Internacional
El grupo terrorista Black Lives Matter organizó unas 570 protestas violentas este año en Estados Unidos
E. Rondón.- Se ha hablado mucho del «racismo institucional» y la «violencia policial» en EE. UU., hay otra cara de la moneda que también se ha señalado, pero en una medida mucho menor: la violencia en las manifestaciones.
Si bien muchas personas en los Estados Unidos han ejercido su derecho a manifestarse pacíficamente en lo que ellos consideran «crímenes racistas» por la muerte de George Floyd y el salvaje tiroteo contra Jacob Blake en Wisconsin, también hay grupos o movimientos radicales que han aprovechado este descontento para saquear, destruir y arruinar vidas.
A lo largo de las manifestaciones en los EE. UU. se ha mantenido un patrón: protestas, en su mayoría, pacíficas durante el día (con sus debidas excepciones), y extremadamente violentas durante la noche. Ha sido recurrente ver imágenes de negocios arrasados, vidrios rotos, paradas de autobuses destruidas, autos quemados y ciudades que amanecen arrasadas por consecuencia de noches de violencia.
La policía, con la ayuda del Ejército en algunas ciudades, se ha enfrentado a grupos que tienen como bandera el saqueo y el vandalismo entre ceja y ceja. Por ello ciudades como Kenosha, en Wisconsin, han quedado destrozadas tras manifestaciones del movimiento Black Lives Matter (BLM).
Por esto se ha discutido mucho la validez, no de las protestas en sí —derecho inviolable en países libres—, sino del trasfondo de estas; que llevan consigo razones políticas-ideológicas marcadísimas y perfectamente asumibles. Y esto está documentado por un estudio del grupo de la Universidad de Princeton.
Qué revela el estudio de Princeton University Group
En el informe se denuncia el mal clima político, y que la polarización y el extremismo se han adueñado de las calles de EE. UU. Afirman que este clima ha empeorado debido a «acusaciones difamatorias» como que Antifa es una organización terrorista. Sin decirlo, critican a Trump, por supuesto. Pero no al movimiento radical de extrema izquierda que ha efectuado varios actos de violencia en los EE. UU.
En este sentido, el informe ignora varias cosas, como que en el 7 % de esas manifestaciones no se presentaron únicamente «disturbios», sino que se han llevado a cabo saqueos, destrucciones y atentados contra la propiedad privada que ha arruinado miles de vidas.
Lo que el informe debería evaluar es que no solo los disturbios representan violencia, los insultos y discriminaciones que se han desarrollado a lo largo y ancho de los EE. UU. no es algo que se deba pasar por alto al momento de analizar si las manifestaciones donde Antifa y BLM emergen son pacíficas o violentas.
Por ejemplo, hubo una representación de un degollamiento de Trump mediante un muñeco. Quizás esto no entre dentro de los límites del disturbio, no es un saqueo, no es un atentado contra la propiedad privada, pero es una forma de comunicación completamente violenta que, quiérase o no, incita al extremismo.
Aumento de las protestas violentas y del uso de la fuerza
La crítica es contradictoria desde muchos aspectos: el mismo trabajo de investigación detalla que BLM ha estado inmiscuido en más del 80 % de las manifestaciones en todo el país, así que es lógico que las intervenciones policiales sea en protestas del BLM si están presentes en ocho de cada diez. No es que la policía actúe contra un grupo, actúa contra la violencia.
El mismo informe detalla que las manifestaciones subieron en cantidades épicas con respecto al 2019. Solamente entre el 24 de mayo y el 22 de agosto del presente año se llevaron a cabo 10 600 manifestaciones. Solo en julio, ACLED registró casi 2 000 protestas, 42 % más que las 1 400 de julio del 2019. A raíz de esto, el trabajo de investigación critica que la implementación de la fuerza haya incrementado con respecto a julio de 2019. Las fuerzas del orden ejercieron control en 170 manifestaciones y aumentaron el porcentaje en un 9 % en relación con el 3 % y las 30 protestas del año pasado.
Pasar el número así, sin previo filtro, invita a creer que la policía o las fuerzas del orden tienden a actuar de forma más «opresiva», pero no se analiza que, así como aumentaron las manifestaciones, también subieron los disturbios, saqueos y atentados contra la propiedad privada. Se han quemado estatuas y destruido el bien público; que las fuerzas del orden controlen o intervengan más no se basa en un alza de la represión, sino en la necesidad de que se combata a la creciente violencia.
Así que por más que el informe señalado haya intentado imponer una narrativa con un evidente sesgo ideológico, los mismos datos que proporcionan llevan a la conclusión de que, en efecto, las manifestaciones que han tenido la injerencia directa de BLM han sido más violentas. Los datos indican 570 protestas con disturbios en casi 220 lugares alrededor de EE. UU., el vandalismo aumentó —sobre todo durante la noche—, las fuerzas del orden han tenido que intervenir más y muchos americanos creen que integrantes del BLM incitan a la violencia. Las pruebas están al alcance de la mano.
Internacional
Louis, 17 años, asesinado en Narbona: su madre convoca una marcha y exige justicia
La familia de Louis, de 17 años, asesinado tras una brutal paliza en una obra de Narbona, convoca una gran marcha el 5 de julio para exigir justicia. Su madre reclama que los acusados sean juzgados como adultos y que Francia deje de mirar hacia otro lado ante una violencia juvenil cada vez más salvaje.
Narbona vuelve a convertirse en símbolo de una Francia sacudida por la violencia. La familia de Louis, un adolescente de 17 años que murió después de ser atraído a una obra y golpeado hasta quedar inconsciente, ha convocado para el domingo 5 de julio una “marcha blanca” en su memoria. No será, según sus allegados, una simple ceremonia de duelo: será una llamada pública a la justicia, a la responsabilidad política y al fin de la impunidad.
La frase pronunciada por su madre resume el estado de ánimo de una familia rota y de una parte creciente de la sociedad francesa: “No es tiempo de duelo, es tiempo de guerra”. Una declaración durísima, nacida del dolor, que apunta directamente contra un sistema que, según la familia, no protegió a Louis pese a las advertencias previas.
Una marcha para que Louis sea “el último”
La concentración partirá a las 11:00 horas desde la plaza del Ayuntamiento de Narbona y llegará hasta el lugar en el que Louis fue agredido. La convocatoria ha sido presentada por la familia como “la última marcha”, una expresión con la que quieren dejar claro que no aceptan que este tipo de crímenes se normalicen ni se diluyan entre comunicados oficiales, minutos de silencio y promesas políticas vacías.
Su tía y madrina, Marie-Julie Marteau, ha explicado en medios franceses que la familia invita a ciudadanos, padres y responsables políticos de todos los partidos. El mensaje es directo: lo ocurrido a Louis no es solo una tragedia familiar, sino un asunto nacional.
La madre exige que los acusados sean juzgados como adultos
La madre de Louis ha reclamado que los presuntos autores sean tratados penalmente como adultos. Su argumento es tan sencillo como demoledor: quien mata como un adulto debe responder como un adulto. También exige una revisión profunda de la justicia de menores en Francia, convencida de que las normas actuales ya no sirven para responder a una delincuencia cada vez más violenta, organizada y consciente de sus actos.
La familia sostiene además que hubo alertas previas sobre la situación de Louis. El joven, que estaba bajo el sistema francés de protección de menores, ya habría sufrido agresiones anteriores. Esa circunstancia eleva el caso más allá del crimen concreto: obliga a preguntar qué falló, quién no actuó y por qué un menor señalado como vulnerable terminó abandonado a su suerte.
Una agresión grabada y una frialdad que indigna a Francia
Según las informaciones difundidas por medios franceses, Louis fue atraído a una obra en Narbona durante la noche del 19 al 20 de junio. Allí fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. La agresión habría sido grabada en vídeo por los propios atacantes, un detalle que ha provocado una ola de indignación por la crueldad del crimen y por la aparente ausencia de remordimiento.
Louis fue encontrado inconsciente, con graves lesiones en la cabeza y en el rostro. Fue ingresado en coma inducido y murió días después. Cinco sospechosos, entre ellos varios menores, han sido puestos bajo investigación por asesinato, de acuerdo con la prensa francesa. La investigación continúa abierta y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme.
“Creen que son intocables”
La tía de Louis ha descrito públicamente la escena con palabras que estremecen: los agresores se habrían grabado mientras el joven yacía malherido, e incluso habrían regresado al lugar para filmarse de nuevo. “Creen que son intocables”, denunció. Esa sensación de impunidad es precisamente lo que la familia quiere romper con la marcha del 5 de julio.
El caso ha reabierto en Francia el debate sobre la violencia juvenil, la eficacia de los servicios sociales, la justicia de menores y la respuesta del Estado ante ataques cometidos por grupos de adolescentes que actúan con una brutalidad extrema y, en ocasiones, con una exhibición pública de sus actos en redes sociales.
Un crimen que golpea el debate político francés
La muerte de Louis ha provocado reacciones políticas de alto voltaje. Dirigentes de distintos partidos han condenado el crimen y han reclamado una respuesta judicial firme. Pero, más allá de las declaraciones, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: una sociedad que ve cómo determinados episodios de violencia extrema se repiten, mientras las familias de las víctimas sienten que el sistema llega tarde.
La marcha de Narbona no solo honrará la memoria de Louis. También será una prueba de la capacidad de Francia para mirar de frente un problema que ya no puede esconderse bajo eufemismos. Cuando una madre dice que ya no es tiempo de llorar, sino de luchar, lo que está haciendo es acusar a todo un sistema de haber fallado.
