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Opinión

De la censura y otros sonidos onomatopéyicos. Por Fátima Pellico

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En este mundo enfermo en el que tenemos la desgracia de vivir ( o la suerte, según por dónde se mire) nos encontramos con que una redecilla social llamada Twitter le cierra la cuenta al todavía presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Es decir, por si no queda claro así de buenas a primeras: una red social donde se junta todo tipo de personas a comentar, y donde abunda la expresión asnal por encima de cualquier otra cosa, se atreve a silenciar al mayor opositor al globalismo. Esto ya no va de izquierdas y derechas sino de `patriotas frente a globalistas, y los criados del globalismo han entonado todos juntos con una sonrisa meliflua en los hocicos el “sí, bwana” cuando se les ha ordenado intentar silenciar a Trump.

Que Donald Trump no guste estéticamente no es extraño, dado que da la impresión de que le importa poco lo que se piense de él y sus formas pueden parecer, y parecen, un poco fuera de lugar en una sociedad donde impera el buenismo de izquierdas como norma de conducta en todos los aspectos de la vida, pero como presidente ha hecho aumentar el empleo, sobre todo entre las minorías y las mujeres, se ha opuesto al aborto ( sí, el aborto, ese asesinato permitido por los países como “salud reproductiva”) y ha puesto los intereses de los americanos por encima de todo, cosa lógica porque para eso es el presidente y quien debe importarle son los suyos antes que nadie. Y , sobre todo y muy importante, no ha entrado en ninguna guerra.

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Eso, queridos niños, no se perdona. No se perdona que una persona sea libre y luche hasta el final por lo que en realidad es justo y correcto, y el globalismo cree que silenciando a Trump en un circo social va a callarle a él y , por ende, a los que pensamos como él.

En España se leen constantemente tuits de “gente” que va sembrando el odio con sus vómitos escritos, bien bípedamente o bien sobre ruedas, y ojo con decir nada porque te cierran la cuenta. Yo particularmente he denunciado a Twitter algunos, muchos, tuits de cuatro ruedas y bípedos por clara incitación al odio y mira por donde que ni uno solo de ellos lo han suprimido…

¿Por qué será?

Por mucho que cierren cuentas, que graznen contra nosotros, que nos amenacen, seguiremos luchando por la Verdad y donde intenten cortarnos la lengua hasta las piedras querrán gritar y gritarán de manera tan ensordecedora que muchos desearán ser sordos de nacimiento.

Fátima Pellico publica su blog personal en: https://www.fatimapellico.com


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Ejército

¿Ha sido el gobierno chantajeado con la crisis del coronavirus?

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Una teoría de la conspiración sobre el coronavirus muy original

 

El mundo de la conspiración o de los conspiranoicos, como se quiera llamar, es tan variado como sorprendente. Y todos sabemos que podemos encontrar aquí cualquier tipo de teoría, explicación a medida o directamente astracanada, aunque a menudo se trata de tramas bastante certeras o que tienen un cierto fondo de realidad.

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Daría para un artículo muy largo contar siquiera un breve resumen de muchas de estas teorías que ahora están sonando en Internet y que tocan muchos palos. Porque tenemos, por ejemplo, gente que está buscando fosas comunes en las localidades de Mequinenza y Almacelles, donde un fiscal muy malo habría enterrado a un montón de sicarios que colaboraban con él (Expediente Royuela). O gente que dice que Joe Biden está ya muerto y que lo que vemos es un clon, como empezó a decir un tal Rafapal y un conocido seguidor suyo, que se hace llamar o se llama Juan de la Familia Lankampf.

 

Un tipo peculiar, éste último, que ha saltado hace poco a la palestra por haber sido el joven, supuestamente Asperger, que habría relacionado a Juan Carlos I con lo ocurrido con las niñas de Alcácer. Una presunta calumnia grave con potencia en los medios que podría suponerle una multa de más de 700 € y que yo espero, por las personales circunstancias de este señor, que no se llegue a cobrar nunca.

 

¿Estaba siendo Pedro Sánchez chantajeado con las medidas del coronavirus?

 

La que os queremos contar hoy es de otra teoría de otra naturaleza. Una que tiene mucho que ver con los acontecimientos que hemos vivido en España, sobre todo, en la pasada primavera de 2020. Una nueva teoría de la conspiración que explicaría muchas de las incógnitas que ha dejado inconclusas la manifiesta astracanada general que realizó el Gobierno y que algunos cursis llaman el Estado de Alarma. Ese enorme cúmulo de despropósitos. De hecho, no deja de ser pintoresco que el bufón redomado de Fernando Simón, también llamado portavoz de no sé qué, se dedique a decir verdades del calibre siguiente:

Encerramos a la gente en su casa porque tampoco sabíamos muy bien que hacer“.

En pocas palabras, lo que quería reconocer este personaje es que se clausuró la economía y la libertad de una de las naciones más libres y prósperas de la tierra porque no sabían qué otra maldita cosa hacer. De ser cierto, no está nada mal y esto viene a confirmar la improvisación y la chapuza que han caracterizado al Gobierno y oposición de uno de estados más avanzados y ricos del mundo, pero a esto se añade también el factor de la mentira.

 

En realidad, no existía el comité de expertos, nos reconocieron hace muchos meses, precisamente los mismos que venían de justificar todas sus barrabasadas e competencias en el nombre de dicho comité. Tócate los huevos, Mari Puri, que dirían en mi pueblo, aunque hace ya mucho que esto dejó de ser un pueblo y se convirtió en un rebaño de dóciles gilipollas.

 

El interrogatorio de Matías Prats a Pablo Iglesias

 

Pero vayamos a la explicación que se les ha ocurrido a ciertos señores youtubers, poco conocidos, como Juanjo Patiño, y tiene poco que ver con platillos volantes o clones y cosas de éstas. Y aunque no comparto ni mucho menos todo el desarrollo de la trama, por empezar por el final, estaríamos hablando de un chantaje de Estado sin precedentes. Y el vector para realizar coacción sería un ataque biológico, por medio al parecer de mosquitos, que habrían sido liberados en nuestro país para provocar contagios masivos de coronavirus.

 

Según está teoría de los mosquitos, el agente de contagio para extender los casos de coronavirus en España y otros países serían estos insectos. Una idea que a mí desde el principio me pareció que no se ajustaba a la realidad, por la información que uno va recopilando y los casos cercanos de contagios que tengo, pero la segunda parte de esta teoría sí que me pareció sugerente.

 

Y es que en el trasfondo de la situación se habría producido todo un chantaje de Estado con epicentro en el Gobierno, que se habría visto forzado a tomar ciertas medidas sanitarias para ocultar sus responsabilidades en temas tan turbios como, por ejemplo, las muertes masivas de ancianos en residencias.

 

Lo cierto es que resulta cuando menos sospechosa la actitud del Gobierno en muchas cuestiones y las respuestas que daban a veces. Yo sí recuerdo, por ejemplo, con especial extrañeza, cómo Pablo Iglesias era acorralado por un Matías Prats que le hacía preguntas muy incómodas. Y la expresión del Vicepresidente del Gobierno era de todo menos de confianza, totalmente desprovisto de esa chulería que le caracteriza. O esas respuestas del estilo “encerramos a todo el mundo porque no sabíamos qué hacer“. O lo del comité de expertos que luego no existía. Toda esta chapuza e improvisación que recuerda a crímenes extraños del pasado y que siempre tenían relación con el poder, pero que nunca se resolvían del todo: el propio Alcácer que hemos nombrado antes, el 11M, el 23F…

 

Una teoría sobre el covid 19 que explicaría las medidas represivas del Estado

 

El papel de la oposición tampoco está muy claro, por otro lado, cuando ellos mismos convocaron sus propios aquelarres en las fechas fatídicas de marzo de 2020. Y ahí está el famoso mitin de Vistalegre de Vox. Y unos y otros han justificado, en mayor o menor medida, medidas tan restrictivas como los encierros o incluso el usar la fuerza para reducir a personas que sólo querían salir a la calle. Y también está esa recurrente teoría de la conspiración de las luces en el cielo, por las noches, con ruidos de motores extraños, que ha dado lugar a que más de uno sospeche de la utilización masiva de drones para vigilar a los ciudadanos. O el por qué se fumigaban calles y caminos cuando se supone que el virus se transmite entre humanos.

 

Sin embargo, en sintonía con la teoría anterior, se podría pensar también que tales drones no estaban sino para vigilar a posibles agentes que pudieran estar realizando sabotajes contra la salud de la ciudadanía o, en general, los intereses nacionales. Esto explicaría también, de alguna manera, los estrictos controles en la calle y las limitaciones de movimientos, inclusive afectando al aforo de locales y hasta de casas particulares. Una situación inédita para la que se han movilizado incluso Cuerpos de Policía Municipal de todo el país, pero también al Ejército.

 

¿Estamos ante la repetición de la persistente amenaza terrorista del 11M?

 

Hay un claro precedente de esto: la crisis terrorista que empezó con los atentados del 11M y que se extendió por espacio de meses después de los ataques en los trenes. Y para el que dude de esto, decir que el propio Gobierno no ocultó la gravedad de la situación en lo que el propio Ministro Acebes calificó de persistente amenaza terrorista. Y nada menos que 300.000 funcionarios armados se movilizaron, sobre todo policías, apoyados por personal, vehículos y helicópteros de las Fuerzas Armadas. El propio Comisario General de Información de la Policía Nacional reconocería, años más tarde, durante el juicio del 11M, que estaban apretados porque sabían que los terroristas iban a volver a atentar.

 

De hecho, en sospechosa coincidencia con esos terroristas que decían perseguir y que perseguían, pero que nunca fueron capaces de encontrar, al día siguiente de encontrarse una mochila bomba en la vía del AVE de Mocejón, en la provincia de Toledo, se llevó a cabo la infamante y surrealista performance de los suicidas de Leganés. Unos presuntos terroristas tan chapuceros qué hicieron todo lo posible para dejarse coger, después de presuntamente colocar todas esas bombas, pero que no resultaron ser sino confidentes policiales sacrificados.

 

La verdad oficial por un lado y los hechos por otro, mientras por el medio discurren las teorías de la conspiración

 

Unos comandos demasiado profesionales como para ser neutralizados por nuestras Fuerzas de Seguridad en pleno, luego queda descartado que fueran esos presuntos subnormales de Lavapiés que lo hicieron todo según la sentencia. Esos mamelucos de diferentes países árabes que no juntaban ni 2 grados escolares entre todos, pero que fueron capaces de sorprender a nuestro Estado en medio de una alerta antiterrorista sin precedentes.

 

Lógicamente, y aquí no hay teorías para la conspiración, en un caso la amenaza tenía que ver nada con esos pobres cabezas de turco, eliminados en su mayoría en la opereta de Leganés.

 

Como conclusión, decir que aunque no me encaja el tema de los contagios provocados por moscas y mosquitos, mucho menos me puedo creer que todo esto del virus sea una situación sobrevenida y espontánea, fruto de la naturaleza y hasta del mal comportamiento de la humanidad. Para mí es obvio que alguien ha soltado esa mierda que hace enfermar a la gente, en el formato que sea y desde los dispositivos que sean, y no tengo ninguna duda de que se ha repetido el chantaje de Estado que sufrió el Gobierno de Aznar en 2004. Por lo tanto, no puedo validar toda esta teoría de la conspiración, pero si decir que cuando río suena agua lleva. Y es el Gobierno o el Estado, mejor dicho, el conjunto de instituciones que deben dar explicaciones a la ciudadanía y no pedírmelas a mí por volver a mi casa a la hora que me dé la gana, por ejemplo.

 

Y si no nos cuentan alguna respuesta convincente estamos en nuestro derecho de formular las teorías de la conspiración se nos ocurran o de creérnoslas o no, porque si algo está claro es que la credibilidad de las instituciones ha quedado más que en entredicho. Yo creo que para siempre.


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La violencia política encubierta de Unidas Podemos, por el Tte. Col. Enrique Area Sacristán

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Por el estudio de RAFAEL HERRANZ CASTILLO, la violencia política es un medio, y nunca un fin en sí mismo. Es ejercida en un contexto concreto, para acelerar la obtención de fines determinados. Ted Honderich considera que un elemento definitorio de la violencia es el de estar dirigida a conseguir un cambio en las políticas o sistemas de gobierno (“policies”) (HONDERICH, 1973). Si bien es comúnmente aceptado que las tácticas violentas son eficaces sólo para conseguir un objetivo inmediato, a corto plazo, y que la simple amenaza no puede por sí misma alcanzar objetivos fundamentales como nos quiere hacer creer la izquierda progresista con el envío de cartas municionadas (MACFARLANE, 1977).

También Hannah Arendt ha remarcado el carácter instrumental de la violencia política: precisa siempre de una guía, de una justificación; y de otra parte, su grado o intensidad depende únicamente de sus instrumentos, de artefactos, cuya eficacia destructiva aumenta según se desarrolla la tecnología y crece la distancia que separa a los oponentes. El recurso descamado a la violencia entra en juego allí donde se está perdiendo autoridad y el poder es más débil como está ocurriendo en España con el desgobierno de estos progresistas y la falta de legitimidad del Estado y su deficiente capacidad para reaccionar (ARENDT, 1973).

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La visión de la violencia como una “catarsis colectiva”, tan deseable como necesaria, no es exclusiva de un profeta errático como Sorel (repudiado por izquierda y derecha, incatalogable, asistemático). En tiempos más recientes, Franz Fanon y el mismo Jean-Paul Sartre, junto a otros pensadores representativos de la Nueva Izquierda, revalorizaron el recurso a la violencia, otorgando a ésta una importancia esencial en todo proceso de cambio político. Las consecuencias de estas posturas son enormemente desestabilizadoras para la vida social, y conocemos bien el coste en vidas y en libertades que conllevan (ARENDT, 1973; CAIvIERON, 1970) . Pero es que, además, sus presupuestos son erróneos, y sólo pueden mantenerse desde un estricto “aislacionismo”, desde el exterior del sistema social, y el rechazo a toda negociación y diálogo. Los violentos se limitan a proponer un gobierno del terror sin razones ni discusión como Pablo Iglesias, seguido de los dirigentes del PSOE que la encubren.

Los autores que definían la violencia por referencia a la idea de `daño’ introducían, habitualmente, este elemento de reprobación en su análisis, haciendo que el concepto de violencia resultara valorativamente “cargado”. Así lo hacían Bernard Gert y C. Perry. Harold Lief la define como un comportamiento extremadamente agresivo, caracterizado por el uso de fuerza incontrolada, y por su naturaleza irracional, que la inhabilita para servir a fines loables (LIEF, 1963). Raziel Abelson indicó que “aplicar el término `violencia’ a algunas acciones, y no a otras, es condenar a las primeras, y excusar las segundas. El status axiológico de la violencia es único y negativo” (ABELSON, 1969).

En algún sentido, todo acto que hiere lesiona o incapacita a un ser humano es malo e injusto, y requeriría cumplida justificación ética. Es absurdo abogar, sin más, por el daño a otros. Pero parece posible argumentar, en supuestos concretos, que el mal producido es menor que el mal previsible y evitado, por lo que la violencia era necesaria. Esta violencia se configuraría, entonces, como una actividad prima facie mala, o reprobable, pero justificable en última instancia una vez considerados todos los factores. Con esto queremos decir que, si no existen razones morales poderosas que justifiquen el uso de medios violentos, éstos deben evitarse cuidadosamente. De este modo, no estamos definiendo violencia como algo diabólico y perverso por sí mismo, como “algo que rechazamos”, sino que establecemos un criterio de aproximación analítico. Es el camino seguido por Robert Holmes: “si la violencia no es mala por definición, sí lo es prima facie, por el hecho de que está prima facie puede dañar a las personas” (HOLMES, 1973) . Esta conexión puede ser contingente o necesaria (no entramos en ello), pero de ella se sigue, en todo caso, el carácter decididamente normativo del concepto de violencia, sin prejuzgar la valoración moral última que puede recibir un acto específico de violencia.

El concepto de violencia se conecta, como dijimos, con el concepto de daño. Los actos de violencia se encaminan a la causación de daños o agravios a otras personas. Por tanto, una definición operativa de violencia, además de neutral, habrá de asumir la amplitud y vaguedad del concepto: deberá, reflejar toda la amplia gama de daños y atropellos que las personas sufren realmente, causados por otras personas, así como el vasto abanico de medios a través de los cuales se ejerce la violencia (LAWRENCE, 1970). Así, nos interesa fijarnos más en los resultados de la violencia que en sus técnicas, o que en sus cualidades físicas. La violencia política es consecuencia de un proceso, intencionalmente dirigido y guiado, en busca, de un fin político-social más o menos inmediato. Lo que es común a los diversos tipos de violencia política es, a mi juicio, una intencionalidad de causar daño, una voluntad de agredir, un resultado lesivo para los derechos o intereses de terceras personas, todo ello provocado en aras a la consecución de objetivos políticos particulares (LAWRENCE, 1970) .

Siempre que hablamos de violencia contra seres humanos (“violencia primaria”) la noción de daño es decisiva. Sea por referencia a un agente externo personalizado que inflige dolor, sufrimiento, angustia o ansiedad; sea por referencia a una fuerza coactiva o a una institución que actúa en violación de derechos humanos fundamentales; sea por referencia a un empeoramiento con respecto a su situación anterior, la idea de `daño’ está siempre presente. Y no sólo se requiere que alguien resulte dañado o perjudicado, sino que este daño resulte de acciones humanas intencionadas (HOLMES, 1973) . Estos propósitos o expectativas, dirigidos a la producción de un daño, distinguen un acto típico de violencia de otros usos marginales o accidentales de fuerza destructiva.

De esto se deduce que ninguna modalidad de violencia política puede ser entendida en términos estrictamente descriptivos o “factuales” . Los actos de violencia que analizamos no están entre los hechos que pudiéramos llamar “primitivos” o “brutos” del mundo: los usos centrales del concepto sugieren, más bien, una vinculación inmediata con otros términos y conceptos de carácter normativo y evaluativo (HOLMES, 1973).

La última interpretación que deseo comentar es aquélla que liga directamente las nociones de `violencia’ y `legitimidad’. Según esta tesis, la violencia se definiría como “el uso ilegítimo o no autorizado de la fuerza para producir decisiones contra la voluntad de otros” o como “el empleo político de la fuerza física en formas proscritas por un gobierno legítimo” (WOLFF, 1969).

El carácter normativo de estas definiciones queda fuera de toda duda. La violencia se conceptualiza aquí como ilegítima por definición, desautorizada, injustificada. Obsérvese que no hay referencia a que la prohibición de la violencia “sea hecha por aquéllos generalmente aceptados como autoridades legítimas”, sino que la conexión es directamente normativa: violencia -uso ilegítimo de la fuerza. Robert Paul Wolff, que propuso esta definición, señaló que recurrir a otras vías, como la producción de un daño físico, la interferencia corporal, o la agresión personal directa, para definir la violencia, “sirve habitualmente un propósito ideológico, cual es rechazar o descalificar, como inmoral e ilegítimo, el único instrumento de poder accesible a ciertas clases sociales” (WOLFF, 1969)

Esta forma de caracterizar la violencia cuenta con una importante tradición doctrinal en su favor. Hannah Arendt afirmó que “la violencia puede ser justificable, pero nunca será legítima” (ARENDT, 1973). Mientras que el poder político no necesitaría de justificación, pero sí de legitimidad, la violencia no puede ser calificada como `legítima’, aunque quepa justificarla en casos concretos. Leslie MaeFarlane siguió un camino similar, para concluir que “la violencia es la capacidad o el acto de imponer la voluntad de un sujeto sobre otro, cuando la imposición se considera ilegítima” (MACFARLANE, 1977) . Según esta definición, la existencia o no de violencia política dependerá de la atribución efectiva de legitimidad o ilegitimidad hecha por los miembros del grupo social . De modo que no se prejuzga, de antemano, qué tipo de conductas o acciones han de ser calificadas de `violentas’ : serían los propios ciudadanos los que terminan de definir los límites de lo que entienden por `violencia’ . MacFarlane emplea este análisis para criticar la postura de Wolff, que concluía considerando incoherente o sin sentido el propio concepto de violencia política.

La violencia ejercida contra las instancias representativas del Estado puede calificarse, sin ambages, de `violencia política’ . Su propósito es influir en, o determinar, un cambio social y/o político, una modificación legal, o cualquier tipo de transformación o reequilibrio en la estructura de poder. El daño o agravio se causa a una institución (además de a personas concretas, no lo olvidemos), y la intención última es precisamente ésa. Aquí vemos con claridad el carácter normativo del concepto de `violencia política’ . Hay una intención y unos objetivos políticos, se causan unos daños de carácter político, y a la violencia subyace una pretensión de cambio, reforma o revolución: la violencia es instrumental al servicio de unos fines . Esta modalidad o forma de violencia es propia de grupos disidentes, de minorías activistas (a veces muy amplias), pero en ningún caso de individuos totalmente aislados (MACFARLANE, 1977; ARENDT, 1973). En la práctica de la violencia, tanto esporádica como continuada, pero especialmente de ésta, se produce un fuerte sentimiento de coherencia de grupo, de pertenencia, de solidaridad: es lo que Michael Walzer ha llamado `membrecía’ (W LZRR; 1970). Los activistas violentos actúan siempre por referencia, por una parte, a “ideales” abstractos y genéricos (la nación, la clase social. . .), y por otra, a los valores, reglas y pautas de conducta específicas del grupo formado por los activistas .

Violencia política, según todas las explicaciones que he dado, que no justifican, en absoluto su comportamiento en la vida política ni de Pablo Iglesias ni de sus encubridores, el presidente del Gobierno y especialmente el ministro del interior Sr Marlaska.

 

 

Enrique Area Sacristán.

Teniente Coronel de Infantería.

Doctor por la Universidad de Salamanca


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Lo que de verdad quiere PODEMOS: La violencia de la extrema izquierda y el Gran Despertar

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Los habitantes de ciudades como Medellín y Bogotá, en manos de gobiernos de la extrema izquierda, están emigrando a pueblos vecinos y algunos, los más ricos, están emigrando al exterior. (Flickr)
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En la Universidad de Stanford, la joven Gabby Crooks, estudiante de relaciones internacionales y derechos humanos, propuso que exterminaran a todos los estudiantes de raza blanca del campus universitario.

Crooks sabe que promoviendo el genocidio, asegura los votos necesarios para ser reelegida en el Senado de los estudiantes de pregrado. Los estudiantes de raza blanca, temerosos de ser asesinados por los fanáticos seguidores de Gabby se quejaron ante las autoridades universitarias que terminaron dándole la razón a Gabby porque por encima del derecho a la vida, se encuentran todos los derechos que están consagrados en los dogmas que la extrema izquierda usa para proteger y justificar su agenda de miseria y muerte.

Bajo la misma lógica agresiva de Gabby, Gustavo Petro amedrenta a la sociedad colombiana utilizando la violencia para afianzar su llegada a la presidencia de Colombia en el año 2022. Según la firma encuestadora Invamer, cuenta con el apoyo del 38,3 % del electorado colombiano, algo cercano a las 15 millones de personas (la mayoría jóvenes y NINIS), con base al censo electoral de abril del 2021.

Ese número de votantes se podría ampliar si se permite votar a los niños desde los 16 años de edad pues para nadie es un secreto el fervor que despierta el carismático Gustavo Petro entre los niños colombianos, franja que desconoce el pasado criminal de Petro, lo que le ha permitido tener a miles de seguidores que son hábilmente instrumentalizados por su equipo multinacional de asesores.

En Chile, la misma propuesta violenta y salvaje de Gabby y Gustavo tiene a las puertas de la Casa de la Moneda a la marxista Pamela Jiles. Igual que Petro, utiliza a los jóvenes más ignorantes, inexpertos y violentos cómo perros de presa para quemar y arrasar con todo lo que encuentren en su camino si los chilenos no hacen y dicen todo lo que Jiles quiere que hagan y digan como, por ejemplo, votar por su esposo Pablo Maltés para que sea el gobernador de la Región Metropolitana de Santiago.

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Jiles también amenaza al presidente Sebastián Piñera para que cambie a los ministros que ella diga o cambie las políticas públicas que ella ordene. Los chilenos, otrora los más evolucionados y civilizados de Latinoamérica, lograron ser doblegados por la barbarie de la extrema izquierda que representa Pamela Jiles y “sus nietos” como se refiere de forma cariñosa a la caterva de jóvenes terroristas urbanos que ella domina a su antojo.

Con base en el último censo de los Estados Unidos, los estados de California y Nueva York perdieron, cada uno, un escaño en la Cámara de Representantes porque gran parte de su población, incluida la más rica, emigró hacia otros estados como Florida y Texas, cansados de las decisiones absurdas de sus gobernadores del partido Demócrata y de la violencia irracional de grupos terroristas como Black Lives Matter (BLM) y Antifa, y de los ataques desde la misma institucionalidad en contra de la policía por lo que se volvieron lugares inseguros en los que los empresarios que generan empleo y pagan impuestos, no quieren ni pueden estar. El entorno violento e inseguro genera incertidumbre e inestabilidad, por lo tanto, se pierde la confianza necesaria para fomentar la inversión.

Los habitantes de ciudades como Medellín y Bogotá, en manos de gobiernos de la extrema izquierda, están emigrando a pueblos vecinos y algunos, los más ricos, están emigrando al exterior. La persecución desde el ayuntamiento contra la policía y la institucionalidad se convirtió en un apoyo indirecto a las actividades de los delincuentes.

Dicen con sorna que a la alcaldesa Claudia López le van a levantar un monumento en la plaza principal de Girardot, Anapoima y Villa de Leyva porque se disparó el consumo, el empleo y el pago de impuestos en esos lugares, gracias al éxodo de los bogotanos que ella misma promovió y provocó al convertir a su gobierno (el de Bogotá) en una opera bufa escrita por un principiante.

El origen común de la violencia irracional de la extrema izquierda es la obra del comunista francés, George Sorel. Sorel consideraba que Marx estaba equivocado, no en su doctrina, sino en su método. La doctrina del Sorelianismo cuestionaba que la revolución final se diera hasta cuando fracasara el capitalismo y consideraba etéreo decir que el materialismo histórico propiciaría la llegada del comunismo por lo que creía que era necesario, para agilizar el proceso, usar la violencia y la fuerza para “a la brava” lograr la llegada del comunismo.

En las calles de las ciudades estadounidenses, jóvenes con camisas negras portando banderas negras, se autodenominan ANTIFA (Antifascistas), y por eso pueden delinquir libremente porque convencieron a una sociedad ignorante que ellos no son fascistas y que los fascistas son malos. En España al canto de “somos antifascistas” unos desadaptados sociales del partido comunista Podemos agreden de manera violenta a jóvenes que asisten a una reunión de VOX porque lograron convencer a otra sociedad ignorante que todos los que no son comunistas son de extrema derecha y son “fachas”. En Colombia, Gustavo Petro, excabecilla del grupo terrorista de extrema izquierda M-19, tiene convencidos a los jóvenes más ignorantes y violentos, que viven en una dictadura fascista y que deben luchar todos los días por su libertad y sus derechos que, supuestamente, les arrebataron.

Las medidas ilógicas, irracionales, se volvieron habituales en Colombia. En plena pandemia, no se puede ir al velorio de la abuelita pero sí se puede asistir en masa al homenaje póstumo por el eterno descanso del alma de Dilan Cruz. No se puede ir a trabajar, pero sí se puede asistir a un acto multitudinario de consumo de marihuana. No se puede fumigar con glifosato porque le puede dar cáncer al guerrillero que cuida el cultivo de coca. No se puede usar gases lacrimógenos para dispersar a los terroristas urbanos durante la pandemia porque le puede dar tos al vándalo. La fuerza pública no se puede defender porque no puede usar sus armas y se tiene que dejar asesinar de los antifascistas que ejercen su sagrado derecho a la protesta social.

Lo que está ocurriendo en el mundo ha sido una gran prueba para medir el coeficiente intelectual de la sociedad y para calcular su capacidad de hacer frente al accionar de los violentos y del absurdo de su proceder.

Todos los días nos lo dicen para despertarnos, para hacernos conscientes, para que tomemos decisiones y actuemos. Nos lo han mostrado de mil formas y por todos los medios, lo han hecho evidente, han documentado situaciones peripatéticas que, a fuerza de verlas tanto, se habían terminado por naturalizar a pesar de ser totalmente irracionales.

Afortunadamente, la gran mayoría, ve lo evidente porque en medio de la tragedia se agudiza los sentidos, la percepción y el sentido común. Ese es el Gran Despertar de la humanidad al que tanto se hace referencia. Ese es el gran cambio que va a tener la humanidad.

En el Senado de Arizona aprobaron una auditoria a todos los votos del Estado después de encontrar enormes inconsistencias y evidencias de fraude en los resultados del condado de Maricopa. En una orden ejecutiva del año 2018 dice que en caso de fraude o interferencia extranjera en las votaciones, se convocará a nuevas elecciones. Por eso desde ya, muchos dicen que el 4 de julio del 2021 regresa el presidente Donald Trump. Esperemos a que lo digan en CNN.

 

Andrés Villota Gómez es consultor en temas de inversión responsable y sostenible, y es excorredor de bolsa con más de 20 años de experiencia en el mercado bursátil colombiano


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Partidos políticos. ¡Porca miseria!. Por el General de División Juan Chicharro (R)

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Sí, observo un cierto hartazgo en el pueblo español del espectáculo que todos los días nos ofrecen nuestros políticos y desde luego el de los partidos que representan.

El artículo 6 de la Constitución Española dice: “ los partidos políticos expresan el pluralismo político , concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política “.

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Vale, que diría un castizo, más tengo para mí que desde la aplicación de esta perspectiva más bien sucede que en la práctica los partidos en lugar de ser la manifestación de la voluntad popular como dice el artículo constitucional citado lo que hacen en realidad es modular esa manifestación en función de sus propios intereses oligárquicos o de clase. En definitiva, un fraude de ley. Dicho de otra manera : yo lo que veo es un sistema que adultera y adapta la democracia a los citados intereses desde el que políticos mediocres sin valores oprimen, abusan y destrozan nuestra sociedad; yo lo que veo son partidos anteponiendo sus propios intereses al bien común de los españoles, incluso pactando con quien sea , los enemigos de España , por ejemplo , con tal de mantenerse en el poder; yo lo que veo es un pueblo adoctrinado por la propaganda de los partidos merced a la labor de la mayoría de unos medios de comunicación a sueldo de los mismos; yo lo que veo es como los partidos son causa de división y enfrentamiento entre españoles , fuentes de corrupción e injusticia y desigualdad.

Añádase a todo esto el hecho irrefutable de algo real que podría exponer pero nada mejor que leer a Franco en un discurso que pronunció en Valencia en 1962 :  

“Todos hemos conocido, especialmente los que ya somos viejos, la ficción de los partidos políticos, en los que la relación entre representantes y representados se limita a la elección entre varios nombres que los comités de los partidos les presentan, y que en la casi totalidad de los casos los electores desconocían; pero una vez lograda la investidura obraban a su antojo, sin tener en cuenta los intereses y la voluntad de los votantes”.

¿Les recuerdan estas palabras algo ? ¿ acaso no lo ven?

Sí, claro que soy consciente de que Franco pronunció esas palabras hace casi 70 años, y ante una sociedad muy diferente, pero, ahora, en vísperas de unas nuevas elecciones, me temo que tenían un carácter premonitorio y de plena actualidad. Yo lo que veo es que los partidos políticos están causando un daño en nuestra sociedad socavando la misma democracia y sumiéndonos en una situación de enfrentamiento civil.

Creo honradamente que Franco sabía bien que, tras su muerte, España se encaminaría hacia un sistema democrático diferente del autoritario que él representaba. Recordemos cuando respondiendo al entonces príncipe Juan Carlos al pedirle este consejo le dijo : ”¿para qué? Vuestra Alteza nunca podrá gobernar de igual manera que yo”

No es menos cierto que en 1975 tras su muerte se desató en España una fuerte ilusión democrática. Yo la recuerdo bien. Pues bien, hoy, 45 años después, lo que veo es como aquella ilusión ha sido frustrada y destrozada por unas organizaciones políticas similares en todo a sus antecesoras. Aquellas que llevaron a España a toda clase de desgracias y desastres. Y es que cuanta razón tenía el Generalísimo cuando le decía a las Cortes en 1955 : «Si a los regímenes políticos hemos de juzgarlos por sus frutos y con la serenidad que nos dan los años transcurridos hacemos balance, ya no de lo alcanzado, sino de lo que bajo el signo de la democracia liberal hemos perdido, llegamos a la conclusión que no podría concebirse un sistema más dañino para los intereses de la Patria y para el bienestar y el progreso de los españoles. que el que hasta hace poco padecimos”.

Fue Amadeo de Saboya quien antes de dar un portazo e irse de España pronunció : “Ah, per Bacco, io non capisco niente. Siamo una gabbia di pazzi”  -¡Por Baco! No entiendo nada, esto es una jaula de grillos -. Y No le faltaba razón. Y tampoco es que la cosa haya cambiado demasiado desde entonces.

Vean Vds el circo en el que se ha convertido hoy la política en España y a lo mejor me dan la razón en lo que digo.

Sí, iré a votar el día 4 de mayo. Iré a votar sin ningún convencimiento de hacerlo pero es lo que hay y a eso hay que atenerse por desgracia. Y mientras tanto asisto entre atónito y entretenido al espectáculo diario de mitines borreguiles , declaraciones, peleas en debates, cartas amenazadoras sin remitentes, encuestas amañadas ….etc.

Creanme, yo no desconozco la diversidad de opiniones y la necesidad de que estas se expresen por los cauces que sean necesarios en búsqueda de un entendimiento pero siempre desde la perspectiva de algo que una y no divida. No es este el caso hoy.

En cualquier caso termino estas líneas recordando al añorado comandante del Ejército español , Antonio Mingote : “Vota a Gundisalvo” . Y sean Vds. felices.

 

Gral. de División Juan Chicharro Ortega

Ingresó en la Escuela Naval Militar en 1969.

Ha participado en las siguientes operaciones: Campaña del Sáhara en 1975, En Nicaragua/Honduras en 1989 y en Bosnia Herzegovina en 1999.

Es General de División de Infanteria de Marina y Diplomado de Estado Mayor del Ejercito de tierra.

Actualmente en la situación de reserva ha sido el Comandante General de la Infantería de Marina entre el 2006 y el 2011 y fue Ayudante de Campo de SM el Rey durante 4 años.

En la actualidad es Presidente de la Fundación Nacional Francisco Franco.


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