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Cristiano vino aquí a hacer negocio. Quiso engañar al fisco. Pidió trato especial y se fue sin el cariño de nadie
Tomás González-Martín (R).- Cristiano Ronaldo ha demostrado una vez más ese egoísmo primitivo que asola su cabeza desde pequeño. Este niño, este hombre, esta estrella, siempre ha pensado que el único jugador importante en un campo es él. Cuando las Copas de Europa las remataban Ramos o Bale siempre pensaba que el número uno era él. Cuando se ganaban otros títulos solo se señalaba a sí mismo. Siempre venía a decirles a sus compañeros que ganaba él. De hecho, Cristiano nunca se refería al Real Madrid cuando marcaba goles, solo señalaba a su familia en el palco y se señalaba a él mismo como el hacedor de todo. Los demás eran meros comparsas. Ese egoísmo ancestral, ese primitivismo mental, lo ha vuelto a demostrar ahora al realizar unas manifestaciones en las que dice que Florentino Pérez solo le vio como negocio.
Lo dice ahora, cuando se ha ido. Si hubiera tenido personalidad y hombría, cosa que dudo, lo habría dicho cuando militaba en el club que le ha hecho rico durante una década. Si tuviera hombría, cosa que vuelvo a dudar, lo habría dicho cuando era el jugador mejor pagado de la historia del club. Pero habla ahora. Le podemos decir que es todo lo contrario. Usted vio a España como negocio.
Usted, Cristiano, sí que vino al Real Madrid porque vio aquí todo un negocio. Sin ninguna elegancia, desde el primer día comenzó a pedir más dinero. Cada año pedía más dinero. En el año 2011 comenzaron las grandes tiranteces cuando subió usted al despacho presidencial un 2 de septiembre, y lo recuerdo bien porque es el día de mi cumpleaños, y le dijo al presidente que tenía una oferta del PSG de 200 millones anuales y que quería irse. Yo estaba en el Bernabéu y le vi subir al despacho. Días después supe la razón. Subió de malas maneras a ver a Florentino Pérez porque Lass Diarra había recibido una oferta del Rubin Kazán para ganar 7,5 millones al año, cuando Cristiano ganaba 9,5. Claro, después Lass nunca cobró ese dinero, porque el equipo ruso, como tantos clubes rusos, se fue a la quiebra.
Florentino Pérez le dijo aquel 2 de septiembre a Cristiano que su cláusula era de mil millones y si quería irse debería traer los los mil millones. Esta situación de pedir y pedir más dinero se ha repetido periódicamente desde 2011.
La renovación de 2014 ya fue bastante dura. Siempre hacía declaraciones por detrás a la prensa para exigir más dinero. No ha sido un jugador representativo del espíritu de la entidad. Nunca. No ha sido el estandarte fuera del campo. Ha demostrado una vulgaridad constante en firmar contratos y pedir más dinero al día siguiente.
El colmo se produjo cuando el PSG, un equipo de Estado que tiene el dinero del petróleo y del gas de Qatar, quiso pagar al Barcelona 222 millones por Neymar, quien pasó a cobrar desde entonces 37 millones anuales. Cristiano, claro, tardó diez minutos en llegar y pedir lo mismo.
Florentino Pérez le dijo que acababa de renovar hacía siete meses y ganaba 24 millones anuales, que era mucho dinero, el mayor salario del mundo hasta que el PSG rompió el mercado.
Por fin, este mismo verano, el último 1 de julio, Florentino Pérez le firmó a un futbolista de 33 años un contrato por tres temporadas con una ficha de 30 millones netos. Pero Ronaldo, orgulloso, se fue porque pensaba que la habían tratado mal. Quería haber cobrado esos 30 millones desde que Neymar ganó 37.
El Real Madrid le dijo cristalinamente a Ronaldo en su cara, desde hace dos años, que Real Madrid no iba a firmar contratos al rebufo de lo que el Manchester City o el PSG, equipos de los grandes estados petrolíferos, le pagan a sus jugadores cada año.
Ahora, Ronaldo se ha ido y habla como un cobarde, cuando ya no está. Pero hay que decirle las cosas claras. Se ha ido también porque Hacienda le puso la cara colorada. Se ha ido también porque el fisco le ha pillado haciendo trampas y usted, Cristiano, no puede decir que no sabía nada. Es inadmisible. Bien sabía que sus derechos de imagen se pagaban en las Islas Vírgenes Británicas, un Gibraltar que todavía no pertenece a España ni tiene relación nacional con nosotros para justificar pagos allí. Usted no se puede hacer el tonto. Ustedes, Messi, Cristiano, bien cazados por Hacienda, son los primeros informados de estos trucos para cobrar dinero en otros sitios sin pagar impuestos. No puede decir usted, Ronaldo, que usted mantenía el mismo destino de pagos con el Manchester United y con el Real Madrid, porque España no tiene relación con las Islas Vírgenes Británicas. Porque aquello se podía hacer cuando usted jugaba en un equipo inglés y vivía en Inglaterra. ¿Cómo se va a poder pagar dinero de impuestos en las Islas Vírgenes Británicas cuando usted juega en el Real Madrid, que es España? Esto es de tontos.
No insulte nuestra inteligencia. Nos ha llamado tontos a todos a los españoles. Y Hacienda le ha pillado bien pillado. Y no se haga el tonto inocente. Usted lo sabía todo y, lo que es peor, ha pedido que el Real Madrid consiguiera tratos políticos y preferenciales para que no fuera atacado por Hacienda. Y el Real Madrid le dijo con palabras mas suaves que esto no era una república bananera y que aquí había derechos y una Constitución.
Cristiano quiso conseguir un acuerdo preferencial con Hacienda. Y el Real Madrid le dijo lo que le ha dicho a tantos futbolistas: el Real Madrid lo paga todo legal y decentemente. Lo paga todo, nunca mejor dicho, en blanco, y no admitirá nunca que los jugadores hagan esas fechorías. Si un jugador le pide al Real Madrid que le haga todas sus cuentas y pagos, sabe que lo declarará todo.
El Real Madrid, eso sí, le presentó a Cristiano los mejores abogados, pero lo que nunca hizo fue acudir a ningún político ni a ninguna instancia jurídica para frenar las fechorías fiscales que usted cometió.
Se ha marchado con el rabo fiscal entre las piernas a Italia. Quería un trato especial y no lo ha tenido.
Usted, Cristiano, ha sido siempre un egoísta arrogante y lo ha vuelto a demostrar al manifestar ahora, de nuevo, que le tienen que dar el Balón de Oro porque usted es el mejor del mundo. Ya dijo hace un mes que era una aberración mundial que el premio The Best se lo dieran a su compañero Modric. Lo expuso por medio de Jorge Mendes, su apoderado. Si tuviera un poquito de humildad le iría mucho mejor. Pero se cree que el mundo solo ha existido cuando Cristiano nació.
Lo peor y lo más grave para usted es que ha sido el mayor goleador de la historia del Real Msdrid y se ha marchado por la puerta de atrás. Se ha ido sin el cariño de la afición. Ni un solo seguidor, ninguna peña, han pedido un reconocimiento o un homenaje a Cristiano, sea a nivel de club, a nivel de peña o a nivel de grupo de aficionados.
Cristiano, este desapego del madridismo es para pensárselo. Nunca se ha ganado el amor de nadie. Y es el mayor goleador de la historia de esta casa. Es un caso para ir al psiquiatra.
Y por favor, cambie de nombre, borre su nombre de Cristiano, porque este término, para los creyentes, significa todo lo contrario de lo que es usted. Para los creyentes, Cristiano significa humildad, ayuda, objetividad, cariño, amor, modestia, pensar en los demás. Usted nunca ha hecho y sentido nada de estas cosas que identifican a un Cristiano. Usted es la antítesis del nombre que le puso su padre. Cambide de nombre. Llámese Dinero. Fíjese si usted es un negocio y ha pensado que el Real Madrid era su negocio: usted todo lo cobra por medio de empresas, no recibe salarios personales, porque usted no es una persona, es un negocio ambulante. Y cobarde. Y desagradecido: ahora, una vez que se ha ido, muerde la mano que le ha dado de comer y le ha hecho rico durante nueve años. Debe doler que el club al que usted ha dado tantos goles y la afción a la que usted ha dado tantos goles le haya dejado ir con tanta frialdad.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
