales de 2020, el abogado de Donald Trump, Rudy Giuliani, acusó a Soros por presuntamente conspirar con los demócratas para darle la victoria a Joe Biden.

220 millones para la igualdad racial

«Esperamos que este esfuerzo por parte de los organizadores y donantes le dé a la administración y al Congreso de Biden la seguridad de que necesitan ir lo más grande, audaz y rápido posible», declaró la portavoz de una red de donantes progresista llamada Way to Win en respaldo a la donación de George Soros.

Más de 32000 millones de dólares han salido de la fortuna personal del inversionista para reforzar el trabajo de Open Society Foundations, por ello no es de extrañar otros aportes en beneficio de su agenda.

Un total de 220 millones de dólares fueron a parar a distintas organizaciones a favor de la lucha social en julio de 2020. De ese monto, 150 millones de dólares serían asignados en subvenciones de cinco años para grupos seleccionados, incluidas organizaciones progresistas como Black Voters Matter Fund. El dinero también «apoyaría a organizaciones de derechos civiles para la población negra con más antecedentes».

Los otros 70 millones fueron a subvenciones locales para jóvenes involucrados en el activismo racial y para «luchar contra la supresión y desinformación de votantes».

Apoyo a Biden

Son muchos millones de dólares los que Soros ha invertido en causas progresistas. Hace justamente un año donaba más de 28 millones de dólares a través de su Comité de Acción Política (PAC) familiar para las elecciones de 2020. En enero y febrero ya había donado otras sumas a favor del entonces candidato Joe Biden.

Cuando aún luchaba por llegar a la Casa Blanca, Biden prometía aumentar los impuestos solo para aquellas personas que cruzaran el umbral de ganancias de 400.000 dólares. El resto, no vería «ni un centavo en impuesto federal adicional».

Pero las promesas se van esfumando a medida que el demócrata lanza nuevas propuestas, como un próximo plan de infraestructura «y necesidades internas» con un costo de 3 billones de dólares. Para ponerlo en práctica Biden considera aplicar impuestos por milla a los conductores estadounidenses. Desde ahora expertos advierten lo perjudicial que este tipo de medidas pueden ser para las elecciones de medio término en el Congreso.

Sin duda George Soros está buscando blindar los siguientes pasos del presidente demócrata, tal como lo aplicó en la carrera por la Casa Blanca.


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Internacional

Soros: ese malnacido que promueve el aborto y que ahora incluso se esfuerza en evitar «arrepentidas»

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De todos es sabido que George Soros es un declarado partidario del aborto y de extenderlo globalmente. Hasta ahí, nada nuevo. Pero el magnate -que es capaz de sorprendernos, que no de asombrarnos- siempre va un paso más allá. Por eso, ha lanzado a una de las organizaciones que financia, Open Democracy, para atacar y desacreditar la reversión del aborto tras la toma de la píldora.

Muchas mujeres se han arrepentido de usar la píldora abortiva y han podido revertirlo gracias al esfuerzo de médicos y profesionales provida.

Tal como publica Religión en Libertad, Soros ha intentado por todos los medios desacreditar la tecnología de reversión de la píldora abortiva, aunque sin aportar ni una sola prueba del supuesto mal que generan. Para ello, activistas de Open Democracy se hicieron pasar por mujeres que habían tomado la píldora llamando a las líneas de Heartbeat Internacional. Durante las 24 horas del día atienden a mujeres que piden ayuda y de inmediato se movilizan para revertir los efectos del aborto químico, pues el tiempo corre en contra de la mujer que desea seguir con el embarazo.

Las activistas de Soros ocuparon las líneas mientras las enfermeras las atendían con paciencia. Pero al final del procedimiento estas mujeres decían que no se arrepentían del aborto y colgaban. En realidad intentaban buscar argumentos para desacreditar este procedimiento provida.

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Tal y como recoge LifeNews, Heartbeat International ha salvado ya la vida de 2.000 bebés tras lograr revertir el aborto químico. “George Soros, así como otras organizaciones proaborto, financian Open Democracy, que se describe a sí mismo como periodismo de investigación feminista en la lucha de primera línea, y están buscando formas de luchar contra aquellos que están en contra de lo que ellos llaman derechos de las mujeres”, denuncia la portavoz de Heartbeat, Andrea Trudden.

Así, explica que las enfermeras escucharon a estas activistas encubiertas y les explicaron lo que tenían que hacer para obtener la reversión del aborto. “Cada una de ellas (las activistas), justo antes del paso final de ponerlas en contacto con una clínica, decían: ‘no, ¿sabes qué? He cambiado de opinión’”. Y colgaban.

Trudden se lamentaba de que estas mujeres quitaran tiempo a las enfermas y que personas que sí necesitaban esa ayuda pudieran quedarse sin atención. Pero pese a que Open Democracy no encontró nada contra la reversión publicó un estudio atacándolo por poco ético y peligroso. Aunque para ello tuvieran que citar a políticos y grupos abortistas.

Pese a todo, la intoxicación informativa de la plataforma financiada por Soros ha brindado a los políticos un objetivo a eliminar: esta ayuda concreta a la mujer. Pese a que se llevan años revirtiendo abortos y son miles de mujeres las que han salvado así las vidas de sus hijos, Open Democracy ha hecho creer que es algo experimental.

Religión en Libertad, explica cómo en realidad, el procedimiento de reversión de la píldora abortiva es claro, sencillo y seguro. Actúa contrarrestando el fármaco abortivo mifepristona, uno de los dos que se suelen tomar juntos para abortar y luego expulsar al feto. La mifepristona hace que el útero sea inhóspito para una nueva vida al bloquear la hormona de la progesterona. El procedimiento de reversión implica administrar a la madre dosis de progesterona para contrarrestar el fármaco abortivo. El procedimiento de reversión de la píldora abortiva no funciona después de que la madre toma el segundo medicamento, misoprostol, uno o dos días después.

Los investigadores y los expertos médicos indican que el procedimiento es seguro y eficaz. La Asociación Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos Pro-vida lo respalda, e incluso un prestigioso médico de la Facultad de Medicina de Yale le dijo al New York Times que el tratamiento «tiene sentido biológico» y que se lo recomendaría a su propia hija.

Sin embargo, estudios realizados por dos universidades sí destacan los efectos secundarios de la píldora abortiva, relacionándola con problemas de depresión y de ansiedad.

Por cierto, que el amigo Soros ha entrado en Pescanova. Y lo ha hecho por la vía más especulativa y anti-empresarial de todas: no ha comprado acciones, sino deuda convertible en acciones, naturalmente a bajo precio. Vamos que como a buen especulador Pescanova le importa un pimiento. Es un buitre que se aprovecha de su liquidez para comprar barato -aunque hunda a una empresa o compañía- y vender caro. O sea, un progresista. No me extraña que en su país de origen, Hungría, le hayan declarado persona non grata.

Repugante, tenebroso y patético. Bueno, y un aprovechado. Naturalmente, es un maestro de progresistas.

 


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Europa

Giorgia Meloni, Presidenta de Fratelli d’Italia: «La persecución de los cristianos es el mayor genocidio que tiene lugar en el mundo»

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Los acontecimientos de estos días, con el ataque a una Iglesia en Indonesia y la masacre islamista en Mozambique, nos han devuelto repentinamente a la dimensión trágica de la persecución de los cristianos. Fratelli d’Italia nunca se ha cansado de intentar centrar la atención en lo que es el mayor genocidio que tiene lugar en el mundo. Es un tema que nos es muy querido, tanto que tanto en el Parlamento Europeo como en el nacional fuimos los impulsores, con Carlo Fidanza y Andrea Delmastro, de los intergrupos parlamentarios por la libertad religiosa.

En 2020, más de 340 millones de cristianos fueron objeto de persecución o discriminación. Se estima que hubo casi 5.000 víctimas, más de 13 por día. A esto se suman las miles de iglesias atacadas, demolidas o cerradas y las muchas personas que siguen sufriendo, desde Nigeria hasta Kosovo, desde Egipto hasta Irán, desde Siria hasta Armenia, desde Pakistán hasta Irak , desde Mozambique hasta Corea. Del Norte. . Hasta el intento de masacre en Indonesia el Domingo de Ramos.

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Millones de cristianos son perseguidos simplemente como tales y por su fe. En algunos estados como Siria e Irak , donde están sujetos a ataques de terroristas de Daesh, es una pura emergencia. Les reiteramos nuestra solidaridad pero también nuestro firme compromiso político.

Es inaceptable que la Unión Europea, que sigue proclamándose campeona de los derechos de cualquier minoría posible e imaginable, no tenga prioridad en la defensa de estas comunidades. Cuando de forma inesperada se decidió quitar la referencia a las raíces cristianas de la Constitución europea que se estaba redactando, decisión contra la que luchamos, es como si nos hubiéramos cortado una parte y con eso perseguía el profundo vínculo con nuestros hermanos cristianos. en todo el mundo por su fe.

En cada ocasión, Europa debe situar la libertad religiosa y la defensa de las comunidades cristianas en el centro: debe hacerlo cuando firma acuerdos comerciales con terceros países, así como cuando distribuye fondos para la cooperación internacional al desarrollo. Y la comunidad internacional debe hacerlo antes de emprender aventuras militares que, con el espejismo de exportar la democracia, muy a menudo terminan allanando el camino al Islam fundamentalista. Defender a los cristianos, dondequiera que estén, significa también defender nuestra identidad, reafirmar nuestro apego a la sacralidad de la vida, a la igualdad entre hombres y mujeres, a la defensa de la familia natural basada en el matrimonio.. Me enorgullece que con motivo del Jueves Santo la FdI haya organizado la videoconferencia “En nombre del padre. La tragedia diaria de los cristianos perseguidos ”y agradezco a todos los que intervinieron, en particular a los misioneros y sacerdotes que nos enviaron su testimonio. Es gracias a estas personas valientes que participan en la primera línea todos los días que podemos tener información libre de censura y conocer hechos que de otro modo estarían excluidos. Desafortunadamente, en muchas realidades su fe y su trabajo son los únicos escudos colocados para proteger a aquellos que son olvidados o sacrificados en el altar de los intereses económicos o políticos, como vemos que sucede con demasiada frecuencia. Siempre los conservadores luchan por defender la libertad religiosa. Lo hicieron en el pasado oponiéndose al ateísmo de Estado impuesto por el comunismo soviético y lo volverán a hacer en el futuro, contrarrestando los excesos del Partido Comunista Chino, el islamismo radical y cualquier otra persona que no quiera defender la libertad religiosa.

Este compromiso está y estará aún más en el centro de mi mandato como presidente del Partido ECR, el partido de los conservadores y reformistas europeos, y es un objetivo en el que me propongo invertir. A nuestros hermanos cristianos perseguidos en el mundo, mi deseo de poder pasar, en libertad y seguridad, una pacífica Pascua de Resurrección.

Giorgia Meloni
Presidente de Fratelli d’Italia y del Partido ECR

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Los conservadores de los Estados Unidos desconocen la naturaleza criminal de lo que enfrentan

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Los mayores enemigos internos de Occidente son hoy dos grandes agendas totalitarias neo-marxistas que crecieron en las sociedades más libres y prósperas que el mundo ha conocido.

Explica Sun Tzu en El arte de la guerra que “si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla”. Y lo cierto es que muy pocos de quienes desempeñan hoy el papel de líderes políticos e intelectuales de Occidente conocen realmente, ni a su mayor enemigo totalitario interno y externo —el socialismo revolucionario— ni al orden espontáneo del que emerge esta civilización capitalista que depende tanto del libre mercado de los bienes y servicios, como de la libre discusión abierta y tolerante de todas las ideas. Como dudosa élite de Occidente, ni se conocen a sí mismos —ignoran qué es realmente la civilización occidental y se empeñan en imaginarla como lo que no es— ni conocen a los demás. Empezando por sus peores enemigos, internos y externos.

Los mayores enemigos internos de Occidente son hoy dos grandes agendas totalitarias neo-marxistas que crecieron en las sociedades más libres y prósperas que el mundo ha conocido. Paradoja terrible. Pero esos enemigos internos lograron comprender lo que es realmente la civilización occidental —en cuanto orden espontaneo, producto de la acción mas no de la voluntad de infinidad de personas— mejor que la mayoría de aquellos a quienes les correspondería defenderla. El principal enemigo externo, al que con escasas pero notables excepciones tampoco conocen realmente, es la reciente superpotencia totalitaria que ha llegado a ser la República Popular China, mediante su reajuste del totalitarismo marxista sobre una economía que emplea herramientas capitalistas, pero sigue muy lejos del libre mercado real.

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Me limitaré a la agenda totalitaria que mediante la cultura de la cancelación intenta imponer sobre los Estados Unidos de América la ultraizquierda neomarxista que se ha transformado en la corriente dominante —pese a no ser mayoritaria— del nuevo Partido Demócrata en el poder. La estrecha relación —y mutuas influencias— entre esa agenda totalitaria americana y la agenda totalitaria internacional que se suele denominar globalista —algo confuso, porque es lo opuesto a la globalización sobre la que intenta imponerse— es tal, que a veces parecen ser una única agenda.

Pero hay una diferencia clave, la parte del socialismo en sentido amplio de los Estados Unidos que adoptó realmente la agenda globalista, sí busca que USA deje de ser una superpotencia. La agenda totalitaria interna no desea eso, sino imponer el totalitarismo socialista, paso a paso —y con una visión de mediano y largo plazo—  sobre la superpotencia americana, para imponer su específico socialismo al mundo, desde la primera potencia. Y no es una diferencia menor, aunque sea difícil determinar quién está realmente de qué lado en cuanto a eso.

La agenda totalitaria intenta imponer sobre los Estados Unidos de América la ultraizquierda neomarxista  (Archivo)

La agenda totalitaria intenta imponer sobre los Estados Unidos de América la ultraizquierda neomarxista  (Archivo)

Para entender la forma de pensar de los marxistas, esa que comparten todas las variopintas tendencias y escuelas de ese pensamiento —que es más una religión totalitaria de fanático dogmatismo en permanente adoración de la muerte y la destrucción, que una ideología o filosofía política— es interesante repasar ciertos momentos clave de la larga historia del comunismo, que empieza mucho antes de Marx.

Aunque Marx es la figura más importante de la historia de pensamiento comunista, porque reintrodujo en un socialismo que se hacía ateo y racionalista la transcendencia y el dogmatismo profético totalitario de las grandes herejías milenaristas mediante una seudociencia de la historia. Y uno particularmente interesante fue la temprana Unión Soviética de 1919. Se suele decir que los bolcheviques intentaron realmente establecer lo que entendían por socialismo y el fracaso fue de tales proporciones que debieron retroceder de lo que ellos mismos denominaron luego falsamente “comunismo de guerra” a las concesiones de la Nueva Política Económica, eventualmente abandonadas pero sin nunca llegar nuevamente a la locura de entonces. Y es cierto. Pero para ellos no fue un fracaso en todo sentido. De hecho, fue un éxito en lo que más le importaba en ese momento. Falló, incluso para sus peculiares parámetros, en otros que los forzaron a retroceder. Pero en ciertos puntos sí fue, para ellos, un éxito.

Bujarin y Preobrazhenski, escribieron entonces su famoso ABC del comunismo, un catecismo para las masas del programa del VIII Congreso del Partido Comunista en la temprana Unión Soviética de  1919. Y si la descomunal hiperinflación desatada junto a la nunca completada “eliminación del dinero” nos parecería a todos una de las claves del fracaso —y abandono por su autores— de aquello, lo cierto es Preobrazhenski explicaba entonces que la inflación no solo podía ser un mecanismo de financiamiento del nuevo Estado comunista en formación, sino una poderosa herramienta para destruir a las clases enemigas, a la burguesía en particular. Lo que en efecto fue. Y en ese sentido, el descomunal empobrecimiento, la completa desarticulación de la economía, la ruptura de todas las cadenas de suministros y la caída abismal de la producción fue para los comunistas un éxito. No económico sin duda —o eran idiotas si no malvados, y por eso retrocedieron de aquello cuando el colapso que crearon amenazaba con barrerlos del mapa— sino sociopolítico.

Y esa, amigo conservador, es la verdadera naturaleza criminal del pensamiento marxista. Lo que hay que entender de ese enemigo es que la destrucción material y moral no es para ellos un fracaso, sino un medio para destruir a “las clases enemigas”. Y hoy no son burgueses y kulaks, sino quienes la teoría crítica de la raza y del genero designan. Luego está Marcuse, que en Tolerancia Represiva replanteó aquello para el neomarxismo de los Estados Unidos. Pero antes de entender cómo hacen lo que hacen, hay que entender por qué lo hacen. Cuál es su objetivo real —que poco o nada tiene que ver con lo que proclaman públicamente hoy— y hasta dónde están dispuestos a llegar para alcanzarlo. Ni más, ni menos.

 

Guillermo Rodríguez.


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