Apocalipsis mi culo (2): la conspiración de los dementes - ALERTA NACIONAL
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Apocalipsis mi culo (2): la conspiración de los dementes

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Por Laureano Benítez Grande-Caballero.- Promovida por la ONU, «La Agenda 21 es un plan integral de medidas que deben tomarse a nivel mundial, nacional y localmente por organizaciones del Sistema de las Naciones Unidas, los gobiernos y los grupos principales en todos los ámbitos de los impactos humanos sobre el medio ambiente».

Eso de «plan integral» esconde el eufemismo de que, como todas las actividades humanas tienen impacto sobre el medio ambiente, lo que se pretende es, simplemente, controlarlas todas.

Naturalmente, la llave maestra de esta macabra Agenda es el control de la población, cuyo número hay que disminuir drásticamente para acabar con la excesiva presión medioambiental que ejerce la superpoblación sobre nuestro Planeta. Esto es así hasta el punto de que los prebostes «verdes» coinciden unánimemente a la hora de afirmar que hay demasiada gente en la Tierra, por lo cual es urgente reducirla.

El objetivo de la Agenda se muestra claramente en el informe anual del Estado de la Población Mundial de 2009, titulado «Frente a un mundo cambiante: las mujeres, la población y el clima», donde se afirma:

1) «Cada nacimiento produce no sólo las emisiones atribuibles a esa persona en el transcurso de su vida, sino también las emisiones de todos sus descendientes. Por lo tanto, la reducción de emisiones previstas o planificadas de los nacimientos se multiplican con el tiempo».

2) «Ningún ser humano es verdaderamente “neutral en carbono”, especialmente cuando todos los gases de efecto invernadero se calculan en la ecuación. Por lo tanto, todos son parte del problema, por lo que todos deben ser parte de la solución de alguna manera».

Es decir, ¡¡se trata de reducir la población porque cada ser vivo que viene al mundo multiplica las emisiones que afectan al medio ambiente, lo mismo que harán sus descendientes!! Los seres humanos respiran: he ahí el problema para la Agenda 21.

Esta diabólica Agenda es promovida en el sistema mundo por una pléyade de pseudocientíficos y pseudopensadores, eco-profetas enloquecidos, verdaderos sociópatas, impresentables dementes —«nutjobs», para decirlo con el término que se aplica en inglés a los chiflados—, que pululan por las principales universidades y foros mundialistas, y que suspiran por ver exterminada a una gran parte de la Humanidad.

Uno de los más eximios profetas de esta Agenda es Al Gore, el de la «verdad incómoda», a quien se deben estas tremendas palabras: «Una de las cosas que podríamos hacer es cambiar las tecnologías, para minimizar esta contaminación, para estabilizar la población, y una de las maneras principales de hacerlo es capacitar y educar a las niñas y las mujeres. Hay que proporcionar los medios para que las mujeres puedan decidir cuántos hijos tener, y el espaciamiento de éstos». Blanco y en botella, Mr. Gore —nombre muy adecuado para este encantador de serpientes, por cierto—.

Pero Al Gore no es sino uno más en la luciferina constelación de «nutjobs», donde hay ejemplares cuyo odio genocida a la humanidad prudce auténtico pavor. Por ejemplo, tenemos a un tal James Lovelock —el creador de la «Hipótesis Gaia»—, autor de un diabólico pronunciamiento donde afirma sin tapujos que «la democracia debe ser puesta en espera» para asegurar el éxito en la lucha contra el calentamiento global, y propone que «solamente se debe permitir a unas pocas personas gobernar el planeta hasta que la crisis se resuelva». Impresionante.

Aunque más lejos va todavía el finlandés Pentti Linkola, quien llama descaradamente a que los disidentes sobre el calentamiento global sean re-educados por un Gobierno Mundil eco-fascista, con poderes incluso para esterilizar y asesinar. Realmente abracadabrante esta espiral de barbaridades, donde estos «nutjobs» compiten para ver quién es más diabólico.

Tampoco desmerece en esta maligna conspiración Eric R. Pianka, profesor de Biología en la Universidad de Texas en Austin, hierofante que, en un artículo titulado «Lo que nadie quiere oír, pero todo el mundo tiene que saber», afirma que «este planeta podría ser capaz de soportar tal vez hasta quinientos millones de personas que podrían vivir una vida sostenible con relativa comodidad. La población humana debe ser disminuida en gran medida, y lo más rápido posible para limitar el daño ambiental adicional. No tengo ninguna mala voluntad hacia la humanidad. Sin embargo, estoy convencido de que claramente el mundo sería mucho mejor sin tantos de nosotros». Y sin él, pues mucho mejor todavía —por cierto, por qué esta fijación de los chalados con la cifra de 500 millones, justo la misma que recomendaba el «Georgia Guidestone»?

En estas «perlas cultivadas» de la Agenda 21 figuran también destacados miembros de la plutocracia transnacional que conspira por el NOM aunque no tengan ni pajonera idea de los problemas medioambientales. Pero, claro, a fin de cuentas de ellos son las manos que mecen la cuna y untan a tantos científicos. Pasen y vean:

David Rockefeller

David Rockefeller

David Rockefeller: «El impacto negativo del crecimiento de la población en todos los ecosistemas de nuestro planeta se está volviendo terriblemente evidente».

El fundador de CNN Ted Turner: «Una población total de 250-300 millones de personas, una disminución del 95% de los niveles actuales, sería lo ideal».

Dave Foreman, «Earth First Co-Fundador»: «Mis tres metas fundamentales serían reducir la población mundial a unos 100 millones de habitantes, destruir el tejido industrial y procurar que la vida salvaje, con todas sus especies, se recobre en todo el mundo».

Christopher Manes, aspirante a «¡Earth First!»: «La extinción de la especie humana no sólo es inevitable, es una buena cosa».

Club de Roma: «Buscando un nuevo enemigo frente al que recobrar la unidad de acción se nos ocurrió la idea de que la polución, la amenaza del calentamiento global, el déficit de agua potable, el hambre y cosas así cumplirían muy bien esa labor».

Stephen Schneider, «Stanford Profesor of Climatology», autor de muchos de los informes del IPCC — «Intergovernmental Panel on Climate Change , organización internacional creada en 1988 por dos organizaciones de Naciones Unidas: la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA): «Necesitamos un amplio apoyo para estimular la fantasía del público… Para ello debemos ofrecer escenarios terroríficos, realizar declaraciones dramáticas y simples y no permitir demasiadas dudas… Cada uno de nosotros debe decidir dónde está el balance entre efectividad y honestidad».

Maurice Strong: «¿No es la única esperanza para el planeta que las civilizaciones industrializadas colapsen? ¿No es nuestra responsabilidad que eso suceda?».

Michael Oppenheimer: «La única esperanza para el mundo es asegurarse de que no hay otro Estados Unidos: no podemos dejar que otros países tengan el mismo número de automóviles, el importe de la industrialización, que tenemos en los EE.UU. Tenemos que detener los países del Tercer Mundo justo donde están».

Esta agenda radical es incluso representada por la Casa Blanca: John P. Holdren, asesor científico del Gobierno de Barack Obama, fue coautor de un libro de texto titulado «Ecociencia» en 1977, en el que defendió la esterilización masiva, el aborto obligatorio, un Gobierno Mundial y una fuerza policial global de aplicación de control de la población. En la página 837 de «Ecociencia», se hace una declaración de que el aborto obligatorio sería perfectamente legal bajo la Constitución de los EE.UU: «De hecho, se ha concluido que el obligatorio control de la población-las leyes, aun incluyendo las leyes que exigen el aborto obligatorio, puede ser sostenida en la Constitución vigente, si la crisis de la población se convierte en suficientemente peligrosa para la sociedad”.

En las páginas 942 y 943, se hace un llamamiento para la creación de un «régimen planetario» que controle la economía mundial y haga cumplir las medidas de control de la población», en un memorable párrafo donde presenta a la perfección el programa totalitario de un Gobierno Mundial, con la excusa de la preservación medioamabiental:

«Tal vez estos organismos, junto con el PNUMA y los organismos de las Naciones Unidas para la población, con el tiempo podría llegar a convertirse en un régimen planetario, una especie de superagencia internacional para la población, los recursos y el medio ambiente. Dicho Régimen Planetario global podría controlar el desarrollo, administración, conservación y distribución de todos los recursos naturales, renovables o no renovables, por lo menos en la medida en consecuencias internacionales existentes. Así, el régimen podría tener el poder para controlar la contaminación no sólo en la atmósfera y los océanos, sino también en los cuerpos de agua dulce, como ríos y lagos que cruzan fronteras internacionales o descarga en los océanos. El régimen también podría ser un organismo central para la lógica que regula todo el comercio internacional, incluyendo tal vez la asistencia de países en desarrollo a los países menos adelantados, e incluyendo todos los alimentos en el mercado internacional…

[…] El Régimen Planetario podría estar facultado para determinar el óptimo de población para el mundo y para cada región y para arbitrar las acciones de varios países dentro de sus límites regionales. El control de la población podría seguir siendo la responsabilidad de cada gobierno, pero el régimen tendría algún poder para hacer cumplir los límites acordados».

Y en la página 917, como no podía ser menos, defiende la entrega de la soberanía nacional a una organización internacional: «Si esto pudiera lograrse, la seguridad puede ser suministrada por una organización armada internacional, un análogo de nivel mundial de una fuerza policial. Muchas personas han reconocido esto como una meta, si no el camino para llegar a ella permanece en la oscuridad en un mundo donde las facciones parecen, en todo caso, ir en aumento. El primer paso implica necesariamente la entrega parcial de la soberanía a una organización internacional».

«La Tierra tiene cáncer, y ese cáncer es el hombre», he aquí el terrible lema del ecofascismo.

Pero aún hay más, damas y caballeros, porque la corriente ecofascista cuenta con la impagable adhesión de Bergoglio, y de una parte sustancial de la jerarquía católica. Cosas veredes, pues, en un tiempo en el que la Iglesia católica está amenazada por una pavorosa apostasía, en el que el genocidio de católicos en no pocos países del mundo está a la orden del día, en el que la fe cristiana es cada vez más perseguida, Bergoglio ejerce un pontificado trufado de franciscanismo, de ecologismo sin par, hasta el punto de que los problemas medioambientales son, junto a su obsesión por el multiculturalismo, los ejes de su mandato. Bondad graciosa.

Tal es la fijación ecologista de Bergoglio, que incluso le dedicó la segunda de sus encíclicas, que tenía por título «Laudato Si», publicada en 2015. En ella, con la excusa de una pretendida catástrofe ecológica —prevista ya por Pablo VI, a quien Bergoglio cita, pero que después de 45 años sigue sin producirse— el Pontífice propone una serie de cambios políticos y económicos tendentes a evitar que se consume ese supuesto desastre medioambiental, cambios que concuerdan a la perfección con los postulados de la izquierda radical, en los que subyace una crítica al capitalismo.

Naturalmente, el corolario de esa supuesta catástrofe planetaria es que hace falta un «Gobierno Mundial» intervencionista que labore por conjurar los peligros que supone para la humanidad las amenazas medioambientales actuales.

Si resulta ya de por sí chocante que se dedique una encíclica pontificia a estos temas ecológicos, más peregrino —y cómico— es que en ella se hable de «evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, (…) tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público» o «plantar árboles y apagar las luces innecesarias (sic)». Eso sí, se le olvidó condenar la caza. En fin, no se puede estar en todo.

Patrick Moore

Patrick Moore

Toda esta parafernalia de medidas ecologistas a lo «boy-scout» va encaminada a justificar la verdadera joya de la corona: la necesidad de «una verdadera Autoridad política mundial» que desarrolle «una agricultura sostenible y diversificada», «formas renovables y poco contaminantes de energía», y asegure el acceso de todos al agua potable. Esta Autoridad Mundial debe imponerse por encima de los países, a través de organismos internacionales fuertes y eficazmente organizados, dotados con poder para sancionar, por ejemplo, sobre el abuso de los aparatos de aire acondicionado (sic).

En este clamor genocida que la banda de psicópatas, de «nutjobs» lo-juro-por-mi-madre lanzan al mundo, como los graznidos de una bandada de siniestros cuervos, pocas veces pueden escucharse voces disidentes. Una de ellas es Patrick Moore, expresidente de «Greenpeace» —hoy es un lobista de la industria nuclear, como consultor de relaciones públicas a través de su firma «Greenspirit Strategies»—, en una entrevista en la cadena de radio «SiriusXM» declaró que «el calentamiento global es la mayor estafa de la historia», «una campaña de miedo llevada a cabo por científicos corruptos enganchados a subvenciones gubernamentales», cuya intención es aprovecharse del miedo y la culpa para controlar la mente y las carteras de las personas: «¡El CO2 es el alimento de la vida! No es contaminación. La catástrofe climática es estrictamente una campaña de miedo. Bueno, miedo y culpa. Los científicos intentan producir más miedo para que los políticos puedan usarlo para controlar la mente de las personas y obtener sus votos. Así muchos podrán decir: “Oh, este político puede salvarme”».

Y dejo para otra ocasión el dantesco asunto de las fumigaciones masivas con las que este aquelarre de dementes quiere cambiar el clima y reducir la población. Porque esta panda de lunáticos-luciferinos va en serio.

Artículo extraído de su libro de próxima publicación: “La Patria traicionada: España en el Nuevo Orden Mundial” 


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Un estudio refuerza la teoría de que los caribes eran caníbales

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El estudio del hallazgo revela que la presencia de los caribes en la región era mucho más prominente, lo que le da crédito a Cristobal Colón.
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La tecnología del siglo XXI ha avalado la veracidad de los desgarradores testimonios de Cristóbal Colón sobre la práctica del canibalismo por los indios caribes.

Utilizando análisis equivalentes al reconocimiento facial, los investigadores analizaron los cráneos de los primeros habitantes del Caribe, descubriendo las relaciones entre los grupos de personas y poniendo al descubierto antiguas hipótesis sobre cómo las islas fueron colonizadas por primera vez.

Un hallazgo sorprendente del estudio, publicado en Scientific Reports, fue que los caribes, que habitaban América del Sur y supuestos caníbales, invadieron Jamaica, La Española y las Bahamas, revocando medio siglo de suposiciones de que nunca llegaron más al norte que Guadalupe, en las Pequeñas Antillas.

“Pasé años tratando de demostrar que Colón estaba equivocado cuando tenía razón: había caribes en el norte del mar Caribe cuando llegó el explorador”, dijo William Keegan, conservador de arqueología caribeña del Museo de Historia Natural de Florida. “Vamos a tener que reinterpretar todo lo que creíamos saber”, agregó el experto.
Cráneos caníbales

Utilizando análisis equivalentes al reconocimiento facial, los investigadores analizaron los cráneos de los primeros habitantes del Caribe, descubriendo las relaciones entre los grupos de personas.

Utilizando análisis equivalentes al reconocimiento facial, los investigadores analizaron los cráneos de los primeros habitantes del Caribe, descubriendo las relaciones entre los grupos de personas.

Colón había contado cómo los pacíficos arawaks en las modernas Bahamas estaban aterrorizados por saqueadores que describió erróneamente como ‘Caniba’, los súbditos asiáticos de Gengis Khan. Sus sucesores españoles corrigieron el nombre, llamándolos ‘Caribe’, unas décadas más tarde, pero los nombres de sonido similar llevaron a la mayoría de los arqueólogos a una confusión: ¿cómo pudieron los caribes haber estado en las Bahamas cuando su puesto de avanzada más cercano estaba 1.500 kilómetros al sur?

Pero los cráneos revelan que la presencia de los caribes en la región era mucho más prominente de lo que se pensaba anteriormente, lo que da crédito a las afirmaciones de Colón.

Los primeros habitantes del Caribe

Alrededor del año 800 d. C., se dirigieron al norte, hacia La Española y Jamaica, y luego a las Bahamas, donde estaban bien establecidos cuando Colón llegó.

Estudios anteriores se basaron en artefactos como herramientas y cerámica para rastrear el origen geográfico y el movimiento de personas a través del Caribe a lo largo del tiempo. Agregar un componente biológico pone la historia de la región en un enfoque más agudo, dijo Ann Ross, profesora de ciencias biológicas en la Universidad Estatal de Carolina del Norte, y autora principal del estudio.

Ross utilizó puntos de referencia faciales en 3D, como el tamaño de la cuenca del ojo o la longitud de una nariz, para analizar más de 100 cráneos que datan de aproximadamente el 800 d.C. al 1542. Estos puntos de referencia pueden actuar como un indicador genético para determinar qué tan cerca están las personas relacionadas entre sí.

El análisis no solo reveló tres grupos distintos de personas del Caribe, sino también sus rutas de migración, que fueron “realmente sorprendente”, dijo Ross.

La observación de los rostros antiguos muestra que los primeros colonos del Caribe vinieron de Yucatán, y se mudaron a Cuba y las Antillas del Norte, lo que respalda una hipótesis previa basada en similitudes en las herramientas de piedra.

Los hablantes de arawak de la costa de Colombia y Venezuela emigraron a Puerto Rico entre 800 y 200 a.C., un viaje también documentado en cerámica.

Alrededor del año 800 d. C., se dirigieron al norte, hacia La Española y Jamaica, y luego a las Bahamas, donde estaban bien establecidos cuando Colón llegó.

La monarquía española inicialmente pagaba a los indígenas por su trabajo, pero revirtió su posición después de recibir informes de que se negaban a convertirse al cristianismo

Sin embargo, los primeros habitantes de las Bahamas y la Española no eran de Cuba como comúnmente se pensaba, sino del noroeste del Amazonas: los caribes. Alrededor del año 800 d. C., se dirigieron al norte, hacia La Española y Jamaica, y luego a las Bahamas, donde estaban bien establecidos cuando Colón llegó: “estuve perplejo durante años porque no tenía este componente bahameño. Por eso, estos restos son tan claves, pues cambiarán la perspectiva sobre los pobladores la población del Caribe”, aseveró Ross.

Para Keegan, el descubrimiento resuelve un enigma que lo atormentó durante años: por qué un tipo de cerámica conocida como meillacoide aparece en La Española en el año 800 D.C, en Jamaica alrededor del 900 y en las Bahamas alrededor del 1000.

“¿Por qué esta cerámica era tan diferente de todo lo que vemos? Eso me había inquietado”, dijo. “Tiene sentido que la cerámica meillacoide se asocie con la expansión caribe”.

La aparición repentina de la cerámica meillacoide también se corresponde con una reorganización general de los humanos en el Caribe después de un período de tranquilidad de 1.000 años, más evidencia de que “los invasores caribes estaban en movimiento”, dijo Keegan.

Canibalismo y esclavización

Entonces, ¿había algún sentido en los cuentos de canibalismo?

Posiblemente, dijo Keegan, los arawaks y los caribes eran enemigos, pero a menudo vivían cerca, con matrimonios ocasionales antes de que estallaran las enemistades, dijo Keegan. “Tal vez hubo algo de canibalismo involucrado. Si necesitas asustar a tus enemigos, esa es una muy buena manera de hacerlo”.

La monarquía española inicialmente pagaba a los indígenas por su trabajo, pero revirtió su posición después de recibir informes de que se negaban a convertirse al cristianismo

Sea o no exacto, la percepción europea de que los caribes eran caníbales tuvo un tremendo impacto en la historia de la región, dijo. La monarquía española inicialmente insistió en que a los indígenas se les pagara por el trabajo y se los tratara con respeto, pero revirtió su posición después de recibir informes de que se negaban a convertirse al cristianismo y comían carne humana.

“La corona dijo, ‘bueno, si se van a comportar de esa manera, pueden ser esclavizados’. De repente, todas las personas nativas en todo el Caribe se convirtieron en caribes en lo que concernía a los colonos”, puntualizó Keegan.


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El astronauta Pedro Duque seguirá al frente de Ciencia aunque sin las competencias en Universidades

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El astronauta Pedro Duque seguirá al frente del Ministerio de Ciencia, según ha podido saber Europa Press, aunque perderá las competencias en Universidades, que conformarán un nuevo Ministerio al frente del cual estará el sociólogo Manuel Castells.

Duque, que accedió al cargo en junio de 2018, nació en Madrid en 1963, es Ingeniero Aeronáutico por la Universidad Politécnica de Madrid (Escuela Técnica Superior de Ingenieros Aeronáuticos) y Académico Correspondiente de la Real Academia de Ingeniería de España (RAING) desde 1999. Es el primer y único español que ha viajado al espacio por el momento.

La llegada de Duque al ministerio no estuvo exenta de polémica tras conocerse que el ya ministro poseía una sociedad patrimonial con la que habría adquirido una vivienda. Entonces, se defendió asegurando que le recomendaron la sociedad, que había liquidado impuestos y que le costaba mucho deshacerla.

Al margen de esta polémica, durante el tiempo que ha estado al frente del Ministerio, Duque ha sacado adelante algunas de las medidas que llevaban tiempo siendo demandas por la comunidad científica, como la eliminación de las intervención previa en los organismos públicos de investigación.

El ministro también ha creado un nuevo sexenio, el de transferencia del conocimiento, para reconocer a aquellos investigadores que se dediquen a la formación de otros investigadores o que generen valor económico y/o social.

Para lograr una mayor igualdad, el departamento dirigido por Duque también ha modificado la Ley de la Ciencia para que las investigadores en situaciones de maternidad y paternidad, así como de incapacidad temporal, no se vean discriminados en la selección y evaluación de su actividad científica.

También ha creado el Observatorio ‘Mujeres, Ciencia e Innovación’ para la Igualdad de Género (OMCI) y ha recuperado la convocatoria de los Premios Nacionales de Investigación, tras un paréntesis de cuatro años.

Entre los retos que el ministro tendrá que asumir en esta nueva legislatura, está el Estatuto del Personal Investigador en Formación (EPIF) o la extensión del sistema de incentivos basado en la evaluación de méritos, sexenios y quinquenios del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y de universidades al resto de Organismos Públicos de Investigación (OPI) –en total hay seis–, algo que por Ley debería haberse aplicado desde 2014.


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China adopta unas maliciosas normas de “ciberseguridad”

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La completa visibilidad de Pekín en las redes de las empresas extranjeras tendrá consecuencias sumamente perjudiciales. (Foto: Wikimedia Commons)
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Por Gordon G. Chang. El 1 de enero, entra en vigor la Ley de Criptografía de China. Esta legislación sigue a la implementación el 1 de diciembre del Esquema de Protección Multinivel 2.0, emitido al amparo de la Ley de Ciberseguridad de 2016.

En conjunto, estas medidas demuestran la absoluta determinación de Pekín de confiscar a las empresas extranjeras todas sus comunicaciones, sus datos y otra información almacenada en formato electrónico en China.

El presidente Trump debería usar sus poderes de emergencia para prohibir a las empresas estadounidenses cumplir las nuevas normas o almacenar datos en China.

Después de que todas estas normas de “ciberseguridad” estén vigentes, ninguna empresa extranjera podrá encriptar los datos para evitar que pueda leerlos el Gobierno central chino y el Partido Comunista de China. Con otras palabras, las empresas tendrán que entregar sus claves de cifrado.

A las empresas también se les prohibirá emplear redes privadas virtuales para mantener los datos en secreto, y algunos creen que ya no podrán usar servidores privados.

El sistema de Pekín, una vez implementado, será tan invasivo que las autoridades chinas ya no necesitarán pedirles a las empresas extranjeras que entreguen los datos. Los funcionarios chinos podrán simplemente tomar esos datos por su cuenta.

“Una vez que los datos cruzan la frontera china en una red —escribe Steve Dickinson en el China Law Blog—, el 100% de los datos estarán íntegramente a disposición del Gobierno chino y el PCC.”

La completa visibilidad de Pekín en las redes de las empresas extranjeras tendrá consecuencias sumamente perjudiciales, señala Dickinson. Primero, la ley china permitirá a los funcionarios chinos compartir la información confiscada con las empresas estatales. Esto significa que las empresas estatales podrán usar esa información contra sus competidores extranjeros.

Segundo, las nuevas normas de China, casi seguramente, harán que las empresas extranjeras pierdan la protección del secreto comercial en todo el mundo. Un secreto comercial pierde su estatus como tal cuando se divulga ampliamente. Una vez que una empresa permite que ese secreto entre en su red china, la empresa debe saber que Pekín lo sabrá. “Puesto que ninguna empresa puede razonablemente asumir que sus secretos comerciales seguirán siendo secretos una vez sean transmitidos a China por una red de control chino, corren el gran riesgo de que también se evapore la protección de sus secretos comerciales fuera de China”, escribe Dickinson.

Tercero, el programa de ciberseguridad de China expone a las empresas a sanciones por vulnerar las leyes estadounidenses de exportación de tecnología. Las empresas han asumido que la tecnología cubierta por las prohibiciones de exportación estadounidenses no se “exporta” si se mantiene en una red china protegida por el cifrado de extremo a extremo, es decir, que no esté a disposición de las autoridades chinas. Como a las empresas ya no se les permitirá encriptar los datos de extremo a extremo, es casi seguro que se considerará que vulneran las normas estadounidenses respecto a la tecnología almacenada en una red de China.

No todos los analistas están alarmados por las medidas chinas del 1 de diciembre. James Andrew Lewis, por ejemplo, sostiene que las nuevas normas de Pekín son un “esfuerzo legítimo” de proteger las redes en China. Además, argumenta que los chinos no necesitan el Esquema de Protección Multinivel 2.0 para obtener información, porque pueden robar toda la que quieran con sus grupos avanzados de hackers APT (amenaza persistente avanzada, por sus siglas en inglés). “Su intención no es utilizarla con fines maliciosos”, arguye Lewis, refiriéndose a los funcionarios chinos.

Se desconoce cómo Lewis, un experto en tecnología del Center for Strategic and International Studies, de Washington, puede saber cuál es la intención de los funcionarios chinos. Además, decir que esa intención es benigna parece ingenuo —ridículo, incluso—, cuando ese país está robando cientos de miles de millones de dólares de propiedad intelectual estadounidense cada año, y cuando el dirigente chino Xi Jinping prosigue sus decididos ataques contra las empresas extranjeras. En estas circunstancias, hemos de asumir que los funcionarios chinos están actuando con intenciones malignas.

Lewis también restan importancia a la cuestión básica de que los ciberespías de China, una vez que tengas las claves de cifrado y acceso a la red china de una firma extranjera, estarán en mejor posición para penetrar las redes de esa firma fuera de China. Por lo tanto, será sólo cuestión de tiempo que Pekín robe datos y saque a las empresas del mercado o las arruine hasta el punto de que entidades chinas puedan abalanzarse y comprarlas baratas. Muchos alegan que China robó datos a Nortel Networks, de Canadá, y que así la llevó a la bancarrota hace casi una década. La empresa quedó, según el Financial Post, “hackeada hasta dejarla hecha pedazos”.

Por último, Lewis, del CSIS, no reconoce que las normas de Pekín del 1 de diciembre legitiman en general la regulación de China y su función de custodio de la información, es decir, el robo de China.

El senador Josh Hawley es, con razón, más suspicaz respecto a las intenciones de Pekín. En noviembre, el republicano de Misuri presentó un proyecto de ley, la Ley de Protección de Datos y Seguridad Nacional de 2019, que prohíbe a las empresas estadounidenses almacenar los datos de usuario o las claves de cifrado en China. Por supuesto, las empresas tecnológicas que hacen negocios en ese país están en contra de este proyecto de ley.

Sin embargo, hay quienes, con un trazo de pluma, pueden implementar el proyecto de ley de Hawley. El presidente Donald John Trump puede usar sus amplios poderes al amparo de la Ley de los Poderes Económicos de la Emergencia Internacional de 1977 para prohibir a las empresas que acaten las perniciosas nuevas normas o almacenen sus datos en China.

La lógica de esa orden presidencial tan radical es que al pueblo estadounidense le interesa que China no se haga con el control de las empresas estadounidenses que operan allí, una probable consecuencia de la aplicación de las medidas del 1 de diciembre y el 1 de enero.

Esa orden de emergencia obligaría efectivamente a las empresas estadounidenses a salir de China, así que este paso sería drástico. Sin embargo, es China, con su captura de datos increíblemente ambiciosa, la que está forzando esa cuestión.

El pueblo estadounidense tiene un interés vital en la protección de los datos estadounidenses. Trump debería emitir dicha orden de inmediato.

(Gatestone Institute)


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