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España

Un plebiscito sobre Sánchez

Redacción

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, visitó ayer las nuevas instalaciones de CEMAS

Manuel Marín.- Cualquier otra alternativa a los dos grandes partidos sería sorprendente e inédita, y el reto de la democracia española consiste en recuperar una estabilidad política e institucional inexistente desde 2016. Las elecciones parten con una premisa novedosa: la radicalización ideológica de un amplio segmento de la ciudadanía dividida sobre su concepto de la unidad de España, que votará pensando más en la necesidad de impedir que la izquierda o la derecha gobiernen que en un respaldo a su opción ideológica.

Desde esta perspectiva, las elecciones se reducirán a un simple plebiscito sobre Pedro Sánchez, asimilable incluso a un referéndum sentimental sobre la vigencia de la Constitución, vista la insistencia del PSOE por reformarla de modo más permisivo a favor del nacionalismo. Por eso, será con toda probabilidad la campaña más crispada, salvando la excepcionalidad de 2004 tras los atentados del 11-M. Y también la más larga porque, un mes después, las municipales, autonómicas y europeas podrían condicionar la conformación del próximo Gobierno de la Nación.

Miedo a un tsunami

El PSOE ya ha ofrecido indicios nítidos de su estrategia. Sánchez ha convocado ahora porque si hubiese prolongado artificialmente la legislatura hasta otoño corría el riesgo de que un tsunami en el PSOE lo incapacitara como candidato. Su campaña girará en torno a tres ejes: ha sido un presidente que no ha cedido ante el chantaje del separatismo pese a haber ofrecido «diálogo» constructivo hasta el final; es el presidente de la igualdad y los «avances sociales»; y representa la moderación progresista entre la radicalización populista o el separatismo excluyente, y la fotografía de un «neofascismo renovado» en la «alianza» de PP, Ciudadanos y Vox.

Sin embargo, Sánchez dejará una puerta abierta a la clásica ambivalencia propia de las campañas. Cree haber reforzado su imagen institucional, da por hecho que recibirá como mínimo un millón de votos nuevos provenientes del votante fugado a Podemos, que ahora se ve sin amparo ideológico y que se siente víctima de la guerra de egos y la fractura de Unidos Podemos, y reivindicará la socialdemocracia constructiva limítrofe con Ciudadanos para no cerrar la opción de gobernar junto a Albert Rivera. Sánchez cree que la imagen de éste junto a los líderes de Vox pasará factura a Cs en su favor, para que el PSOE sea la fuerza más votada.

El segundo, favorecido

El PP parte de una posición de estabilidad electoral tras meses en caída. Parece haber tocado fondo ya. Difícilmente podrá repetir sus actuales 137 diputados por la irrupción de Vox, pero confía en las apelaciones al voto útil para recuperar a una parte de su electorado. Pablo Casado parte con una desventaja y con una ventaja, a partes iguales.

La desventaja, basada en el auge del voto emocional, sentimental, radicalizado y «de moda» de Vox, por más que llegue a derivar en un fenómeno pendular que pueda decaer en meses víctima de su sobreactuación. La ventaja, el nuevo código político instaurado precisamente por Sánchez que legitima al segundo en las urnas para formar gobierno sin complejos, y el lastre que pueda suponer a Ciudadanos presentarse ante la opinión pública como un partido bisagra que pueda poner en riesgo la prioridad de que Sánchez no vuelva a gobernar.

Voto útil ideologizado

Así las cosas, los tres millones de votos obtenidos por Ciudadanos en 2016 serán determinantes si se convierten en un magma variable condicionado por el voto útil que se decante por el eje izquierda-derecha en detrimento de un centro político en riesgo de descafeinarse y que, en principio, deberá aspirar a mantenerse como palanca, pero no como alternativa real de poder. Su inicio de campaña será a la baja en los sondeos, habituados a sobredimensionar la expectativa de Ciudadanos. Rivera queda así ante una compleja tesitura, en la que deja un resquicio a cualquier opción, incluida la de apoyar al PSOE en ayuntamientos y autonomías aunque no en el Gobierno…

La política de alianzas va a ser a partir de ahora una exigencia ciudadana más que un recurso demagógico de partidos ya habituados a los vetos mutuos y al bloqueo institucional. Eso puede ser un factor que genere desconfianza entre el electorado y que perjudique a Rivera. Superar la barrera de los cien escaños se va a convertir en una dificultad añadida para todos los partidos, y elucubrar con cualquier cálculo o pronóstico será más difícil que nunca por la «italianización» de nuestra vida parlamentaria.

«Sumar para restar»

Y también, por la complejidad añadida que propone la ley D´Hondt. En las provincias que reparten tres escaños es factible que haya tres partidos. En las de cinco, haría falta una concatenación sideral para que hubiese cinco partidos con escaño. De este modo, se da la paradoja de que si el partido más votado en la mayoría de ellas fuese el PSOE, lo sería en detrimento de Unidos Podemos, y sumar más escaños socialistas implicará a la vez restar escaños de la izquierda y complicar el sumatorio hasta una mayoría suficiente para una investidura de Pedro Sánchez. Sería de facto un proceso de «mutua anulación» en la izquierda. En la derecha, al contrario, la fragmentación puede producir el «efecto Andalucía». Así, la hipotética pérdida de escaños del PP llegaría, en contra de la lógica electoral, a favorecerle para fraguar una supuesta mayoría junto a Ciudadanos y Vox superior a los 176 escaños.

Las elecciones serán prematuras para un PSOE lastrado por el fracaso de Sánchez y el mandato más breve y desgastado en democracia; para un PP en fase de reanimación llamado a perder escaños; y para un Ciudadanos empático pero consciente de haber cometido numerosos errores tácticos. Pero sobre todo, para un Podemos en fase de descomposición que ya no quedará para restar votos al PSOE, sino para restar escaños al bloque de la izquierda. Con todo, resucita un temor: el de que ningún bloque ideológico alcance la suma suficiente para una investidura. Sin haberse celebrado todavía las elecciones, emerge el fantasma de una repetición de comicios.

 

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España

¡Al fin! VOX trata al PSOE Azul (Antiguo PP) como se merece y advierte: serán «el doble de exigentes» y acusa al PP de «patrocinar guerras sucias» contra Vox

AGENCIAS

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El líder de Vox reclama a los populares negociaciones «serias, sin prisas, con medidas concretas» y plazos y garantías de cumplimiento: «No son de fiar»

 

Santiago Abascal ha ofrecido este lunes una declaración ante los medios de comunicación en la que ha acusado al PP y al PSOE de atacar de forma «permanente» a Vox con «mentiras e insinuaciones» y en concreto a los populares de «patrocinar guerras sucias» contra su formación. Y ha advertido a Alberto Núñez Feijóo de que en las negociaciones, que ahora parece que han quedado en stand by, después de la investidura fallida de María Guardiola y la falta de acuerdo en Aragón para la Mesa de las Cortes, Vox será «el doble de exigente» porque en las urnas los ciudadanos han pedido el doble de Vox.«Después de este maratón de elecciones,(…) podemos concluir que Feijóo ha cometido un grave error impidiendo que se llegasen a acuerdos con Vox tanto en Aragón como en Extremadura que fuesen parecidos a los del PP de la Comunidad Valenciana», ha sostenido Abascal. «Si el PP convocó esas elecciones para no aceptar las exigencias de vox y los extremeños y aragoneses han dicho que quieren el doble de exigencias, nosotros vamos ser el doble de exigentes», ha asegurado.Según ha expresado el líder de Vox, hay un «Gobierno criminal» enfrente y mientras un PP al que ve «absolutamente incapaz» de romper con Pedro Sánchez y de presentar una moción de censura contra él. Y cree que ambos están empeñados en «acabar» con su partido. «Son incapaces de debatir con nosotros sobre los problemas reales de las políticas que han aprobado desde hace décadas y que han impulsado desde Bruselas», ha criticado.

En este contexto ha indicado que es «muy difícil» entablar conversaciones para que haya un acuerdo con el PP y ha reclamado a los populares entablar «negociaciones serias, sin prisas, con medidas concretas» asociadas a presupuestos para poder acometerlas y con plazos y garantías de cumplimiento. «No son de fiar», cree Santiago Abascal.El líder de Vox ha hecho estas declaraciones desde el Parador de Gredos, tras una reunión con el Comité Ejecutivo Nacional, el Comité de Acción Política, los portavoces nacionales y los portavoces autonómicos.Una reunión que se produce a pocos días de las elecciones de Castilla y León, donde a partir de la semana que viene todo apunta a que tendrán que sentarse a hablar con el PP, y tras unos días de tensión a nivel interno, con la reciente expulsión definitiva de Javier Ortega Smith del partido y la apertura de expediente disciplinario a José Ángel Antelo. Ortega Smith este mismo lunes ha anunciado una denuncia contra la Ejecutiva de Vox por la «filtración» de su expediente de expulsión, y recursos contra su expulsión. Y Antelo ha pasado al grupo mixto en la Asamblea de Murcia.Abascal no ha aludido a ninguno de los dos, ya se pronunció al respecto la semana pasada y zanjó: «Nadie está obligado a estar en Vox. Quienes están en Vox están obligados a respetar las normas internas de Vox, sea el presidente o el último afiliado, y eso va a seguir siendo así».Respecto a las «mentiras, demonización y guerra sucia» contra su partido que achaca a Ferraz y a Génova, ha instado al PSOE y al PP a que «pierdan toda esperanza de destruirnos o de pararnos». «Tenemos el apoyo creciente del pueblo español».

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