Castilla y León
El ex dirigente de Vox en León Argimiro Santos niega haber sido agredido por Javier Ortega Smith: «No me tocó un pelo»
La Sala Penal del Tribunal Supremo tendrá que decidir en las próximas semanas si abre una causa para juzgar al diputado y secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, por un presunto delito leve de lesiones denunciado por un militante de Vox al que el secretario general de la formación habría golpeado durante una asamblea celebrada en septiembre de 2016.
La denuncia se refería a los incidentes ocurridos durante la asamblea del partido celebrada en un teatro de Madrid el 24 de septiembre de 2016 cuando unos militantes críticos con la dirección intentaron presentar una candidatura a la mesa alternativa a la oficial. Se les impidió y entonces empezaron a gritar y a protestar. La denuncia sostiene que fueron expulsados del teatro «por la fuerza» y que luego ya no se les permitió volver a entrar al acto.
Tras el incidente hubo denuncias cruzadas ya que la dirección de Vox también actuó contra los denunciantes por haber intentado «boicotear» la asamblea. Pero esa denuncia fue archivada, mientras que la de los militantes siguió adelante.
La persona supuestamente agredida por Ortega Smith es Argimiro Santos, el ex número dos de Vox en León. En declaraciones a AD, Santos ha negado los hechos: «Ortega Smith no me tocó un pelo», subraya rotundo.
El ex dirigente provincial de Vox narra lo sucedido en dicha asamblea: «Durante varios meses, el ambiente se fue caldeando por elementos que, en mi opinión, eran infiltrados del PP. No doy nombres por temor a que tengamos que gastar dinero en abogados. En la asamblea, un tal Ignacio San Julián me encargó una candidatura alternativa a la oficial para a la mesa de la presidencia, y eso hice. La iniciativa fue rechazada sin garantías en la votación a mano alzada, porque solo se permitió la votación para la candidatura oficial, al considerarse que había alcanzado mayoría absoluta. Protestamos por ello. San Julián y yo nos dirigimos a dos individuos. A uno lo conocía. Era Enrique Cabanas y el otro un tal Marcos, no sé su apellido. Ambos me agarraron los brazos y finalmente el cuello. Lograron derribarme, lo que provocó que varios militantes acudieran en mi ayuda».
Sobre el papel de Ortega Smith en los incidentes, aclaró: «En medio de la trifulca llegó Javier Ortega Smith, que no me tocó un pelo. En la denuncia, que yo no leí en ese momento de puro nerviosismo, nunca impliqué a Javier Ortega. Lo que sí se produjo fue un fuerte enfrentamiento verbal entre Ortega Smith y el entonces vicepresidente primero de Vox, Juan Jara».
Según relata la exposición razonada del juez de instrucción, dada a conocer por El Español, Ortega Smith y Cabanas rechazan haber golpeado a nadie, aunque no niegan el altercado. Era difícil hacerlo porque fue presenciado por numerosos asistentes a la asamblea.
A Fondo
Pánico total en los sindicatos. Por Jesús Salamanca Alonso
«Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, …»
Dos insignes sindicalistas vallisoletanos me confiesan que los sindicatos mal llamados «obreros» han entrado en pánico ante futuros gobiernos de VOX y de la «derechita cobarde», que se ha tenido que amoldar al acuerdo para formar gobierno regional. Ya sucedió en Castilla y León la legislatura pasada hasta que la insigne derecha de VOX se rasgó las vestiduras, pero se dio un paso importante de legislatura como fue eliminar las subvenciones multimillonarias que recibían los sindicatos «comegambas» o «rebaña-ostras».
Aquel paso, que llevaba tiempo reclamando la ciudadanía, tuvo una vergonzosa retrocesión por parte del PP al verse desamparado, acobardado y sin apoyos, pero quedó patente que los ciudadanos exigen que ese paso se dé de forma permanente. Y ahora se debe hacer; los sindicatos clasistas de la izquierda ventajosa y fomentadora de odio y desigualdad no han hecho nada importante para ser mantenidos por papá Estado a toda costa y a lo grande. Hasta la ministra, Yolanda “Varufakis” Díaz o Yoli «cohete», alias «Tucán», ha hecho el más burdo ridículo con las subvenciones sindicales. Lo raro es que no los haya traicionado, que es su especialidad, aunque nunca es tarde. Está apartada del Consejo de ministros desde que se marchó a la entrega de los Óscar. Cada día despierta más desprecio y menos simpatías. Doy fe.
En los últimos siete años de izquierda presuntamente (y sin presunta) corrompida con apoyos golpistas, comunistas, independentistas y terroristas ha habido infinidad de motivos para convocar huelgas sectoriales y hasta generales, pero el dúo «comegambas» practica el famoso «do ut des». En pocas palabras: dame pan, llámame perro y lléname la faltriquera. ¡Manda huevos! Bien es verdad que han perdido la calle, se han hecho casta, incluso se creen con derecho de pernada con los trabajadores y hoy corren el riesgo de que se les echen encima esos trabajadores responsables, honrados y que no viven de un mundo subvencionado ni duermen hasta las doce de la mañana por estar liberados. Las movilizaciones contra esos sindicatos no se harán esperar y conocerán la horma de su zapato. Al tiempo.
Hay sindicatos sectoriales que no reciben ni un euro, ¿por qué estos vividores sí las reciben? Nunca serán respetados mientras no se hagan cargo de las nóminas de sus propios liberados, ¿qué es eso de que sean las empresas quienes sigan pagándolos si no producen? ¿Qué es eso de que Yolanda y los dos sindicatos más denostados socialmente decidan las subidas salariales sin contar con la patronal? No estaría de más que alguna vez pagaran ellos con el dinero público que reciben. Ellos invitan y el Estado paga con dinero público. ¡Cuánta indignidad y descontrol tienen y cuánta acumulan cada día! ¡Joder, qué tropa!, repetiría incesante don Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones.
Este modelo sindical ya no sirve, nadie cree en ellos, son la mofa y el hazmerreír permanente y, cuando salen en TV los líderes de esas formaciones izquierdosas y ultra-izquierdosas, lo primero que se escucha en los bares, restaurantes y mesones es «¡ladrones!» y, además, se enfatiza, repite y contagia a los asistentes. Incluso calificativos, o descalificativos, muchos más gruesos. Y es que han hecho méritos para ello, llevan siete años holgando y presenciando la corrupción de varios miembros del Gobierno y aledaños, incluso viendo y comprobando como huye el galgo de Paiporta o se esconde, a la vez que miente o entorpece la acción judicial, el avestruz de Adamuz o cómo la UCO saca los colores a la «fontanera», «la Paqui», Ábalos, Koldo, Cerdán y demás parroquia, a veces amparados por las hojas parroquiales de izquierdas: las misma que acusan al juez Peinado de tener dos DNI o a Julio Iglesias en falso.
Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, el Ministerio de Transportes o la presidencia de las Cortes, por no añadir a Felisín Bolaños, Yolanda «Tucán» o Isabelita Rodríguez, más parada que un baile agarrado de los años setenta.
El gran logro sindical español se alcanzará cuando los sindicatos paguen la nómica de sus propios liberados y los gastos de mantenimiento del propio sindicato. Ese día llegará, doy fe de que llegará y tendrá el apoyo de los organismos europeos y de los propios trabajadores. Precisamente será el momento del nacimiento de la modernidad sindical en España y sospecho que Juanma Moreno será quien dé el primer paso junto con Castilla y León, que ya tiene práctica de ello.
Tras las elecciones andaluzas, y el futuro nuevo gobierno de Moreno, ha anunciado que revisará y recortará drásticamente las subvenciones públicas que reciben CC.OO. u UGT cada año. Hablamos de decenas de millones de euros que reciben esas formaciones y cuyo control deja mucho que desear. Ni siquiera sabemos si actúa el Tribunal de Cuentas al respecto ni cómo actúa. Lo del patrimonio sindical lo dedicaremos artículo aparte y en exclusiva.
Los líderes sindicales ya han salido en tromba y planean movilizaciones para seguir mangoneando y chupando del bote, aunque saben que no tienen apoyo de los trabajadores y menos de la ciudadanía en general, pero tranquilos, que llega el día grande de las gambas, el 1º de mayo.
Está claro que lo que proyectan esos sindicatos es «¡un ataque a los trabajadores!» y una amenaza a la Administración para seguir mangoneando y desprestigiándose, aunque ya no pueden desprestigiarse más.
Yo, como trabajador, sigo luchando para acabar con esos privilegios de señoritos y abusadores. Ni creo en ellos ni he creído nunca y jamás me han reportado nada. De ello, doy fe.
