España
«Sánchez es un ‘no’ a España»
Isabel San Sebastián.- No resulta fácil representar a la España constitucional en Cataluña, pero para eso exactamente nació Ciudadanos y tan bien dio la batalla que ganó las últimas autonómicas, aunque el bloque independentista le arrebatara el gobierno local. No está de moda reivindicar el centro político en esta España polarizada entre populismos extremos, pero en esa centralidad liberal es donde se sitúan ellos.
No era necesario que se cerraran puertas de futuro diciendo de antemano «no es no» a un pacto postelectoral con el PSOE, donde muchos los cortejan y dan por hecho el matrimonio de conveniencia, pero Albert Rivera y su ejecutiva se pronunciaron de forma inequívoca y no se han movido un ápice: «Sánchez es un peligro para España, que es la causa de estas elecciones. Lo que se dirime en las urnas es un «sí» o un «no» a España. Y Sánchez es un «no» a España porque es un «sí» a Podemos y a los separatistas. Si Otegi y Junqueras apuestan por él, los que queremos a España tenemos que echar del poder a Sánchez, que lleva escrito en la frente un indulto a los golpistas».
Su negativa a cualquier posible acuerdo con el Partido Socialista es tan firme como irrevocable. Por interés (sabe que romper esa promesa sería un suicidio político) y por principios. De ahí que reaccione airado cuando menciono las presiones que sufrirá, llegado el caso, por parte del mundo empresarial, ante el temor al desastre que traería otro Frankenstein.
«Quienquiera hacer de lobby para presionarnos, que se presente a las elecciones. ¡Ponlo! Los escaños de Ciudadanos son de los ciudadanos que votan.» ¿Y un socialismo sin Sánchez? «Quien no quiera a Sánchez en el PSOE, que mande al PSOE a la oposición. Con Sánchez en la Moncloa ese partido no va a cambiar, y él tiene ya amarrado el gobierno con los separatistas. Ha roto con el constitucionalismo. Por eso solo hay dos opciones: o gobierna ese bloque (el de la moción de censura) o lo hacemos nosotros con el PP. Esa fue nuestra apuesta en Andalucía y fuimos el partido que más creció».
No incluye a Vox en la ecuación, sabedor de que su aliado natural es el PP de Pablo Casado, a quien sigue tendiendo la mano, seguro de poder salvar en un gobierno constitucionalista las «pequeñas diferencias» (sic) que les separan. El líder de la formación naranja se ha encerrado este fin de semana a preparar los debates televisados, que a última hora ha tenido que aceptar el candidato socialista ante el plante conjunto de sus adversarios. «A Sánchez se le ha visto el plumero y ha hecho el ridículo», sentencia Rivera.
«Cuando Rajoy no quería debates, todos pedíamos legítimamente que los hubiera, como en cualquier democracia, y ahora el que más los reclamaba intenta negarse y manipular». Lo cierto es que debates habrá, lunes y martes, y serán determinantes para inclinar la voluntad de ese cuarenta por ciento de indecisos en cuyas manos reside el único escrutinio válido.
«Confiar en la victoria»
Inquiero qué puede hacer su partido para vencer a las encuestas que auguran un triunfo holgado de la izquierda, y la respuesta salta como impulsada por un resorte: «Lo primero, no tirar la toalla y confiar en la victoria. Nosotros confiamos en la victoria en Cataluña y ganamos a los separatistas, a pesar de la maldita ley electoral. Confiamos en dar la vuelta a la tortilla en Andalucía, y se la dimos en la recta final, y se la vamos a dar el 28 de abril. Todo depende de la movilización».
En el acto al que acudía en Madrid la mañana del Viernes Santo le esperaban un centenar de urbanitas acompañados de sus mascotas, para escuchar sus propuestas en materia de animales. Protección sin prohibición, como en tantas otras esferas. Y es que el programa de Ciudadanos no se dirige a «la gente» ni a cualquier otro colectivo amorfo, sino a personas.
Es un programa innovador, de fomento del emprendimiento y defensa de las libertades. Acaso por eso, cuando traslado a su líder la pregunta de una mujer de 32 años indecisa, que le pide una razón para votarle a él y no a Casado, contesta, tras una breve reflexión: «Porque Casado quiere volver al pasado y al bipartidismo, cuando hay tantas reformas por impulsar.
Yo no he oído a Casado en la ejecutiva del PP quejarse de nada de lo que hizo Rajoy. Casado es un hombre de partido y yo soy un hombre de la sociedad civil que cree en la necesidad de reformar la educación, la justicia, con el fin de garantizar su independencia, la administración pública… Casado y el PP arrastran los pies y necesitamos a alguien que tire del carro sin complejos, ni pereza, ni mochilas».
Y pese a todo, es mucho más lo que les une de lo que les distancia: tanto ellos como sus compañeros de siglas sufren similares insultos, acoso y agresiones en el País Vasco y Cataluña, feudos del independentismo que combaten con igual fuerza; coinciden en la necesidad de aplicar el 155 cuanto antes, si Torra persiste en el desacato a la Constitución; los dos propugnan bajar impuestos, eliminando el de sucesiones en toda España, y, por si todo eso no bastara, se necesitan mutuamente. Si quieren tener opción a gobernar, habrán de hacerlo juntos, entendiéndose. Solo cabe esperar que sumen, porque la alternativa es aterradora.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
