Opinión
Ayuso alecciona a la ultraizquierda de Mónica García. Por Jesús Salamanca Alonso
«Si de algo huye Mónica García es de la cortesía parlamentaria. Su lenguaje es barriobajero y lleno de expresiones insultantes, llenas de odio y venganza».
En la Asamblea de Madrid, donde Mónica García asienta todavía sus posaderas, a pesar de no haber dado cuenta de la corrupción en que se ve inmersa con el chalet de la sierra y la desobediencia al Ayuntamiento de Cercedilla, en la izquierda siguen sin saber si matan, hieren o espantan. Continúan con el mismo discurso que en la legislatura anterior y no han aprendido la lección recibida por la representante de Podemos, Alejandra Jacinto. Ahora esa se encuentra llorando por las esquinas tras su fracaso sonado en las elecciones autonómicas de 2023. ¿Motivos? Mintió en exceso, insultó a la presidenta, falto al respeto a los madrileños, acusó a Díaz Ayuso de falsedades, etc. Ahora son los tribunales quienes le cantarán las cuarenta por falsedad reiterada con respecto a Tomás Díaz Ayuso. Una vez desaparecido Podemos, la tal Jacinto tiene menos defensa que las ranas del cantábrico. Al tiempo.
Mientras no reflexione Mónica García, portavoz de Más Madrid, sobre la legislatura anterior seguirá con los mismos errores y con un discurso fácil de desmontar o destrozar. Y si a ello se une el insulto que suele propinar a determinados periodistas que no son comunistas, pues su figura se empequeñece, sus criterios resultan inservibles, su liderazgo desaparece y su corrupción sube de volumen e intensidad. Recuerden que no dudó en intentar quedarse con 13.000 euros por cobrar dos veces lo que no debía, hasta que la Intervención le llamó la atención solicitando su devolución.
Falsedad tras falsedad y mentira tras mentira. Ese es su liderazgo y su impronta. ¡Cuánta indignidad por su parte! Ante situaciones como esa sí que tenían que haber sacado al aire Eva Amaral y otras sus protuberancias pectorales para protestar, como debieron hacerlo ante la liberación de violadores y la rebaja de penas a miles de maltratadores sexuales. Es un hecho que a la izquierda nada le importa de la ciudadanía, salvo si hay elecciones a la vista o TV por medio. Están todos cortados por el mismo patrón que el mentiroso de la Moncloa o el zarrapastroso okupa del Dos de Mayo (Félix Bolaños).
Lo último que le han desmontado a Mónica García ha sido la presunción de ser lideresa de la oposición. No parece haber contado las fuerzas de la siniestra madrileña, que han vuelto a perder efectivos. Y sigue pensando que será presidenta de la Comunidad allá por 2027. Y me pregunto cómo lo va a ser con la corrupción que tiene encima, la nefasta imagen que proyecta, el insulto permanente a los madrileños, el lenguaje soez y tabernario que usa en la Asamblea y en su hábitat, además de haber demostrado que no es compañera de sus compañeros. Ella solo aspira a ser reina de Saba.
Si de algo huye Mónica es de lo que se conoce como cortesía parlamentaria. Su lenguaje es barriobajero con expresiones insultantes, llenas de odio y venganza. Esta mujer si llegara a presidenta, que nunca llegará, incendiaría Madrid para ver cómo arde. No deja de ser un Nerón en potencia y un Calígula a la hora de nombrar cónsul a su caballo. Por cierto, pondría lonas en todos los edificios insultando cuanto en Madrid no casara con sus ideas degeneradas y atropelladas. Como dice un socialista de prestigio sobre ella: «¡Tiene una pedrada cojonuda y no se da cuenta de ello!».
La ultraizquierda parlamentaria madrileña ha pasado de 34 a 27 diputados en la actual Asamblea. ¿Quién es Mónica para decir que no iba a consentir que se tocaran las leyes aprobadas? ¿En qué dictadura comunista aprendió semejante expresión? No deja de ser pura soberbia parlamentaria, teñida de fuertes complejos de inferioridad que se pretenden ocultar tras un conocido mecanismo de compensación. A Díaz Ayuso no le han regalado la mayoría absoluta y, pese a Mónica Díaz, Ayuso está en disposición de darle un gorrazo cada vez que insulte o promueva insultos contra ella en colectivos como los taxistas.
Por cierto, entre los médicos carece de prestigio profesional porque hace tiempo que le cogieron la matrícula, sobre todo tras su desaparición del hospital durante la pandemia. Vagos y maleantes en otra época la hubieran sufrido o a ella misma le hubieran aplicado los castigos que se adoptaron en esa ley penal de 1933 y derogada en 1995. En Madrid hay muchas normas que reformar y debe hacerse sin desmayo para que la legislación de izquierda no imposibilite el progreso, el avance diario de la sociedad y la convivencia sostenible que la siniestra comunista y socialista no ha sabido mantener, ni implantar.
La ultraizquierda ha perdido la calle durante la legislatura «Frankenstein I» y seguirá perdiéndola si son los herederos Bilduetarras y el prófugo de la Justicia (Puigdemont) quienes deciden la legislatura que aún no ha comenzado. Las urnas han hablado, pero Mónica no piensa respetar los resultados. Ya tiene Díaz Ayuso un motivo más para correrla a gorrazos, atarla al pico de la boina o hacerla saltar a la comba con el fajín de proetarra. Esto me recuerda a quienes dicen que ETA ya no existe: el caso es que aún cuenta con más de treinta zulos y todo el arsenal que robó antes de disolverse falsamente, además de decenas de organizaciones tapadera como ONG. Recientemente, «el carnicero de Mondragón» decía que ETA aún vivía en el sector más radical, así como que «él no se siente un asesino y sí un ejecutor». ¡Mónica, mira, ahora vas y lo cascas!
La falsa lideresa de Más Madrid seguirá cayendo contra las tablas cada vez que Isabel le dé un bufido. Mónica ha cogido miedo a Díaz Ayuso y al dirigirse a ella se le nota la voz temblorosa, dubitativa y con falta de firmeza. Por eso volverá a quedar para el arrastre y esta vez no la van a sacar las mulillas a la rastra.
En Madrid se han hundido la izquierda y la ultraizquierda. Apenas pueden levantar la voz porque Sánchez los ha condenado al silencio con sus atropellos y sus ataques a los madrileños. Recuerden aquellas palabras de Sánchez donde se resumía todo su sentir: «¡A Madrid ni agua para beber!». Y no dudó en llevarlo a la práctica durante el periodo duro de pandemia y durante la ilegalidad que cometió al encerrarnos para hacer política con libertad. Todo aquello acabó llevando a vender España a Marruecos.
Y si los médicos madrileños están abochornados con Mónica García, no menos lo están los argelinos con Pedro Sánchez, EE.UU. con los contenidos obtenidos con «Pegasus» y Puigdemont con Putin tras reclamarle éste los diez millones de euros que debe la Generalitat catalana por los servicios recibidos de Rusia durante su presidencia golpista. Otro día hablaremos de las negociaciones de Puigdemont con Sánchez y cómo ese le ha doblado el brazo para que acepte la totalidad de las inconstitucionales exigencias.
A pesar de ello, no hay campo sin grillo, ni imbécil en Cataluña sin lazo amarillo.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
