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Aquella querida radio

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Por Ramon Rivera Guitian.- Si por cualquier circunstancia me viese obligado a describir a grandes rasgos las aficiones de mi difunto padre, recurriría, sin lugar a dudas, a su predilección por los puros habanos y, en segundo lugar, su condición de oyente fiel de las ondas radiofónicas. Por ello, no es de extrañar que esta última pasión me haya venido en los genes.

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Desde mi infancia he convivido con distintos artilugios, a cada cual más sofisticado, a saber un hermoso TELEFUNKEN de mueble que presidía nuestro comedor de diario y sala de estar, y una interminable sucesión de fabricados preferentemente de dos marcas: PHILIPS y MARCONI, que sistemáticamente eran incorporados a su harén tecnológico para, al cabo de un tiempo, ser repudiados y sustituidos por nuevos modelos dotados de los últimos adelantos: Tipos de lámparas, superheterodino, con ojo mágico, con teclas, de onda corta y al final de F.M. en versiones de: madera, piel o baquelita. Una de ellas hacía guardia permanentemente en la mesilla de noche del dormitorio matrimonial y otras varias para uso de mis dos abuelos, con el agravante de que, dado que uno de los dos había vivido esporádicamente, por razones profesionales, en Marruecos, había llegado a aficionarse por la música de este país, y considerando que por su edad estaba algo duro de oído, mi casa parecía el edificio de Naciones Unidas, donde cada zona tenía sus melodías a doc. y en algunos casos, como el pasillo, un galimatías inaudito de músicas étnicas del Magreb e idiomas extraños intercalados por los consabidos ruidos y pitidos que presidían el dial de la onda corta. Por ello, el único modo de sobrevivir en medio de aquel caos era desarrollar el arte del buen dormir, totalmente ajeno a aquella orgía de decibelios y para más inri mi padre había cruzado la plazuela de Sta. Catalina con un cableado aéreo, que hacía las veces de antena, que nos unía con las casas de enfrente. La instalación de tan poco ortodoxo utensilio había corrido a cargo de un acólito responsable de las técnicas radiofónicas, al cual mi padre apreciaba sinceramente, y que era conocido como “EL MEJICANO”.

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La radio, o lo que es peor, las radios “armonizaban” nuestro descanso nocturno en un volumen moderado al decir de nuestros torturadores, que iba “in crescendo” a medida que estos avanzaban en su incipiente sordera. Mi madre y mi abuela se convirtieron, con el tiempo, en auténticas heroínas del sueño profundo y los niños estábamos encantados con el jolgorio, que nos alejaba de los miedos a la oscuridad de nuestras alcobas. Así que con este “caldo de cultivo” no es de extrañar que mantenga en mi memoria un sinfín de programas radiofónicos, que trataré de glosar en la brevedad de este artículo.

Comenzamos con una serie que se emitía al mediodía, en Radio Coruña EAJ-41 (cadena Ser) conocida en los círculos sociales como radio PANCHO HERVADA. Se denominaba TRES HOMBRES BUENOS y se debía a la pluma de JOSÉ MALLORQUÍ. En ella se narraba la azarosa vida de tres pistoleros de bien (Guzmán, Silveira y Klein) y constituía mi entretenimiento mientras daba buena cuenta de los “frutos de sartén” a los que era gran aficionado en mi niñez. En ocasiones, la audición se veía truncada por la vuelta al odiado colegio, pero, si los hados me eran propicios, podía concluirla y, a mayores, oír el DISCO DEDICADO donde machaconamente se emitía a ANTOÑÍTA MORENO, que no sé que problemas tenía con el “CORDÓN DE SU CORPIÑO”, tal vez, debido a la dilatación natural de su estómago por haber ingerido el “COCIDITO MADRILEÑO” que cantaba PEPE BLANCO. Esporádicamente, se intercalaban cuentos infantiles como: LA RATITA PRESUMIDA, GARBANCITO, EL SOLDADITO DE PLOMO, EL MONO TITIRITERO Y EL ENANO SALTARÍN. También se escuchaba con deleite las aventuras del alumno MAXINE DE LA CAÑA y después “vuelta al presidio”, ocasionalmente “a galope tendido” emulando a mis héroes del lejano Oeste. En esa franja horaria triunfaba PEPE BLANCO denunciando a “confesión de parte” que CARMEN MORELL le debía un beso, que la dama un tanto casquivana se negaba a abonar.

La tarde constituía el tiempo de la radionovela, que mi abuela oía en compañía de Purita, una vieja sirvienta ya jubilada, que se resistía a separarse de nuestra familia, viniendo todos los días a acompañarla. Ellas dos rezaban el “ROSARIO EN FAMILIA” del Reverendo Padre PATRICK PEYTÓN. Este evento contaba con la presencia de nuestro gato MANANO, que después de tanto rezo no concibo como pudo morir sin solicitar los Santos Sacramentos.

La novela reina era AMA ROSA de GUILLERMO SAUTIER CASASECA, que fue precedida por una larga serie a la que pertenecían: LA SEGUNDA ESPOSA, LA INTRUSA, LUCECITA Y EL DERECHO DE NACER.

Y una vez puestas las oyentes en situación, el famoso CONSULTORIO DE LA SEÑORA FRANCIS que, en todos los casos, ofrecía consejo a aquellas “jovencitas faltas de orientación cristiana”. El objetivo era mantenerlas vírgenes hasta el matrimonio y la frase más repetida era “Déjalo, ese hombre no te merece”. Con el tiempo se descubrió que la tal Sra. Francis era un hombre y ese cabrón pasará a la historia por haber abortado “los planes” de todos los “aprendices de sátiros” de la época.

Y, ya en la noche, sin más agobios que la necesidad de descanso para poder madrugar, los jueves a las 23 horas “EL CRIMINAL NUNCA GANA” que reunía a toda la familia en torno a la mesa camilla, con los pies protegidos por los faldones de fieltro que mantenían el calor emitido por el brasero eléctrico o, en su defecto, la lámpara incandescente. Todo esto adobado por la ingesta de algunas golosinas que mis padres solían atesorar para nuestro disfrute.

Luego en la mañana, con el desayuno, las simpáticas series: “MATILDE, PERICO Y PERIQUÍN”, o “LA SAGA DE LOS PORRETAS” y, los días en que caía la breva en forma de unas décimas que me obligaban “muy a mi pesar” a guardar cama en compañía de MANANO, los concursos matinales con el gran JOAQUÍN SOLER SERRANO, a los que luego sustituyó el programa PROTAGONISTAS de LUIS DEL OLMO, así como HERMANA RADIO que acompañaba a los enfermos en su lucha por recuperar la salud y remataba con BATALLÓN DE MODISTILLAS.

Tras una larga semana, llegaba el sábado y con él CABALGATA FIN DE SEMANA con el genial Bobby Deglané, y las intervenciones del inolvidable PEPE IGLESIAS “EL ZORRO”, que nos conciliaba a todos ante la enorme TELEFUNKEN. Y no recuerdo en que día “USTEDES SON FORMIDABLES” de ALBERTO OLIVERAS, y TEATRO DEL AIRE.

Con el tiempo y para satisfacer los deseos de una querida muchacha llamada CARMIÑA, se incorporó un nuevo aparato para que esta pudiese oír las radionovelas mientras cocinaba. Carmiña vino a casa muy jovencita y como no, mi abuela la protegió y enderezó. Tenía un novio marinero de un barco que faenaba en “GRAN SOL” y cuando el fornido mocetón acababa la campaña regresando a tierra “a lomos de sus hormonas” “el milagro de la naturaleza” se repetía y Carmiña solicitaba audiencia ante mi madre y mi abuela para poner en su conocimiento que estaba embarazada. Una vez recibido el consuelo solicitado sólo restaba la garantía de que no afrontaría las consecuencias en soledad. Cada vez que “el Garañón” amenazaba con volver a tierra, con su carga de robustos y certeros espermatozoides, mi abuela llamaba a Carmiña a capítulo y la aleccionaba con una frase que nos era muy familiar ¡Carmiña, esta vez no! A lo cual ella contestaba invariablemente ¡No se preocupe Doña Mariniña, esta vez no! Luego venía la ceremonia de engalanar a la vestal comprándole medias y profusión de bisutería y de nuevo irrumpía el galán, venciendo las débiles barreras de Carmiña, con la misma facilidad que los alemanes traspasaron la línea MAGINOT y, pasado el tiempo reglamentario, el mundo tenía un nuevo habitante que, como los anteriores, era criado en mi casa. Este fenómeno se repitió cinco veces, hasta que el marino, hombre de bien, dejó de navegar para otros y se convirtió en patrón de su propio barco, dedicándose a la pesca de bajura, tal vez consciente del peligro que suponía para su honor el dejar a la indefensa Carmiña sola una larga temporada. La boda se celebró con toda pompa y a ella acudió Carmiña que, en un alarde de inocencia o cara dura, iba ataviada con traje blanco de novia luciendo en la mano un delicado ramo de azahar, y colorín colorado concluir diciendo que fueron unos estupendos padres que cuidaron y educaron a su creciente prole con todo mimo.

Y héteme aquí que cuando todo fluía en la dulce monotonía, el mundo se conmocionó con la llegada de un intruso que convirtió en viejos trastos todos aquellos objetos de deseo ¡EL TRANSISTOR! Los contenidos evolucionaron y ya dejó de escucharse con respeto reverencial el cornetín que anunciaba el DIARIO HABLADO y surgieron los maravillosos espacios musicales como: CARAVANA y VUELO 605, de la mano del maestro de maestros ÁNGEL ÁLVAREZ. Otros grandes en la radio musical fueron: José María IÑIGO, JOAQUÍN LUQUI, con los CUARENTA PRINCIPALES, y el inefable RAÚL MATAS (con DISCOMANÍA) y, a nivel doméstico, DESFILE DE ESTRELLAS con EMILIO DÍAZ en Radio Nacional y en lo tocante a los programas de opinión el insuperable HORA 25, conducido por MANUEL MARTÍN FERRAND, donde oficiaba el gran periodista FRANCISCO DE ASIS que dio vida a su “RONDA DE CORRESPONSALES” creando un nuevo estilo de hacer radio donde militaba el tan imitado JOSÉ MARÍA GARCÍA. Sus voces nos acompañaron en el transcurso de nuestras vidas hasta el punto de que hoy constituyen un recuerdo entrañable con tintes de vínculo familiar.

Y como ya estamos en épocas navideñas, me permito ofrecerles como presente dos muestras de la inocente publicidad de la época, que era fiel reflejo de la ingenuidad de nuestro conglomerado social ¡Felices Fiestas!

AL POLO FUE SISEBUTO HACE UN AÑO Y YA NO ESCRIBE. ¡SE HABRÁ MUERTO DE ESCORBUTO POR NO LLEVAR EL MUY BRUTO LICOR DEL POLO DE ORIVE!

FELIPE ¿DÓNDE TE METES? EN LA CALLE EL TRIBULETE ¿ES QUÉ TE VAS CON LA PANDA? ¡AMOS, ANDA! ¡MUCHO OJO, QUE VOY AL MOLINO ROJO!

Omito deliberadamente la mención del conocido “negrito del áfrica tropical” que para mi gran decepción se pasó a las filas del independentismo ¡allá él!


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Carta a Pedro Sánchez de un médico sevillano despidiéndose de su larga militancia socialista

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(Remnitido) Hola, Pedro, hola Presidente:

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Te saludo en estos momentos tan duros para todas y todos nuestros compatriotas y para mandarte ánimos, fuerza y serenidad, eso es lo que debo hacer y lo que creo que se debe hacer en estos momentos.

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Llevo votando Socialista, al PSOE desde las primeras elecciones democráticas, recién empezados mis estudios de medicina, allá por los años 70s, y desde entonces la medicina pública en la que creo, ha sido la espina dorsal de mi vida. He ido creciendo como profesional y como persona en la sanidad pública andaluza, concretamente en la provincia de Sevilla mayoritariamente tras el MIR, en pueblos pequeños y grandes, haciendo sustituciones del único médico del pueblo cuando éste se iba de vacaciones o enfermaba, porque los médicos también enfermamos, muchas veces contagiados por nuestros pacientes, pero no pasa nada, porque forma parte de nuestra profesión y lo aceptamos de buen grado, cuando en muchos pueblos era EL médico, no, UN médico más, donde no había horarios.

Luego fui intentando ser selectivo con mi especialidad, pero la bolsa de trabajo manda y hay que comer y vivir, Presidente.

Luego ya me fui asentando a base de puntos y antigüedad, en puestos acordes a mi especialidad, pero sin olvidar que ante todo soy médico, médico de toda la persona, de todo el cuerpo humano.

Seguí votando Socialista una y otra vez, primero a Felipe González a nivel nacional y a Escuredo, Chaves, Griñán etc en las autonómicas, y a los diferentes socialistas candidatos en los ayuntamientos donde viví, voté en las municipales, autonómicas o nacionales, los que pusiese el partido, sin rechistar ni discutir sus nulas valías a veces, y fueron pasando los años.

No quise aunque me lo propusieron mil veces, estar en ninguna lista electoral, yo estudié medicina durante más de 10 años para ser médico, sin incluir el doctorado, mi ilusión y mi vocación, y siempre tuve claro que o era político o era médico. En esas listas electorales de todo tipo en las que no quise estar ví los nombres de muchos compañeros y compañeras junto a los que participé en manifestaciones contra Franco mientras aún vivía en su último año de vida cuando éramos casi unos niños.

Muchos de aquellos compañeros de estudios no acabaron la carrera, otros la acabaron, como si hubiese sido ingeniería, historia o derecho, daba igual porque no las iban a ejercer nunca. Ya entraron en nómina en el partido socialista aún en los años 1970 unos, y en los 1980 y siguientes años, otros, y allí siguen, en la órbita del partido, si no es en fundaciones, en empresas públicas del INMENSO entramado económico y de poder del PSOE.

Otros compañeros de partido, que lo fueron aunque nunca estuve afiliado al PSOE, sí lo estuve y lo estoy a la UGT, nuestro sindicato-espejo, y aún así incansables cada cierto tiempo me ofrecían puestos dentro del SAS, del Servicio Andaluz de Salud, pero que nunca acepté, a pesar de los jugosos pluses económicos que suponían doblar el sueldo, y mucho más incluso.

Pero verás, Pedro, me permito tutearte por edad y como compañero de partido, aún necesitándolo y mucho, ese dinero, no pude, me pareció INDECENTE enriquecerme a costa de presionar a compañeros y a recortar “gastos”, pero siempre en personal, haciéndolos redoblarse para no contratar a nadie para completar turnos, y a ahorrar gastos en los pacientes, en obligar a compañeros a prescribir medicamentos de gama económica y procedencia y control casi desconocida, un acto de fe creer en esos principios activos.

Me pareció indecente enriquecerme a costa de forzar altas y liberar camas o atrasar cirugías para ahorrar en “gastos superfluos” y en recortar servicios para la población, y LO PEOR DE TODO, en nombre del “Socialismo”, ¿qué socialismo es ese, Pedro?

He seguido siendo un médico que ha querido estar dentro de los turnos de guardias y hacerlas para no perder el contacto con la realidad de mi profesión.

Pedro, compañero presidente, desde niño oía aquello de que más sabe el demonio, por viejo que por diablo, y con curiosidad por saber cuándo seré lo suficientemente viejo para ello, y ahora, aunque creo que no soy viejo, lo debo parecer bien pasados los 60 años, porque así oigo a mis alumnos y/o discípulos describirme. El caso es que veo a jóvenes idealistas entre mis alumnos y compañeros de trabajo, como yo lo fui, pero verás, Pedro.

He ido viendo durante muchos años de todo en el SAS y en La Junta de Andalucía, he ido viendo tanta corrupción y tanta suciedad en la sanidad, que ya no puedo más, Pedro, viéndote nombrar a ineptos y a tontos útiles con tragaderas tan Grandes como su ansia de poder a toda costa al mando de la sanidad, viendo lo que está pasando. PERO AHORA YA NO, AHORA ESTÁN MURIENDO CIENTOS DE PERSONAS DIARIAS.

La vida me ha llevado a venir a Madrid, donde mi mujer y yo, ambos médicos, hemos venido a ayudar a nuestra hija con los preparativos de su boda, con un excelente joven, y además, los dos médicos al igual que nosotros. Una boda que iba a haber sido a mediados de abril, para lo que nos vinimos a la capital a principios de marzo entre vacaciones y algunos días de libranza de los muchos que nos debían y que nunca nos iban a pagar.

No creo necesario decirte, Pedro, que cuando la situación se agravó nos pusimos a disposición de nuestros puestos en el SAS, pero ni nuestras especialidades ni la situación de Sevilla lo requerían, así que nos pusimos a disposición de la sanidad Madrileña, donde sí nos aceptaron, y así hemos llegado a la situación de convivir 4 médicos en una misma vivienda, cada uno en una habitación para evitar contagios, como cuando hicimos nuestras carreras, unos hace unos años y otros, mi esposa y yo desde los años 80s.

Pedro, esta carta la estoy escribiendo llorando, si las lágrimas que están cayendo sobre el teclado hubiesen caído sobre un papel escrito, sería un gran borrón de tinta difuminada por las lágrimas, lo que he visto aquí y lo que ya llevaba visto en Andalucía durante toda mi carrera, me han llevado a perder mi fe en el socialismo, durante años he querido vota con la nariz tapada, votando a lo que creía lo menos malo, pero ya votando al PSOE sin ilusión los últimos años. Pero Pedro, Presidente, nunca pensé decir esto, pero ya no voy a poder votar nunca más al PSOE, has conseguido que pierda la fe en el socialismo, viendo a tanta gente indigna, mediocre, trepa a tu alrededor, aferrados a sus cargos, y tú el peor de todos, Pedro, además de tus socios catalanes y vascos, me has llevado a romper políticamente con mi partido de siempre.

Porque, Pedro, oigo tus largos discursos estudiados y preparados, llenos de impostación y teatralidad vana, pero carentes de humanidad ni dignidad, y me avergüenzo de ti, de nuestro partido, el PSOE, y de mí mismo por haberte votado y haber pedido el voto para ti a muchas personas. Vergüenza, siento mucha vergüenza y arrepentimiento por ello, porque Pedro, incluso algunas de esas personas a las que pedí el voto para ti, han fallecido víctimas del covid-19, y de tu inacción, Pedro.

Esto dicho anteriormente me duele y mucho, pero más aún me ha dolido ver como en vez de dar pasos para salvar vidas, dabas pasos para salvar tu puesto. Como me dijo otro viejo descorazonado compañero del partido en Madrid, de los de siempre, el día 5 de marzo: “Este tío (tú, Pedro) hace lo que haga falta por mantener su presidencia, el disparate de las manifestaciones del día 8 con esta crisis sanitaria es una locura, pero no hubo cojones para parar aquello, aquellas lobas feministas lo habrían crucificado políticamente”, y a sabiendas de que las horas eran vitales y así se lo decían y hacían saber los expertos desde hace mucho. Mucho antes del día 8.

Cuando acabe de escribir esta carta, irán cerca de 4.000 personas fallecidas.

He visto más cadáveres en estos días en Madrid que en toda mi carrera profesional durante 40 años, incluyendo las prácticas en el anatómico forense.

Es una pesadilla absoluta.

Pedro, Presidente, nombra un comité de expertos, de expertos de verdad y dimite. Convoca elecciones para después del verano, pero vete ya. Ten, por una vez en tu vida, TEN DIGNIDAD Y SALVA VIDAS DEJANDO A LOS VERDADEROS EXPERTOS.

He podido tragar como Socialista, con corrupciones, con golfos con vicios, con ansias de poder infinitas, y he querido creer que era lo menos malo, pero Pedro, no puedo más, nunca esperé ver cientos, muchos miles de muertes de personas en apenas unas semanas que se podrían haber salvado con unas decisiones políticas valientes que no hubo nadie capacitado para tomar.

-¡Presidente!

-¡Te hablo de miles de muertes por Dios!

-¡Que tienes hasta a familiares directos infectados, mucho más que la media!

-¡Pedro! ¡que tus familiares han estado expuestos por la soberbia de tu mujer, gritando “que el machismo mata más que el coronavirus”!

Dios no quiera que falleciesen ninguno de tus seres queridos y cercanos por haberse contaminado gracias al 8-M.

Pedro, horas después de terminar esa manifestación, con muchas de las asistentes llegando a sus casas borrachas y contagiadas, te apresuraste a empezar a hablar abiertamente la alerta sanitaria que callaste ese mismo día 8-M, eso podría y debería tener repercusiones legales, porque hay ya casi 3.000 muertes, y los muchos más que por desgracia vendrán, miles de muertes más.

No, no podré votar nunca más al PSOE, has ido demasiado lejos, ¡porque coño! ¡Que esto no es el Prestige soltando chapapote!, ni las mariscadas, ni los ERES falsos! ni los cursos de formación falsos para parados. ¡Que esto no es lo del perro muerto del ebola!

¡Que son y van a ser muchos miles de personas muertas, coño!

¡POR DIOS! ¡SOCORRO!

¿QUÉ COJONES HACE EL REY Y JEFE DEL ESTADO?

¡ALGUIEN TIENE QUE PARAR ESTO!

Pedro, te podría insultar como fruto de mi frustración y dolor, pero creo que lo peor que puedo decirte es algo que es una triste y desgraciada realidad:

HAS SIDO NEGLIGENTE,?HAS SIDO Y ERES UN PRESIDENTE INDIGNO, pero lo peor es que LO SIGUES SIENDO a pesar de tener ya miles de muertos en tu haber, de los que a muchos los podrías haber salvado. Cada hora DE INACCIÓN supone más muertes.

Se te podría acusar de haber actuado mal y tarde, tarde y mal, y podrías defenderte diciendo que no supiste hacerlo mejor, pero Presidente, SIGUES ACTUANDO TARDE Y MAL, Y SIGUES SIENDO INDIGNAMENTE NEGLIGENTE a pesar de que oigo a verdaderos EXPERTOS en sanidad en los hospitales siendo ninguneados desde las altas instancias por aquellos compañeros nuestros de carrera de medicina que NUNCA EJERCIERON porque se dedicaron a servir a nuestro partido, el tuyo y el mío, Pedro, el PSOE, desde hace ya 40 años.

Gente tan preparada para ejercer la medicina hoy como el Gran Wyoming, o sea, nada, están al frente de altos cargos relacionados con el control de esta PANDEMIA.

Toda EspaÑa se ha recluido en sus casas respetando la cuarentena solidariamente, salvo los típicos cuatro imbeciles inevitables de siempre, incluyendo en esos cuatro imbeciles al vicepresidente Iglesias y su ansia de de protagonismo con el que te has aliado, que conviviendo con una enferma confirmada y hasta en la duda de que él mismo también esté infectado, sea como sea, pone en peligro a todo su servicio de seguridad, choferes etc para poder aparecer en los telediarios a tu lado, Pedro, que también deberías estar en cuarentena estricta e imponiendo consejos de ministro por vía teleconferencia, pero no, ni para eso tienes autoridad.

Ya hay miles de muertos, Pedro, en Madrid usan ya a modo de gigantesco frigorífico el palacio de hielo para conservar a tantos muertos a los que no se da abasto para poder incinerar.

Pedro, como te dije al principio, te mando ánimos y serenidad, pero sobre todo FUERZA Y DIGNIDAD para tomar las decisiones correctas, INCLUIDO DIMITIR Y NOMBRAR A UN COMITÉ DE EXPERTOS DE VERDAD, sin servidumbres políticas ni compromisos adquiridos. Creo que sería el único gesto que te podría salvar como persona y como ser humano. Pero, Pedro. No lo vas a hacer.

Ya nunca vas a tener mi voto, y presiento que como el mío, muchos españoles más. No quiero hablar de política, pero es inevitable hacerlo cuando sois los políticos de los que dependen tantas vidas.

Permíteme que no te diga mi nombre, porque aún me quedan unos años para la jubilación, y en el SAS, aunque ya no esté el PSOE, las redes de mando y clientelares de 40 años aún perduran amenazantes con su vuelta, y quiero tranquilidad en mis últimos años, cuando mi mujer y yo volvamos a Sevilla, si sobrevivimos y volvemos.

Adiós, Presidente, adiós, Pedro, adiós PSOE.

Un humilde médico español


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El comunismo chino tiene miedo

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Ramón Pérez-Maura.- En medio de la pandemia del coronavirus, la República Popular China ha dado una nueva muestra de la singularidad de ese régimen político. Una singularidad que demuestra la debilidad del gigante.

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Esta semana hemos visto cómo el Gobierno del Partido Comunista de China ha ordenado la expulsión de aquel país de los periodistas que tenían destacados allí tres grandes diarios norteamericanos: «The New York Times», «The Wall Street Journal» y «The Washington Post». En total aproximadamente una docena de informadores. La razón sería que el régimen de Pekín acusa a los tres medios de ser agentes del Gobierno americano y esbirros del presidente Trump. Creo que lo de que el Times y el Post son esbirros de Trump es algo que la inteligencia china tiene que analizar con mucho cuidado. Eso sí que es novedad. Ése es el nivel de la verdad que difunde el régimen de Pekín. Y al tiempo que China expulsa a esos periodistas, exige un trato respetuoso y profesional para los corresponsales en Estados Unidos de los medios estatales chinos. Porque en la mejor tradición comunista, hay que respetar a quienes son los portavoces de la verdad del Estado. Y los que cuentan «la verdad» de acuerdo con los intereses de ese Estado.

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Es evidente que los corresponsales de esos tres medios norteamericanos estaban contando lo que veían en China al margen de los intereses de la Administración norteamericana. Y eso le puede parecer muy bien al Gobierno chino. Lo que no pueden soportar es que cuenten la verdad de lo que ocurre dentro de su país. El capitalismo salvaje que aplica el régimen comunista chino no alcanza a la libertad de expresión. Eso es simplemente inimaginable porque si un solo periodista chino intentase hacer al presidente Xi cualquiera de las preguntas que se hace cada día al presidente Trump, ese periodista dejaría de serlo. Puede que incluso dejase de consumir oxígeno.

Como muy bien ha dicho el columnista Walter Russell Mead («Beijing Escalates the New Cold War» WSJ. 19-03-2020) «en el pasado los comunistas se conformaban con impedir que la población china leyese lo que tiene que decir la prensa libre. Eso hoy no basta. Hoy están trabajando en construir un nuevo Telón de Acero que impida conocer lo que está ocurriendo dentro de las fronteras de China.» Porque cada vez es más difícil de mantener el equilibrio entre una pujanza económica, que permite a la población reclamar algún derecho, y la falta total de libertades que sigue poniendo el régimen chino. Es cierto que el chino es un pueblo extremadamente sumiso, que rara vez habla de sus libertades. Pero lo está haciendo de forma incansable en Hong Kong y saben que no va a renunciar a ellas en Taiwan. El afán de la China unida de reprender crea incertidumbres. Y la única forma de contestar a ellas no es con mayor libertad o escuchando a la población.

La respuesta siempre es la de la fuerza y la opresión del Estado. Y con ella se intenta imponer que la mayor sabiduría del partido debe ser reconocida siempre. Pero los medios extranjeros han estado contando e investigando errores que se han puesto de manifiesto en Wuhan, donde empezó esta pandemia todavía pendiente de una explicación. Y la solución de esta pandemia sólo se explica –hasta ahora– con la mentira. Mentira en sus orígenes y mentira en su resultado, porque por mal que lo estemos haciendo en algunos países europeos, no es creíble que ya haya más muertos en Italia que en China. Lo que hay en Italia es más medios de comunicación libres que pueden decir la verdad. Y el comunismo chino tiene mucho miedo a la verdad.


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La profecía cumplida

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Dardo Gasparre (R) El coronavirus, como otras pandemias, expone y resume en toda su monstruosa realidad el “problema malthusiano”.

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Al filo del siglo XIX un clérigo, economista, sociólogo, demógrafo, académico y estudioso de la historia, contertulio del filósofo David Hume y seguidor de Rousseau formuló una predicción archiconocida: como la población universal aumentaba en proporción geométrica y la producción de alimentos lo hacía aritméticamente, de la proyección de las curvas surgía claramente que el hambre y las enfermedades diezmarían la sociedad.

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El libro de Thomas Robert Malthus, An Essay on the Principle of Population, logró por un tiempo preocupar y ocupar a algunos sectores intelectuales porque el argumento parecía tremendamente sólido en ese momento. Pero otros intelectuales contemporáneos del curita, como Adam Smith y David Ricardo, habían empezado a sembrar simultáneamente la semilla del Capitalismo y a predicar las ventajas de la libertad de comercio. Justamente Ricardo, amigo del autor, sostuvo con él algunos debates que anticipaban lo que luego ocurriría: la potencia del liberalismo económico haría que la innovación y el empuje empresario resolvieran el problema.

La revolución industrial trajo también la mecanización del agro, a la que se le agregó la fertilización sofisticada, que luego darían paso a la producción científica de alimentos. Los logros impresionantes de la tecnología, los primeros agroquímicos, la biogenética, el geoposicionamiento y los estudios de clima y suelo, el intercambio entre las naciones y finalmente la globalización escarnecieron al pitoniso inglés y su teoría fué sólo usada como ejemplo de fracaso, casi una burla académica, durante dos siglos.

AL BORDE DE LO IMPOSIBLE

Pero de a poco, en los últimos 70 años, comenzaron a evidenciarse síntomas de que el demógrafo podría no haber estado tan errado. Si bien la hambruna no asoló a la humanidad, las necesidades de una población creciente y demandante fueron aumentando hasta el borde mismo de lo imposible. Porque junto a los avances en la producción de alimentos, los avances del hombre lograron prolongar la vida. De 37 años en 1800, cuando escribió el reverendo Thomas su libro, a casi 80 de hoy. Y la población total pasó de menos de mil millones a 7 veces y media esa cifra. Esto agravado porque el propio Capitalismo aumentó los niveles de bienestar y acostumbró a las sociedades a un estándar de vida veinte veces superior al de fines del siglo XVIII.

Ya el problema no es comer, solamente. Véase lo que ocurre con los sistemas jubilatorios, a punto de estallar globalmente, y con todas las sociedades insatisfechas con lo que perciben. O los sistemas de salud, también saturados, mal financiados, chupándose una parte substancial de los presupuestos de todos los países, o en su defecto, desatendiendo a masas cada vez más grandes de enfermos. O la atención de los ancianos, un problema de costo y también ético tanto para el Estado como para las familias, que se ven en la disyuntiva permanente de condenar sus viejos a la extinción o atenderlos a un altísimo costo.

Las dos grandes guerras disimularon y postergaron la percepción de la gravedad del cambio, al reducir el crecimiento vegetativo de modo brutal y al paralizar las expectativas y reclamos de bienestar ante la imposibilidad de lograrlos. Pero el sendero se retomó en cuanto volvió la paz y el progreso y el crecimiento fácil cambiaron el foco de los gobernantes y gobernados.

La posterior globalización, tan poderosa y positiva en muchos aspectos, multiplicó los problemas de población, ante el desequilibrio que plantean las migraciones, una muestra extrema del problema del crecimiento demográfico y del derecho a la búsqueda del bienestar. Habrá que imaginar la visión malthusiana de estos cambios y su opinión sobre el efecto arrollador del Principle of Population.

El punto donde mejor se sintetiza ese principio es el calentamiento global y la destrucción del ecosistema, que el británico economista ni imaginó siquiera. Los recursos para la alimentación se consiguieron. Su teoría fue superada. ¿Pero a qué costo? Al oponer al poder de la naturaleza animal la fuerza de la inteligencia humana, el resultado fue la virtual quiebra del medio ambiente. Porque, además, a la necesidad elemental de alimentarse, se sumaron las necesidades creadas, la salud, la inmortalidad, el derecho al bienestar, cuando no al lujo. Los lectores que consumen árboles o kilovatios, viajeros que queman carbón y consumen oxígeno y producen monóxido, bienestar que hace subie los mares, aumenta el calor y seca las tierras, o mata las especies.

EL CORONAVIRUS

El coronavirus, como otras pandemias, expone y resume en toda su monstruosa realidad el problema. Pero la del covid-19, pese a no ser de las peores, amplifica la combinación de todos los efectos poblacionales. La aglomeración, las migraciones, el turismo masivo, la globalización, la velocidad, facilidad y baratura de los desplazamientos de personas, la libertad de circulación. También la pérdida de escala de los sistemas de salud, que son y serán excedidos por la fuerza de la masa humana, como temía el pastor inglés. Para peor, encuadrado en sistemas democráticos que también se prostituyeron y deterioraron hasta la ineficacia y la inutilidad a medida que las sociedades se transformaron en masas por la sola fuerza del número y los políticos en burócratas que las manejaban con pura dialéctica por conveniencia e incapacidad.

Ocurre que los recursos también han crecido geométricamente, como otrora la población, pero las necesidades ahora crecen exponencialmente. La ecuación malthusiana se está planteando nuevamente doscientos años después, pero en otra dimensión.

Encerrado en su casa y en su miedo, tigre cautivo e impotente en su jaula de zoológico decretada, el ser humano se siente de pronto inmensamente pequeño e inmensamente frágil y delega su libertad en las manos de cualquier gobierno que parezca más o menos decidido. Aflora lo peor y lo mejor de cada uno, como en toda tragedia. De pronto, hasta se siente culpable del virus, porque finalmente, el virus avanza porque hay gente, y avanzará más cuanta más gente haya.

Como si la furiosa admonición bíblica: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente y parirás a tus hijos con dolor”, en realidad no hubiera sido el auténtico castigo divino; sino que el verdadero castigo se hubiera plasmado en otra frase del Génesis: “Creced y multiplicaos”. O exponenciaos.

En algún lugar de la eternidad en la que él creía, Thomas Robert Malthus sonríe amargamente.


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