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Apocalipsis mi culo (2): la conspiración de los dementes

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Por Laureano Benítez Grande-Caballero.- Promovida por la ONU, «La Agenda 21 es un plan integral de medidas que deben tomarse a nivel mundial, nacional y localmente por organizaciones del Sistema de las Naciones Unidas, los gobiernos y los grupos principales en todos los ámbitos de los impactos humanos sobre el medio ambiente».

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Eso de «plan integral» esconde el eufemismo de que, como todas las actividades humanas tienen impacto sobre el medio ambiente, lo que se pretende es, simplemente, controlarlas todas.

Naturalmente, la llave maestra de esta macabra Agenda es el control de la población, cuyo número hay que disminuir drásticamente para acabar con la excesiva presión medioambiental que ejerce la superpoblación sobre nuestro Planeta. Esto es así hasta el punto de que los prebostes «verdes» coinciden unánimemente a la hora de afirmar que hay demasiada gente en la Tierra, por lo cual es urgente reducirla.

El objetivo de la Agenda se muestra claramente en el informe anual del Estado de la Población Mundial de 2009, titulado «Frente a un mundo cambiante: las mujeres, la población y el clima», donde se afirma:

1) «Cada nacimiento produce no sólo las emisiones atribuibles a esa persona en el transcurso de su vida, sino también las emisiones de todos sus descendientes. Por lo tanto, la reducción de emisiones previstas o planificadas de los nacimientos se multiplican con el tiempo».

2) «Ningún ser humano es verdaderamente “neutral en carbono”, especialmente cuando todos los gases de efecto invernadero se calculan en la ecuación. Por lo tanto, todos son parte del problema, por lo que todos deben ser parte de la solución de alguna manera».

Es decir, ¡¡se trata de reducir la población porque cada ser vivo que viene al mundo multiplica las emisiones que afectan al medio ambiente, lo mismo que harán sus descendientes!! Los seres humanos respiran: he ahí el problema para la Agenda 21.

Esta diabólica Agenda es promovida en el sistema mundo por una pléyade de pseudocientíficos y pseudopensadores, eco-profetas enloquecidos, verdaderos sociópatas, impresentables dementes —«nutjobs», para decirlo con el término que se aplica en inglés a los chiflados—, que pululan por las principales universidades y foros mundialistas, y que suspiran por ver exterminada a una gran parte de la Humanidad.

Uno de los más eximios profetas de esta Agenda es Al Gore, el de la «verdad incómoda», a quien se deben estas tremendas palabras: «Una de las cosas que podríamos hacer es cambiar las tecnologías, para minimizar esta contaminación, para estabilizar la población, y una de las maneras principales de hacerlo es capacitar y educar a las niñas y las mujeres. Hay que proporcionar los medios para que las mujeres puedan decidir cuántos hijos tener, y el espaciamiento de éstos». Blanco y en botella, Mr. Gore —nombre muy adecuado para este encantador de serpientes, por cierto—.

Pero Al Gore no es sino uno más en la luciferina constelación de «nutjobs», donde hay ejemplares cuyo odio genocida a la humanidad prudce auténtico pavor. Por ejemplo, tenemos a un tal James Lovelock —el creador de la «Hipótesis Gaia»—, autor de un diabólico pronunciamiento donde afirma sin tapujos que «la democracia debe ser puesta en espera» para asegurar el éxito en la lucha contra el calentamiento global, y propone que «solamente se debe permitir a unas pocas personas gobernar el planeta hasta que la crisis se resuelva». Impresionante.

Aunque más lejos va todavía el finlandés Pentti Linkola, quien llama descaradamente a que los disidentes sobre el calentamiento global sean re-educados por un Gobierno Mundil eco-fascista, con poderes incluso para esterilizar y asesinar. Realmente abracadabrante esta espiral de barbaridades, donde estos «nutjobs» compiten para ver quién es más diabólico.

Tampoco desmerece en esta maligna conspiración Eric R. Pianka, profesor de Biología en la Universidad de Texas en Austin, hierofante que, en un artículo titulado «Lo que nadie quiere oír, pero todo el mundo tiene que saber», afirma que «este planeta podría ser capaz de soportar tal vez hasta quinientos millones de personas que podrían vivir una vida sostenible con relativa comodidad. La población humana debe ser disminuida en gran medida, y lo más rápido posible para limitar el daño ambiental adicional. No tengo ninguna mala voluntad hacia la humanidad. Sin embargo, estoy convencido de que claramente el mundo sería mucho mejor sin tantos de nosotros». Y sin él, pues mucho mejor todavía —por cierto, por qué esta fijación de los chalados con la cifra de 500 millones, justo la misma que recomendaba el «Georgia Guidestone»?

En estas «perlas cultivadas» de la Agenda 21 figuran también destacados miembros de la plutocracia transnacional que conspira por el NOM aunque no tengan ni pajonera idea de los problemas medioambientales. Pero, claro, a fin de cuentas de ellos son las manos que mecen la cuna y untan a tantos científicos. Pasen y vean:

David Rockefeller

David Rockefeller

David Rockefeller: «El impacto negativo del crecimiento de la población en todos los ecosistemas de nuestro planeta se está volviendo terriblemente evidente».

El fundador de CNN Ted Turner: «Una población total de 250-300 millones de personas, una disminución del 95% de los niveles actuales, sería lo ideal».

Dave Foreman, «Earth First Co-Fundador»: «Mis tres metas fundamentales serían reducir la población mundial a unos 100 millones de habitantes, destruir el tejido industrial y procurar que la vida salvaje, con todas sus especies, se recobre en todo el mundo».

Christopher Manes, aspirante a «¡Earth First!»: «La extinción de la especie humana no sólo es inevitable, es una buena cosa».

Club de Roma: «Buscando un nuevo enemigo frente al que recobrar la unidad de acción se nos ocurrió la idea de que la polución, la amenaza del calentamiento global, el déficit de agua potable, el hambre y cosas así cumplirían muy bien esa labor».

Stephen Schneider, «Stanford Profesor of Climatology», autor de muchos de los informes del IPCC — «Intergovernmental Panel on Climate Change , organización internacional creada en 1988 por dos organizaciones de Naciones Unidas: la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA): «Necesitamos un amplio apoyo para estimular la fantasía del público… Para ello debemos ofrecer escenarios terroríficos, realizar declaraciones dramáticas y simples y no permitir demasiadas dudas… Cada uno de nosotros debe decidir dónde está el balance entre efectividad y honestidad».

Maurice Strong: «¿No es la única esperanza para el planeta que las civilizaciones industrializadas colapsen? ¿No es nuestra responsabilidad que eso suceda?».

Michael Oppenheimer: «La única esperanza para el mundo es asegurarse de que no hay otro Estados Unidos: no podemos dejar que otros países tengan el mismo número de automóviles, el importe de la industrialización, que tenemos en los EE.UU. Tenemos que detener los países del Tercer Mundo justo donde están».

Esta agenda radical es incluso representada por la Casa Blanca: John P. Holdren, asesor científico del Gobierno de Barack Obama, fue coautor de un libro de texto titulado «Ecociencia» en 1977, en el que defendió la esterilización masiva, el aborto obligatorio, un Gobierno Mundial y una fuerza policial global de aplicación de control de la población. En la página 837 de «Ecociencia», se hace una declaración de que el aborto obligatorio sería perfectamente legal bajo la Constitución de los EE.UU: «De hecho, se ha concluido que el obligatorio control de la población-las leyes, aun incluyendo las leyes que exigen el aborto obligatorio, puede ser sostenida en la Constitución vigente, si la crisis de la población se convierte en suficientemente peligrosa para la sociedad”.

En las páginas 942 y 943, se hace un llamamiento para la creación de un «régimen planetario» que controle la economía mundial y haga cumplir las medidas de control de la población», en un memorable párrafo donde presenta a la perfección el programa totalitario de un Gobierno Mundial, con la excusa de la preservación medioamabiental:

«Tal vez estos organismos, junto con el PNUMA y los organismos de las Naciones Unidas para la población, con el tiempo podría llegar a convertirse en un régimen planetario, una especie de superagencia internacional para la población, los recursos y el medio ambiente. Dicho Régimen Planetario global podría controlar el desarrollo, administración, conservación y distribución de todos los recursos naturales, renovables o no renovables, por lo menos en la medida en consecuencias internacionales existentes. Así, el régimen podría tener el poder para controlar la contaminación no sólo en la atmósfera y los océanos, sino también en los cuerpos de agua dulce, como ríos y lagos que cruzan fronteras internacionales o descarga en los océanos. El régimen también podría ser un organismo central para la lógica que regula todo el comercio internacional, incluyendo tal vez la asistencia de países en desarrollo a los países menos adelantados, e incluyendo todos los alimentos en el mercado internacional…

[…] El Régimen Planetario podría estar facultado para determinar el óptimo de población para el mundo y para cada región y para arbitrar las acciones de varios países dentro de sus límites regionales. El control de la población podría seguir siendo la responsabilidad de cada gobierno, pero el régimen tendría algún poder para hacer cumplir los límites acordados».

Y en la página 917, como no podía ser menos, defiende la entrega de la soberanía nacional a una organización internacional: «Si esto pudiera lograrse, la seguridad puede ser suministrada por una organización armada internacional, un análogo de nivel mundial de una fuerza policial. Muchas personas han reconocido esto como una meta, si no el camino para llegar a ella permanece en la oscuridad en un mundo donde las facciones parecen, en todo caso, ir en aumento. El primer paso implica necesariamente la entrega parcial de la soberanía a una organización internacional».

«La Tierra tiene cáncer, y ese cáncer es el hombre», he aquí el terrible lema del ecofascismo.

Pero aún hay más, damas y caballeros, porque la corriente ecofascista cuenta con la impagable adhesión de Bergoglio, y de una parte sustancial de la jerarquía católica. Cosas veredes, pues, en un tiempo en el que la Iglesia católica está amenazada por una pavorosa apostasía, en el que el genocidio de católicos en no pocos países del mundo está a la orden del día, en el que la fe cristiana es cada vez más perseguida, Bergoglio ejerce un pontificado trufado de franciscanismo, de ecologismo sin par, hasta el punto de que los problemas medioambientales son, junto a su obsesión por el multiculturalismo, los ejes de su mandato. Bondad graciosa.

Tal es la fijación ecologista de Bergoglio, que incluso le dedicó la segunda de sus encíclicas, que tenía por título «Laudato Si», publicada en 2015. En ella, con la excusa de una pretendida catástrofe ecológica —prevista ya por Pablo VI, a quien Bergoglio cita, pero que después de 45 años sigue sin producirse— el Pontífice propone una serie de cambios políticos y económicos tendentes a evitar que se consume ese supuesto desastre medioambiental, cambios que concuerdan a la perfección con los postulados de la izquierda radical, en los que subyace una crítica al capitalismo.

Naturalmente, el corolario de esa supuesta catástrofe planetaria es que hace falta un «Gobierno Mundial» intervencionista que labore por conjurar los peligros que supone para la humanidad las amenazas medioambientales actuales.

Si resulta ya de por sí chocante que se dedique una encíclica pontificia a estos temas ecológicos, más peregrino —y cómico— es que en ella se hable de «evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, (…) tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público» o «plantar árboles y apagar las luces innecesarias (sic)». Eso sí, se le olvidó condenar la caza. En fin, no se puede estar en todo.

Patrick Moore

Patrick Moore

Toda esta parafernalia de medidas ecologistas a lo «boy-scout» va encaminada a justificar la verdadera joya de la corona: la necesidad de «una verdadera Autoridad política mundial» que desarrolle «una agricultura sostenible y diversificada», «formas renovables y poco contaminantes de energía», y asegure el acceso de todos al agua potable. Esta Autoridad Mundial debe imponerse por encima de los países, a través de organismos internacionales fuertes y eficazmente organizados, dotados con poder para sancionar, por ejemplo, sobre el abuso de los aparatos de aire acondicionado (sic).

En este clamor genocida que la banda de psicópatas, de «nutjobs» lo-juro-por-mi-madre lanzan al mundo, como los graznidos de una bandada de siniestros cuervos, pocas veces pueden escucharse voces disidentes. Una de ellas es Patrick Moore, expresidente de «Greenpeace» —hoy es un lobista de la industria nuclear, como consultor de relaciones públicas a través de su firma «Greenspirit Strategies»—, en una entrevista en la cadena de radio «SiriusXM» declaró que «el calentamiento global es la mayor estafa de la historia», «una campaña de miedo llevada a cabo por científicos corruptos enganchados a subvenciones gubernamentales», cuya intención es aprovecharse del miedo y la culpa para controlar la mente y las carteras de las personas: «¡El CO2 es el alimento de la vida! No es contaminación. La catástrofe climática es estrictamente una campaña de miedo. Bueno, miedo y culpa. Los científicos intentan producir más miedo para que los políticos puedan usarlo para controlar la mente de las personas y obtener sus votos. Así muchos podrán decir: “Oh, este político puede salvarme”».

Y dejo para otra ocasión el dantesco asunto de las fumigaciones masivas con las que este aquelarre de dementes quiere cambiar el clima y reducir la población. Porque esta panda de lunáticos-luciferinos va en serio.

Artículo extraído de su libro de próxima publicación: “La Patria traicionada: España en el Nuevo Orden Mundial” 


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Facebook pagará 52 millones de dólares a sus censores por tener “síndrome de estrés postraumático” provocado por machacar las opiniones “no correctas”… en USA. De intentarlo en España, no tendría dinero suficiente

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Facebook pagará 52 millones de dólares a sus censores, tanto a los que están en activo como a los que dejaron la empresa, en calidad de compensación por los problemas de salud mental desarrollados en el trabajo, informa The Verge, que cita el acuerdo preliminar presentado el pasado viernes en el Tribunal Superior de San Mateo (California, EE.UU.).

Además de los pagos, la red social también se avino a prestar asesoramiento y apoyo adicional a sus actuales censores. Los términos del acuerdo conciernen únicamente a los empleados que empezaron a trabajar a partir del año 2015 en los estados de Arizona, California, Florida y Texas.

Ignoramos si los censores que se ocupan de las secciones sobre España y en español o no sufren ningún tipo de “síndrome de estrés postraumático” o fueron contratados entre las filas de partidos más proclives a PSOE, PODEMOS y en general al globalismo mundial, con lo que seguramente estén trabajando gratis. 

El número total de censores que pueden acogerse a estas medidas asciende a 11.250. Cada uno de ellos recibirá una compensación mínima de 1.000 dólares, aunque podrá solicitar pagos adiciones si se prueba que padece trastorno de estrés postraumático (TEPT) u otros problemas mentales relacionados, incluida melancolía, que desarrollaron mientras trabajaban en Facebook.

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Según el medio, los abogados involucrados en el caso estiman que hasta la mitad de los 11.250 censores tendrían derecho a solicitar el pago extra. El acuerdo no precisa condiciones de gasto de la compensación, por lo que los censores no están obligados a utilizar el dinero para cubrir tratamientos u otros costes asociados con problemas de salud.

La cantidad de pagos adicionales dependerá del diagnóstico que sufre el solicitante. Por ejemplo, un censor al que se le diagnostique una enfermedad mental podrá recibir otros 1.500 dólares además de los 1.000 dólares iniciales. Pero si tiene varios diagnósticos simultáneos, podrá solicitar hasta 6.000 dólares adicionales.

“Estamos muy contentos de que Facebook haya trabajado con nosotros”, declaró el abogado de la parte demandante, Steve Williams, agregando que “el daño que puede causar este trabajo es real y extremo”.

La vida secreta de los censores de Facebook

El año pasado, varios empleados de la compañía Cognizant, subcontratada por Facebook, relataron bajo anonimato a The Verge los perjuicios para la salud mental que comporta el trabajo de los censores. De hecho, la mayoría de las cerca de 15.000 personas que censuran el contenido de Facebook no son empleados de la propia red social, sino que provienen de empresas como Cognizant.

A lo largo de una semana, un censor revisa unas 1.500 publicaciones. En un tiempo promedio de 30 segundos deben decidir si borran o permiten una publicación. Pese a lo difícil de la tarea, los profesionales se quejan de que unos pocos errores pueden condicionar su despido.

Pese al estrés que conlleva su trabajo y la estricta disciplina a la que están sometidos, su salario es casi diez veces menor que el de los empleados de Facebook.

Aquí en España todos sabemos que es “Newtrola” (el nombre de guerra con el que los internautas se refieren siempre a la empresa de Ana Pastor, Newtral) la encargada de las funciones de censura, aunque de momento no se ha sabido de ningún caso de queja o protesta por parte de sus trabajadores. 

Analista político señaló la forma de expulsar al sesgado Facebook de Rusia

La red social Facebook reacciona con provocaciones a los principales eventos en Rusia: la votación en las elecciones o el Día de la Victoria. El analista político Alexander Dudchak recordó que Facebook es un participante indispensable en todas las guerras de información.

Según el experto, Facebook cumple diligentemente la misión de la propaganda antirrusa e interfiere constantemente en los procesos políticos en todo el mundo.

“Facebook es un participante conocido en las guerras de información, es un participante casi sin cambios en todas las revoluciones de color y golpes de estado. Contribuye seriamente a estos eventos en todo el mundo”, señaló el experto en un comentario a la publicación Slovo i delo.

Dudchak señaló que todos los usuarios de Facebook, especialmente el segmento de habla rusa, pudieron sentir la política antirrusa.

“Tampoco sorprende a nadie: una política sesgada con un enfoque muy unilateral. Facebook desempeña el papel que sus propietarios encontraron para él, los organizadores son la estructura estatal de los Estados Unidos”, agregó el politólogo.

Dudchak cree que debería crearse una alternativa a Facebook en Rusia, que no «fusionaría» los datos personales de los usuarios y no violaría la ley.

«Sería ideal encontrar una alternativa para Facebook, aprovecharla, incluida la posibilidad de desconexión, porque los trucos de esta red social van más allá de todos los límites posibles de sentido común, moral, honor y conciencia», resumió.

Dudchak enfatizó que en Rusia hay redes sociales con una audiencia millonaria. Es necesario participar en su desarrollo y mejorar para que no sean inferiores a Facebook.


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Bill Gates ya avisó del coronavirus en 2015: «No estamos preparados para una epidemia global»

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Bill Gates cofundador de Microsoft y copresidente de la Fundación Bill y Melinda Gates, en 2019
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En el año 2015 el mundo estaba atravesando la peor parte de la terrible epidemia del virus ébola: un filovirus asesino procedente de murciélagos, transmitido por contacto directo y que llegó a matar a 11.325 personas en África occidental. Por entonces, exactamente el 18 de marzo de 2015, Bill Gates, magnate y cofundador de Microsoft, avisó: « No estamos preparados para una epidemia global».

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Como fundador y copresidente de la Fundación Bill y Melinda Gates, enfocada en extender la cobertura sanitaria y reducir la pobreza extrema, contaba con información sobre lo ocurrido en la epidemia del ébola: «Lo que he aprendido es realmente aleccionador», escribió en « The New York Times». «Por muy horrible que haya sido esta epidemia, la próxima podría ser mucho peor. El mundo sencillamente no está preparado para lidiar con una enfermedad, como una gripe especialmente virulenta, que infecte a muchas personas muy rápidamente».

Aquella misma semana impartió una charla TED sobre el mismo tema y publicó un artículo en la página web de su fundación. Ya en 2018, cuando el mundo ya no estaba preocupado por la epidemia del ébola, escribió otro artículo más en « The New England Journal of Medicine» (NEJM) donde volvió a alertar sobre la falta de preparación ante las pandemias.

«Este error debería preocuparnos a todos, porque la historia nos ha enseñado que habrá una nueva pandemia mortal. No podemos predecir cuándo, pero teniendo en cuenta la constante emergencia de nuevos patógenos, el cada vez mayor riesgo de ataques bioterroristas y la mayor interconectividad de nuestro mundo, hay una probabilidad importante de que una gran y letal pandemia moderna ocurra durante nuestra vida».

«La historia nos ha enseñado que habrá una nueva pandemia mortal»

En el artículo publicado en 2015 en «The New York times» le puso números a ese horror invisible: «De entre todas las cosas que podrían matar a más de 10 millones de personas en el mundo en los próximos años, de lejos las más probable es una epidemia».

No hay sistema de defensa

Gates avisó de que no hay suficiente capacidad para hacer frente a algo así: «Gran parte de la discusión sobre la respuesta al ébola ha sido si la OMS o los CDCs podrían haber respondido más eficazmente. (…) Pero el problema no es que el sistema no funcionase bien, el problema es que no tenemos ningún sistema».

En este sentido, indicó la necesidad de construir un sistema global de alerta y respuesta frente a epidemias: «Yo aplicaría el tipo de planificación que se usa en defensa nacional, con sistemas de reclutamiento, entrenamiento y equipamiento de personal sanitario o inversiones en nuevas herramientas».

«(Frente a epidemias) yo aplicaría el tipo de planificación que se usa en defensa nacional»
Además, dijo que era necesario mejorar los sistemas de vigilancia, especialmente en países pobres, y contar con personal entrenado y con equipo para enviarlos con rapidez a los países afectados al comienzo de los brotes.

«En comparación con los planes que las naciones ponen en defensa (redes de entrenamiento y reclutamiento, equipamiento, investigación y capacidad de respuesta rápida) no hay casi nada de eso en respuesta a las epidemias».

De hecho, dijo que «el mundo no cuenta con ninguna organización, ni siquiera la OMS, que pueda coordinar las acciones necesarias para detener una epidemia. Así que, en resumen, en una guerra contra una epidemia severa, iríamos con un cuchillo a una batalla de bazucas».

Bill Gates incluso aventuró cómo podría ocurrir la próxima pandemia. «No será de ébola. Por muy horrible que sea este virus, solo se transmite por contacto directo, y cuando los pacientes infectan a otras personas ya están mostrando los síntomas de la enfermedad, lo que hace que identificarlos sea relativamente fácil».

Sin embargo, este no es siempre el caso, como recordó Gates: «Otras enfermedades, como la gripe, por ejemplo, se extienden por el aire y la gente puede contagiar antes de que tengan los síntomas, lo que significa que una persona puede infectar a muchas otras solo por ir a un espacio público. Hemos visto algo así antes, con horribles resultados: en 1918, la gripe española mató a más de 30 millones de personas».

De hecho, él mismo reconoció que los expertos de salud de todo el mundo llevaban años advirtiendo de que la pregunta no es si va a ocurrir una nueva pandemia, comparable en velocidad y severidad a la gripe de 1918, sino cuándo.

¿Es la COVID-19 la pandemia del siglo?

En su artículo, Bill Gates se preguntó: «Imaginen qué podría hacer (la gripe española) en el mundo altamente interconectado de hoy». Sin embargo, en estos momentos la capacidad de imaginar se ha visto superada por la realidad: la pandemia del coronavirus y la COVID-19 sigue extendiéndose y segando vidas, obligando a los estados a confinar a sus habibantes para evitar el colapso de los sistemas sanitarios.

El virus SARS-CoV-2 es menos letal que el de la gripe española (alrededor de un 1% frente a un 2%), pero se contagia por vía aérea, es muy contagioso y puede ser transmitido incluso cuando no se tienen síntomas. Exactamente como vaticinó Bill Gates.

«En la última semana, COVID-19 ha comenzado a comportarse como el patógeno del siglo que tanto nos preocupa», escribió Gates el pasado 28 de febrero, cuando la epidemia estaba todavía centrada en China. «Espero que esto no sea tan malo, pero deberíamos asumir que lo será hasta que podamos descartarlo».

En su opinión hay dos razones por las que la COVID-19 es una grave amenaza: «Primero, puede matar a adultos sanos y a personas mayores con problemas de salud previos».

«En segundo lugar, COVID-19 se transmite bastante eficientemente. Por término medio, una persona infectada extiende la enfermedad a dos o tres personas. Esta es una tasa exponencial de crecimiento», explicó. «Además, hay fuertes evidencias de que puede transmitirse entre personas con síntomas moderados o sin síntomas. Esto significa que la COVID-19 será mucho más difícil de contener que el SARS (otro coronavirus cuya epidemia se produjo en 2003)». Este viernes por la tarde el virus ya había infectado a 255.000 personas en todo el mundo, matando a más de 10.000, sobre todo en Italia.

¿Cómo se debe responder a la COVID-19?

En febrero, Bill Gates dijo que, en cualquier crisis «Los líderes tienen dos responsabilidades igual de importantes: resolver el problema inmediato y evitar que ocurra de nuevo». Por eso argumentó que el mundo necesita «salvar vidas ahora, pero también mejorar la forma cómo se responde a las epidemias», para evitar consecuencias en el futuro.

Para frenar esta pandemia, en su opinión es clave poner el foco en los países menos ricos: «Ayudando a los países de África o del sur de Asia ahora, podemos salvar vidas y también ralentizar la circulación global del virus». De hecho, la fundación que preside ha comprometido 100 millones de dólares para esta finalidad.

Además de eso, cree que «el mundo necesita acelerar el trabajo en los tratamientos y vacunas». Recordó que la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI) está preparando los ensayos clínicos para ocho candidatos a vacunas frente a la COVID-19 y que éstos podrían empezar en junio. Aparte de eso, añadió que la tecnología de aprendizaje maquinal y la creación de librerías podría acelerar la búsqueda de compuestos para identificar antivirales más rápidamente.

Medidas para evitar la próxima pandemia

Una vez superada la COVID-19 podría haber otra gran epidemia. Para Bill Gates, la clave para evitarlo es construir un sistema global de alerta y respuesta frente epidemias y reforzar los sistemas sanitarios de los países más pobres, para aumentar su capacidad de tratar, diagnosticar y administrar vacunas.

También ha recomendado crear una base de datos de infectados, accesible para organizaciones y establecer normas para que los países intercambien información. Por otro lado, cree que los gobiernos deberían tener acceso a listas de personal entrenado, a nivel local y global, capaces de responder a una epidemia inmediatamente, al igual que a listas de suministros que pudieran ser almacenados o redirigidos.

Cree que es necesario mejorar y estandarizar los sistemas para desarrollar vacunas y antivirales e invertir para producirlos a gran escala, lo que en gran parte dependerá de la diplomacia, la capacidad de hacer ensayos clínicos gigantescos y de firmar acuerdos internacionales. Y, definitivamente, «necesitamos invertir mucho más en investigación en medicamentos, vacunas y tests de diagnóstico».

Todo esto requiere presupuestos de miles de millones de euros y de una colaboración muy estrecha entre gobiernos y empresas. Tal como dijo Bill Gates, «dado el daño económico que una epidemia puede causar, todo esto será una ganga». En su opinión, los líderes ya deberían estar trabajando en ello. «No hay tiempo que perder». La historia reciente ha mostrado que no se equivocaba.

 


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Sánchez crea el Comité Científico del Covid-19 una semana después de la declaración del estado de alarma

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha constituido este sábado el Comité Científico del Covid-19 que contará con la presencia del ministro de Sanidad, Salvador Illa, y seis científicos, aunque este grupo se podrá ampliar con expertos nacionales e internacionales, según ha informado Moncloa.

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La primera reunión del Comité se ha producido de manera telemática y no se descarta la incorporación de expertos en distintos campos de la medicina y la ciencia en la lucha contra el coronavirus.

La Comisión Europea creó el pasado 17 de marzo este mismo órgano para asesorar a la Unión Europea sobre la pandemia y en la adopción de medidas para luchar contra el coronavirus.


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