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El Valencia festeja sus 100 años de historia acabando con la hegemonía copera del Barcelona
El Valencia festejó sus 100 años de historia acabó con la hegemonía copera del Barcelona en el Benito Villamarín. La velocidad con la que jugaron y los goles de Gameiro y Rodrigo acabaron con el aplastante dominio culé en este torneo durante los últimos años y dan al Valencia su octavo título copero.Valverde se queda sin el doblete que podía darle tranquilidad a la hora de afrontar la próxima campaña y el recuerdo de Anfield le va a perseguir de por vida. El equipo no se ha recuperado aún y quedó claro en esta final.
Es muy injusto que se valore toda una temporada por un mal partido, pero el fútbol no perdona y esa durísima derrota arrastró a otra que priva al equipo de dos títulos que veía muy cerca. Marcelino es la otra cara, estrena palmarés como premio final a una temporada que bien no pudo acabar cuando el Valencia estaba fuera de la Champions y atascado en LaLiga.
La confianza de la Directiva y su perseverancia obraron el milagro de cerrar esta temporada con el cuarto puesto liguero y este título más que merecido.Valverde arriesgo en el once y tiró de los tocados Semedo, Arthur y Coutinho. No estaba la cosa para bromas.
La innovación fue poner a Sergi Roberto en el tridente ofensivo dejando a Malcom en el banquillo. Marcelino puso un once ofensivo con Wass en el lateral derecho y con Rodrigo y Gameiro en punta. Pese a que la lesión de Kondogbia parecía remitir no fue titular. Pero, al margen del once, el partido estaba en manos de Messi y Parejo, todo el juego de sus equipos pasa por sus pies. De 10 a 10. Desde los primeros minutos se vio que el Barça quería la posesión ante un Valencia replegado que esperaba salir a la contra.
La entrada de Arthur por Vidal buscaba retener el balón, pero Valverde no contaba con que a los cuatro minutos un error de bulto de Lenglet dejó solo a Rodrigo ante Cillessen pero Piqué salvó sobre la línea de meta el remate del hispano-brasileño.
El Valencia metió el miedo en el cuerpo de los azulgranas nada más empezar el partido y eso que Parejo no estaba teniendo apenas el balón. Superado el susto, el Barça volvió a controlar el partido pero sin asustar a Jaume. La baja de Luis Suárez le dejaba sin referencia arriba, Messi tenía que bajar mucho para que le llegara el balón y le costaba entrar en el área valencianista.Ç
Aun así, el primer remate azulgrana fue suyo tras un disparo que fue desviado a córner pasado el cuarto de hora. El segundo aviso del Valencia fue mucho más serio ya que Gameiro culminó de forma magistral un gran pase en profundidad de Paulista a Gayá que el lateral sirvió al francés para que este abriera el marcador de un potente tiro a media altura. El Valencia no tenía mucho el balón, pero su rapidez a la hora de salir no lo hacía tan necesario. Cinco toques le bastaron para hacer el 0-1. Gol de Gameiro, un experto en ganar títulos los últimos años.
El calor de Sevilla propició que el partido se parara un minuto a la media hora para que los jugadores se hidrataran y, de paso, para que los técnicos ajustaran algunos aspectos tácticos con los suyos. No tuvo el Barcelona apenas tiempo de reajustar filas ya que un minuto después del parón llegó el 0-2.
Por la otra banda. Coquelin mete un pase a Soler, que se va en velocidad de Jordi Alba, y el centro del canterano lo cabeceó Rodrigo a la red. El Valencia estaba muy cómodo atrás y la contra tuvo el 0-3 en una jugada en la que el despeje final de Piqué casi sorprende a Cillessen.
El Barcelona estaba tocado pero no hundido y lo dejó claro en los dos últimos minutos de la primera parte con dos buenos remates de Messi y Rakitic que detuvo con acierto Jaume. Este arreón final dejaba claro que los de Valverde iban a dar guerra en la segunda mitad. No se daban por vencidos y Messi, pese a estar más solo que nunca sin Suárez, no había dicho la última palabra.La respuesta de Valverde tras el paso por los vestuarios fue un cambio doble. Entraron Malcom y Arturo Vidal por Semedo y Arthur, dos de los jugadores que no se entrenaron con normalidad esta semana.
La segunda mitad empezó con un juego menos encorsetado por unos y otros. Fue el Valencia quien avisó primero con un buen disparo de Guedes que se fue fuera por poco. A los cinco minutos se produjo una jugada que pudo dar otro sentido a la final. Falta al borde del área de esas que suele clavar Messi, pero el lanzamiento del argentino lo despejó la barrera a córner. El Barcelona se mostraba más intenso que de inicio con la clara intención de recortar distancias cuanto antes. Los de Valverde, heridos en su orgullo, dieron su mejor imagen en estos minutos y el poste evitó el 1-2 tras un remate de Messi. El Valencia reculó algo consciente de que se le iba a hacer muy larga la segunda parte. Una táctica que no suele funcionar ante el Barça. Y menos si a falta de media hora se lesiona Parejo tras hacerse daño en el gemelo tras sacar una falta. Entró por él Kondogbia, después de una recuperación casi milagrosa, para intentar que no se resintiera el centro del campo valencianista. Piqué tuvo opciones para el 1-2 tras una jugada de Malcom.
El Barça seguía apretando y Marcelino quitó a Gameiro para dar entrada a Piccini. Una clara declaración de intenciones que peor no le pudo salir ya al minuto de hacer el cambio llegó el 1-2 obra de Messi, de quién si no.
Un córner lo remató Lenglet y el despeje de Jaume le llegó al argentino para rematar a placer. Sexta final de Copa en la que marca Leo.
El segundo parón por el calor le vino que ni pintado a un Valencia que estaba muy tocado y a expensas del juego del Barcelona, digo de Messi. Quedaba un cuarto de hora y los de Valverde estaban a un gol de la prórroga.
Salió Aleña por un enfadado Rakitic como último recurso de Valverde y Piqué acabó los últimos minutos como delantero centro ante un Valencia encerrado en su campo. Con el partido loco Guedes falló dos goles increíbles para sentenciar. El Valencia sufrió lo indecible los últimos minutos pero consiguió su objetivo y un título con el que poner un gran broche final a su Centenario. El Barça cedió su corona y Valverde vuelve a quedar en entredicho. Así es el fútbol.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
