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20 años del chavismo en el poder: por qué esta vez Nicolás Maduro parece cerca del final

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Por Darío Mizrahi.- «Venezuela está herida en el corazón; estamos al borde de un sepulcro. Pero como los pueblos no pueden morir, porque los pueblos son la expresión de Dios, (…) más allá de toda esta catástrofe inmensa, hoy en Venezuela estamos viviendo una verdadera resurrección (…). Yo llamo a que unamos lo mejor de nuestras voluntades, porque es el momento de salir de la tumba».

El discurso, que leído en estos días parece de Juan Guaidó, fue pronunciado por Hugo Chávez el 2 de febrero de 1999, ante lo que en ese momento era el Congreso de la República. El teniente coronel, que había ganado las elecciones del 6 de diciembre de 1998 con el 56,2% de los votos, hizo en su toma de posesión una descripción lapidaria sobre el estado de Venezuela, y prometió un futuro de prosperidad para todos.

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Hoy, tras 20 años de hegemonía de su proyecto político, el país atraviesa una crisis más terrible que cualquiera de las que conoció en el pasado. El gobierno de Nicolás Maduro, que lo sucedió en la presidencia el 5 de marzo de 2013 —elegido y preparado por él mismo en sus últimos meses de vida—, parece al borde del colapso.

«La figura de Chávez cambió el escenario político venezolano, pero su cuenta es deficitaria. Es cierto que se le debe el hecho de tener una agenda social para las personas de menos recursos, pero el chavismo acabó con la institucionalidad y con la economía del país. Es muy difícil anotarle algo en el haber, porque la realidad es que en su historia democrática Venezuela no había estado nunca en las condiciones en las que está en la actualidad», sostuvo Domingo Alberto Sifontes, profesor de historia en la Universidad de Carabobo, consultado por Infobae.

Del humanismo a la lucha por la supervivencia

Un proceso que nació arrasando en las urnas y que prometía la «resurrección de Venezuela», con una democracia participativa y una «economía humanista», se convirtió en un régimen atrincherado en el Estado, que reprime la voluntad popular y que degradó las condiciones materiales a niveles impensables.

El PIB se achicó un 41,5% en la última década, algo pocas veces visto. La hiperinflación trepó a 1.698.488% en 2018, la más alta en la historia de América Latina y la sexta a nivel mundial. Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), realizada por las universidades Andrés Bello, Central y Simón Bolívar, el 94% de los hogares son pobres por ingresos, y un 48% padece pobreza multidimensional.

Esos indicadores permiten comprender el éxodo masivo de venezolanos: 2,6 millones huyeron del país desde 2015, de acuerdo a la Organización Internacional para las Migraciones. La opción por el escape creció con el deterioro socioeconómico y con la constatación de que un cambio político parecía imposible.

Las grandes protestas contra el gobierno de Maduro comenzaron en 2014, un año después de su ajustado y discutido triunfo contra Henrique Capriles en las elecciones presidenciales. En ese momento empezó a quedar claro que el chavismo estaba dispuesto a todo para aferrarse al poder.

La respuesta a las movilizaciones fue la represión indiscriminada, que dejó más de 40 muertos, y el encarcelamiento de dirigentes opositores. El caso más emblemático fue el de Leopoldo López, condenado a 13 años y 9 meses de cárcel, en una causa en la que «el 100% de las pruebas se inventaron», según admitió desde el exilio el fiscal Franklin Nieves.

La erosión de la democracia terminó de consumarse en 2017 y 2018. Primero, con el uso del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) como un instrumento para vaciar de poder a la Asamblea Nacional, controlada por la oposición tras el triunfo resonante que obtuvo en 2015, en las últimas elecciones libres que se realizaron. Después, con los fraudulentos comicios del 20 de mayo pasado, en los que Maduro obtuvo la reelección con los principales líderes y partidos opositores proscritos, y sin permitir ninguna instancia de fiscalización independiente.

«La democracia no es simplemente hacer elecciones. Es frágil y difícil de mantener. Venezuela es un país que vivió durante 40 años bajo un proceso democrático de separación de poderes, pero no creó una cultura. Cuando una sociedad no está educada en términos democráticos, una herramienta como las elecciones puede terminar sirviendo para que venga una persona y la convierta en un instrumento para un proyecto autoritario», afirmó Félix Seijas, profesor de estadística en la Universidad Central de Venezuela y director de la consultora Delphos C.A., en diálogo con Infobae.

A pesar de la debacle económica, social y política, Maduro creyó que tenía asegurada la continuidad en el cargo. Sus adversarios estaban divididos y debilitados, y las presiones de la comunidad internacional parecían estériles.

No obstante, el escenario cambió radicalmente este 10 enero, cuando asumió su segundo mandato. La ratificación de un gobierno considerado ilegítimo por gran parte de los venezolanos y del mundo occidental creó la oportunidad para que la oposición retome la iniciativa tras muchos meses de desconcierto.

La Asamblea Nacional declaró a Maduro usurpador del cargo y nombró a Juan Guaidó presidente encargado el 23 de enero. Tras más de un año de quietud, regresaron las protestas masivas a la calle. Y con ellas la represión, que ya causó al menos 35 muertes en dos semanas.

«La población venía de un período de mucho tiempo sin protestar, había una necesidad tremenda —continuó Seijas—. El 33% decía estar dispuesto a manifestarse si surgía un referente, y el 50% esperaba que apareciera alguien por fuera del liderazgo tradicional.

Aunque Guaidó viene de los partidos, tiene características de outsider. Menos del 3% de las personas sabía quién era. Es alguien joven, con un cuadro familiar muy estable, con un fenotipo muy venezolano y una forma de hablar que no es la de un político clásico. Era la figura que la gente estaba esperando, y se conjugó con el no reconocimiento internacional de la jura de Maduro».

Los países enfrentados al chavismo lanzaron una ofensiva diplomática mucho más agresiva que cualquier otra. Por un lado, Guaidó fue reconocido como mandatario interino por Estados Unidos, por la mayoría de los países de América Latina y por la Unión Europea. Por otro, Washington ejecutó la acción más drástica desde el comienzo del conflicto: bloqueó los activos de PDVSA, impidiéndole al gobierno acceder a su única fuente relevante de ingresos genuinos.

Esta combinación de eventos dejó al chavismo en terapia intensiva. Pero, aunque no haya estado nunca tan cercado como ahora, sería un error darlo por muerto. En estos 20 años enfrentó tres crisis que parecían terminales y, sin embargo, logró reponerse. El desenlace está abierto, y lo que suceda en las próximas semanas será decisivo.

«Esta dualidad de poder sólo se puede mantener un tiempo corto, porque ninguno de los dos gobiernos tiene la capacidad total y reconocida para ejercer sus compromisos. A Guaidó le faltan los recursos y el apoyo militar, y Maduro tiene muchas dificultades financieras. Es una situación que se agota y que reduce las posibilidades de que haya un equilibrio político. Mientras más tiempo pase, peores se ponen las condiciones y hay menores probabilidades de buscar un diálogo entre las partes», dijo a Infobae Carlos A. Romero, profesor de ciencia política en la Universidad Central de Venezuela.

Las tres grandes crisis del chavismo

Chávez, que saltó a la fama liderando un fallido golpe militar el 4 de febrero de 1992, fue él mismo víctima de uno diez años después. El 11 de abril de 2002 una protesta liderada por Fedecámaras y por la Confederación de Trabajadores de Venezuela terminó en un confuso enfrentamiento armado con manifestantes oficialistas, que dejó 19 muertos.

En las primeras horas del 12 de abril, el inspector General de la Fuerza Armada, Lucas Rincón Romero, confirmó el golpe. Dijo que el alto mando militar le pidió la renuncia a Chávez, y que este la aceptó —algo que él negaría después—. Pedro Carmona, titular de Fedecámaras, asumió la presidencia y disolvió la Constitución, la Asamblea Nacional y el TSJ.

Pero el alzamiento duró menos de 48 horas. Miles de chavistas salieron a las calles de Caracas a protestar contra el gobierno de facto, que había sido reconocido por Estados Unidos y por algunos países más, pero que era repudiado por muchos otros. Militares leales a Chávez lo liberaron de prisión y le permitieron reasumir la presidencia. Carmona fue arrestado y luego se exilió en Colombia.

La asonada terminó fortaleciendo al chavismo, que encontró un argumento para desacreditar a toda la oposición. Desde ese momento, cada nueva manifestación en contra, por más legítima que fuera, pasó a ser acusada de golpista. Un artilugio dialéctico continúa operando en la actualidad, 17 años después.

Chávez no volvió a enfrentar una crisis comparable y murió con el aura de líder imbatible. Algo que no pudo trasladar a su heredero. Maduro llegó a la presidencia con la debilidad originaria de no tener un liderazgo propio, y de haber arribado a la cúspide del poder sólo por lealtad.

No había cumplido un año en Miraflores cuando lo pusieron contra las cuerdas por primera vez. El 12 de febrero de 2014 comenzó un ciclo de protestas que se extendería por buena parte del año, bautizadas como «la salida».

Las movilizaciones estuvieron lideradas por estudiantes universitarios y por los opositores más radicales: Leopoldo López, Antonio Ledezma y María Corina Machado. Comenzaron protestando por el deterioro de la situación económica, por la violencia y por los abusos del gobierno, pero terminaron pidiendo la renuncia de Maduro.

El Gobierno salió adelante con una escalada autoritaria. La represión fue brutal y quedó documentada en videos que mostraron a agentes de las fuerzas de seguridad y a los «colectivos» —bandas armadas que responden al gobierno— disparando a quemarropa a jóvenes desarmados. Los presos políticos comenzaron a contarse de a cientos.

Como resultado del desgaste por el paso del tiempo sin resultados concretos, y por el miedo que se empezó a propagar en la población, el movimiento se diluyó.

Más puntos más de contacto pueden encontrarse entre lo que está ocurriendo ahora y los sucesos de 2017. El avance del gobierno sobre las instituciones democráticas se volvió obsceno tras el triunfo opositor en las elecciones legislativas de diciembre de 2015. Con el TSJ como arma, Maduro empezó a bloquear todas las resoluciones de la Asamblea Nacional (AN), volviéndola impotente, y en 2016 canceló arbitrariamente el referéndum revocatorio que impulsaba para que los ciudadanos pudieran decidir si lo querían como presidente.

El quiebre del orden constitucional se volvió explícito el 30 de marzo de 2017, cuando el TSJ cometió la torpeza de dejar por escrito lo que venía haciendo de hecho: por medio de la decisión 156, asumió formalmente las competencias de la AN. La disolución del Poder Legislativo, una forma de golpe de Estado vista muchas veces en América Latina, desató una condena internacional generalizada y propició el inicio de una nueva serie de movilizaciones.

El Gobierno volvió a responder reprimiendo, pero de forma mucho más desenfrenada. En los meses siguientes, los muertos fueron más de 150 y miles resultaron heridos o fueron arrestados de manera irregular.

En un nuevo paso hacia el establecimiento de una dictadura, Maduro creó la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Se suponía que era para redactar una nueva Constitución, pero se terminó convirtiendo en un suprapoder capaz de dictar leyes sin restricciones, reemplazando en la práctica a la AN. Sus miembros fueron electos en un proceso escandaloso, sin participación de la oposición, y con un fraude denunciado por la empresa Smartmatic, proveedora del servicio de voto electrónico, que reportó una diferencia de un millón de votantes entre los que informó el gobierno y los que fueron realmente.

La situación parecía insostenible para Maduro. Sin embargo, la ANC entró en funciones el 30 de julio de 2017, y las manifestaciones fueron perdiendo densidad, hasta que concluyeron. Rechazado por la mayoría de la población y por casi todos los países de Occidente, y en medio de una implosión económica pocas veces vista, el chavismo resistió gracias a que mantuvo el monopolio de la fuerza.

Los militares, beneficiarios como ningún otro sector de la gestión Maduro, que les entregó el control de los sectores más sensibles de la economía y del Estado, explican la supervivencia de un proceso que de otra manera sería inviable.

Una crisis distinta a las anteriores

«Una diferencia crucial es que los dos ciclos anteriores fueron provocados por protestas sociales. En esta ocasión, el disparador fue un poder público, la AN. Apelando a la Constitución, desarrolló un conjunto de actividades apoyadas por buena parte del mundo democrático internacional y por una enorme cantidad de venezolanos que aspiran a un cambio político. Esto es muy interesante desde la perspectiva de las transiciones en América Latina, que generalmente se dieron de facto, por la fuerza. Aquí se desarrolla a través de una acción constitucional», dijo a Infobae el politólogo Luis Salamanca, profesor de la Universidad Central de Venezuela.

Es cierto que en 2017 ya había destrucción de riqueza, desabastecimiento e hiperinflación, ingredientes que pueden hacer caer a cualquier gobierno. Pero no es lo mismo una suba de precios de 2.600% como la que registró Venezuela en 2017, a un porcentaje que ya supera el millón y medio. Con el agravante que implica la percepción de que las cosas están cada vez peor.

También es cierto que en 2017 el aislamiento internacional era bastante claro. Desde hace dos años, los únicos apoyos que conserva el régimen son Rusia, China, Irán, Bolivia y Nicaragua. Pero una cosa es la condena y la expulsión de foros multilaterales, y otra es el desconocimiento del gobierno y el reconocimiento de otro en su lugar.

«Hay dos elementos que ayudan a comprender esta situación como distinta —dijo Romero—. En primer lugar, el activismo de una parte de la comunidad internacional bajo el liderazgo de EEUU, que prácticamente la ha impuesto un ultimátum al gobierno. Lo segundo es la agudización de la crisis económica, que ha contribuido a que en las encuestas una mayoría de los venezolanos diga que quiere que se vaya Maduro».

El factor que parece continuar vigente es el apoyo de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). El alto mando militar, encabezado por Vladimir Padrino López, ministro de Defensa, grabó un video en el que llamó golpe de Estado a la proclamación de Guaidó como presidente y ratificó su lealtad a Maduro. Pero eso no significa que no haya grietas en los círculos castrenses.

«Desde 2017 han sido continuos los pronunciamientos de militares activos —dijo Seijas—. No están las cosas cómodas internamente, porque la crisis económica ha puesto a los mandos medios a dudar. Cuando Guaidó fue juramentado, el alto mando tardó 24 horas en aparecer en televisión. Dijeron que era un golpe, pero se tomaron un día. Además, no han estado reprimiendo los militares ni la Guardia Nacional, sino el FAES (cuerpo especial de la Policía), que es una institución distinta. Por eso no ha habido un día en que Maduro no se muestre con militares. La necesidad de recalcar eso es porque las cosas no están bien».

Lo más difícil para la FANB en este momento debe ser contener a las bases, a los soldados rasos, que son ciudadanos que padecen el desastre económico como el resto, y que no acceden a los privilegios de los estamentos superiores. Pero Maduro viene haciendo un importante trabajo de depuración para neutralizar posibles levantamientos.

«Los niveles más bajos están en una situación de calamidad, como todos los venezolanos. Eso se reflejó en la protesta militar del 21 de enero en un destacamento llamado Cotiza. El 23 de enero, en algunos estados como Monagas, la Guardia Nacional dejó pasar a los manifestantes. Pero los cuadros medios, que son los que históricamente han dado los golpes de Estado en Venezuela, están presos, fueron desmantelados el año pasado, cuando se detuvo a los principales comandantes de batallón. Se calcula que hay 180 arrestados. Entonces, ¿Maduro conjuró el resigo militar con esas detenciones? Puede ser que por un tiempo. Pero la crisis sigue expandiéndose», sostuvo Salamanca.

La dimensión temporal se volvió una de las más decisivas de este periplo. Si bien la sensación compartida por la mayoría de los observadores es que Maduro tienes pocas probabilidades de sostenerse en el largo plazo, nadie sabe realmente cuánto puede durar ese largo plazo. Por otro lado, para salir de la encerrona en la que está ahora necesita que pase el tiempo, porque eso puede debilitar a la oposición.

«Siempre está la posibilidad de que Maduro resista. Todos los signos muestran que va a intentar atrincherarse y aguantar. El tiempo es su principal arma, porque le da la posibilidad de que la población se canse y de que la oposición dé un paso en falso y pierda el apoyo. Están tratando de llevarla a un diálogo para desprestigiarla. Pero es complicado, porque la comunidad internacional parece decidida a terminar con la salida de Maduro del poder y los opositores han dado muestras de unidad y no han caído en trampas. El cerco es muy grande y se reduce la capacidad de maniobra del gobierno. Esto crea mayores incentivos para que el entorno civil y militar de Maduro abandone el barco», concluyó Seijas.


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El barrio más peligroso de Colombia: el Bronx de Bogotá

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El barrio más peligroso de Colombia estaba en el centro de la capital

 

Continuamos con los barrios más chungos del planeta y hoy le toca el turno a la capital de la nación hermana de Colombia. Lo que fue conocido como el barrio del cartucho o el Bronx de Bogotá, conjunto de calles que conformaban un auténtico infierno en la tierra para todo aquel ingenuo que tuviera la desventura de parar por allí siquiera para tomar algo. Hoy en día, por fortuna para los bogotanos y en general para todos los habitantes de Colombia y del mundo, el barrio del Bronx de Bogotá está en proceso de ser completamente reformado y reconvertido en un barrio de verdad. Sin tanta droga y sobre todo sin tanta esclavitud, incluso trata de personas y en concreto de menores.

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Por robar 50 pesos, a una peladita (niña) la cortaron la mano, cuenta un superviviente de la adicción y la dictadura de los sayayines o mafiosos del Bronx de Bogotá.

 

Todo el mundo en la ciudad, hasta los niños, eran bienvenidos a este submundo de delincuencia y explotación de todo tipo. La desventura de sus usuarios podía empezar con una sencilla juerga de instituto o universidad, en las cuales se podía empezar fumando marihuana y se terminaba a menudo en drogas más duras. Por desgracia, el proceso de involución de las personas era tan inmediato que pocas semanas después, tras haber pasado unos días de fiesta sin control en el basurero, jóvenes sanos de familias normales se podían encontrar irreconocibles entre la multitud de drogadictos y pordioseros que llenaban estas calles. Y muchos de estos menores eran reportados como desaparecidos, sin saber sus familias que se encontraban como prisioneros en pleno centro de la ciudad. El cuento de Pinocho, pero a lo bestia.

Conocí a una chica bien bonita qué paro por allí inocentemente, nos contaba un veterano del Bronx de Bogotá. Enseguida me enamoré de ella, pero al poco tiempo me la volví a encontrar y ya no era para nada la misma. Había perdido su espléndida sonrisa, sus zapatillas tan bonitas y hasta el color brillante de su pelo, aunque seguía siendo preciosa. Hoy en día, se dedica ya de lleno a la prostitución en el barrio y se ha convertido en un monstruo. Era muy preocupante ver cómo llegaban más y más jóvenes y hasta niños, engañados por los ganchos del barrio o por sus propios amigos.

Un centro de torturas y ejecuciones clandestinas con el cocodrilo el Bronx como protagonista

Sin embargo, había unos claros protagonistas en esta película de horror colombiana. Los temibles sayayines, que tomaban el nombre prestado de unos personajes de Dragon Ball, eran los orcos encargados de defender este reino de Mordor que funcionaba la vista de todo el mundo. Y pobre del que no obedeciera órdenes o fuera allí con otra intención que consumir. Los llamados sapos eran juzgados y sentenciados a penas sumarísimas, como lo era el castigo de ser despedazado por perros de presa o por un inmenso cocodrilo americano.

Sí, sí, habéis leído bien. En una de las mazmorras secretas de este laberinto de calles, infestadas de basura y de víctimas del vicio, se guardaba al más temido personaje de todo el Bronx de Bogotá. Un cocodrilo llamado Pepe cuya existencia ha sido reportada por los propios funcionarios del Gobierno, pero sobre todo por los antiguos habitantes de este barrio, los cuales sufrían la continua amenaza de acabar entre las fauces de este animal o de los perros de presa.

Si no encuentras rápido el dinero, le decían a uno de los adictos del Bronx, ya sabes dónde vas a terminar. Se lo va a comer el bichito. Se lo va a comer ese animal.

 

Pero, ¿cómo acabo un cocodrilo americano tan lejos de su hábitat natural, engordado con los chivatos y enemigos de los gerentes del mercado de la droga? Aunque parece mentira, el pobre animal también venía de un entorno de narcotraficantes, pero muy diferente al que encontró en las oscuras calles del Bronx de Bogotá. Y es que había pasado sus mejores años de vida en la finca suntuosa de un señor de la droga, la cual fue intervenida por el Estado junto al zoológico de animales faraónicos que habitaban en esa hacienda.

Una ciudad del crimen con cientos de cadáveres emparedados en paredes y suelos

La ejecución mediante el uso de animales salvajes no era el único medio de eliminación de chivatos y rivales. Un testigo de todos estos horrores contaba a las cámaras cómo en una ocasión los sayayines encargaron a sus recaderos, drogadictos a su servicio, que trajeran cuanto antes muchas llantas coches. Llantas, en Colombia, significa ruedas, y el interés de los criminales por tal mercancía llamó la atención estos pobres enfermos, pero igualmente se apresuraron a cumplir la orden para recibir sus respectivas recompensas en forma de droga.

¡Cuál no sería su sorpresa cuando se encontraron con que esas ruedas servirían para envolver, a modo de silla eléctrica neumática, a un tipo que había sido acusado de informar al enemigo! Rápidamente lo rociaron con gasolina y lo quemaron vivo, todo esto a escasos centenares de metros del Palacio Presidencial de Colombia. Los restos de tales desaparecidos eran luego encofrados en bloques de hormigón para dificultar al máximo la posible hallazgo e identificación de los restos por parte de la Policía, que ahora trabaja en este asunto tan turbio, aunque evidentemente con muchos problemas.

Niños prostituidos a plena luz del día

Lo peor de lo peor de este barrio era la gran afluencia de niños, incluso menores de 6 años, que terminaban recalando en este céntrico y a la vez horrendo barrio de la capital de Colombia. Parece mentira que todo este narco-supermercado o más bien narco centro comercial se situara a escasos metros de los núcleos de poder del Estado Colombiano. La Jefatura de Policía, iglesias importantes del centro y el mismísimo Palacio de Nariño, sede de la Presidencia de la Nación, se encontraban a muy poca distancia de este estercolero al aire libre. Una especie de basurero donde se juntaban los chatarreros con los vendedores de todo tipo de sustancias, entre las que destaca el basuco, de cuya adicción sus consumidores reconocen que es imposible salir nunca.

Y ahí se drogaban los pobres chiquillos, que hasta son violados y prostituidos por los despiadados gerentes del negocio. Los crueles sayayines, siempre al tanto de todo lo que sucedía en su territorio y con los propios policías a su servicio.

Una versión bestial del macroasentamiento de la Cañada Real o Las Barranquillas, en la capital de nuestro país, con la diferencia de que aquí no se encuentra en pleno centro urbano ni tienen a la millonaria Penélope Cruz por detrás, exigiendo a los ciudadanos que paguemos todos la luz de unas chabolas donde se comercia con todo y se roba el suministro como norma general.

¿Cómo fue el final del cocodrilo del Bronx de Bogotá?

Os estaréis preguntando cómo terminó el pobre animal y la verdad es que hay varias versiones, pero una única verdad que algunos funcionarios colombianos intentan esconder. La versión más disparatada que he escuchado explica que el cocodrilo del Bronx de Bogotá terminó muerto, por haber ingerido grandes cantidades de carne humana. Una estupidez como una casa cuando un cocodrilo puede ingerir y digerir literalmente y cualquier ser vivo que le entra por la boca, inclusive un ñu con pezuñas y cuernos. Del cocodrilo de los narcos sólo queda ya, por desgracia, un pedazo de la escamosa piel de su cola, y hay quien dice que los mismos tombos (policías) robaron los restos del animal para hacer zapatos.

Es una muestra más del cúmulo de situaciones que comprometen a las autoridades en el antes, durante y después del asalto final de la Policía al Bronx de Bogotá. La corrupción asoma por todas partes cuando estamos hablando de cantidades millonarias que salían todos los días de estas calles, fruto del menudeo de droga y del peor proxenetismo. Incluso los propios sayayines presumían entre risas de su impunidad, abiertamente:

Nosotros ya sabíamos cuándo venían los operativos de la Policía y teníamos horas para huir. Soldado prevenido no muere en guerra.

Cuando la Policía finalmente allanó y registró este narco centro comercial encontró no solamente las limosnas de droga, que los cárteles locales dejaron atrás para contentar a los periodistas y tombos, sino que hallaron incluso restos de rituales de brujería y satanismo. Todo ello entre otros restos como juguetes o un Sagrado Corazón de Jesús, que presidía una de estas habitaciones donde las personas más vulnerables eran ultrajadas.

 

El niño que fue rescatado por su madre en el Bronx de Bogotá

Como anécdota significativa, comentar un caso que conmocionó a toda Colombia y es la historia de un niño pequeño al que su padre echó de casa y que terminó en este pozo de basura, droga y degenerados. Al pobre niñito lo hirieron tratando de violarlo y un policía le reventó la boca de una bofetada, sólo por pedirle dinero. Por fortuna, su madre lo vio por la tele y acudió en su busca y rescate, en una escena desgarradora que se dio hace ya 20 años. Por fortuna, ese niño salvado del Bronx de Bogotá es hoy un muchacho sano y normal, que se dedica a la música en su país.

El Estado como principal responsable del Bronx de Bogotá

Como nos podemos imaginar, tanta impunidad no venía de la nada, sino que ingentes cantidades de dinero en metálico salían cada dos por tres del Bronx de Bogotá, seguramente ocultas en maletas que portaban los sucios sherpas del barrio. Y suponemos que parte del mismo iría a los bolsillos de muchos funcionarios importantes, por supuesto. Sólo así se explica la escandalosa impunidad con la que ha funcionado este asqueroso centro de esclavitud humana en medio de uno de los países más importantes de Iberoamérica.

Desconozco cuáles son las razones que han impulsado a los políticos corruptos de Colombia a acabar de una vez con por todas con un centro comercial del que sin duda participaban a manos llenas, como participaba sin duda la Policía de Bogotá, cuando fueron sorprendidos con las manos en la masa altos mandos policiales. En definitiva, lo mismo que sucede en todo el mundo, donde hipócritamente se persigue unos consumos de los cuales participan los poderosos, incluso en la forma de trata de menores.

Toda una reflexión para todos los progres que persisten de manera lastimosa en justificar de alguna manera cada pozo de mierda y putrefacción que se les cruza por delante. Incluso en las sociedades occidentales en las que viven se empeñan en defender el way of life de unos marginados a los que nunca van a conocer, porque es mucho más fácil ignorar las historias como las que hemos contado aquí. Pero recordad que la izquierda siempre esconde, detrás de sus vacíos mensajes materialistas y buenistas, toda la miseria de la droga, la delincuencia en general y hasta de la trata de menores. Un conjunto de conceptos maravillosos que personifica a la perfección el acosador de menores Joe Biden y su putrefacto entorno de degenerados.


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¡OTRO ÉXITO DEL SOCIALISMO EN VENEZUELA! Banco Central de Venezuela lanza billete de 1 millón que vale medio dólar

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«Cumplir con los requerimientos de la economía nacional».

Ese es el argumento del régimen venezolano para lanzar a las calles nuevos billetes con tres nuevas denominaciones, según anunció este viernes el Banco Central de Venezuela (BCV). Lo curioso es que el de mayor valor, el billete de 1 millón de bolívares, apenas equivale a 0,52 centavos de dólar según la cotización actual no oficial (1.900.000 bolívares por dólar).

El Banco Central de Venezuela dirigido por el chavismo, anunció que las nuevas piezas de 200.000, 500.000 y el billete de 1 millón de bolívares «comenzarán a circular paulatinamente a partir del 08 de marzo de 2021».

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Esta nueva decisión no haría más que exacerbar la hiperinflación existente en el país. De hecho, los venezolanos tienen que hacer hasta seis colas bancarias, una por día, para retirar los únicos 200.000 bolívares que el régimen de Nicolás Maduro permite dispensar a los cajeros automáticos.

La suma del valor de los tres billetes anunciados este viernes por el Banco Central de Venezuela tampoco llega a un dólar, confirmando así la pulverización de la moneda venezolana. Es decir, los nuevo billetes ya están devaluados antes de comenzar a circular.

Reconversiones, devaluaciones y más billetes sin valor

Es una práctica habitual de la dictadura modificar el cono monetario. Los venezolanos recuerdan muy bien cuando Hugo Chávez anunció en 2007 a través del Banco Central de Venezuela un supuesto «bolívar fuerte» con tres ceros menos. Orgulloso, aseguraba que la moneda venezolana iba a «recuperar todo el terreno perdido ante el dólar, el euro y todas las monedas del mundo».

Aquello quedó en el olvido por una mayor devaluación. En 2018 Nicolás Maduro repitió la técnica y también sacó de circulación los billetes y monedas de curso legal en ese momento. Ninguna garantizó el acceso a los venezolanos a un flujo regular del papel moneda, acrecentado justamente por la exacerbada inflación en el país.

Ahora, en 2021 el régimen chavista parece conmemorar el aniversario de la muerte de su líder supremo con otra devaluación.

El economista venezolanos Jesús Cacique hizo una explicación sencilla del valor de cada billete, aunque el dólar no oficial ya había subido minutos después. De 1.889.184 ya había pasado a 1.900.000. De acuerdo con su cálculo, el billete de 1 millón de bolívares vale apenas 0,52 centavos de dólar.

Venezuela ¿otra Zimbabue?

En resumen, el bolívar sigue sin equiparar el valor del dólar en un país con problemas económicos profundos como la escaza producción nacional, la corrupción o los elevados precios.

Los venezolanos prefieren hacer transacciones en dólares, desde la compra de alimentos hasta el canje de dólares deteriorados. En las calles se ofrece esta operación ante la imposibilidad de cambiar la divisa extranjera en sus instituciones bancarias.

Tantas distorsiones han llevado al país a devaluaciones interminables. El escenario parecería encaminarlo a lo que ya atravesó Zimbabue hasta 2015 con billetes que alcanzaban a tener 12 ceros. La similitud no pasó por alto en redes sociales al conocerse el lanzamiento del billete de 1 millón de bolívars.

A la par, el régimen de Maduro lleva adelante iniciativas que tampoco ayudarían a solucionar la crisis económica que atraviesa el país, como el mercado cambiario «socialista» con una dolarización digital o el hecho de que los bancos venezolanos acepten transacciones en bolívares desde cuentas en dólares.


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«Silvano, el chico del puente»: una historia de horror entre inmigrantes en Colombia

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Unos cobardes hijos de perra arrojan por un viaducto a un pobre chico peruano

 

Ayer leía sorprendido las últimas noticias de países tan hermanos como Colombia, Venezuela o Perú, que convergen en una historia terrible que me ha impactado profundamente igual que a millones de seres humanos por todo el mundo.

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VIDEO BRUTAL DEL CHICO PERUANO ASESINADO EN UN PUENTE

 

Colombia es el escenario de la tragedia, venezolanos son los victimarios y de Perú es el pobre chico protagonista de esta triste historia, de cuya veracidad no cabe dudar cuando los propios asesinos grabaron un vídeo de Tik Tok arrojando al pobre chico peruano por un puente.

Sí, señores, como lo oyen. Tras una estúpida y breve conversación, en la cual dejan claro que la nacionalidad de la víctima es el motivo de lo que van a hacer a continuación, uno de los migrantes venezolanos agarra al peruano Silvano Oblitas y lo lanza por el puente como si fuera un saco de patatas. Así de claro y así de descarnado.

«Bórralo: se murió lo que se murió»

 

Esta frase tan cruel la emitieron los propios asesinos, apenas hubieron lanzado a Silvano por el puente, sin duda con la intención de borrar la única prueba que existía sobre el crimen, pero por alguna razón decidieron no eliminar ese vídeo y lo compartieron de forma que se ha hecho viral por todo el mundo.

Nadie entiende cómo personas tan jóvenes pueden ejecutar un acto de tanta maldad sin razón aparente. Nadie entiende cómo se puede ser tan anormal.

En el vídeo que ellos mismos grabaron, se reproduce un absurdo y muy corto interrogatorio en el cual se le pregunta a Silvano Oblitas de dónde es y él contesta que peruano. Ésas serían sus últimas palabras. Inmediatamente, uno de esos desgraciados lo agarra como si fuera un fardo y lo arroja por encima del quitamiedos del viaducto, como si fuera un muñeco.

«Bórralo: se murió lo que se murió», dice uno de estos agresores, que parece celebrar la cobarde acción mientras su víctima aún vuela hacia la muerte.

 

El cadáver de Silvano Oblitas Cántaro fue rescatado en la localidad colombiana de Las Mojarras, en el departamento colombiano del Cauca. La Policía Científica iba a realizar las pruebas de ADN para determinar la identidad, aunque nadie espera que sea otro cuerpo que el de Silvano Oblitas Cántaro. Porque no todos los días aparecen subnormales como los tristes asesinos que han acabado con la vida de un pobre trabajador.

 

Los asesinos grabaron cómo lanzaban al chico peruano por el puente

 

El pobre chaval cae al vacío desde este viaducto, de decenas de metros de altura, para ir a estrellarse contra el fondo del mismo, a tantos metros por debajo que se pierde la estela del muchacho. Sin duda una de las escenas más horrorosas que he visto en mi vida, sobre todo, si tenemos en cuenta el contexto pueril y absurdo en que se desarrolla el crimen.

 

 

Si querían robarle lo último que le quedaba, después de un robo anterior que ya había sufrido el pobre chaval, ¿qué necesidad había de asesinarlo? ¿No les bastaba con haberle dado una paliza, puestos en lo peor, o cualquier cosa antes que cometer semejante villanía? Y lo más inquietante de todo: ¿para qué grabarlo en vídeo? Cuál era el objeto de semejante burrada que, para más inri, fue compartida en TikTok de inmediato, haciéndose viral mucho antes de que la propia familia del fallecido reportara su desaparición.

 

Una historia de migrantes ilegales acosados por la delincuencia

Un chaval de sólo 19 años cuyo único pecado fue viajar a Colombia para realizar unos negocios puntuales y volver, con las mercaderías de ropa qué pretendía adquirir en este país venderlas en el suyo: Perú. Un largo y azaroso viaje para un muchacho pobre, sin vehículo ni posibilidades de transportarse en un medio que no fueran sus propias piernas, al parecer, cuando tenemos varias fotografías suyas caminando por cunetas y finalmente por un puente, donde terminó sucediendo lo peor. Ése sería el final de su viaje.

 

Pese a la insistencia de sus hermanas, que le recomendaron no realizar este largo y peligroso viaje, Silvano Oblitas Cántaro era un atrevido joven con demasiadas ganas de ganar un dinero que faltaba en su casa. Y así se lanzó en esta aventura en la cual tuvo un primer contratiempo serio cuando su compañero de viaje, otro joven colombiano, lo abandonó a traición después de robarle cuanto pudo. Pues bien, querido pobre delincuente: ya ves en qué acabó la historia criminal que tú comenzaste, dejando a un pobre muchacho sin los ahorros que tanto le había costado reunir. Para que luego digan que el pobre no tiene más remedio que robar. Mentira.

 

 

La mayoría de las víctimas del crimen son pobres de necesidad como Silvano, con la diferencia de que en este caso su muerte fue grabada y divulgada con toda la malicia del mundo. Pero también con toda la necesaria difusión que semejante canallada requiere, en primer lugar, para resolver una desaparición que todavía no se había ni siquiera reportado cuando el pobre Silvano murió.

 

El calvario del chico del puente en Colombia: acababan de robarle todos sus ahorros cuando lo mataron

 

Al parecer, como decíamos antes, el primero que robó a Silvano fue un granuja colombiano que no necesariamente tenía nada que ver con los dos asesinos que posteriormente lo arrojarían desde el viaducto sin ninguna piedad ni razón aparente. Lo de Silvano parece un auténtico Vía Crucis.

 

El Pobre Silvano tuvo que recurrir a sus hermanas para pedir un depósito urgente de dinero y poder regresar a casa, puesto que el viaje había resultado un fracaso desde el principio, y éstas se pusieron en movimiento de inmediato para reunir la cantidad necesaria para costear ese viaje de vuelta. Sin embargo, cuando quisieron ponerse en contacto con él para comunicarle que ya tenían el dinero preparado, el teléfono de Silvano no recibía ya ninguna señal, lo que alarmó a estas jóvenes peruanas hasta el lógico punto de acudir a la comisaría de Policía de su localidad para dar reporte de su preocupación.

 

La Policía lo estaba buscando mientras se hacía viral «el vídeo del chico del puente»

 

La Policía de Colombia recibió la alerta de sus compañeros de Perú. Sí, señores. Esa Policía que ahora está en el objetivo principal de una campaña mundial, que viene de más atrás que el movimiento marxista Black Lives Matter, pues de lo que se trata aquí es de subvertir todo orden y ley imperantes. Socavar el estado en sus más elementales instituciones que son sus Fuerzas Armadas, su Policía, su Justicia y sus fronteras. Pues sin estas cuatro cosas, amigos, todos sabemos que no hay Estado de Derecho posible. Ni siquiera hay paz posible, como demuestran trágicamente hechos tan luctuosos como el del pobre chico peruano del puente de Colombia. Pero el Nuevo Orden Mundial no quiere la paz.

 

 

Por si fuera poca la tragedia vivida, al de hacerse viral ha producido una oleada de xenofobia entre los propios sudamericanos, con los pobres venezolanos en el centro del huracán, sobre todo en el Perú. Pero, ¿cómo no van a huir de su país los venezolanos si todos hemos visto lo que la basura castrista hecho con ellos? Y para rematar la faena están los bloqueos de EEUU, que sólo sirven para poder saquear mejor a Venezuela entre todos.

Los que mataron a un inmigrante peruano en ese puente en Colombia eran inmigrantes ilegales también, pero ante todo delincuentes fuera de todo control. Sin embargo, como siempre, pagan justos por pecadores y la indignación de peruanos y colombianos se ceba en los venezolanos en general. Un craso error, sin duda.

Urge reforzar las fronteras para controlar los flujos migratorios

 

Es importantísimo para impedir u obstaculizar la libre circulación de los delincuentes y tener cierto control de las personas normales, que entran y salen de los países, con el fin de poder cuidar mejor de propios y extraños. Para empezar, en la inmigración ilegal resulta muy difícil a la Policía localizar a las personas desaparecidas como Silvano Oblitas Cántaro.

 

¿Qué hubiera pasado de no hacerse viral el vídeo de Tik Tok del lanzamiento del chico peruano por el puente? No es difícil imaginarlo. Como se dice en la famosa canción de maná, Pobre Juan, su propia familia se hubiera tenido que exponer a los peligros de tener que ir a buscarlo a un país extraño donde no quedaba ninguna referencia de su paso. Ni una entrada en el pasaporte ni un alojamiento en ningún hotel ni nada de nada. Sería, en pocas palabras, como encontrar una aguja en el pajar, a falta de que algún perro localizase por casualidad unos restos humanos al pie de un viaducto.

 

¿Cómo evitar que se repita la triste historia de Silvano Oblitas Cántaro?

 

La crisis migratoria no es un fenómeno único de Europa, en Occidente, ni tampoco es un problema aislado de Estados Unidos en América. De hecho, mientras en México se abrían las vestiduras con el discurso del muro de Trump, que por cierto lleva construido desde la época de los Clinton por lo menos, sigue en funcionamiento una barrera muy similar en la frontera del Sur mexicano con Guatemala. Pero es que es necesario que así sea si no queremos que los flujos descontrolados de las migraciones, espoleados por las mafias de la trata de personas, conviertan todas las naciones en un polvorín y un caos.

Todo lo largo y ancho de Occidente estamos ante el asalto generalizado de las fronteras de las naciones. Una maniobra globalista ara desestabilizar ese conjunto de países con un modo de vida industrializado y ordenado, donde sus ciudadanos tienen derechos y libertades, mediante la introducción irregular de grandes contingentes de personas de otras procedencias y costumbres, imposibles de asimilar por la población y economía locales. Una verdadera conspiración mundial frente a la que debemos oponernos todos los seres humanos por igual. Porque todos somos víctimas de esta élite genocida y oponeos a ellos no tiene nada de racismo ni de privilegio blanco.

Este último episodio de violencia contra migrantes en América viene a confirmar la necesidad de regular y proteger las fronteras, más amenazadas que nunca por la verdadera plaga del Nuevo Orden Mundial. Sin las benditas fronteras, todos estamos en peligro.

 


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Internacional

Así no, Argentina: Fuga récord: los argentinos tienen más de 336.000 millones de dólares en cuentas en el extranjero

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Casa de cambio ofrece cotización oficial del dólar, Buenos Aires, Argentina, 29 de octubre de 2019
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El estatal Instituto Nacional de Estadística y Censos de Argentina (Indec) reveló en su más reciente informe que durante el tercer trimestre de este año los depósitos de ciudadanos de este país en cuentas en el extranjero alcanzaron una cifra récord de 336.224 millones de dólares.

La dimensión de esa fuga de capitales se demuestra en el hecho de que supera la deuda externa, que en su valor nominal alcanzó los 272.852 millones de dólares.
También representa casi siete veces más que los 50.996 millones obtenidos este año gracias a las exportaciones, y casi nueve veces más que los 38.499 millones de dólares que se erogaron en importaciones.

Otro dato que refleja el peso de la ausencia de esos capitales en territorio nacional es el de las reservas del estatal Banco Central, que apenas alcanzan los 41.378 millones de dólares.

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De acuerdo con el informe, el monto de depósitos en moneda extranjera creció en 12.059 millones de dólares durante el último año. Si se toma en cuenta la variación histórica, el aumento es todavía más abrupto, ya que en 2009 apenas había 161.918 millones de dólares de argentinos en el exterior. Es decir, que en una década se duplicaron.

Un indicador relevante es que en 2015 estos depósitos acumulaban 232.323 millones de dólares, pero en los siguientes años se intensificaron a pesar de que había un gobierno conservador que ofreció beneficios al empresariado y que incluso promovió multimillonarios blanqueos de capitales.

En diciembre de 2015, Mauricio Macri asumió para un periodo de gobierno de cuatro años en el que confió que contaría con el apoyo del establishment económico, pero la acelerada fuga de capitales demuestra que jamás confiaron en su gestión y no repatriaron sus cuentas.

Obsesión verde

En caso de trasladarse e invertirse en el país, estos fondos podrían ayudar a paliar la crisis económica que dejó Macri y que se agravó durante el gobierno de Alberto Fernández debido a la pandemia. El resultado es que más del 40 % de la población vive en la pobreza.

El ahorro en dólares es el único refugio que los argentinos han encontrado ante las intermitentes crisis económicas padecidas en las últimas décadas.

Por otra parte, el monto, que de por sí es récord, podría ser todavía mayor porque el Indec solo toma en cuenta las operaciones legales, las cuentas declaradas, pero hay miles de personas que no las reportan porque es una forma de evadir impuestos.

Todo ello se explica, en parte, porque el ahorro en dólares es el único refugio que los argentinos han encontrado ante las intermitentes crisis económicas padecidas en las últimas décadas.

En 1975, un ajuste provocó que la inflación aumentara más del 700 % anual. En 1989 fue todavía peor. Padecieron una hiperinflación superior al 3.000 %, con jornadas caóticas, saqueos a supermercados y reetiquetación de precios durante un mismo día.

Ya en los 90, la subordinación de la moneda argentina se consolidó cuando el gobierno de Carlos Menem decretó que un peso valía igual que un dólar, ficción que no se sostenía con las condiciones económicas del país y que terminó en una grave crisis, con decenas de muertos incluidos, en diciembre de 2001.

La crisis marcó el fin anticipado del presidente Fernando de la Rúa, quien solo pudo cumplir dos de los cuatro años para los que había sido elegido.

Desconfianza

Frente a cada uno de estos episodios, quienes podían compraban dólares para proteger sus ahorros. Aun así, fueron estafados con el «corralito» que estableció De la Rúa durante sus últimos días y que limitó la extracción de las cuentas de ahorro en dólares.

«El que depositó dólares, recibirá dólares», prometió más tarde el presidente interino Eduardo Duhalde. En realidad, quienes depositaron divisas recibieron pesos en bonos que se pagaron en plazos de varios años.

Aunque la convertibilidad que igualaba a la moneda local con la divisa norteamericana terminó en 2002, la desconfianza hacia los bancos y a los gobiernos persistió tanto como las prácticas que todavía hoy tienen al dólar y no al peso como moneda de referencia para la economía argentina de manera cotidiana.

Con Alberto Fernández, el dólar oficial ronda los 83 pesos, pero es casi inconseguible, así que la alternativa es el ilegal, que ya supera los 150 pesos.

En 2011, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien padeció nueve corridas bancarias de especuladores que impulsaban devaluaciones, aplicó una serie de controles al mercado cambiario que la prensa bautizó como «cepo», aunque en estricto sentido este no existía porque sí había alternativas para comprar la moneda estadounidense.

Pero entre más controles impuso el gobierno kirchnerista, mayor fue la compra del «dólar blue» o ilegal, que llegó a costar incluso un 70 % más que el dólar oficial, que era mucho más barato, pero de difícil acceso porque se debían cumplir múltiples trámites ante las autoridades fiscales.

Más tarde, una alta inflación que jamás fue reconocida por el kirchnerismo, conflictos con el pago de la deuda, la dispersión de los controles, el permanente temor a una crisis económica y las elecciones presidenciales formaron una mezcla que, otra vez, llevó a miles de argentinos a refugiarse en el dólar.

De 2011 a 2015, durante el segundo mandato de gobierno de Fernández de Kirchner, el dólar oficial aumentó su precio de 4,20 a 9,90 pesos, mientras que el ilegal se disparó de 4,80 a 14,60 pesos.

Cuando Macri asumió la Presidencia, cumplió su promesa de terminar con el «cepo». Así, en un solo día, el dólar oficial pasó de 9,9 a casi 15 pesos. Cuatro años más tarde, ya estaba en 63,30 pesos.

Con Alberto Fernández, el dólar oficial ronda los 83 pesos, pero es casi inconseguible, así que la alternativa es el ilegal, que ya supera los 150 pesos.


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