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Resto del Mundo

Por qué Sudáfrica es uno de los países más xenófobos del mundo

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Destrozos tras un ataque xenófobo en Johannesburgo, Sudáfrica, 5 de septiembre de 2019.
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Alberto Rodríguez García* (R).- Cuando el Congreso Nacional Africano bajo el liderazgo de Nelson Mandela puso fin al Apartheid en Sudáfrica, el futuro parecía esperanzador gracias a un proyecto nacional basado en la convivencia multiracial que durante casi medio siglo fue imposible.
Cinco lustros después, de esa convivencia soñada ya no queda apenas nada. Los brotes de violencia xenófoba contra inmigrantes a los que destruyen sus negocios e incluso machetean en mitad de la calle a plena luz del día, así como los asesinatos de granjeros bóer, ya son algo normal en una Sudáfrica económicamente ruinosa (con la mitad de la población adulta viviendo bajo el umbral de la pobreza y un 28% de paro), socialmente rota y tremendamente violenta.

A principios de mes hubo un estallido de revueltas xenófobas –que se suman a las de abril– en Johannesburgo contra inmigrantes africanos que se saldaron con decenas de negocios cerrados, otros tantos destrozados por las llamas y diez asesinatos.

“Los brotes de violencia xenófoba contra inmigrantes, así como los asesinatos de granjeros bóer, ya son algo normal en una Sudáfrica económicamente ruinosa, socialmente rota y tremendamente violenta”.
Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.

Los recientes ataques indiscriminados –e injustificados– contra inmigrantes han sido el punto de inflexión que, parece, traerán consecuencias para Sudáfrica. Nigeria ha iniciado los procesos de repatriación de cientos de sus ciudadanos cuya integridad está amenazada, y se estima que otros 600 nigerianos tienen pensado volver a su país en los próximos días; algunos porque temen por su vida, y otros porque en los ataques lo han perdido todo.

Además de la población extranjera, los Bóer (grupo germánico que habita Sudáfrica) también se han visto obligados en los últimos años a abandonar las tierras, que habitan desde hace más de tres siglos. Muchos fueron hacia el norte; a Mozambique, Sudán, Zambia e incluso Libia, donde su experiencia trabajando la tierra en las duras condiciones de África es muy valorada.

Rusia también se ha convertido en un país que en el desastre sudafricano ha visto una oportunidad para su desarrollo. Tal es así que el año pasado el país acogió a las primeras 50 familias Bóer que llegaron en busca de asilo huyendo de los ataques y asesinatos que sufrían en su país. Se estima que unos 15.000 Bóer estarían dispuestos a viajar a Rusia para seguir viviendo como granjeros.

Pobreza y xenofobia, dos caras de una misma moneda

La pobreza y el analfabetismo son el caldo de cultivo perfecto para que la población sudafricana asuma, asimile y normalice cada vez más las ideas xenófobas, como si fuesen incapaces de aprender de su historia. De acuerdo a una investigación del Pew Research Center, el 62% de los sudafricanos ve a los inmigrantes como una amenaza que llega para robarles el trabajo y los beneficios sociales. Estas ideas se traducen en que los ataques xenófobos dirigidos mayoritariamente contra inmigrantes procedentes de Nigeria, Malaui, Somalia, Zimbabwe y Mozambique no han dejado de crecer hasta alcanzar en 2008 la alarmante cifra de 67 asesinatos (aunque se estima que hay más, este es el número oficial registrado).

“Sudáfrica es un país creado a partir de la segregación y construido en el odio, donde un gobierno mediocre oculta su fracaso con discursos raciales, algo de populismo barato y muchas mentiras para re-escribir la historia a su antojo”.

Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.
Según el Centro Africano para la Migración y Sociedad de la Universidad Witwatersand de Johannesburgo, la violencia xenófoba se ha convertido en una característica del Sudáfrica post-apartheid.

No se puede entender esta problemática sin mirar al pasado para conocer la esencia de Sudáfrica: un país creado a partir de la segregación y construido en el odio, donde un gobierno mediocre oculta su fracaso con discursos raciales, algo de populismo barato y muchas mentiras para re-escribir la historia a su antojo.

Que ‘Dubul’ ibuhunu’ (dispara al Bóer) sea una canción todavía popular entre los dirigentes del Congreso Nacional Africano, que no ocultan su odio racial a una comunidad en particular, dice mucho del tipo de gobierno que hay hoy día en Sudáfrica.

Hay dos formas de justificar el racismo del CNA:

1- Como no tiene complejos en decir el popular político sudafricano –de origen zulú– Mbyiseni Ndlozi, “tomar las tierras de los blancos está justificado porque no es realmente su tierra”.

2- Los Bóer siguen siendo aquellos supremacistas blancos que no aceptan el fin del Apartheid.

Ambas afirmaciones, sin embargo, parten de premisas falsas, y solo un miserable podría encontrar acomodo en las mismas para justificar el odio hacia comunidades enteras por cuestiones de raza o etnia.

“Culpar a los blancos o a los inmigrantes de los males por los que pasa un país en la ruina por representantes que no lo han sabido gestionar es muy cómodo. El problema surge cuando la población acepta el discurso, lo corea e incluso baila cuando el político de turno aparece cantando que hay que matar a los granjeros”.

Por un lado, es importante destacar que los bantúes en general y zulúes en concreto, las etnias mayoritarias de Sudáfrica, fueron ‘los últimos en llegar’… y lo hicieron mediante la conquista y el exterminio de otras tribus durante lo que hoy día se conoce como el Mfekane (aplastamiento). La única población que se puede considerar autóctona de Sudáfrica son los bosquímanos Joisán, actualmente marginados y sin el reconocimiento de su derecho aborigen a la tierra por parte de esos mismos déspotas que se llenan la boca hablando de recuperar su tierra de manos de los blancos. Del mismo modo, la primera comunidad en comenzar a labrar las tierras de la región después de que éstas fuesen abandonadas por la sequía en el siglo XIV fueron los granjeros Bóer que llegaron desde Europa con la Compañía Neerlandesa de las Indias a un lugar inhabitado en 1652. Y finalmente llegaron los zulúes, originarios de Malaui, que en los años posteriores a 1818 vivieron un periodo de expansión gracias a las conquistas de su rey Shaka Zulu.

Por otro lado, si bien es cierto que el sector más radical de los afrikáner representados en el Partido Nacional instauraron el Apartheid en 1948, los Bóer a día de hoy no son más que granjeros de raza blanca; muchos de ellos humildes. Si aun así hay alguien que llega al ridículo de pensar que el color de la piel determina la ideología, no estaría de más recordar que en el movimiento anti-apartheid también participaron blancos, y que por ejemplo, el dirigente del Partido Comunista de Sudáfrica y miembro del gobierno sudafricano surgido tras las primeras elecciones sin el Apartheid, Joe Slovo, era de origen lituano.

Pero hay quienes siguen ofuscados en hablar el idioma del odio, porque les viene bien. Culpar a los blancos o a los inmigrantes de los males por los que pasa un país en la ruina por representantes que no lo han sabido gestionar es muy cómodo. Es, añadiría, una artimaña que en Europa ya hemos vivido y que no terminó precisamente bien. El problema surge cuando la población acepta el discurso, lo corea e incluso baila cuando el político de turno aparece cantando que hay que matar a los granjeros, señalando directamente de esta manera a los Bóer.

Pero la xenofobia, el racismo y la segregación de facto entre comunidades no es algo que solo se refleja en ataques indiscriminados contra comercios, homicidios y/o canciones. Se trata de un problema asentado en las propias bases del nuevo sistema sudafricano, creado en 1994, que en lugar de destruir el Apartheid se ha limitado a desechar algunas cuestiones, mantener otras, y cambiarle el color. Así es que encontramos leyes que, como el Apartheid, promueven la segregación y premian el color de piel.
“El programa de Empoderamiento Económico Negro solo ha servido para crear un nuevo tipo de apartheid encubierto, enriquecer a una élite muy concreta y aumentar la brecha de desigualdad entre pobres y ricos”.

Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo.
Para revertir la situación de desigualdad –innegable– generada por el Apartheid que durante años blindó los privilegios blancos, el Congreso Nacional Africano decidió lanzar en 2003 –una década después del final del régimen de segregación– el programa de Empoderamiento Económico Negro (EEN) que otorga a la población ‘de color’ (la ley distingue como gente de color a negros, indios y chinos) un estatus especial frente a los granjeros blancos.

El programa de Empoderamiento Económico Negro consiste en otorgar privilegios a las razas que sufrieron la marginalización del Apartheid, premiando la propiedad no-blanca para ‘igualar la balanza’. 16 años después, sin embargo, este programa solo ha servido para crear un nuevo tipo de apartheid encubierto, enriquecer a una élite muy concreta y aumentar la brecha de desigualdad entre pobres y ricos. Ni siquiera las mujeres negras, que supuestamente iban a ser las más beneficiadas del EEN, pueden valorar el programa positivamente. Incluso, al poco de lanzarse el programa, una de las principales figuras de la lucha contra el apartheid, el arzobismo Demond Tutu, alertó de que el EEN solo serviría para sustituir una élite por otra. Y no se equivocó.

Mientras Sudáfrica apuntala su fracaso económico, social y político, los inmigrantes vuelven a sus países huyendo del odio. Los granjeros buscan asilo lejos de la violencia. Pero cuando termine el día, 58 personas habrán sido asesinadas.

Dentro de un año serán más de 20.000 los homicidios. Entre las víctimas, habrán quienes hayan perdido la vida únicamente por su nacionalidad, etnia o raza. ¿Cuántos? El número exacto nunca lo sabremos, y solo serán una cifra más entre los miles de homicidios que desangran un país en el que la xenofobia, mata.

*Articulista de RT

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Rescatan a 23 víctimas de trata en “una fábrica de hacer bebés” en Nigeria

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La Policía de Nigeria rescató a 19 mujeres embarazadas y 4 niños víctimas de trata de seres humanos en una “fábrica de hacer bebés” en la ciudad de Lagos, donde eran obligadas a quedarse embarazas y vender a sus recién nacidos, según dijo este lunes un portavoz policial.

Las embarazadas rescatadas tenían entre 15 y 28 años y procedían de zonas rurales del sur de Nigeria, de donde eran llevadas a la capital comercial -la segunda ciudad más grande de África-, bajo promesas de trabajo como trabajadoras del hogar.

Sin embargo, las jóvenes acababan en lo que se denomina localmente como “fábricas de bebés”, según detalló el portavoz de la Policía, Bala Elkana, a la Agencia de Noticias Nigeriana (NAN).

Tras dar a luz, a las mujeres se les pagaba unos 1.400 dólares si el bebé era niño y unos 800 dólares si era niña. Las compradoras, por su parte, son mujeres infértiles.

La Policía ha detenido a dos sospechosos de estos abusos y está buscando a una mujer, presunta responsable de la red.

En 2017 se produjo un aumento del 600% en el número de posibles víctimas de trata sexual llegadas por mar a Italia, la mayoría de ellas desde Nigeria, según los últimos datos disponibles de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Esta organización estima que el 80% de las mujeres y niñas nigerianas, con cifras que se dispararon de 1.454 en 2014 a 11.009 en 2016, constituían potenciales víctimas de explotación sexual en las calles y burdeles de Europa.

En 2018, Nigeria desbancó a la India como el país con el mayor número de personas viviendo en pobreza extrema -más de 99 millones- lo que junto a la exclusión, la desigualdad de género, la corrupción y la violencia lo convierten en lugar predilecto para traficantes.

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Occidente no puede ayudar a África

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Kim du Toit (R) Cuando toca analizar los problemas de África, Occidente desconecta la lógica y los análisis más precisos se hacen imposibles. Esta desconexión la provoca el concepto de lo que es la vida en Occidente (es preciosa, ha de ser protegida a cualquier coste…) en comparación con la manera en la que la vida y la muerte son contempladas en África. Voy a explicar mi posición.

En África la vida es barata. Hay tantas manera de morir en África que la muerte es algo mucho más común que en Occidente. Puedes morir de tantas cosas, serpientes, insectos, animales salvajes atacando, enfermedades, hambre, intoxicación alimentaria…La lista no tiene fin. Una vez hubo más muertos por ataques de cocodrilos que por armas de fuego en África, por ejemplo. Ahora añadamos las típicas tragedias humanas (asesinatos, asaltos, guerras y demás) y podemos empezar a entender por qué la esperanza de vida de un africano es tan baja. Horriblemente baja de hecho si quitas a los africanos blancos de las estadísticas (suelen vivir en zonas más civilizadas, y tener comportamientos y actitudes occidentales). Para terminar, añade la aberrante incidencia del SIDA a la ecuación y tenemos que cualquier nacido en el África Negra este siglo alcanzará con suerte los 40 años de vida.

He vivido más de 30 años en África. Por crecer ahí tengo muchas cosas de África que no existen en Occidente. La actitud relajada hacia la muerte es una. Otra es el miedo atroz a las serpientes.
Así que gracias a mi pasado africano, es raro que me conmueva ver la muerte a menos que sea un accidente o afecte a alguien cercano. La muerte cuando afecta a gente desconocida es algo que simplemente ignoro. De mi círculo cercano de más o menos 18 amigos con los que crecí y a los que considero los míos, sólo diez sobreviven hoy y ninguno de ellos ha sobrepasado los 50 años.

Dos amigos murieron al pisar un campo minado estando en el ejército en Namibia. Tres murieron en horribles accidentes de coche (y aunque esto no sólo pasa en África, uno de ellos sucedió por un antílope que entró volando por el parabrisas y empaló a mi amigo con las pezuñas, no es precisamente el accidente de tráfico típico en por ejemplo, Florida). A otro le mordió una serpiente venenosa y murió de un ataque al corazón. Otro también murió de un ataque al corazón pero era un borracho sin remedio. Dos fueron asesinados por criminales. El último salió con su tabla de surf un día y nunca lo volvimos a ver. ¿He mencionado que hay muchísimos tiburones en las costas de África y en los ríos más grandes?

Mi situación no es poco común en Sudáfrica. Creo que otros podrían mostrar unas cifras aún peores.

La lista de muertos no se queda sólo en mis amigos. Cuando aún vivía en Johannesburg, los periódicos sacaban cada día historias de gente devorada por leones o atacada por tribus rivales o muriendo por alguna enfermedad inexplicable (antes del VIH-SIDA) y en general, gente que sucumbía ante alguna de las respuestas que tiene África a la explosión demográfica. Añadamos a las cifras de muertos el crimen, la pobreza, la enfermedad, el hambre, el tráfico y la policía y ya empiezas a coger la idea.

Mi historia africana favorita es de después de haber abandonado el país. Un ejecutivo americano aceptó un trabajo ahí y en su primer día, se podía leer en el periódico el siguiente titular: encontrados tres cuerpos sin cabeza.

Al día siguiente: encontradas tres cabezas.

El tercer día: las cabezas no pertenecen a esos cuerpos.

Son cosas que no te puedes inventar. Es África.

El resultado de todo esto es que la muerte es tratada de forma mucho más relajada por los africanos que por los occidentales. Yo, y también sospecho que al resto de africanos le pasa igual, estoy totalmente insensibilizado cuando leo o veo las noticias sobre el sufrimiento africano, da igual el motivo. ¿La sequía hace que las cosechas se arruinen y entonces miles de personas van a pasar hambre? Sí, eso ha pasado muchas veces cuando era pequeño. ¿Rivalidades tribales y guerras que causan matanzas brutales? Sí, ha estado pasando durante miles de años antes de que los blanquitos llegaran ahí. ¿Gobiernos corruptos enriqueciéndose mientras su población pasa hambre? Unas nueve o diez veces. A lo largo de mi vida han pasado las siguientes tragedias provocando millones de muertes; hambruna en Biafra, genocidio en Ruanda, guerra en Angola, inundaciones en Sudáfrica, hambruna en Somalia, guerra en Sudán, hambruna en Etiopía, inundaciones en Mozambique, matanzas en Uganda y peleas tribales en todos y cada uno de los países de África. Hay más, pero creo que no hace falta contarlo.

Sí, también es algo que ha pasado en Europa. Quizá hace 1000 años. Pero ya no. Y Europa no tiene cocodrilos ni serpientes venenosas ni nada de eso.

Los holandeses han controlado las inundaciones. En toda Europa está bajo control las hambrunas, ya no existen. Quitando un par de ejemplos de matanzas masivas (Alemania Nazi y Rusia Comunista) Europa desde 1700 no se parece en nada a la África de hoy. Incluso los asesinatos son algo extraño en Europa mientras que son comunes en África.

Más aún, Occidente ha evolucionado a una sociedad con un sistema de gobierno estable que se guía por sus leyes y que respeta los derechos y la vida de los individuos. Cosa que no sucede en África.

Muchos de nosotros tenemos un dicho que acompañamos normalmente de un encogimiento de hombros; África vuelve a ganar. Esto lo solemos decir después de algún incidente como: “Un querido misionero es descuartizado por su congregación sin motivo aparente”.

“Un jefe de una tribu prefiere que los suyos mueran de hambre a aceptar comida de la Cruz Roja” (significaría que no es todopoderoso)

“Un país entero se muere de hambre mientras su gobernante acumula riquezas en bancos extranjeros”

“Un nuevo gobierno toma el poder, promete democracia, elecciones libres” (Siempre que la libertad no se aplique a la otra tribu; la otra tribu toma el poder mediante un golpe de estado sangriento y entonces destruye a la tribu anterior) Etc, etc, etc, ad nauseam, ad infinitum.

Las perspectivas son malas porque esta violencia no tiene pinta de terminar en ningún momento. Las conclusiones son igualmente nefastas porque sinceramente, no hay ninguna respuesta a los problemas de África. No quedan soluciones que no se hayan probado y fracasado.

Si vamos al CIA World Fact Book, escogemos cualquier país africano (Kenia, Tanzania, Malawi…) y lo comparamos con cualquier país Occidental (Portugal, Italia, España, Irlanda…). Las diferencias son brutales y se harán más grandes, no más pequeñas. De hecho se han hecho más grandes desde los 60 cuando la mayoría de los países de África consiguieron su independencia. Nosotros, con esto quiero decir Occidente, hemos intentado muchas formas de ayudar a África. Todos los intentos han fallado.
La caridad no es la respuesta. El dinero simplemente se lo queda el primero, o el segundo o el tercero en recibirlo. Más de 17 países vieron cómo su renta per cápita caía entre 1970 y 2000 a pesar de recibir más de 100.000 millones del Banco Mundial.

La comida no se reparte. O porque no hay infraestructura de transportes o porque el mandatario local la retiene para que la gente pase hambre y se someta.

El material se rompe, roba o vende por una fracción de su valor. El resultado de décadas de ayuda internacional ha resultado en una infraestructura continental que, quitando Sudáfrica, no podría mantener en funcionamiento una ciudad occidental de tamaño medio.

La conclusión es inevitable, resignación. Esto va contra nuestros instintos humanos de solidaridad. Nos hemos acostumbrado a liberar al mundo de este o aquel problema como la viruela, la polio o cualquier otra y aceptar que fracasamos nos resulta anatema. Si trasladamos esto a un escenario africano, veríamos cómo la vacuna de la polio no funciona porque algún mandamás impide que los niños se vacunen o un temeroso jefe de alguna tribu hace lo mismo. O porque no hay carreteras. O porque los criminales roban las vacunas para venderlas. Si se encontrase una cura para el SIDA mañana y se ofreciera gratuitamente a todas las naciones de África, la enfermedad crecería casi al mismo ritmo y menos aún se revertiría. Tendrías que vacunar a todos los menores de dos años que pudieras y olvidarte de las dos generaciones más viejas.

Así que sólo hay una respuesta, y es una respuesta brutal; aceptar que no está en nuestro poder cambiar África.

Tenemos cosas mejor que hacer y a veces lo único que tienes que decir es: “No puedo hacer nada al respecto”.

La violencia, la crueldad, la corrupción, la duplicidad, el salvajismo y la incompetencia es endémica en todo el continente. Es como un anatema para cualquier persona que tenga más de dos neuronas que la imaginación civilizada simplemente se bloquea cuando se enfrenta con la ubicuidad y la enormidad del problema y el tratar de arreglarlo. Los medios occidentales ni siquiera deberían molestarse en informar del asunto. Lo único que hacen es despertar nuestros horrores y la necesidad instintiva de hacer algo. Y todo se ha intentado ya y ha fracasado. Todo, excepto por supuesto, dejarles a su rumbo.

Todo lo que tenemos que hacer es asegurarnos de que nada de África se trasplante a Occidente porque el riesgo para nuestra sociedad sería enorme si así sucede. Tengo que decir que muchas iglesias americanas pretenden llevar refugiados africanos a los EEUU y que muchas iglesias europeas pretenden lo mismo en Europa. Error. Recuerden mis palabras; esta caridad mal entendida se revolverá contra nosotros para mordernos a lo grande.

Sería incluso peor pensar que el primitivismo de África encierra algún tipo de respuestas para Occidente. Créanme en esto; no hay nada que nos pueda dar África y que Occidente no haya probado antes y fracasado. Nada que no sean retrocesos o que no sea peor que lo que tengamos ahora o que lo contradiga.

Aquí va mi solución al fiasco africano; un muro rodeando toda Europa.

Inevitablemente los seguidores de Kissinger y la realpolitik hablarán a favor del intervencionismo porque el vacío de la Ayuda Occidental lo llenará China incrementando su influencia en la zona. Hay dos motivos por los cuales esto no va a suceder.

Lo primero es que la República Popular China no tiene dinero para malgastar. Lo segundo es que cualquier ayuda comunista será del mismo estilo que la ayuda occidental. Conste además que Mozambique y Angola son países socialistas y son ambos zonas totalmente desastrosas. Las perspectivas son terribles para ambas naciones, igual que para muchos otros países africanos.

África tiene que curarse a sí misma. Occidente no puede ayudarles. Ni debe tampoco; el récord de fracasos habla por sí mismo.

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Liberan en Nigeria a más de 300 chicos torturados y violados en una escuela coránica

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La escuela coránica de Nigeria donde más de 300 personas han sido liberadas por la Policía
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La Policía de Kaduna, en el norte de Nigeria, ha liberado a más de 300 personas de «diferentes nacionalidades», en su mayoría menores, víctimas de torturas y violaciones en una escuela coránica en la ciudad de Kaduna.

Una redada realizada el jueves por la noche en una casa del barrio de Rigasa condujo al descubrimiento de estos jóvenes que vivían «en condiciones inhumanas y degradantes con el pretexto de enseñarles el Corán y enderezarlos», según afirmó el portavoz de la policía de Kaduna, Yakubu Sabo, y recoge Afp. El propietario del edificio y sus seis asistentes fueron detenidos.

«Encontramos a un centenar de estudiantes, incluidos niños de apenas 9 años, encadenados en una pequeña habitación, con el pretexto de corregirlos y educarlos», dijo Sabo antes de precisar que muchos de ellos tenían cicatrices en la espalda.

«Las víctimas fueron maltratadas. Algunas denunciaron haber sido violadas por sus maestros», añadió.
La Policía también encontró una «cámara de tortura», donde los estudiantes eran colgados de cadenas y golpeados cuando sus profesores pensaban que habían cometido una falta.

La redada policial se inició a raíz de las repetidas quejas de los vecinos, que sospechaban que algo anormal ocurría dentro de la escuela.

«Las víctimas eran de diferentes nacionalidades y dos de ellas dijeron durante el interrogatorio que sus padres las habían traído desde Burkina Faso», agregó el portavoz policial.

La escuela, que abrió hace unos diez años, albergaba a estudiantes llevados por sus familias para aprender el Corán y sobre todo, para reconducir a pequeños delincuentes o drogadictos.

En el norte de Nigeria, mayoritariamente musulmán, existen multitud de «correccionales» más o menos formales que brindan una estricta educación religiosa, ante la falta de instalaciones públicas que se encarguen de estos jóvenes.

Los padres no podían entrar

Los padres de algunas de estas víctimas de Kaduna, convocados por la Policía, se han mostrado «conmocionados y horrorizados» cuando han visto cómo vivían sus hijos porque ignoraban lo que estaba pasando, según Sabo. Les llevaban comida regularmente y solo se les permitía verlos una vez cada tres meses.

«No se les permitía entrar a la casa para ver lo que pasaba, los estudiantes eran llevados afuera para que se encontraran con ellos un momento», precisó el portavoz policial.

«Se supone que es un centro islámico, pero intentar escapar de aquí conlleva un grave castigo», ha contado Bello Hamza, un hombre de 42 años que llevaba tres meses recluido tras ser engañado por su familia. «Atan a la gente y la cuelgan del techo», ha ilustrado, según recogen los medios nigerianos.

«Nos dan muy mala comida y solo comemos dos veces al día», ha añadido Hamza, que asegura haber sido testigo de la muerte de «una persona por torturas». «Otros habían muerto antes de mi llegada por torturas y problemas de salud», ha precisado.

El comisario de Policía de Kaduna, Ali Janga, ha prometido que se va a investigar el caso y «llegar a la raíz del asunto» y ha asegurado que se presentarán cargos llegado el caso. Pero lo primero, ha subrayado, «es evacuar a todas las personas de este lugar» y posteriormente se informará a los padres para que puedan recoger a sus hijos.

Por su parte, el propietario ha negado «todas las denuncias de torturas» y demás abusos: «Lo único que hacemos aquí es enseñar a la gente el islam». Según ha explicado, «los encadenados son los más obstinados, que intentaron escapar». «Los que no intentan escapar no están encadenados», ha subrayado.

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