Sociedad
Bofetadas, insultos y amenazas a dos ancianas en una residencia de Hortaleza (Madrid)
Francisco sospechaba que su madre, con alzhéimer, sufría malos tratos en la residencia de la tercera edad que el grupo Los Nogales tiene en Hortaleza. Allí ingresó a su familiar en la primavera de 2015. Era el tercer centro que pisaba. Pronto aparecieron en los brazos de la mujer hematomas a los que el personal sanitario no le daba justificación. Presentó varios escritos a la dirección del centro con fotografías de los moratones, pero le explicaban que sería la propia residente la que se los habría hecho. Un día escuchó chillar a su progenitora antes de que él llegara a la habitación y fue el momento en que decidió colocar una cámara en la ventana para grabar lo que ocurría cuando él cerraba la puerta de la sala y se marchaba a su domicilio.
«En el primer vídeo aparecía una trabajadora dando azotes a mi madre», cuenta a este diario. Esa prueba se la enseñó a la responsable del centro sin que se depuraran responsabilidades; también la llevó ante un juez, pero la desestimó. Pero en mayo de 2018, dos meses antes de que su madre falleciera en la residencia «de un síncope», como le transmitieron, consiguió inmortalizar el trato vejatorio que durante varios días tres empleados brindaron a su familiar y la compañera que tenía en la habitación. Esta vez optó por llevarlos a la Fiscalía Provincial de Madrid para que decidiera qué hacer con ellos. Las imágenes de cómo tratan a estas mujeres son repulsivas y no dejan lugar a dudas; por esta razón, el Ministerio Público ha llevado ante el juez una denuncia contra los trabajadores geriátricos de esta residencia. Se les acusa de propinar malos tratos físicos y psicológicos a las dos ancianas que tenían a su cargo. Los señalados son Mónica M. P.; Bryan N. C., y María Josefa T.L.
En los vídeos se ve a las dos octogenarias con actitud defensiva y calladas cuando los empleados comienzan con la liturgia para acostarlas y cambiarles la ropa. En uno de ellos se puede comprobar cómo la trabajadora más joven y con coleta le pellizca un pezón a una de ellas cuando la deja sin jersey para colocarle la parte de arriba del pijama. Se ve que no era la primera vez que la agredía de este modo, ya que la mujer se protegía con las manos el seno. Tras apretárselo, la víctima se toca para, presumiblemente, calmar su dolor.
«Te arranco la cabeza»
Como recoge el propio escrito de Fiscalía, queda constancia de estos hechos en las pruebas aportadas: los contratados les arrebatan bruscamente un objeto de la mano; echan la cabeza hacia atrás de una de ellas «violentamente» mientras la desviste y la residente se queja; dan dos bofetadas en la cara a la otra.
En uno de los momentos, la asalariada de Los Nogales saca bruscamente la dentadura postiza a una mientras le amenaza: «Cabrona, a ver que te quito esto, no se muerde ¿eh?». A continuación le dice a la compañera: «Y tú igual. Como me muerdas te arranco la cabeza, que estoy muy loca».
El esperpento no queda ahí. La misma trabajadora sale del baño y acerca su mano izquierda a una de las mujeres y le suelta: «He meado y me he sacado con la mano el chumino». Su actitud la lleva a dedicar a estas mujeres indefensas frases como: «Te arranco el pescuezo, ¿eh, puta?».
En otro momento de la grabación, la chica con coleta, Mónica, restriega un empapador seco a una de las ancianas en la cara mientras ella observa con la boca abierta desde su silla de ruedas. Junto a Bryan la desnudan por la parte de arriba bruscamente y le colocan el pijama también con violencia. Incluso el hombre le da dos bofetadas a la mujer en la cara, desatando las risas de ambos.También le lanza collejas y varios golpes en el brazo y la mano. Mónica le tapa la nariz hasta en dos ocasiones. La acercan hasta la cama con la silla y, al atrancarse las ruedas, la mueven rudamente, volviéndose a reír. Cuando se les pierde de vista en el vídeo se escucha a Mónica decirle hasta diez veces y de malas formas: «Ponte de pie». Otras dos la advierte: «¿Te tiro al suelo?». Dos noches, la chica de la coleta se despide diciéndoles: «Esta noche sabes quién va a venir. Va a venir el demonio y te va a llevar al infierno».
Desde Los Nogales informaron de que no tenían conocimiento de los vídeos que había grabado Francisco. Dos de los empleados denunciados ya no trabajan allí porque tenían contratos de un año de duración y vencieron en verano. Al otro se le notificó ayer mismo su carta de despido. Se encargaba de hacer suplencias.
Desde este grupo empresarial se notificó mediante comunicado que se presentaría como acusación particular de los denunciados. «Los hechos descritos por la Fiscalía son deleznables y repugnantes; impropios de gerocultores», señalaron en su documento.
Expedientes sancionadores
Este centro cuenta con un concierto de la Comunidad de Madrid. Desde la Consejería de Políticas Sociales y Familia se detalló que no había constancia de ninguna queja al respecto. Por la tarde trasladaron que se iban a incoar dos expedientes sancionadores contra la residencia: uno a través de la Dirección General de Atención a la Dependencia y Mayor y otro a través de los técnicos de Inspección de la Secretaría General Técnica de la Consejería por la denuncia presentada por la Fiscalía contra estos tres trabajadores. La resolución de estos dos procedimientos estará vinculada a la sentencia judicial. De momento, el Gobierno regional está recabando información para dar con todas las claves de la investigación.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
