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Mikel Lejarza, “El Lobo”: “En Cataluña fuerzas externas quieren romper España”

Mikel Lejarza, alias «El Lobo», el espía de los servicios secretos cuya infiltración en ETA provocó en 1975 uno de los principales golpes a la banda terrorista, ha advertido de que tras los disturbios de Cataluña «hay una organización muy fuerte que quiere romper España por los cuatro costados».
Lejarza ha participado por vía telefónica en la jornada «Discurso del odio, radicalización y terrorismo», organizada por la asociación Dignidad y Justicia.
«Dicen que hemos acabado con el terrorismo pero es una falacia dar esta simplicidad a este tema cuando lo que hemos hecho es darle alas más que terminar con él y lo vemos cada día con lo que está ocurriendo», ha señalado Lejarza.
Lejarza lamenta que parece que «molesta el hecho de pedir dignidad y justicia para las víctimas del terrorismo» y que solo «se hable de pasar página y olvidar».
Ha añadido que hay que tomar conciencia «de lo que nos viene» como por ejemplo con «el problema de Cataluña» y ha asegurado: «Los que teníamos información sabíamos hace años lo que iba a pasar pero hicieron oídos sordos».
Preguntado sobre qué hay detrás de los disturbios independentistas de Cataluña ha indicado: «Hay una organización muy fuerte y fuerzas externas que quieren romper España por los cuatro costados», aunque ha aclarado que hay otros países que también sufren procesos similares.
«Todo lo que está pasando en Cataluña está manipulado, llevan años controlándolo y ya tienen su Policía y su servicio de inteligencia», ha apostillado.
Por su parte, el presidente de Dignidad y Justicia, Daniel Portero, ha comentado que los disturbios de Cataluña le recuerdan los episodios de violencia callejera del País Vasco, la kale borroka.
No obstante ha mostrado su preocupación por el hecho de que en Cataluña tienen un carácter más «masivo y controlado».
En este sentido ha advertido de que en Cataluña ya se ha producido el paso «del odio a la radicalización» y de que ha estado a punto de convertirse en terrorismo si no hubiera sido por la actuación de las Fuerzas de Seguridad del Estado que lo han podido evitar de momento.
En este sentido ha recordado que hay una causa en la Audiencia Nacional contra los Comités de la Defensa de la República (CDR), «que tenían planificados atentados».
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Los dos minutos de odio. Por Diego Fusaro

Quienes hayan leído 1984 de George Orwell (una lectura muy recomendable siempre, y más aún en nuestra época tan orwelliana), recordarán sin duda la emblemática figura de Emmanuel Goldstein.
Él es el principal enemigo del Partido que gobierna Oceanía.
Debido a su oposición al Gran Hermano, todos los días, a partir de las 11:00, en todas las oficinas y lugares públicos, se celebran manifestaciones de histeria colectiva contra él: los «dos minutos de odio», como los califica la obra maestra de Orwell. Las masas hipnotizadas por la propaganda del Gran Hermano suspenden toda actividad para manifestar histéricamente su odio hacia Emmanuel Goldstein, del que no saben nada más que lo que el partido les dice a diario sobre él, presentándolo precisamente como el enemigo por excelencia, como la amenaza que pone en peligro la paz de su mundo.
También en este caso, como en muchos otros, la fantasía distópica de Orwell parece superada con creces por nuestro presente completamente distópico. También el Occidente actual, rectius uccidente, tiene su Emmanuel Goldstein, que sin embargo se llama Vladimir Putin.
A todas horas, la radio, la televisión y los periódicos de la civilización falsamente democrática del Gran Hermano repiten propagandísticamente que él es el enemigo, el peligro máximo, la amenaza suprema para el paraíso occidental Y las masas tecnonarcotizadas y teledependientes se prestan con estúpida euforia a esta representación de histeria colectiva, exhibiéndose en otras tantas variaciones tragicómicas de los dos minutos de odio de la memoria orwelliana.
Es una práctica antigua y probada del poder hacer creer que la contradicción y el enemigo están al otro lado del muro, en el espacio exterior con respecto a la sociedad totalmente administrada por el propio poder: de este modo, desviando siempre la mirada de las contradicciones internas de nuestra sociedad, se produce una unificación ficticia del interior, llamado a cooperar en función de la resistencia al enemigo exterior, del que tal vez, como hoy (pero lo mismo vale para Emmanuel Goldstein), se dice que está listo para invadir nuestra civilización.
Al igual que en la novela de Orwell, siempre hay un Emmanuel Goldstein detrás de cada contradicción, detrás de cada distorsión, detrás de cada mal, y lo mismo ocurre hoy en día en el orden discursivo dominante, que siempre y de nuevo señala a Putin —el nuevo Emmanuel Goldstein— como responsable de todos los males.
¿Alguien se atreve a discrepar de la Unión Europea de la vestal de los mercados apátridas Ursula von der Leyen?
Debe haber detrás la longa manus de Putin. ¿Alguien se atreve a criticar las políticas imperialistas de las barras y estrellas? Debe ser un agente secreto enviado por Putin a Occidente. ¿Alguien se atreve a cuestionar los equilibrios de la globalización neoliberal, cada vez más asimétrica? Por necesidad, es un infiltrado solapado de la Rusia de Putin. Releer a Orwell puede ser realmente beneficioso para un despertar colectivo del hechizo hipnótico de la sociedad del espectáculo y la manipulación milimétrica de las conciencias.
Apaguen la radio y la televisión, lean a Orwell. Quien se lo sugiere es, por supuesto, un espía enviado por Emmanuel Goldstein…
Por Diego Fusaro






