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Ciencia Y Tecnología

El 2019 dejará cinco eclipses dos de Luna visibles desde España y otros tres de Sol

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El 2019 dejará cuatro eclipses, uno parcial y uno total de Luna que serán visibles desde España, y otros tres de Sol (uno parcial, uno total y uno anular), según informa el Instituto Geográfico Nacional (IGN), dependiente del Ministerio de Fomento.

El primer fenómeno de este tipo del año será el eclipse parcial de Sol los días 5 y 6 de enero. Este eclipse parcial será visible en el noreste de Asia y el norte del Pacífico. Se iniciará el día 5 de enero a las 23.34 UTC (00.34 del día 6 en España), en un punto de la provincia de Hebei (China), al noreste de Pekín, y avanzará hacia el este atravesando Corea del Norte, Corea del Sur, Japón, el extremo oriental de Rusia y el norte del Pacífico.

El máximo del eclipse se producirá el 6 de enero a las 1.41 horas UTC, en un punto cercano a la ciudad de Srednekolimsk, en la República de Sajá (Rusia). En ese momento, la magnitud del eclipse será 0,71. Y el final del eclipse se producirá el día 6 a las 3.49 horas UTC a una latitud de 43º Norte, en un punto del Océano Pacífico. La duración total del fenómeno será de 255 minutos (4 horas y 15 minutos).

El segundo eclipse del año también se producirá en enero. Se trata del eclipse total de Luna, que tendrá lugar el 21 de enero y será visible en Asia occidental, América, África y Europa, incluido España.

El inicio del eclipse de penumbra tendrá lugar a las 2.35 horas UTC (3.35 hora peninsular). El parcial será visible a partir de las 3.32 UTC y el total a partir de las 4.39 UTC. Este será visible en la mitad occidental de África, Europa y América, y finalizará a las 5.40 UTC, con lo que tendrá una duración de 1 hora y 1 minuto. El eclipse de sombra finalizará a las 6.47 UTC y el de penumbra a las 7.44 UTC.

Tan solo en el oeste de Europa, América y el océano Pacífico, el eclipse será visible en todas sus fases. España, al estar al oeste del viejo continente, será uno de los pocos países europeos que pueda ver el fenómeno en su totalidad, aunque no en todo el país. Según el IGN, los mejores lugares para la observación serán los situados hacia el oeste, por lo que en la mitad este de la península y en Baleares no se verán todas las fases, dado que la Luna se ocultará antes de que finalice el fenómeno.

Meses después, se producirá un eclipse total de Sol el día 2 de julio, que será visible en el Pacífico sur y Sudamérica. Este eclipse se iniciará a las 16.55 horas UTC (17.55 hora peninsular española) en un punto del océano Pacífico al sur de la Polinesia Francesa. El fin del eclipse se producirá a las 21.50 UTC en un punto situado al sudeste de San Pablo de Lípez, en el departamento de Potosí (Bolivia). La duración total del fenómeno será de 295 minutos (algo menos de 5 horas).

El eclipse total se iniciará a las 18.02 en un punto del océano Pacífico al este de Nueva Zelanda; cruzará el Pacífico de oeste a este, se adentrará en Chile por las regiones de Coquimbo y Atacama, pasará a Argentina por la provincia de San Juan, continuando por La Rioja, San Luis, Córdoba y Santa Fe, hasta finalizar en la provincia de Buenos Aires. El eclipse total terminará a las 20.43 UTC en un punto al sudeste de la ciudad de Chacomús (Argentina). La duración total del fenómeno será de 161 minutos (algo menos de 2 horas y 45 minutos).

El máximo del eclipse tendrá lugar a las 19.23 horas en un punto del océano Pacífico al norte de la Isla de Pascua (Chile), siendo la duración máxima de la totalidad de 4 minutos y 33 segundos y la anchura de la sombra en el máximo de unos 201 kilómetros.

Julio dejará otro eclipse, uno parcial de Luna los días 16 y 17, que será visible en Sudmérica, África, Asia, Oceanía y Europa, entre ellos España. El inicio del eclipse de penumbra tendrá lugar el día 16 a las 18.44 horas UTC y será visible en Oceanía, Asia, África oriental y central y el este de Europa. El eclipse parcial comenzará a las 20.02 UTC, llegando a su máximo a las 21.31 UTC, y finalizando a las 22.59 UTC, siendo visible en Oceanía, Asia, Europa, África y Sudamérica.

El eclipse terminará el día 17 a las 0.17 UTC, y podrá verse en sus últimas fases en Asia occidental, Europa, África, Sudamérica y el extremo oriental de Norteamérica.

El año cerrará con un eclipse anular de Sol el 26 de diciembre. Será visible como parcial en el extremo oriental de África, Asia y en la mitad septentrional de Oceanía y dará inicio a las 2.30 horas UTC en el mar de Arabia, frente a la costa de Omán, y terminará a las 8.06 UTC en un punto del océano Pacífico al sur de la isla de Guam. La duración total del fenómeno será de 336 minutos (algo más de 5 horas y media).

El eclipse anular se iniciará a las 3.36 al noroeste de Al-Hofuf (Arabia Saudí). Atravesará Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Omán, cruzará el mar de Arabia y volverá a tocar tierra en el sur de la India y el norte de Sri Lanka. Se adentrará después en el Sudeste Asiático atravesando la isla de Sumatra (Indonesia), Singapur y la isla de Borneo (Indonesia y Malasia) para, por último, adentrarse en el Océano Pacífico cruzando la isla de Guam (Estados Unidos).

El eclipse anular finalizará a las 6.59 a una latitud en un punto del Océano Pacífico al oeste de la Isla Wake (Estados Unidos). La anularidad será visible en numerosas ciudades. Por ejemplo, en Doha (Qatar) la duración de la anularidad será de 35 segundos, en Coimbatore (India) de 3 minutos y 4 segundos, en Padangsidempuan (Indonesia) de 3 minutos y 31 segundos, en Singapur (Singapur) de 2 minutos y 20 segundos, en Kota Samarahan (Malasia) 1 minuto y 56 segundos y en la isla de Guam (Estados Unidos) 3 minutos y 10 segundos.

El máximo del eclipse anular se producirá a las 5.18 horas UTC cerca de las islas Meranti, en Sumatra (Indonesia). La magnitud máxima del fenómenos será de 0,97 y su duración máxima de 3 minutos y 39 segundos.

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Ciencia Y Tecnología

Crean el mapa más completo de la evolución de las razas de perros

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(Agencia Sinc) El perro doméstico ha acompañado al ser humano en todas sus migraciones, por eso reconstruir el árbol genealógico de los canes ha sido una tarea difícil para los científicos porque las pistas han estado dispersas a través de los genomas de cientos de razas de perros.

Gracias a las secuencias de ADN de 1.346 perros pertenecientes a 161 razas modernas, un equipo de científicos, liderado por el National Human Genome Research Institute (EE UU), ha creado el mayor mapa evolutivo de las razas de perros. Los resultados, publicados en la revista Cell Reports, demuestran no solo la historia de hibridación de las razas, sino también qué efectos tuvieron en sus genes las migraciones.

Para entender cómo evolucionaron las razas de perro más antiguas y qué papeles desempeñaron para los humanos, los investigadores seleccionaron ciertos tipos como los Pastores o los Pointers, y después los cruces recientes para obtener otros rasgos físicos.

“Comprender que los tipos se remontan a hace mucho más tiempo que las razas o que las simples apariencias físicas nos hace reflexionar”, indica Heidi Parker, genetista de perros en los National Institutes of Health (NIH) y coautora del trabajo.

Las razas más antiguas

En busca de las razas de perros más antiguas, la investigación aporta nuevas evidencias de que los canes viajaron con los seres humanos desde hace miles de años. De hecho, aunque ya existían pruebas arqueológicas, el estudio muestra las primeras evidencias en razas modernas de la existencia del ‘perro del Nuevo Mundo’, una antigua subespecie canina que migró a través del estrecho de Bering con los antepasados ​​de los nativos americanos.

En este sentido, aunque las razas más populares en América proceden de las europeas, los científicos señalan que algunas razas de Centro y Sudamérica, como el perro sin pelo de Perú y el Xoloitzcuintle, probablemente desciendan de esta antigua raza de perro.

“Lo que observamos es que hay grupos de perros americanos que de alguna forma se separaron de las razas europeas”, dice Parker, quien subraya que al buscar firmas genéticas del ‘perro del Nuevo Mundo’ encontraron que estos canes las tenían ocultas en sus genomas. Sin embargo, para los expertos, siguen sin quedar claro qué genes de los perros sin pelo modernos proceden de Europa y cuáles de los antepasados del ‘perro del Nuevo Mundo’.

Así se formó el árbol genealógico

En el caso de otras razas de perros, los resultados fueron menos sorprendentes. Muchas razas denominadas de caza, como los Golden retrievers o los Setters irlandeses, tienen su origen en la época victoriana de Inglaterra en el siglo XIX, cuando se crearon nuevos usos de las armas en las expediciones de caza.

Estos perros se agruparon en el árbol filogenético, al igual que las razas Spaniel. Las de Oriente Medio, como los Saluki, y de Asia, como los Chow Chows y Akitas, parecen haberse separado mucho antes de la “explosión victoriana” en Europa y en Estados Unidos.

Por otra parte, las razas pastor –la mayoría de origen europeo– resultaron ser inesperadamente diversas. “Observamos mucha más diversidad donde había un grupo particular de razas pastor que parecía venir del Reino Unido, un grupo particular que salió del norte de Europa, y un grupo diferente que salió del sur de Europa”, detalla Parker.

Esto confirma que el uso de estas razas no es reciente. “La gente los empleaba para trabajar hace ya miles de años”, añade el experto. Los análisis genéticos también muestran que los perros pastor “se desarrollaron en diversos lugares y probablemente en épocas diferentes”, concreta Elaine Ostrander, coautora del estudio y genetista en los NIH.

El equipo de científicos lleva años secuenciando los genomas de los perros, pero más de la mitad de las razas que existen en la actualidad aún no han sido secuenciadas, por lo que los científicos intentan recopilar otros genomas de perros para llenar estos huecos.

Además, este tipo de estudios tiene aplicaciones prácticas porque permiten identificar genes que causan enfermedades, como epilepsia, diabetes, e incluso cáncer, tanto en perros como en seres humanos. “Con estos datos, se puede seguir la migración de los alelos de la enfermedad y predecir dónde es probable que aparezcan. Esto revaloriza nuestro trabajo porque los perros son modelos muy buenos para las enfermedades humanas”, concluye Ostrander, quien señala que cada vez que se detecta un gen de la patología en perros, resulta importante en las personas también.

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A Fondo

Cómo querer a un robot

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Kate Darling
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Federico Kukso (Agencia Sinc). Las máquinas inteligentes ya están entre nosotros y, para bien o para mal, alteran nuestros vínculos sociales. A medida que se infiltran en ámbitos privados de nuestra vida, psicólogos y especialistas en ética advierten cómo nos afectan emocionalmente las relaciones con estos seres artificiales.

Toda gran historia tiene un principio, un medio y un final. El 13 de febrero pasado la NASA anunció el desenlace de una de las más importantes odiseas espaciales de nuestro tiempo: a ocho meses de la última comunicación con la Tierra, el robot Opportunity fue declarado muerto en Marte.

Durante casi 15 años, este vehículo de exploración de seis ruedas y del tamaño de un carrito de golf vagó por el planeta rojo, encontrando en los 45 km que recorrió pruebas concluyentes de que nuestro vecino albergó grandes cuerpos de agua líquida en un pasado lejano.

“Junto a su gemelo Spirit, Opportunity ha hecho de Marte un lugar familiar”, declaró John Callas, gerente de proyectos del Jet Propulsion Laboratory, después de que una feroz tormenta de polvo bloqueara los paneles solares del rover, impidiéndole recargar sus baterías.

Los controladores del vehículo hicieron más de 835 intentos de contacto con el robot geólogo. Incluso le mandaron a “Oppy” –como cariñosamente lo conocían– una última canción para que despertara: I’ll Be Seeing You de Billie Holiday, que provocó lágrimas en los ojos de varios miembros del equipo. La única respuesta fue el silencio.

Se trataba del final. “Este es un día difícil”, dijo Callas en una suerte de funeral organizado en Pasadena, California. “A pesar de que es una máquina y nos estamos despidiendo, sigue siendo muy difícil y conmovedor”.

“Descansa, robot –escribieron en la cuenta oficial de Twitter de Opportunity–. Tu misión ha sido completada”.

Este tipo de tributos exhibieron una increíble predisposición humana: la de involucrarnos emocionalmente con objetos. Al fin y al cabo, Opportunity era (es) eso: un cuerpo inanimado, un entramado de aluminio, cables, cámaras y paneles. Una cosa.

“Estamos biológicamente programados para proyectar intencionalidad y vida a cualquier objeto que nos parezca autónomo –explica Kate Darling del Media Lab del MIT–. Por eso la gente trata todo tipo de robots como si estuvieran vivos”.

Para esta especialista en ética y derecho que se presenta como Mistress of machines (“Maestra de las máquinas”) en la conferencia IBM Think en San Francisco, tenemos una tendencia general a humanizar a los animales e incluso a seres no vivos que nos rodean o con los que habitualmente interactuamos.

Los seres humanos creamos conexiones emocionales con animales de peluche, automóviles y otras máquinas. Si están equipadas con características o partes del cuerpo típicas de seres con vida –como ojos o brazos–, las percibimos como entidades en lugar de dispositivos o herramientas. Les asignamos nombres, tratamos a aspiradoras robóticas como “ellas” en lugar de como “eso”.

“Los robots no tienen sentimientos –advierte Darling– pero las personas que tratamos con robots sí tenemos sentimientos hacia ellos. Y eso no ha sido del todo explorado”.

Lazos de acero

Los humanos hemos mostrado durante generaciones una curiosa tendencia para fraternizar con objetos, ya sea como proyecciones o en nuestra constante búsqueda de afecto y compañía. En la película Cast Away (Náufrago, 2000), el personaje interpretado por Tom Hanks arriesga su vida para salvar a un balón de voley llamado Wilson, que se ha convertido en su mejor amigo y confidente en la soledad de una isla desierta en el Pacífico.

Sin embargo, ahora que nuestras creaciones muestran elementos rudimentarios de inteligencia, los lazos que los humanos forjamos con las máquinas son aún más impresionantes.

“Los robots no tienen sentimientos –advierte Darling– pero las personas que tratamos con robots sí tenemos sentimientos hacia ellos. Y eso no ha sido del todo explorado”

Las guerras en Afganistán e Irak se han convertido en un estudio de campo sin precedentes en las relaciones humanas con estos seres artificiales. Estos conflictos son los primeros en la historia en ver un despliegue generalizado de miles de robots de batalla encargados de despejar caminos de dispositivos explosivos, buscar bombas debajo de autos, espiar al enemigo. Y también de aniquilar personas.

Sin embargo, aún más asombrosas que las capacidades de estas máquinas son los efectos que tienen en sus controladores humanos. En 2007, el reportero de The Washington Post Joel Garreau entrevistó a miembros del ejército de Estados Unidos sobre sus relaciones con robots. Un coronel que supervisaba el ejercicio de prueba de un robot construido para caminar y detonar minas terrestres terminó ordenando que se detuviera, porque la imagen del robot arrastrándose destartalado por el campo después de una explosión era demasiado “inhumana”.

Los soldados –que en muchos casos confiaban sus vidas en estas máquinas– no solo les ponían nombres cariñosos. Como cuenta Peter Warren Singer en Wired for War: The Robotics Revolution and Conflict in the 21st Century, hay historias de soldados que arriesgan sus vidas para salvar a los robots con los que trabajan. Robots militares incluso han recibido medallas y funerales con honores.

Simpatía por lo artificial

A medida que los asistentes digitales se vuelven omnipresentes, nos estamos acostumbrando a hablar con ellos como si fueran seres sensibles. Hay quienes ya tratan a Siri, Alexa o Google Home como confidentes, como amigos y terapeutas.

En las guerras de Irak y Afganistán, los soldados ponían nombres cariñosos a los robots con los que trabajaban; incluso alguno arriesgó su vidas para salvar a un robot.

“Cada vez creamos más espacios en los que la tecnología robótica está destinada a interactuar con los humanos –indica Darling–. Nuestra inclinación a proyectar cualidades reales en los robots plantea interrogantes sobre el uso y los efectos de la tecnología”.

En su libro Alone Together: Why We Expect More from Technology and Less from Each Other, a la psicóloga Sherry Turkle le preocupa que las relaciones seductoras de robots, que se supone que son menos agotadoras que las relaciones con humanos, tienten a las personas a evitar la interacción con sus amigos y familiares.

A medida que la inteligencia artificial impregna nuestras vidas, debemos enfrentarnos a la posibilidad de que afecte nuestras emociones e inhiba conexiones humanas profundas.

Darling justamente investiga los efectos sociales, éticos y legales a corto plazo de la integración de la tecnología robótica en la sociedad. Explora cómo los robots sociales funcionan como reflejos de nuestra propia humanidad: cómo incitan nuestras emociones, cómo son disparadores de empatía, además de funcionar de compañía de personas dentro del espectro autista o en una población cada vez más avejentada.

En 2013, en un taller realizado en Ginebra, Darling, le dio a cinco equipos de personas un robot Pleo, un dinosaurio de juguete para niños, de ojos confiados y movimientos cariñosos. Les pidió que le pusieran un nombre e interactuaran con ellos durante aproximadamente una hora. “Luego les dimos un martillo y un hacha –recuerda– y les dijimos que torturaran y mataran a los robots”.

Ninguno de los participantes aceptó hacerlo. Así que finalmente, Darling amenazó: “Vamos a destruir todos los robots a no ser que alguien destruya con un hacha uno de ellos”. Entonces, una mujer se puso de pie, tomó el hacha y le dio un golpe al robot en el cuello. Toda la habitación se estremeció. “Fue mucho más dramático de lo que nunca habíamos anticipado”.

No se trata solo de una anécdota. En un estudio, investigadores de la Universidad de Duisburg-Essen en Alemania utilizaron un escáner de resonancia magnética funcional para analizar las reacciones de las personas ante un vídeo de alguien que torturaba un dinosaurio robótico Pleo: asfixiándolo, metiéndolo dentro de una bolsa de plástico o golpeándolo.

La psicóloga Astrid Rosenthal-von der Pütten y sus colegas descubrieron que los participantes experimentaban una sensación de empatía al ver a un robot sometido a tortura. Las respuestas fisiológicas y emocionales que midieron fueron mucho más fuertes de lo esperado, a pesar de ser conscientes de que estaban viendo un robot.

Este tipo de reacciones se advierten en las redes sociales cada vez que la compañía Boston Dynamics sube un nuevo vídeo de uno de sus robots que reciben patadas y tirones para demostrar que pueden lidiar con fuerzas imprevistas.

En 2015, incluso la organización por los derechos de los animales PETA se pronunció: “Si bien es mucho mejor patear a un robot de cuatro patas que a un perro real, la mayoría de las personas razonables consideran que incluso la idea de tal violencia es inapropiada”. Sin mencionarlo, hacían referencia al argumento de la serie Westworld, sobre un alzamiento robótico luego de décadas de subyugación.

En ese sentido se creó la campaña Stop Robot Abuse: “¡Actúa junto con nosotros para detener el abuso y la crueldad hacia los robots! ¡El abuso de robots es un problema real y debe detenerse inmediatamente! Únase y ayúdenos enseñando a los niños humanos cómo manejar mejor los robots desde una edad temprana”.

Sin embargo, el problema con la tortura de un robot no tiene nada que ver con el robot en sí, sino con los valores sociales y los impulsos de las personas que ven tal espectáculo.

Nuevos y viejos derechos

La apariencia de las máquinas juega un papel importante en cómo las tratamos. En 2016, investigadores de la Universidad de Stanford descubrieron que la gente se siente realmente incómoda cuando se les pide tocar las partes íntimas de un robot. “La gente responde a los robots de una manera primitiva y social”, dice la Jamy Li, una de las autoras del estudio. “Las convenciones sociales sobre tocar las partes privadas de otra persona se aplican también a las partes del cuerpo de un robot”.

En muchos casos, las percepciones que tienen las personas sobre lo que es y es capaz de hacer un robot provienen de la ficción. “Creo que estamos muy atrapados en las ideas de ciencia ficción y la cultura pop de lo que la inteligencia artificial y los robots pueden hacer o no pueden hacer –señala Darling–. Las personas a veces sobrestiman o subestiman lo que la tecnología puede hacer”.

Investigadores de la Universidad de Stanford descubrieron que la gente se siente realmente incómoda cuando se les pide tocar las partes íntimas de un robot.

Proyectamos en los robots más inteligencia de la que realmente tienen. Los robots aún no pueden lidiar con cosas fuera de parámetros muy limitados. Esta atribución, en ciertas ocasiones pude ser divertido y en otras, problemático. Como recuerda esta investigadora, existe el concepto de sesgo de automatización: “A veces confiamos demasiado en las máquinas. Confiamos ciegamente en su toma de decisiones, o confiamos en que un algoritmo es neutral y no sesgado. A menudo, ese no es el caso”.
En el caso de Opportunity, la percepción social estuvo, tal vez, influenciada por personajes como el robot Wall-E. Y también por el curioso estilo de redacción de las cuentas oficiales de Twitter de este tipo de máquinas o lo que se conoce como encuadre antropomórfico: en sus redes sociales, parecen vivas, con personalidad y voluntad.

La infiltración de estos seres artificiales en la sociedad y en nuestros ámbitos privados abre así un territorio inexplorado para la psicología. “La llegada de los robots se siente como si una raza alienígena aterrizara en la Tierra. No sabemos qué hacer con ella”, dice Darling, quien sospecha que durante una primera fase trataremos a los robots como mascotas.

Lo que sigue –¿robots sociales con derechos legales? – por ahora pertenece al dominio de la ciencia ficción y la especulación. O no tanto: en 2017, Arabia Saudita se convirtió en el primer país en otorgar la ciudadanía a un robot. Sin estar obligada a usar hiyab o a estar acompañada por un tutor masculino, este ser artificial de aspecto femenino recibió algunos derechos que las propias mujeres sauditas no pueden disfrutar en su país.

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Ciencia Y Tecnología

El PSOE propone que las mujeres no paguen el primer año de las carreras científicas

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Con el fin de potenciar las vocaciones científicas, las conocidades en el mundo anglosajón como STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) entre las mujeres jóvenes, el PSOE ha planteado que la matrícula universitaria sea gratuita en el primer año para aquellas chicas que se matriculen en carreras donde haya de media menos de un 30 % de mujeres.

Es una de las 370 medidas incluidas en su documento “Propuesta abierta para un programa común progresista”, donde añade que se estudiará “la aplicación de puntos adicionales en las solicitudes de becas para estos estudios de grado y postgrado”.

Un documento que busca atraer a Unidas Podemos para que apoye la investidura de Pedro Sánchez sin entrar en el Gobierno y que, en su defecto, podría ser el borrador del programa electoral socialista en el caso de que haya elecciones anticipadas el próximo mes de noviembre.

Además, el PSOE mantiene su ataque contra la libertad de elección de los padres y la educación concertada, por lo que amenaza con dejar de apoyar a los centros educativos que separen por sexo a los alumnos, “mediante las modificaciones normativas que sean necesarias”.

Por otro lado, señala que a lo largo de 2020 se elaborará con las comunidades “un plan de universalización de la Educación Infantil” para que la etapa 0-3 años tenga una red de recursos integrada pública y gratuita.

Otra medida es fijar en 2025 cuando se sitúe la inversión educativa en España en el 5 % del PIB.

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