Connect with us

Colaboraciones

El mito de la derecha tripartita… y creciente

Published

on

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!

José Luis González Quirós (R) La política tiende a ser repetitiva y los insistentes intentos del supremacismo catalán para hacer que la Constitución salte por los aires acaban por aburrir, así que cierta monotonía se ha convertido en un carácter peculiar del debate público. Este fondo, tan escasamente llamativo, permite entender que los resultados de las elecciones andaluzas hayan tenido una repercusión extraordinaria y que, apoyándose en ellos, se edifiquen algunas interpretaciones acaso apresuradas.

Andalucía no es, en efecto, poca cosa, y lo que allí ha sucedido puede que marque el futuro político español, cosa que ya pasó con el famoso referéndum andaluz sobre el camino a seguir para constituir la autonomía en aquella región. Esa consulta se llevó por delante a la UCD, aunque no sea sensato olvidar que aquel partido tenía algunas otras afecciones nada menores.

En las elecciones andaluzas se han inspirado dos marcos interpretativos de apariencia distinta pero, en buena medida, coincidentes. Por una parte, se ha querido ver un declinar de la izquierda y, por otra, se anuncia el orto de una derecha creciente pese a su división en tres fuerzas distintas: Ciudadanos, PP y Vox. Como argumento movilizador para la izquierda que se ha quedado en casa, puede no ser malo del todo.

Vayamos a los datos que siempre son los grandes olvidados de las interpretaciones al vuelo. Si nos referimos a lo que viene pasando desde 2011, cuando Rajoy ganó las elecciones generales con una amplia mayoría, es verdad que la izquierda (sumando siempre sus dos versiones) ha descendido desde los dos millones de votos de las andaluzas de 2012 hasta casi un millón setecientos mil votos de las últimas. Si se tiene en cuenta que el PSOE lleva en el Gobierno andaluz casi cuarenta años, y que alguna ministra desavisada se dedicó a echar pestes de la caza y los toros (menos mal que no dijo nada del flamenco) tampoco parece un resultado catastrófico.

Hay que ser miope para describir lo ocurrido en Andalucía como una especie de vuelco que presagia cambios mayores

En lo que se refiere a los votos de lo que se quiere ver como una derecha ampliada por sus flancos, los tres partidos juntos han sacado menos de un cuarto de millón de votos más que el PP en las andaluzas de 2012 (cuando no existían ni Ciudadanos ni Vox, pero sí UPyD que obtuvo casi ciento treinta mil votos). Es verdad que esos resultados se han conseguido con una participación menor, es decir, que el porcentaje de estos votantes ha crecido, pero esa circunstancia se explica perfectamente por la menor movilización que ha perjudicado fuertemente a la izquierda.

También hay que apuntar que la suma de votos de ese peculiar tripartito, en plena efervescencia profética de las encuestas, no ha sido capaz de alcanzar la cifra que habían conseguido en el conjunto de las provincias andaluzas en las elecciones generales de 2016. En resumen, que ha habido una cierta novedad electoral, pero que hay que ser muy miope para describirlo como una especie de vuelco que presagia males, o bienes, mayores.

Eso es lo que dicen los números, pero esas mismas cifras revelan una situación desesperadamente mala para el PP, aunque se pueda ver premiado con una presidencia que se le escapó de las manos en 2012, cuando llegó a tener bastante más del doble de votos de los que ha cosechado ahora. Y eso que entonces no supo conservar los casi dos millones de votos que le habían apoyado en las generales inmediatamente anteriores. Los datos, pues, no son apabullantes salvo como diagnóstico de los males del PP.

Visto desde una perspectiva puramente política los resultados de las andaluzas debieran suponer para el PP algo más que un revulsivo, porque indican hasta qué punto ha sido abrasiva para el partido la presidencia de Rajoy y sus variopintas peripecias. Pretender salir adelante reivindicando la herencia de Rajoy sería como volver a encomendarle al ingeniero Morandi la reconstrucción del puente que recientemente se ha hundido en Génova. Me refiero a la capital italiana y no a la calle madrileña, evidentemente. Esa es exactamente la dinámica que está por debajo de la aparición de una supuesta derecha tripartita: o el PP consigue recuperarse y reconstruir un mensaje capaz de aspirar a la mayoría, o los apoyos que le asistan en su aparente éxito andaluz lo acabarán devorando.

El panorama que se divisa ahora mismo no indica necesariamente el éxito de esa supuesta derecha tripartita y el hundimiento de las izquierdas. Es más bien un panorama desestructurado que no se sabe cómo puede acabar tomando forma. Si Casado no acierta a sacar a su partido del angustioso zulo en el que le han metido los errores de estos años, nos podemos encontrar con un modelo parecido al de 1977, el que se agotó en 1982 con la aplastante mayoría de Felipe González: un centro amplio, una derecha residual, pero, por razones muy diversas, -que van desde las puramente políticas hasta las de estricta técnica electoral-, resulta bastante inverosímil tanto que esa posibilidad se realice con tres partidos, como que el PP pueda liderarla.

Los electores tendrán la palabra, pero cabe esperar que los buenos políticos sean capaces de hacer algo más que tratar de adaptarse a una tendencia que se ha producido a causa de errores absolutamente nítidos. Para empezar, habría que recordar que, vistas las graves amenazas a la Constitución, esas que han obligado a nuestro Rey a tomar la palabra, seguramente pueda ser más importante, por ejemplo, asegurar la estabilidad del sistema democrático, y la continuidad histórica de la Nación, con un pacto a tres entre el PSOE, Ciudadanos y un PP recuperado. Más que buscar, por encima de todo, un supuesto triunfo de las derechas que, de producirse, podría suponer la liquidación de lo que ha representado el PP desde 1996.

Los números no dan para que una derecha supuestamente radical pueda cantar victoria. Pero es que, además, la desaparición del PP triturado por sus adláteres probablemente supondría la aniquilación de las posibilidades electorales de cualquier opción de centro derecha, pues ni Ciudadanos está especialmente habilitado para jugar ese papel, ni Vox parece tener el menor interés en representarlo.

Mientras el universo de posibles votantes de soluciones más liberales que estatistas esté donde está, es evidente que su división en tres opciones puede favorecer dos dinámicas de signo contrario: un aumento de la participación, pero una pérdida de escaños, porque el sistema electoral prima en escaños al primero y al segundo y perjudica progresivamente al tercero, al cuarto y al quinto. Ese efecto no se ha notado demasiado en Andalucía porque la distribución de escaños por provincias es bastante homogénea, pero será determinante cuando, en las legislativas, se computen las dos docenas de provincias que tienen cinco o menos diputados.

El PP ya no está en condiciones de reclamar el voto útil, un expediente que nunca es demasiado eficaz, además de ser un signo de impotencia, de forma que ese partido se tiene que enfrentar con decisión a una alternativa inescapable: o se refunda a consecuencia de una autocrítica sincera y radical, o perecerá como alternativa de gobierno. Porque una amplia mayoría de sus electores preferirán votar a formaciones menos gastadas y que no hayan tenido ocasión de decepcionar a sus partidarios en ninguna materia grave.

Con muy escasos matices, la mayoría de los votos de Ciudadanos provienen de electores que votaron las mayorías políticas del PP, cosa que es todavía más clara en el caso de Vox. Ambos partidos han llegado a existir por defecto, a causa de la decepción que las políticas de Rajoy han causado en sus electores.

Los españoles no pueden tomarse en serio la idea de que el mismo partido que ha consentido una deriva extraordinariamente grave del secesionismo catalán, y que es el principal responsable de una aplicación fallida del artículo 155, pueda arreglarlo ahora con vagas promesas de que vuelve el PP de siempre o de que va a aplicar la ley con rigor.

Se necesita una voz política mucho más persuasiva y mucho más creíble, capaz de recuperar voto en el País Vasco y en Cataluña, regiones en que virtualmente ha desaparecido. Hay muy poco tiempo para ensayarla pero, sin una auténtica reconversión del PP, ese partido se quedará sin papel en el azaroso baile político que se avecina.

Caben dudas de que el PP vaya a ser capaz de reinventarse, de recuperar un papel político fuerte y original, y de que se atreva a hacerlo renunciando a cualquier seguidismo que, en su caso, además, habría de ser esquizofrénico, pero hay dos cosas indudables. Si lo intenta en serio no le faltarán apoyos porque puede partir de una base electoral todavía muy importante y, si no lo hace, lo pagará muy caro, lo pagaremos todos porque nuestra democracia corre riesgos serios de avocar a un sistema fallido. Tardaremos muy poco en verlo, pero los que confían en que esa eventualidad pudiere dar paso a un triunfo colosal de la derecha más bravía puede que no sepan muy bien de qué país están hablando.

* José Luis González Quirós es profesor de Filosofía de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

Anuncios

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!
Advertisement
Deje aquí su propio comentario

Colaboraciones

La superioridad moral de la izquierda

Published

on

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!

Inocencio Arias.- Hay cuestiones que cuando uno va teniendo cierta edad no acaba de entender. Axiomas, dichos populares y «verdades» incontrovertibles que empiezas a cuestionar.

Una de ellas es la superioridad moral de la izquierda; muy extendida aunque, si uno mira a su alrededor, no se tiene en pie.

En los sesenta, cuando estudiaba Historia para entrar en la diplomacia, tuve la osadía de preguntarme por qué Hitler era un malvado cabrón y Stalin un político con aspectos censurables pero aceptable. Y pensé: ¿acaso no eran dos figuras políticas execrables, dos tiranos similares en sus atrocidades?

Ya entonces, con más audacia aún y temor de que me llamasen de todo, empecé a preguntarme si podía ser verdad que el bando franquista en la Guerra Civil cometiese toda clase de tropelías sistemáticas, mientras que en el republicano fuesen unas poquitas aisladas y siempre obra de elementos incontrolados.

En el campo de la diplomacia tampoco entendía por qué la intervención de Estados Unidos en Irak era espantosa, violadora de principios del derecho internacional, mientras que la de la Unión Soviética en Afganistán, aunque no elogiable, podía resultar comprensible, neutra. Igual ocurría con el apoyo de Putin al régimen actual de Siria, que, por cierto, gasea a su población con armas químicas. No aplaudimos, pero nos resbala; no nos indignamos, como sí ocurre con los estadounidenses.

En España también me deja perplejo escuchar de adultos bien formados que no se puede comparar el caso Gürtel pepero con los ERE sociatas. El primero, te argumentan con seriedad, muestra que la corrupción es algo sistémico, innato en la derecha, mientras que los ERE son cosas aisladas, con cifras que han sido muy exageradas y, ¡acojónate, Pereira!, el dinero de los ERE «se repartía entre mucha gente, no iba a parar al bolsillo de unos cuantos burgueses aprovechados» (sic).

Hay un jeroglífico que también tiene miga, y no poseo las luces para desentrañarlo: ¿por qué Vox es un partido fascista y Podemos es plenamente democrático? No logro verlo. El grupo de Abascal quiere meterle mano a las autonomías, localizar miles de emigrantes ilegales y, eventualmente, enviarlos a su país. No he leído, sin embargo, que quiera recurrir a las armas para limar las autonomías ni castrar a los emigrantes varones y levantar la toca de las emigrantes islámicas para pelarlas al cero. El grupo de Podemos llama a la gente a las barricadas al ver que Vox saca pacíficamente 400.000 votos en Andalucía, no acaba de ver clara la separación de poderes y, entre otras cosas, estaba encantado al nacer cuando en la Puerta del Sol se exhibía aquella frase inmortal de que «la soberanía no está en las Cortes sino en esta plaza». Aserto este que te pone un pelín los pelos de punta: huele a frase de las Juventudes de Hitler o de los sóviets rusos.

(…) Las diferencias pueden ser inexistentes, y a lo mejor resulta que Vox no es más fascista que Podemos. (Que los «pacíficos» demócratas de la CUP bramen contra el fascismo agresivo de Vox, mientras zarandean, acosan e intentan abortar una conferencia de la pepera Cayetana Álvarez de Toledo, me plantea asimismo problemas de comprensión. Una vez más, esto es fascismo de izquierdas.)

El ejemplo de Vox y su fulminante descalificación me convenció de nuevo de que la sociedad española actual es mucho más permisiva con los pecadillos de la izquierda, mucho más intransigente con los de la derecha, y más importante aún: es una confirmación de que mucha izquierda está imbuida de la convicción, casi religiosa, de que la base ética de su actuación es normalmente elevada, de que su constante superioridad moral no admite discusión.

Es una creencia totalmente pueril, absurda, desmentida a diario rotundamente por los hechos, pero profundamente arraigada incluso en mentes muy sensatas de la izquierda. Recuerdo el comentario de un honrado y lúcido exministro socialista cuando alguien le reprochó que, si Aznar había estado asesorando a Iberdrola, también González lo había hecho con Endesa. El exministro contestó que los dos casos no eran comparables, que «sólo había que mirar el pasado y la trayectoria de Felipe González para darse cuenta…».

(…) Esta negación o interpretación pro domo de los hechos es frecuente en cualquier partido político. Los demás no están exentos de culpa. Para nada. Ahora bien, son menos proclives a restregarte, con absoluta fe, su superioridad moral. De ahí que le dediquemos un capítulo.

Examinemos tres períodos: nuestra Guerra Civil y el franquismo; la Guerra Fría, y la situación actual en España.
Guerra Civil

(…)Una de las razones por las que decidí redactar este capítulo es por dos hechos de los que tuve conocimiento en estos años y que he mencionado en otro libro: el inexplicable bombardeo de Cabra, un objetivo demostrado no militar, por dos aviones rusos republicanos bastante al final de la guerra y que causó más de cien muertos. El ABC de Córdoba titularía: «Un centenar de muertos y otro de heridos, ancianos, mujeres y niños en su mayoría. El Mercado de Abastos, un Colegio de niñas y un barrio modesto, bombardeados y ametrallados».

La diferencia narrativa con Guernica es pasmosa. El bombardeo de Cabra simplemente no existe, es ignorado. Hugh Thomas, el especialista británico que escribió que «nuestra guerra fue una serie de acontecimientos lamentables en los cuales nadie de importancia actuó correctamente», no menciona Cabra en su monumental obra. Mientras tanto Guernica es, con mucha diferencia, el hecho militar más comentado de nuestra contienda. Ha influido el cuadro de Picasso, que, por cierto, no lo regaló. Cobró por hacerlo.

(…) Las tesis actuales sobre la Guerra Civil están llenas de simplificaciones o trolas similares. Empezando por el millón de muertos, cifra que ahora se redondea al alza para estigmatizar más al franquismo, que fue el que inició la contienda y al que se hace responsable de casi la totalidad. (Durante el franquismo se la citaba igualmente para denigrar a los malísimos rojos.) La cifra real, para muchos, sería de 500.000 muertos, e imputables a los dos bandos. Resulta ocioso y delicado enzarzarse en quién mató a más gente. Sin embargo, en la versión actual de moda, Franco asesinó a muchos más, sin comparación, se alega, y nadie razona a cuántos habría fusilado el Frente Popular si la República hubiera ganado la guerra. ¿A menos que Franco? Es dudoso (…)

(…) Hay una memoria histórica que señorea los relatos y otra que no tiene credibilidad o legitimidad. La izquierda es superior y no puede cometer desmanes.

(…) En la contienda la superioridad moral de la izquierda lleva pareja la superioridad cultural. Según la versión divulgada, la inmensa mayoría de los escritores estaban con el bando republicano. Andrés Trapiello, en su documentado y ameno libro Las armas y las letras (Península, 2002), demuestra que no, pero el dogma es difícil de rebatir con un volumen. Trapiello, si insiste, será considerado un cavernícola.

(…) El malabarismo en el lenguaje utilizado por los discípulos de la memoria histórica queda patente en las siguientes descripciones: la represión franquista en Badajoz ha pasado ya a ser el «genocidio» franquista, mientras que las catorce religiosas que fueron torturadas y asesinadas en noviembre del 36 por los republicanos se ha transformado en que «las monjas desaparecieron».

Como conclusión, volvamos a Trapiello: «De modo que unos y otros, entre los pocos que quedan vivos o sus herederos directos, siguen teniendo una memoria prodigiosa para los errores y crímenes de sus contrarios, y poca o ninguna para los suyos».
Guerra Fría

(…) ¿Cómo se explica la ceguera generalizada de los intelectuales progres europeos? El régimen soviético era maestro en tapar sus desnudeces y adular a los intelectuales, pero éstos, aquí está de nuevo la madre del cordero, estaban dispuestos a engullir todas las falsedades porque un régimen de izquierdas no puede¡ hacer barbaridades por sistema. Es moralmente superior.

(…)La convicción, obsesión que entra en el ridículo, que tiene la izquierda con su superioridad está bien reflejada en la reacción de Juan Benet cuando Solzhenitsyn vino a España. Al reflexionar el ruso sobre la realidad española y la soviética dijo algo así como que estábamos mucho mejor de lo que creíamos. Benet soltó: «Mientras existan personas como Solzhenitsyn, los campos de concentración subsistirán y deben subsistir. […] Nada más higiénico que el hecho de que las autoridades soviéticas —cuyos gustos y criterios sobre los escritores rusos subversivos comparto a menudo— busquen la manera de liberarse de semejante peste».

¿Cómo pudo una persona culta y demócrata decir algo tan miserable? ¿Llevaba tres copas encima? ¿Alguien le había dado una tortilla de espinacas en la que habían puesto marihuana? ¿Podía completamente ignorar que en los gulags soviéticos murieron millones de personas —más de un millón en 1937-1938—, que las condiciones de vida de los prisioneros eran inhumanas, que el guardia que disparaba y mataba a uno de los reclusos que se salía del camino marcado cuando iban a la cantera era recompensado con un par de días de permiso?

(…) La conducta de los propagandistas de izquierda —silencio, tergiversación— sobre Katyn es similar a la que la propaganda franquista empleó después del bombardeo de Guernica paraocultar que era obra de los alemanes. Intentó culpar a los vascos. Un cinismo que fue rápidamente desmontado. El de Katyn,en cambio, tardó décadas.

(…) En la España actual es complicado encontrar algo más miserable que el cambalache del izquierdófilo Carod-Rovira con los enviados de ETA para desviar los asesinatos de los terroristas a otros lugares de España, dejando ilesa a Cataluña.

Situación actual

La corrupción. Hablemos de España. Esta lacra ha salpicado, a veces abundantemente, a muchas formaciones políticas. Los catalanes tenían la comisión de las empresas del 3 %, que fue pronto silenciada pasmosamente, el escándalo del Liceo, Banca Catalana, el señor Pujol con abundante dinero no declarado en el extranjero… Los jóvenes de Podemos tienen asimismo sus pecadillos, claramente menores: cobros de estudios, becas y trabajos poco justificables, subvenciones de un régimen no exactamente presentable como el venezolano, escamoteo de pagos a la Seguridad Social… Deslices muy frecuentes en nuestra sociedad (¿cuántos miles de españoles emplean a alguien y no declaran al operario?, muchos miles) pero de los que ellos no están impolutos.

(…) Con todo, es inevitable detenerse en los casos más sonados de los últimos veinte años que afectan a los dos grandes partidos: la trama Gürtel, de un lado, y los ERE andaluces (más los cursos de formación), de otro. Uno de ellos es un entramado en el que empresarios, a través de la adjudicación de servicios, nutren la caja de un partido o los bolsillos de miembros de la agrupación. El segundo es simplemente detraer dinero destinado en principio a los parados con destinatarios parecidos al anterior.

Sonrojantes ambos. Punibles. Pero es difícil no percatarse de que hasta en las sinvergonzonerías hay clases. El caso de los ERE es el más vergonzante de la democracia. Cuantitativa y cualitativamente. Se trata de ingentes cantidades de dinero que se embolsa alguien y que estaba destinado a los parados de la comunidadautónoma con más desempleados de España. Esto durante años.

La superioridad moral de la izquierda, una vez más, es una farsa, una jaculatoria para militantes obcecados o para niños.

El despilfarro (…) Comilonas con mariscos caros, viajes postineros a grandes hoteles, delegaciones que podrían ser de cuatro personas y viajan once, o de ocho y viajan veinticuatro, regalos de postín para asistentes a un congreso… La lista es amplia y la izquierda en este apartado tampoco puede dar lecciones de ética y buen manejo de los fondos del contribuyente.

Como ejemplo de este despilfarro gratuito y elitista citaré un viaje de la señora de Zapatero a París. (…) A doña Sonsoles, como a una princesa del siglo XVIII, le apetece que la acompañe alguien de su confianza, quiere estar relajada, no sabe si las cónyuges de los diplomáticos son unas cursis y, además, muy de derechas (?). Eso incomoda. La solución es principesca: Moncloa dice a Exteriores que ordene que un joven diplomático (…) se traslade¡ a París para servir de guía y acompañante de la segunda dama.

Anuncios

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!
Continue Reading

Colaboraciones

El bloqueador bloqueado

Published

on

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!

Jorge Fernández Díaz.- La conclusión de mi reflexión de la jornada de ayer, y si aciertan las encuestas, llevaría necesariamente a tres posibles escenarios: un «Gobierno Frankenstein», un pacto PP–PSOE, o una nueva repetición electoral. La primera hipótesis no es asumible por cuanto significaría «poner a la zorra a cuidar del gallinero»: un gobierno de España con los apoyos de quienes quieren destruirla es un escenario imposible, especialmente ahora con sus dirigentes cumpliendo condena en prisión, y la insurrección en marcha.

En cuanto al pacto de Estado entre el PSOE y un PP que está recuperando con claridad el liderazgo del centro–derecha, permitiría exigir como contrapartida un candidato de consenso para presidir el Gobierno, lo que significaría la cabeza de Sánchez. Esta vez no se produciría otro traumático 1–O como el de 2016 para evitar unas terceras elecciones, por cuanto ahora controla todo el aparato de su partido, pero sería una exigencia política plenamente justificada.

Se trataría también de una consecuencia lógica de la situación de bloqueo a la que ha llevado a la política española desde que irrumpió como candidato socialista a la presidencia del Gobierno. Con la de hoy, son cuatro candidaturas y suma los mismos bloqueos: dos desde la oposición y dos desde el Gobierno.

Habría espacio para la ironía…: Franco «resucitado» en El Pardo, y Sánchez enterrado. Podría intentar otras opciones, pero su destino político estaría ya sellado. Lo sabido: «Quien a hierro mata, a hierro muere».

Anuncios

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!
Continue Reading

Colaboraciones

Violencia en Cataluña y sorpresa en las elecciones

Published

on

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!

Paloma Cervilla.- Una vez finalizada la campaña electoral y con los diferentes sondeos en la mano, no me atrevo a hacer ningún pronóstico sobre el resultado de las elecciones de mañana domingo. Lo que sí tengo claro es una cosa, si la violencia se apodera de Cataluña, si hay intimidación a las puertas de los colegios electorales, si los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad no garantizan la libertad para ir a votar, puede haber sorpresas en el resultado final.

Después de lo que hemos visto estos años, de burla continuada al Estado de Derecho, de pasarse por el forro la Constitución y las leyes y la violencia generalizada tras la sentencia del procés, la gente no está para bromas.
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez

Hay un hartazgo, en la derecha y en la izquierda, al constatar la impunidad con que actúan los independentistas, y en un día tan señalado como el de mañana, la respuesta está en manos de los ciudadanos y puede ser inmediata. Yo no sé si Pedro Sánchez, cada vez más fuera de la realidad y alejado de los españoles, es consciente de esta situación, que le puede pasar factura.

Los violentos tienen mañana, como se dice coloquialmente, la sartén por el mango, de la mayoría que necesita el actual presidente en funciones para seguir en La Moncloa. Lo hicieron presidente facilitando la moción de censura para echar al PP del Gobierno y mañana, si activan su maquinaria incendiaria, pueden abrir la espita del descontento en el centro derecha y provocar que ésta se movilice para intentar echar al PSOE del Gobierno.

Anuncios

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!
Continue Reading
Advertisement Enter ad here
Advertisement
Anuncios
Advertisement
Do NOT follow this link or you will be banned from the site!
ArabicBulgarianChinese (Simplified)DanishEnglishFinnishFrenchGermanGreekItalianNorwegianPortugueseRomanianRussianSpanishTurkish
A %d blogueros les gusta esto: