Connect with us

Hispanoamérica

20 años del chavismo en el poder: por qué esta vez Nicolás Maduro parece cerca del final

Published

on

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!

Por Darío Mizrahi.- “Venezuela está herida en el corazón; estamos al borde de un sepulcro. Pero como los pueblos no pueden morir, porque los pueblos son la expresión de Dios, (…) más allá de toda esta catástrofe inmensa, hoy en Venezuela estamos viviendo una verdadera resurrección (…). Yo llamo a que unamos lo mejor de nuestras voluntades, porque es el momento de salir de la tumba”.

El discurso, que leído en estos días parece de Juan Guaidó, fue pronunciado por Hugo Chávez el 2 de febrero de 1999, ante lo que en ese momento era el Congreso de la República. El teniente coronel, que había ganado las elecciones del 6 de diciembre de 1998 con el 56,2% de los votos, hizo en su toma de posesión una descripción lapidaria sobre el estado de Venezuela, y prometió un futuro de prosperidad para todos.

Hoy, tras 20 años de hegemonía de su proyecto político, el país atraviesa una crisis más terrible que cualquiera de las que conoció en el pasado. El gobierno de Nicolás Maduro, que lo sucedió en la presidencia el 5 de marzo de 2013 —elegido y preparado por él mismo en sus últimos meses de vida—, parece al borde del colapso.

“La figura de Chávez cambió el escenario político venezolano, pero su cuenta es deficitaria. Es cierto que se le debe el hecho de tener una agenda social para las personas de menos recursos, pero el chavismo acabó con la institucionalidad y con la economía del país. Es muy difícil anotarle algo en el haber, porque la realidad es que en su historia democrática Venezuela no había estado nunca en las condiciones en las que está en la actualidad”, sostuvo Domingo Alberto Sifontes, profesor de historia en la Universidad de Carabobo, consultado por Infobae.

Del humanismo a la lucha por la supervivencia

Un proceso que nació arrasando en las urnas y que prometía la “resurrección de Venezuela”, con una democracia participativa y una “economía humanista”, se convirtió en un régimen atrincherado en el Estado, que reprime la voluntad popular y que degradó las condiciones materiales a niveles impensables.

El PIB se achicó un 41,5% en la última década, algo pocas veces visto. La hiperinflación trepó a 1.698.488% en 2018, la más alta en la historia de América Latina y la sexta a nivel mundial. Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), realizada por las universidades Andrés Bello, Central y Simón Bolívar, el 94% de los hogares son pobres por ingresos, y un 48% padece pobreza multidimensional.

Esos indicadores permiten comprender el éxodo masivo de venezolanos: 2,6 millones huyeron del país desde 2015, de acuerdo a la Organización Internacional para las Migraciones. La opción por el escape creció con el deterioro socioeconómico y con la constatación de que un cambio político parecía imposible.

Las grandes protestas contra el gobierno de Maduro comenzaron en 2014, un año después de su ajustado y discutido triunfo contra Henrique Capriles en las elecciones presidenciales. En ese momento empezó a quedar claro que el chavismo estaba dispuesto a todo para aferrarse al poder.

La respuesta a las movilizaciones fue la represión indiscriminada, que dejó más de 40 muertos, y el encarcelamiento de dirigentes opositores. El caso más emblemático fue el de Leopoldo López, condenado a 13 años y 9 meses de cárcel, en una causa en la que “el 100% de las pruebas se inventaron”, según admitió desde el exilio el fiscal Franklin Nieves.

La erosión de la democracia terminó de consumarse en 2017 y 2018. Primero, con el uso del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) como un instrumento para vaciar de poder a la Asamblea Nacional, controlada por la oposición tras el triunfo resonante que obtuvo en 2015, en las últimas elecciones libres que se realizaron. Después, con los fraudulentos comicios del 20 de mayo pasado, en los que Maduro obtuvo la reelección con los principales líderes y partidos opositores proscritos, y sin permitir ninguna instancia de fiscalización independiente.

“La democracia no es simplemente hacer elecciones. Es frágil y difícil de mantener. Venezuela es un país que vivió durante 40 años bajo un proceso democrático de separación de poderes, pero no creó una cultura. Cuando una sociedad no está educada en términos democráticos, una herramienta como las elecciones puede terminar sirviendo para que venga una persona y la convierta en un instrumento para un proyecto autoritario”, afirmó Félix Seijas, profesor de estadística en la Universidad Central de Venezuela y director de la consultora Delphos C.A., en diálogo con Infobae.

A pesar de la debacle económica, social y política, Maduro creyó que tenía asegurada la continuidad en el cargo. Sus adversarios estaban divididos y debilitados, y las presiones de la comunidad internacional parecían estériles.

No obstante, el escenario cambió radicalmente este 10 enero, cuando asumió su segundo mandato. La ratificación de un gobierno considerado ilegítimo por gran parte de los venezolanos y del mundo occidental creó la oportunidad para que la oposición retome la iniciativa tras muchos meses de desconcierto.

La Asamblea Nacional declaró a Maduro usurpador del cargo y nombró a Juan Guaidó presidente encargado el 23 de enero. Tras más de un año de quietud, regresaron las protestas masivas a la calle. Y con ellas la represión, que ya causó al menos 35 muertes en dos semanas.

“La población venía de un período de mucho tiempo sin protestar, había una necesidad tremenda —continuó Seijas—. El 33% decía estar dispuesto a manifestarse si surgía un referente, y el 50% esperaba que apareciera alguien por fuera del liderazgo tradicional.

Aunque Guaidó viene de los partidos, tiene características de outsider. Menos del 3% de las personas sabía quién era. Es alguien joven, con un cuadro familiar muy estable, con un fenotipo muy venezolano y una forma de hablar que no es la de un político clásico. Era la figura que la gente estaba esperando, y se conjugó con el no reconocimiento internacional de la jura de Maduro”.

Los países enfrentados al chavismo lanzaron una ofensiva diplomática mucho más agresiva que cualquier otra. Por un lado, Guaidó fue reconocido como mandatario interino por Estados Unidos, por la mayoría de los países de América Latina y por la Unión Europea. Por otro, Washington ejecutó la acción más drástica desde el comienzo del conflicto: bloqueó los activos de PDVSA, impidiéndole al gobierno acceder a su única fuente relevante de ingresos genuinos.

Esta combinación de eventos dejó al chavismo en terapia intensiva. Pero, aunque no haya estado nunca tan cercado como ahora, sería un error darlo por muerto. En estos 20 años enfrentó tres crisis que parecían terminales y, sin embargo, logró reponerse. El desenlace está abierto, y lo que suceda en las próximas semanas será decisivo.

“Esta dualidad de poder sólo se puede mantener un tiempo corto, porque ninguno de los dos gobiernos tiene la capacidad total y reconocida para ejercer sus compromisos. A Guaidó le faltan los recursos y el apoyo militar, y Maduro tiene muchas dificultades financieras. Es una situación que se agota y que reduce las posibilidades de que haya un equilibrio político. Mientras más tiempo pase, peores se ponen las condiciones y hay menores probabilidades de buscar un diálogo entre las partes”, dijo a Infobae Carlos A. Romero, profesor de ciencia política en la Universidad Central de Venezuela.

Las tres grandes crisis del chavismo

Chávez, que saltó a la fama liderando un fallido golpe militar el 4 de febrero de 1992, fue él mismo víctima de uno diez años después. El 11 de abril de 2002 una protesta liderada por Fedecámaras y por la Confederación de Trabajadores de Venezuela terminó en un confuso enfrentamiento armado con manifestantes oficialistas, que dejó 19 muertos.

En las primeras horas del 12 de abril, el inspector General de la Fuerza Armada, Lucas Rincón Romero, confirmó el golpe. Dijo que el alto mando militar le pidió la renuncia a Chávez, y que este la aceptó —algo que él negaría después—. Pedro Carmona, titular de Fedecámaras, asumió la presidencia y disolvió la Constitución, la Asamblea Nacional y el TSJ.

Pero el alzamiento duró menos de 48 horas. Miles de chavistas salieron a las calles de Caracas a protestar contra el gobierno de facto, que había sido reconocido por Estados Unidos y por algunos países más, pero que era repudiado por muchos otros. Militares leales a Chávez lo liberaron de prisión y le permitieron reasumir la presidencia. Carmona fue arrestado y luego se exilió en Colombia.

La asonada terminó fortaleciendo al chavismo, que encontró un argumento para desacreditar a toda la oposición. Desde ese momento, cada nueva manifestación en contra, por más legítima que fuera, pasó a ser acusada de golpista. Un artilugio dialéctico continúa operando en la actualidad, 17 años después.

Chávez no volvió a enfrentar una crisis comparable y murió con el aura de líder imbatible. Algo que no pudo trasladar a su heredero. Maduro llegó a la presidencia con la debilidad originaria de no tener un liderazgo propio, y de haber arribado a la cúspide del poder sólo por lealtad.

No había cumplido un año en Miraflores cuando lo pusieron contra las cuerdas por primera vez. El 12 de febrero de 2014 comenzó un ciclo de protestas que se extendería por buena parte del año, bautizadas como “la salida”.

Las movilizaciones estuvieron lideradas por estudiantes universitarios y por los opositores más radicales: Leopoldo López, Antonio Ledezma y María Corina Machado. Comenzaron protestando por el deterioro de la situación económica, por la violencia y por los abusos del gobierno, pero terminaron pidiendo la renuncia de Maduro.

El Gobierno salió adelante con una escalada autoritaria. La represión fue brutal y quedó documentada en videos que mostraron a agentes de las fuerzas de seguridad y a los “colectivos” —bandas armadas que responden al gobierno— disparando a quemarropa a jóvenes desarmados. Los presos políticos comenzaron a contarse de a cientos.

Como resultado del desgaste por el paso del tiempo sin resultados concretos, y por el miedo que se empezó a propagar en la población, el movimiento se diluyó.

Más puntos más de contacto pueden encontrarse entre lo que está ocurriendo ahora y los sucesos de 2017. El avance del gobierno sobre las instituciones democráticas se volvió obsceno tras el triunfo opositor en las elecciones legislativas de diciembre de 2015. Con el TSJ como arma, Maduro empezó a bloquear todas las resoluciones de la Asamblea Nacional (AN), volviéndola impotente, y en 2016 canceló arbitrariamente el referéndum revocatorio que impulsaba para que los ciudadanos pudieran decidir si lo querían como presidente.

El quiebre del orden constitucional se volvió explícito el 30 de marzo de 2017, cuando el TSJ cometió la torpeza de dejar por escrito lo que venía haciendo de hecho: por medio de la decisión 156, asumió formalmente las competencias de la AN. La disolución del Poder Legislativo, una forma de golpe de Estado vista muchas veces en América Latina, desató una condena internacional generalizada y propició el inicio de una nueva serie de movilizaciones.

El Gobierno volvió a responder reprimiendo, pero de forma mucho más desenfrenada. En los meses siguientes, los muertos fueron más de 150 y miles resultaron heridos o fueron arrestados de manera irregular.

En un nuevo paso hacia el establecimiento de una dictadura, Maduro creó la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Se suponía que era para redactar una nueva Constitución, pero se terminó convirtiendo en un suprapoder capaz de dictar leyes sin restricciones, reemplazando en la práctica a la AN. Sus miembros fueron electos en un proceso escandaloso, sin participación de la oposición, y con un fraude denunciado por la empresa Smartmatic, proveedora del servicio de voto electrónico, que reportó una diferencia de un millón de votantes entre los que informó el gobierno y los que fueron realmente.

La situación parecía insostenible para Maduro. Sin embargo, la ANC entró en funciones el 30 de julio de 2017, y las manifestaciones fueron perdiendo densidad, hasta que concluyeron. Rechazado por la mayoría de la población y por casi todos los países de Occidente, y en medio de una implosión económica pocas veces vista, el chavismo resistió gracias a que mantuvo el monopolio de la fuerza.

Los militares, beneficiarios como ningún otro sector de la gestión Maduro, que les entregó el control de los sectores más sensibles de la economía y del Estado, explican la supervivencia de un proceso que de otra manera sería inviable.

Una crisis distinta a las anteriores

“Una diferencia crucial es que los dos ciclos anteriores fueron provocados por protestas sociales. En esta ocasión, el disparador fue un poder público, la AN. Apelando a la Constitución, desarrolló un conjunto de actividades apoyadas por buena parte del mundo democrático internacional y por una enorme cantidad de venezolanos que aspiran a un cambio político. Esto es muy interesante desde la perspectiva de las transiciones en América Latina, que generalmente se dieron de facto, por la fuerza. Aquí se desarrolla a través de una acción constitucional”, dijo a Infobae el politólogo Luis Salamanca, profesor de la Universidad Central de Venezuela.

Es cierto que en 2017 ya había destrucción de riqueza, desabastecimiento e hiperinflación, ingredientes que pueden hacer caer a cualquier gobierno. Pero no es lo mismo una suba de precios de 2.600% como la que registró Venezuela en 2017, a un porcentaje que ya supera el millón y medio. Con el agravante que implica la percepción de que las cosas están cada vez peor.

También es cierto que en 2017 el aislamiento internacional era bastante claro. Desde hace dos años, los únicos apoyos que conserva el régimen son Rusia, China, Irán, Bolivia y Nicaragua. Pero una cosa es la condena y la expulsión de foros multilaterales, y otra es el desconocimiento del gobierno y el reconocimiento de otro en su lugar.

“Hay dos elementos que ayudan a comprender esta situación como distinta —dijo Romero—. En primer lugar, el activismo de una parte de la comunidad internacional bajo el liderazgo de EEUU, que prácticamente la ha impuesto un ultimátum al gobierno. Lo segundo es la agudización de la crisis económica, que ha contribuido a que en las encuestas una mayoría de los venezolanos diga que quiere que se vaya Maduro”.

El factor que parece continuar vigente es el apoyo de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). El alto mando militar, encabezado por Vladimir Padrino López, ministro de Defensa, grabó un video en el que llamó golpe de Estado a la proclamación de Guaidó como presidente y ratificó su lealtad a Maduro. Pero eso no significa que no haya grietas en los círculos castrenses.

“Desde 2017 han sido continuos los pronunciamientos de militares activos —dijo Seijas—. No están las cosas cómodas internamente, porque la crisis económica ha puesto a los mandos medios a dudar. Cuando Guaidó fue juramentado, el alto mando tardó 24 horas en aparecer en televisión. Dijeron que era un golpe, pero se tomaron un día. Además, no han estado reprimiendo los militares ni la Guardia Nacional, sino el FAES (cuerpo especial de la Policía), que es una institución distinta. Por eso no ha habido un día en que Maduro no se muestre con militares. La necesidad de recalcar eso es porque las cosas no están bien”.

Lo más difícil para la FANB en este momento debe ser contener a las bases, a los soldados rasos, que son ciudadanos que padecen el desastre económico como el resto, y que no acceden a los privilegios de los estamentos superiores. Pero Maduro viene haciendo un importante trabajo de depuración para neutralizar posibles levantamientos.

“Los niveles más bajos están en una situación de calamidad, como todos los venezolanos. Eso se reflejó en la protesta militar del 21 de enero en un destacamento llamado Cotiza. El 23 de enero, en algunos estados como Monagas, la Guardia Nacional dejó pasar a los manifestantes. Pero los cuadros medios, que son los que históricamente han dado los golpes de Estado en Venezuela, están presos, fueron desmantelados el año pasado, cuando se detuvo a los principales comandantes de batallón. Se calcula que hay 180 arrestados. Entonces, ¿Maduro conjuró el resigo militar con esas detenciones? Puede ser que por un tiempo. Pero la crisis sigue expandiéndose”, sostuvo Salamanca.

La dimensión temporal se volvió una de las más decisivas de este periplo. Si bien la sensación compartida por la mayoría de los observadores es que Maduro tienes pocas probabilidades de sostenerse en el largo plazo, nadie sabe realmente cuánto puede durar ese largo plazo. Por otro lado, para salir de la encerrona en la que está ahora necesita que pase el tiempo, porque eso puede debilitar a la oposición.

“Siempre está la posibilidad de que Maduro resista. Todos los signos muestran que va a intentar atrincherarse y aguantar. El tiempo es su principal arma, porque le da la posibilidad de que la población se canse y de que la oposición dé un paso en falso y pierda el apoyo. Están tratando de llevarla a un diálogo para desprestigiarla. Pero es complicado, porque la comunidad internacional parece decidida a terminar con la salida de Maduro del poder y los opositores han dado muestras de unidad y no han caído en trampas. El cerco es muy grande y se reduce la capacidad de maniobra del gobierno. Esto crea mayores incentivos para que el entorno civil y militar de Maduro abandone el barco”, concluyó Seijas.


Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!
Advertisement
Deje aquí su propio comentario

Hispanoamérica

Dos representantes de Guaidó se apropiaron de 90 mil dólares destinados a ayuda humanitaria

Published

on

Juan Guaidó
Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!

Los dos representantes del gobierno interino de Venezuela en Colombia se apropiaron de 90 mil dólares de donaciones particulares destinadas a cubrir los gastos de la ayuda humanitaria y para atender los 1.600 militares que están en situación de refugio en Cúcuta. Así lo reconoció Juan Guaidó al asegurar que ambos casos serán investigados por la Fiscalía colombiana.

La tarde de este lunes, Guaidó salió al paso después de que se publicara la denuncia en el portal «Panam Post» y ha dicho que «no permitiré que ningún mal empañará lo que ha sido un gran esfuerzo de todos los venezolanos», al tiempo que insistió que no detendrá sus trabajos por este caso.

Los recursos se desviaron para financiar la vida de lujo de los dos enviados por Guaidó y ha hecho tambalear los apoyos internacionales del hombre que aspira a desalojar a Nicolás Maduro de poder.

Guaidó ha explicado también que el embajador de Venezuela en Colombia, Humberto Calderón Berti, lleva una gestión administrativa y que la apropiación «no son fondos del Estado venezolano, mucho menos de organismos multilaterales; los fondos eran para el hospedaje, transparencia internacional para darle seguimiento», precisó Guaidó.

«Tres personas han sido separadas de sus cargos, deberán rendir cuentas de los fondos que con mucho esfuerzo se han conseguido para la crisis venezolana (…) Para nosotros la simple denuncia sirve para investigar, para denunciar y para hacer un seguimiento», subrayó.

Según la investigación de «Panam Post», Rossana Barrera y Kevin Rojas, militantes del partido político de Guaidó, Voluntad Popular, estaban al frente de la atención a los emigrantes venezolanos en Colombia, usaron para su propio beneficio los miles de dólares de las ayudas que gestionó la oposición para paliar la severa crisis humanitaria que atraviesa el país sudamericano.

Sobreprecios en facturas de hoteles, gastos no relacionados, alquileres innecesarios de vehículos y hasta inflados gastos en costosos restaurantes forman parte del desvío de los fondos que en Venezuela millones de personas esperan para mitigar el hambre y otras consecuencias de la crisis.

 


Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!
Continue Reading

Hispanoamérica

Una de cada tres personas que han pedido asilo este año en España son venezolanas

Published

on

Miles de venezolanos se manifiestan en Caracas en apoyo a Guaidó
Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!

Una auténtica democracia no es un traje a medida de cualquier país y sólo puede ser posible sobre la base de unas condiciones que no se dan en todas las sociedades. Venezuela, como la mayoría de los países centro y sudamericanos, no ha conocido otra forma de existencia que la destrucción acelerada de la dignidad humana, inmoralidad rampante, sincretismo racial, aniquilación de la convivencia, sublimación del plebeyismo, corrupción sin freno, violencia descarnada y deshumanización en suma.

No debemos ignorar que la tiranía chavista fue refrendada en las urnas, no una, sino varias veces, de forma abrumadoramente mayoritaria. Un orden económico, social, moral y político destinado a embrutecer a las masas ha dejado como resultado esto de lo que ahora muchos que nunca se imaginaron que se verían afectados ahora se lamentan, dejando la temible herencia de centenares de muertos, miles de encarcelados, millones de exiliados económicos, la pobreza avanzando en oleadas, una nación que ha perdido su soberanía y un futuro más bien negro.

Si la crisis económica es verdaderamente espantosa, el desplome moral no es menos alarmante. Quienes ahora apoyan entusiásticamente a Guaidó, son los mismos que apoyaron de la forma más fanatizada a los dirigentes chavistas; son los mismos que batían palmas cada vez que Hugo Chávez humillaba públicamente a un representante de la prensa, de la oposición, de la banca…; son los mismos que cerraban los ojos cuando se comenzó a asesinar y encarcelar a los primeros líderes opositores; son los mismos que daban la espalda a los pocos venezolanos que hace casi veinte años tuvieron el coraje y la dignidad de jugárselo todo para evitar llegar a la situación a la que se ha llegado; son los mismos que se opusieron con saña a cualquier iniciativa que clamara contra contra la inmoralidad y defendiera la rectitud, el compromiso personal y la ética; son los mismos que en las instancias internacionales les hacía gracia el revólver humeante en las manos de un niño.

Los males de los pueblos no tienen solución mientras no desaparezca el nutriente de que brotan esos mismos males. Eso lo ha comprendido Trump y por eso se opone con firmeza a que su país acoja a millones de personas que han sido incapaces de sacar a flote a sus propias naciones, habiéndolas convertido en focos de injusticia, pobreza, criminalidad, corrupción, basura cultural y putrefacción moral. Sostener por todo ello que el responsable de la situación que vive Venezuela es solamente su presidente, supone sobre todo una afrenta a la historia y un insulto a la inteligencia.

Si muchos venezolanos que hoy piden asilo en España, ejercieran la necesaria autocrítica, tendrían que avergonzarse por haber colaborado en algún momento con un régimen comunista que ha convertido en un erial una de las naciones más ricas del planeta, que transformó a la mayor parte de los venezolanos en un rebaño bien compacto conducido al precipicio a ritmo de reggaeton, como no podía ser de otra manera con asesores como los de Podemos, que establecieron las directrices a cambio de un inmenso botín.

46.596 solicitudes de asilo

España ha recibido en los primeros cinco meses de este año un total de 46.596 solicitudes de asilo, y una de cada tres, casi 17.000, son de personas procedentes de Venezuela, una cifra que supera ya el 80% de todas las que se contabilizaron el año pasado.

En concreto, según los últimos datos del Ministerio del Interior, hasta 16.846 de los demandantes de protección internacional son de Venezuela, frente a los 20.015 registrados en 2018, con lo que se coloca como tercer año consecutivo como la primera nacionalidad en reclamar protección, y en aumento.

Y es que en 2016 pidieron asilo 4.195 ciudadanos de Venezuela frente a los 596 del año anterior, lo que supuso un incremento del 603 %; en 2017 lo hicieron 10.627 (un 153 % más).

En marzo, el Gobierno concedió a 400 venezolanos los primeros permisos de residencia por razones humanitarias, una medida prevista en la ley y que puede otorgarse cuando no se concede el asilo a los solicitantes. Se trata de permisos individualizados y por un año prorrogable.

También han aumentado las solicitudes de colombianos, que hasta el 31 de mayo se mantiene en el segundo lugar con 10.122, cuando en todo 2018 lo hicieron 8.811; les siguen Nicaragua (2.698); Honduras (2.666) y El Salvador (2.078) y desaparece del ránking Siria, que el año pasado ocupó el tercer lugar con 2.901 peticiones.

Del total de 46.596 solicitudes de este año, más de la mitad (25.602) son hombres y 20.994, mujeres.

Por edades, la mayor parte se encuentra en la franja 18-34 años (23.729) y 35-64 (13.545), aunque también las hay de menores de 0 a 13 años (7.186), de 14 a 17 (1.533) y mayores de 65 (603).

Y, por comunidades, Madrid fue la destinataria de la gran mayoría, con 20.395, muy por encima de Cataluña (6.059), Andalucía (4.298), la Comunidad Valenciana (3.063) y el País Vasco (2.075).

Asimismo, 42.955 se presentaron en el territorio nacional, 2.690 en puestos fronterizos, 805 en Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) y 146 en embajadas.

El 2018 fue un año récord en el número de peticiones de asilo contabilizadas en España que, según Interior, ascendieron a 55.668; de ellas, se admitieron 47.748, 25 no y 2.220 fueron denegadas; se resolvieron 3.173, en su inmensa mayoría solicitudes de ciudadanos sirios (2.027).


Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!
Continue Reading

Hispanoamérica

Un apagón masivo deja sin luz a Argentina, Uruguay y partes de Brasil y Chile

Published

on

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!

Un fallo en el sistema de interconexión eléctrica ha dejado sin suministro a toda Argentina, todo Uruguay y partes del sur de Brasil y algunas ciudades de Chile, según han las empresas eléctricas afectadas.

El corte se produjo poco después de las 7.06 horas de la mañana de este domingo (12.06, hora peninsular española), cuando aún no había amanecido, y dura ya varias horas.

La Administración Nacional de Usinas y Transmisiones Eléctricas de Uruguay (UTE), ha señalado como origen del apagón “un desperfecto en la red argentina” que afectó el sistema interconectado “dejando sin servicio todo el territorio nacional, al igual que varias provincias del vecino país”.

La UTE ha destacado que tras el “importante” corte eléctrico “ya se está levantando el sistema desde cero”. “Ya hay ciudades del litoral (uruguayo) con servicio y se sigue trabajando hacia el restablecimiento general”, ha asegurado.

El apagón afecta también a las provincias argentinas de Santa Fe y San Luis, que se preparaban para iniciar sus comicios locales. El incidente ha paralizado de inmediato los servicios de tren y los autobuses de la región de Buenos Aires funcionan, pero con retrasos debido a la falta de señalización.

Algunas voces critican ya en Argentina la escasa respuesta oficial ante el apagón y la web del Ente Nacional Regulador de la Electricidad argentino (ENRE) se encuentra caída desde hace horas.


Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!
Continue Reading
Advertisement

Publicidad

Advertisement

Publicidad

ArabicChinese (Simplified)EnglishFrenchGermanItalianPortugueseRussianSpanish