Enoch Powell y el “discurso de los ríos de sangre” - ALERTA NACIONAL
Connect with us

Historia

Enoch Powell y el “discurso de los ríos de sangre”

Published

on

Enoch Powell
Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!

Loading...

BD.- Hace pocas semanas, la prensa dio la noticia de que los londinenses de ascendencia británica ya eran minoría en Londres. Sólo añadiendo a los demás blancos de otros orígenes, la población blanca seguía siendo mayoritaria en la capital británica, aunque por un exiguo margen.

Esta situación ya fue predicha en fecha tan temprana como 1968, en un famoso y polémico discurso de un político inglés que tuvo la inteligencia de ver el problema y el valor de decirlo en la plaza pública.

En este artículo presentamos la traducción de uno de los discursos que más impacto ha creado en la sociedad inglesa en las últimas décadas y el que más amplio debate ha generado. Fue pronunciado el 20 de Abril de 1968 en la Convención Anual del Partido Conservador de la región de West Mindlands por Enoch Powell, ex-ministro y Miembro del Parlamento ingles. En el advirtió sobre las consecuencias futuras de la inmigración masiva procedente de la Commonwealth a Inglaterra, y de la intensificación inevitable de las tensiones raciales que de ello se derivaría a la larga.

Se puede establecer un paralelismo entre la situación de Inglaterra de 1968 y la situación de invasión inmigratoria que padece España hoy en día. En el año 2003 muchas zonas de las principales ciudades inglesas parecen cualquier cosa menos Europeas, y la proporción entre Europeos y no-Europeos ronda el 50% en Londres, siendo la población en algunos barrios determinados de un 95% de no-ingleses autóctonos. Conviene pues leer con atención, para después mirar a nuestro alrededor y ver si lo que aquí se describe nos recuerda a algo…

Debido a su cita de Virgilio prediciendo la guerra, en la que el Río Tiber se llenaría de sangre, este discurso se conoció universalmente como el “discurso de los Ríos de Sangre” (Rivers of Blood). Muchos consideraron a Enoch Powell como un auténtico visionario, al decir en voz alta lo que mucha gente pensaba en aquella época. Otros se quedaron conmocionados, como Edward Heath, el líder del Partido Conservador, que expulsó a Powell de todos los órganos relevantes del Partido, condenando su discurso como “racista”, y tras ello acabó su carrera en el Partido Conservador. Sin embargo Enoch Powell no tuvo miedo de sacrificar su carrera política por decir abiertamente lo que pensaba, cosa que difícilmente se puede ver hoy en día, con unos políticos sujetos fielmente a la ‘disciplina de partido’ y aferrados a su sillón.

Tras su discurso, los puntos de vista anti-inmigratorio se expandieron por ciertos sectores de la población, y sólo en las dos primeras semanas tras su discurso recibió más de 100.000 cartas de apoyo. Al día siguiente de ser relegado dentro del Partido Conservador cientos de trabajadores de los muelles de Londres marcharon por las calles para expresar su apoyo a Enoch Powell.

Corría el año 1968, y mientras 30.000 personas, entre estudiantes, hippies y militantes de izquierda se manifestaban en Londres contra la Guerra de Vietnam, 800 jóvenes, estibadores, y demás trabajadores del puerto aparecieron cantando “¡Enoch Powell!, ¡Enoch!, ¡Enoch Powell! ” y contra la inmigración, dando muestra de cuales eran los problemas que les afectaba a ellos realmente.

Unas semanas antes de las elecciones de febrero de 1974, Enoch Powell dimitió del Partido Conservador dado la intención de sus lideres de adherirse al Mercado Común. En esas elecciones Powell se presentó como independiente y fue elegido como diputado Unionista por el distrito electoral del Ulster de Down South. Este escaño lo mantuvo hasta 1992, cuando unos cambios legislativos en el Ulster dieron más peso a los nacionalistas irlandeses

La importancia de este discurso es innegable, ya que sacó a la luz las tensiones y problemas existentes respecto a la inmigración, la integración y la anti-inmigración, obligando al Gobierno a restringir su política de inmigración. No obstante no podemos olvidar, que aunque Powell levantase la bandera de la rebelión contra la invasión extranjera, nunca cuestionó el sistema democrático capitalista que había hecho posible esta invasión, cosa que hoy en día siguen haciendo partidos populistas por toda Europa.

Enoch Powell – 20 de abril de 1968

La función suprema de un estadista es tomar precauciones contra los males previsibles. En su intento de hacer esto, se encuentra con obstáculos que están profundamente enraizados en la naturaleza humana. Uno de ellos es que por regla general, estos males no son demostrables hasta que no han ocurrido: en cada comienzo de una etapa hay un espacio para la duda y para la discusión de si estos males serán reales e imaginarios.

Aun es más, reciben muy poca atención en comparación con los males y problemas actuales, que son al mismo tiempo acuciantes y reales: es por ello que la tentación obsesiva de todos los políticos sea dedicarse al inmediato presente a costa del futuro. Sobre todo, la gente esta dispuesta a equivocarse en su pronostico de los problemas para que no se la acuse de crear esos problemas o de haberlos deseado: “Si tan solo”, les encanta pensar. “si tan solo la gente no hablara sobre ello, probablemente no llegue a ocurrir”

Quizás este hábito se remonta a la primitiva creencia de que la palabra y la cosa, el nombre y el objeto, son idénticos. En todos los eventos, surge la discusión sobre el futuro, pero ahora con más fuerza, los males evitables son la cuestión más impopular y al mismo tiempo más necesaria para los políticos.

Aquellos que conscientemente eluden su responsabilidad, recibirán el castigo de los que vienen después. Hace una o dos semanas, conversé con un votante de mediana edad, un obrero empleado en una de nuestras industrias nacionalizadas. Después de una o dos frases sobre el tiempo, de pronto dijo “Si tuviese el dinero para irme, no me quedaría en este país” Yo le respondí jocosamente que, aunque el gobierno actual lo haga mal, no durará para siempre en el poder, pero ni me escuchó y continuó: “Tengo tres hijos, todos han pasado por la escuela y dos de ellos están ahora casados y tienen familia. Yo no estaré satisfecho hasta que no les haya visto establecidos en el extranjero. En este país, en 15 o 20 años los negros serán los que dominen a los blancos”.

Todavía puedo oír el coro de la abominación de estas ideas en mi cabeza. ¿Cómo puede atreverse alguien a decir una cosa tan terrible? ¿Cómo iba a arriesgarme yo a buscar problemas e inflamar los sentimientos repitiendo semejante conversación? La respuesta es que no tengo derecho a no hacerlo. Ahí estaba un decente hombre corriente ingles, que a plena luz del día en mi propia ciudad me dice a mi, miembro del Parlamento, que en este su país no merece la pena que vivan sus nietos. Simplemente yo no tengo derecho de cruzarme de hombros y pensar en otra cosa. Lo que él dice lo pensarán y dirán cientos y miles de personas, quizás no en toda Gran Bretaña, pero sí en la áreas que actualmente están sufriendo una transformación para la que no existe ningún paralelismo en cientos de años de historia inglesa. En 15 o 20 años, de continuar la actual tendencia, en este país habrá tres millones y medio de inmigrantes de la Commonwealth junto con sus descendientes. Y esta no es una cifra que me haya inventado yo. Es una cifra oficial ofrecida al parlamento por el representante de la Oficina General del Registro Civil. No hay una cifra oficial para el año 2000, pero seguramente pueda ser de entre 5 y 7 millones de inmigrantes, aproximadamente un 10% del total de la población, lo que equivaldría a la población total del Gran Londres. Por su puesto no se distribuirán por todo el país desde Margate a Aberystwyth, y desde Penzance a Aberdeen. Areas enteras, ciudades y partes de ciudades a lo largo de Inglaterra serán ocupadas por población inmigrante y descendiente de inmigrantes.

Según vaya pasando el tiempo, la proporción sobre el total de los que son descendientes de inmigrantes, los que nacieron en Inglaterra, crecerá rápidamente. Aun en 1985 los descendientes de nativos ingleses constituirán la mayoría. Este factor es lo que crea la extrema urgencia de actuar ahora, de llevar a cabo ese tipo de acción que es más difícil de llevar a cabo por los políticos; una acción cuyas dificultades radican en el presente, pero los males futuros que deben ser prevenidos o minimizados radican en los parlamentarios situados por delante de mi.

La natural y racional primera pregunta que se haría una nación confrontada frente a un futuro tal, sería preguntar: “¿Cómo puede ser reducida la dimensión de este problema?” Reconozcamos que no puede ser prevenido del todo, pero puede ser limitado, teniendo muy presentes en la mente que los siguientes números son la esencia de la pregunta: la significación y consecuencias de la introducción de un elemento extraño en la población de un país es profundamente diferente dependiendo sí este elemento es el 1% o el 10%. Las respuestas a esta sencilla y racional pregunta son también sencillas y racionales: parando más afluencias de inmigrantes, y promoviendo al máximo la salida de los mismos. Ambas respuestas son parte la política oficial del Partido Conservador.

Cuesta creer que en este momento 20 o 30 nuevos niños inmigrantes están llegando del extranjero a la región de Wolverhampton cada semana, pero es cierto. Y eso representa 15 o 20 familias adicionales de aquí en una o dos décadas adelante. A aquellos a los que los dioses quieren destruir primero les vuelven locos. Y nosotros debemos estar locos, total y literalmente locos, al ser una nación que permite la llegada anual de 50.000 inmigrantes, que son en su mayor parte el material constitutivo del futuro crecimiento de la población descendiente de inmigrantes. Es como ver a una nación atareada apilando leña para su propia pira funeraria. Somos tan dementes que actualmente permitimos a personas solteras que se establezcan en el país con el propósito de formar una familia con novias y cónyuges a los que jamas han visto. Supongamos que este flujo de llegada de inmigrantes no se corta automáticamente. Al contrario, incluso con la actual cuota de solo 5.000 personas admitidas con permisos, hay suficiente para 25.000 nuevos inmigrante por año y así hasta el infinito; eso sin tener en cuenta la gran cantidad de parejas inmigrantes que ya se encuentran en nuestro país, y estoy suponiendo que es una situación en la que que no se permite de ningún modo la entrada ilegal o fraudulenta al país. En estas circunstancias nada será suficiente, pero la llegada total de inmigrantes para establecerse debería reducirse a proporciones absolutamente mínimas, y por ello deben tomarse medidas legislativas y administrativas sin demora alguna.

Vuelvo a la re-emigración. Si la inmigración terminase mañana mismo, la tasa de crecimiento de los inmigrantes que están aquí y de sus descendientes se podría reducir sustancialmente, pero el tamaño futuro de este elemento en la población seguiría manteniendo intacto su carácter de peligro nacional.

Esto solo puede ser afrontado mientras una considerable proporción de los inmigrantes todavía se encuentre comprendida en el total de personas que han llegado en los últimos diez años. De aquí la urgencia de aplicar el segundo elemento de la política del Partido conservador: la incentivación del retorno a su tierra de origen. Nadie puede estimar el numero de personas que, con una generosa ayuda y asistencia, elegirían bien retornar a sus países o trasladarse a otros países que necesiten la fuerza de trabajo, la destreza y las habilidades que ellos representan. Nadie lo sabe porque nunca se ha intentado una política semejante. Yo sólo puedo decir que, incluso ahora, inmigrantes de mi propio distrito electoral de vez en cuando vienen a verme, preguntándome si les puedo encontrar asistencia para volver a su verdadera casa. Si una política así fuese establecida y continuada con la determinación que justifica la gravedad de la situación, el flujo de salida resultante podría alterar significativamente las perspectivas futuras.

El tercer elemento de la política del Partido Conservador es que todos los que están en este país como ciudadanos deberían ser iguales ante la ley y no hacer ninguna discriminación entre ellos por parte de las autoridades públicas. Como el Sr. Heath ha dicho, no tendremos “ciudadanos de primera clase” y “ciudadanos de segunda clase”. Esto no significa que todos los inmigrantes y sus descendientes deban ser elevados a una clase privilegiada o especial, o que a los ciudadanos se les impida su derecho a discriminar en la administración de sus propios asuntos entre un conciudadano y otro, o que deba estar sujeto a imposiciones en lo relativo a sus motivos y razones legitimas para comportarse de una manera o de otra.

No puede haber mayor concepto erróneo de la realidad que la que es mantenida por esos que, a voz en grito, demandan una legislación “contra la discriminación”, ya sean los escritores de artículos de fondo de la misma índole (e incluso a sueldo de aquellos mismos periódicos) que aquellos que, a comienzos de los años 30, año tras año intentaban ocultar a este país del creciente peligro al que se enfrentaba; o los arzobispos que viven en palacios, de maneras delicadas y a los que la ropa de cama de seda les tapa los ojos. Lo han conseguido exactamente y diametralmente mal. La discriminación y la depravación, el sentimiento de alarma y de resentimiento no tienen relación con la población inmigrante establecida, sino con aquellos que han venido y siguen viniendo sin cesar. Es por ello que promulgar unas leyes de este tipo en el parlamento en estos momentos es como tirar una cerilla a un barril de pólvora. Lo más suave que se pude decir de quienes proponen y apoyan esto es que no saben lo que hacen.

Nada es más engañoso que las comparaciones entre los inmigrantes de la Commonwealth en Gran Bretaña con el negro americano. La población negra en los Estados Unidos, que ya existía antes de que los Estados Unidos se formasen como nación, empezó literalmente como esclava, y más tarde se le concedió el derecho de voto y otros derechos inherentes a la ciudadanía, cuyo ejercicio solo han alcanzado parcialmente y de forma gradual y aun no han completado del todo (1) . El inmigrante de la Commonwealth llega a Inglaterra como un ciudadano integral, a un país que no conoce la discriminación entre un ciudadano y otro, y entra instantáneamente en posesión de los derechos que tiene todo ciudadano, desde el voto hasta el tratamiento gratuito en el Servicio Nacional de Salud.

Cualquier inconveniente relacionado con los inmigrantes no deriva de la ley, o de las políticas publicas o de la administración, sino de las circunstancias personales y los accidentes que crean, y siempre crearán, del mismo modo que la fortuna y la experiencia de un ser humano es diferente a la de otro.

Pero, mientras que para el inmigrante entrar en este país era el ingreso a privilegios y oportunidades que surgían de un modo ilusionaste y atractivo, el impacto para la población autóctona era muy distinto. Por razones que no podían comprender, y en cumplimento de decisiones en las que nunca fueron consultados, se encontraron con que habían sido convertido en extraños en su propio país.

Se encontraron con que les era imposible encontrar camas en los hospitales en las maternidades, que sus hijos no podían obtener plazas en las guarderías y colegios, sus casas y barrios cambiadas de tal modo que eran irreconocibles, sus planes y proyectos para el futuro frustrados; en el trabajo se encontraron con que los patrones vacilaban a la hora de pedir a los inmigrantes los mismos estándares de disciplina y competencias requeridas a los trabajadores autóctonos de Inglaterra; empezaron a oír, mientras el tiempo pasaba, más y más voces que les decían que ahora ellos eran a los que no querían. Entonces aprendieron que un privilegio unilateral se establece por una ley del parlamento; una ley que no puede, y no esta diseñada para actuar en su protección ni para hacer justicia o reparar su quejas. Sin embargo sí esta promulgada para otorgar al extranjero, al descontento, refunfuñoso y agente provocador, el poder para humillar y acusar al honrado ciudadano ingles por sus acciones privadas.

En las cientos y cientos de cartas que recibí la ultima vez que hable de este tema hace dos o tres meses, había una impactante característica que era completamente nueva y que encontré premonitoria y preocupante. Todos los Miembros del Parlamento están acostumbrados a la típica correspondencia anónima; pero lo que me sorprendió y alarmó fue que una alta proporción de gente normal, sensible, que escribía una carta sensata, y casi siempre correcta y bien escrita, pensaba que tenían que omitir su dirección porque era peligroso comprometerse con una carta enviada a un Miembro del Parlamento mostrándose de acuerdo con los puntos de vista que yo había expresado, y que podrían sufrir algún castigo o represalia si se llegaba a saber que ellos habían hecho eso. La sensación que está creciendo entre la gente Inglesa corriente de ser una minoría perseguida, en aquellas áreas del país que están afectadas, es algo que aquellos sin una experiencia directa pueden difícilmente imaginar. Voy a permitir tan solo a una de esas cientos de personas que hable por mí:

“Hace ocho años en una respetable casa de Wolverhampton se vendió una casa a un negro. Ahora sólo una persona blanca (una anciana pensionista) vive allí. Esta es su historia. Ella perdió a su marido y a sus hijos en la II Guerra Mundial, y convirtió su casa de siete habitaciones, su única posesión, en una casa de huéspedes. Trabajó duro y lo hizo bien, pagó la hipoteca y empezó a guardar algo para su vejez. Entonces los inmigrantes se mudaron al barrio. Con una preocupación creciente, vio como una casa tras otra era ocupada. Aquella calle tranquila se volvió un lugar de ruido y confusión y pesarosamente sus inquilinos blancos se trasladaron. El día después de que se fuese el ultimo inquilino, fue despertada a las 7 de la mañana por dos negros que querían utilizar su teléfono para llamar a su patrón. Cuando se negó, como se lo hubiese negado a cualquier extraño a tales horas, fue insultada y temió que si no hubiese sido por la cadena de la puerta habría sido atacada. Familias inmigrantes habían intentado alquilar habitaciones en su casa de huéspedes, pero ella siempre se negó. Cuando sus pequeñas reservas de dinero se agotaron, y después de pagar los impuestos municipales, ella sólo tenia menos de dos libras por semana. Fue a pedir una reducción de la cuota de sus impuestos, y fue vista por una chica joven que, al oír que tenia una casa de huéspedes de siete habitaciones, le sugirió que podría alquilar una parte de ella. Cuando la anciana dijo que los únicos que la alquilarían serian los negros, la chica dijo ‘En este país los prejuicios raciales no te conducen a ninguna parte’. Y la anciana volvió a casa.

El teléfono es su cordón umbilical. Sus hermanos pagan la factura, y la ayudan sobrevivir lo mejor que pueden. Los inmigrantes la han ofrecido comprarle su casa de huéspedes, pero a un precio que cualquier propietario con un poco de vista sería capaz de recuperar de sus inquilinos en semanas, o a lo sumo en unos pocos meses. Ahora esta empezando a tener miedo de salir. Le rompen las ventanas. Encuentra excrementos en el buzón. Cuando va a comprar a las tiendas, la siguen niños pequeños mulatos que le hacen muecas. No saben hablar ingles, pero hay una palabra que conocen. ‘Racista’ le gritan. Cuando se apruebe la nueva ‘Ley de Relaciones entre Razas’ (1), esta mujer está convencida de que irá a prisión. Y yo me pregunto ¿Estará equivocada?

El otro peligroso engaño de aquellos que son testarudos, o bien que están ciegos ante la realidad, se aglutina en torno a la palabra ‘integración’. Estar integrado en una población significa ser para todos los fines prácticos indistinguible frente a los otros miembros. Hoy en día, y desde siempre, cuando hay diferencias culturales y físicas, especialmente el color, la integración es difícil durante un largo periodo, cuando no imposible. Hay, entre los inmigrantes de la Commonwealth personas que han venido aquí en los últimos 15 años, cientos de ellas cuyos propósitos y deseos son integrarse y cuyos únicos pensamientos y esfuerzos se dirigen en esa dirección. Pero imaginar que tal cosa pueda entrar en la cabeza de una gran y creciente mayoría de inmigrantes es una absurda equivocación, y además es peligrosa.

Estamos justo en el límite de un cambio. Hasta ahora han sido la fuerza de las circunstancias y el entorno los que han proporcionado la idea de que la integración es inaccesible para la mayor parte de la población inmigrante, que ellos nunca han concebido ni intentado tal cosa, y que su número y concentración física significan que la presión hacia la integración que normalmente apunta hacia cualquier pequeña minoría no funciona.

Actualmente estamos viendo el crecimiento de fuerzas poderosas que actúan contra la integración; de intereses creados en la preservación y agudización de las diferencias raciales y religiosas con vistas a ejercer su verdadera tiranía, primero entre sus conciudadanos inmigrantes, y después sobre el resto de la población. La nube no mayor que el tamaño de la mano de un hombre, que puede encapotar el cielo tan rápidamente, se ha visto recientemente sobre Wolverhampton, y ha dado señales de expandirse rápidamente. Las palabras que voy a usar ahora mismo, las cito tal cual aparecieron en la prensa local el 17 de febrero. No son mías, sino de un laborista Miembro del Parlamento, que es Ministro en el Gobierno actual: “La campaña de la comunidad sikh para mantener costumbres inapropiadas en Inglaterra es muy deplorable. Al trabajar en Gran Bretaña, especialmente en los servicios públicos, deben estar preparados para aceptar los términos y condiciones de su trabajo. El pedir derechos especiales para su comunidad (¿o deberían decir ritos?) (3) conducen a una peligrosa fragmentación de la sociedad. Este régimen de autonomía comunitaria es un cáncer, ya sea practicado por personas de un color o de otro, y debe ser duramente condenando.” Todo el mérito para John Stonehouse por tener la perspicacia para verlo, y el coraje para decirlo.

Para estos peligrosos y divisivos elementos, la legislación que se propone en la ‘Ley de Relaciones entre Razas’ es el mejor abono que necesitan para florecer. Con esto que acabo de exponer he querido mostrar que las comunidades de inmigrantes pueden organizar a sus miembros, agitarlos y hacer campañas contra sus conciudadanos, y sobrepasar y dominar al resto con las armas legales que los ignorantes y los mal informados les han proporcionado. Según miro hacia adelante, me llena un presentimiento: como el Romano, me parece ver “el Río Tiber con mucha espuma ensangrentada”. Ese trágico e intratable fenómeno que contemplamos con horror al otro lado del Atlántico, pero que está entretejido con la misma historia y existencia de los Estados Unidos mismos, esta viniendo aquí hacia nosotros por nuestra propia voluntad y nuestra propia negligencia. De hecho, ya ha llegado plenamente.

En términos numéricos, será de la misma proporción que en los Estados Unidos para el fin del siglo XX.

Sólo una firme resolución y acciones urgentes podrían evitarlo todavía hoy. Si la gente será quien demande esas acciones y las obtenga es algo que ignoro. Lo único que sé es que verlo, y no decirlo, será la gran traición.”

(1) Recuerde el lector que este discurso se pronunció en abril de 1968)

(2) Race Relations Bill

(3) Aquí se hace un juego de palabras en ingles entre ‘rights’ y ‘rites’)

(4) Ésta es una cita de Virgilo prediciendo la guerra


Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!
Advertisement
Loading...
Deje aquí su propio comentario

A Fondo

Liberalismo-conservador: ¿Alternativa o renovación del sistema?

Published

on

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!

Loading...

José Manuel Contreras Naranjo”No hago testamento, porque soy religioso y nada tengo […] Confieso, una vez más, que el liberalismo es pecado, enemigo fatal de la Iglesia y reinado de Jesucristo y ruina de los pueblos y naciones; y queriendo enseñar esto, aun después de muerto, deseo que en el salón donde se expone mi cadáver, y aun en el templo durante las exequias, se ponga a la vista de todos un cartel grande que diga: ‘El liberalismo es pecado'”. Fray Ezequiel Moreno Díaz (1848-1906)

EL LIBERALISMO, UN ESBOZO SOBRE SUS ORÍGENES Y CONSECUENCIAS

Conviene contextualizar el fenómeno del liberalismo para entender mejor el proceso y sus consecuencias. Paulatinamente, ha supuesto una trasformación en nuestra forma de pensar y concebir la convivencia, la vida y hasta nuestra práctica religiosa. Es a raíz de la Revolución francesa cuando se desarrolla fundamentalmente esta corriente de pensamiento convirtiéndose en acción política. El cuadro de Eugène Delacroix, “la Libertad guiando al pueblo” (1830), es una síntesis extraordinaria de lo que es y significa esta ideología. Sin embargo, debemos remontarnos a John Locke (1632 – 1704), filósofo y médico inglés, considerado el padre del Liberalismo Clásico. Otro británico, Adam Smith (1723 – 1790), economista y filósofo, conocido como el padre de la economía moderna, tuvo una incidencia determinante a través de su obra “La riqueza de las naciones”. En definitiva, lo que propugna el liberalismo se podría resumir en conceder la primacía a la libertad individual, limitando al máximo la expansión y el poder del Estado. Esto se concretará regulando a los Gobiernos a través de una Constitución, la cual se base en la soberanía nacional y la división de poderes. Al mismo tiempo se debe garantizar a las personas una serie de libertades fundamentales. Respecto a la economía, el liberalismo propugna el libre mercado y la salvaguarda de la propiedad privada.

En sus inicios, el aspecto más desarrollado por los liberales fue el económico. Éste era precisamente el que más beneficiaba a las oligarquías que ostentaban el poder y manejaban los hilos de la economía. Sus intereses particulares hacían muy conveniente que existiera la máxima libertad de mercado, también del mercado de esclavos; por eso la esclavitud siguió estando vigente durante más de un siglo. Este liberalismo económico, cínico, ruin e inmoral, da lugar al capitalismo, cuyo catalizador determinante fue la Revolución Industrial. El mejor caldo de cultivo para que surja una nueva clase social que, por carecer de medios de producción, no le queda más que sobrevivir ofreciendo su trabajo manual a la burguesía capitalista. Los proletarios eran obreros sin cualificar que formaban parte de la población más pobre. Los que suministraban a la prole, necesaria como mano de obra para las fábricas. Se les denominaba “miserables”, apelativo que nos recuerda la célebre novela de Víctor Hugo. Más tarde se les llegó a llamar incluso “la hez de la sociedad”.

Los salarios ínfimos, unas condiciones de trabajo abusivas, la falta de seguridad social; todo ello da lugar al nacimiento de los movimientos obreros. En el convulso año 1848 los alemanes, de origen judío y ateos, Carlos Marx y Federico Engels publican juntos el Manifiesto del Partido Comunista. Recordemos que ambos abuelos de Marx eran rabinos y que su padre, a decir verdad poco religioso, se hizo protestante luterano al parecer para protegerse del antisemitismo. Fundada la Primera Internacional, surgen los anarquistas liderados por el ruso Miguel Bakunin. Mientras que Marx era partidario del cambio social a través de la revolución, Bakunin quiere llevarlo a cabo por la ruptura total con el Estado y el poder establecido. El poder debe asumirlo la clase obrera, a la que cree con capacidad suficiente como para autogestionarse. Los anarquistas admiten el derramamiento de sangre. También el terrorismo. ¿“Podemos” entenderlo?

Por otra parte, en Inglaterra surge el movimiento obrero denominado “cartismo” (1836), que nace como consecuencia de la brutal miseria en la que viven los trabajadores. Los puntos que lo inspiraban no pueden ser más sensatos: Sufragio universal masculino, elecciones anuales al parlamento, voto secreto, suspensión de la obligación de ser propietario para ser miembro del Parlamento, dietas para los parlamentarios que permitan a los trabajadores participar en política, así como circunscripciones electorales de manera que la representatividad se consiga equitativamente para todos.

En Francia, tras la revolución de París, la familia real huye y se proclama la Segunda República (1848). Luis Napoleón Bonaparte, gobierna primero como presidente y, después de un golpe de estado en 1851, como emperador Napoleón III.

Poco más adelante, tras la guerra franco-prusiana, en la primavera de 1871, tiene lugar el movimiento llamado “Comuna de París”. Durante tres meses París se autogobernó promulgando decretos que serán el presagio profético de lo que iría ocurriendo paulatinamente más tarde. No se cuestionó la propiedad privada, pero se anularon los pagos de alquileres y se otorgó el derecho de los empleados a quedarse con una empresa si el dueño la abandonaba. Se abolió el trabajo nocturno en las panaderías. Se concedieron pensiones a las viudas e hijos de los héroes de guerra. Se suprimieron los intereses por las deudas adquiridas. Se montaron guarderías próximas a las fábricas. Se le arrebató la educación a la Iglesia, dando lugar a la llamada educación laica. Se le quitó a la Iglesia, una vez más, sus bienes; sólo se hacían concesiones si ofrecían sus instalaciones para las reuniones políticas. La Comuna de París concluyó con miles de muertos, ya fuera en los combates o en los fusilamientos posteriores. No hubo distinción entre hombres, mujeres o niños. Las pérdidas patrimoniales fueron también muy grandes, dado que los rebeldes quisieron destruir todo lo que representaba el poder y el Estado.

Intereses comerciales, luchas de poder entre la vieja aristocracia y la alta burguesía, abusos hacia los más débiles y empobrecidos, exaltación de los nacionalismos; todo ello configura el caldo de cultivo ideal para que surjan nuevas ideologías opuestas y extremas: el comunismo marxista y el fascismo nacionalsocialista. Ambas recogen del liberalismo aspectos ideológicos que puedan arrastrar adeptos entre las clases populares, manipulando sentimientos y utilizando la injusticia social como arma eficiente y certera. Así llegan las dos grandes confrontaciones mundiales, colosal exponente de la deshumanización, del desprecio a la vida humana y del individualismo esclavizante. Sin pasar por alto la Revolución rusa de 1917, que colocaría en el poder de la Unión Soviética primero a Lenin y luego a Stalin. Allí se impondría un estilo de gobierno comunista, dictatorial, abusivo y criminal; que duraría prácticamente todo el siglo XX. No por ello el comunismo de la URSS dejó de ser un modelo a seguir por otros países o partidos políticos. El siglo XX ha supuesto un verdadero órdago a la Humanidad. Un siglo que ha desembocado en el liberalismo democrático, aquel en donde la mayoría decide cuáles son los límites de la libertad y en donde el Estado asume una preponderancia paternalista, nada acorde con los principios liberales.

EL LIBERALISMO EN ESPAÑA

Aunque las ideas de la Ilustración ya habían venido influyendo en la sociedad y la política española, el liberalismo propiamente hace su entrada triunfal a través de la Constitución de Cádiz (1812), que también fue un texto clave para otros países. En el siglo XIX todavía se promulgaron cuatro constituciones más (1837, 1845, 1869 y 1876), todas ellas de carácter liberal. Salvo cortos periodos de tiempo, los liberales fueron alternándose en los distintos gobiernos y cotas de poder a lo largo de todo este nefasto siglo. Aquellos que no eran liberales se posicionaron en el bando Carlista y fueron derrotados en las distintas guerras que llevan su nombre. Entre estos liberales, que manejaron los hilos del país a lo largo del siglo, los había moderados y progresistas, pero todos ellos estaban marcados por la ideología dominante.

Aquella Constitución de 1812 recogió elementos propios del liberalismo y comenzaba con la plegaria: “En el nombre de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, autor y supremo legislador de la Sociedad”. Se abolieron los gremios y se dio paso a la libertad económica, reconociéndose la libertad comercial, de trabajo y de fabricación. Aunque el grado de analfabetismo era abrumadoramente mayoritario, también se protegió la libertad de prensa; a fin de cuentas, era una manera de asegurar la difusión de las nuevas ideas liberales. En el artículo 294 se prohíbe el embargo de bienes, que sólo permite que se lleve a cabo “por delitos que lleven consigo responsabilidad pecuniaria, y en proporción a la cantidad a que esta pueda extenderse”. Y en el 304 se prohíbe que se imponga “la pena de confiscación de bienes”. Sin embargo, no se recoge la libertad religiosa y tampoco se aborda el tema de la esclavitud, que permaneció vigente hasta 1880. Sin olvidar que, bajo el paraguas de esta Constitución, se produjeron dos desamortizaciones.

Ciertamente, desde el principio se cometieron contradicciones y agravios cuya única justificación es la de la debilidad propia de la condición humana. Liberalismo sí, mientras la nueva burguesía dominante no se sienta perjudicada. Se estableció el servicio militar obligatorio, pero se permitió la redención en metálico. Esta fue la causa de que los hijos de la aristocracia y la nobleza se libraran de ir a las sucesivas guerras. Se protegió la propiedad privada, pero en esta época se llevaron a cabo hasta cinco desamortizaciones de propiedades y tierras que llamaban de “manos muertas”. Estas propiedades eran fundamentalmente de la Iglesia o de la aristocracia. Unas desamortizaciones que no resolvieron los problemas económicos que decían haberlas justificado y que tan solo consiguieron poner las propiedades en manos, no del pueblo, sino de esa nueva burguesía que contaba con dinero suficiente para pagarlas. Lo que sí se produjo fue un verdadero espolio de bienes artísticos que fueron a parar a los museos de otros países o a manos privadas.

La primera desamortización de los liberales se produce en 1813, cuando apenas hacía un año que se había aprobado la Constitución de Cádiz. Aquí las víctimas fueron los traidores afrancesados, que por otra parte también eran liberales. Las propiedades de la Iglesia, sobre todo las pertenecientes a las Órdenes Militares, también fueron objeto de esta primera expropiación de los liberales constitucionales. Durante el Trienio Liberal (1820-1823), nada más instaurarse, se produce una nueva desamortización. Luego vino la gran desamortización de Mendizabal (1837), un liberal cuyo apellido original era Méndez, de origen judío, por lo cual lo cambió para que no se le reprochara falta de pureza de sangre. En 1841 el General Espartero no quiso quedarse atrás e impuso una nueva desamortización. En el bienio liberal progresista (1854-1856), al frente del cual seguía estando el regente Espartero, acompañado ahora por el General O’Donnell, se produce otra desamortización (1855) ejecutada por el ministro de Hacienda Pascual Madoz.

Mientras tanto, en Hispanoamérica tienen lugar las guerras de independencia. Aquellas repúblicas nacientes se construyen sobre el liberalismo, por auténticos liberales. Unos liberales que se alzaban rebeldes contra el usurpador rey José Bonaparte, y en defensa de nuestro rey Fernando VII. ¡Curiosa historia, republicanos independentistas que se revelan en defensa de un rey! Unos liberales que, además, eran masones. No en vano la operación se diseñó y proyectó desde Inglaterra, cuna de la masonería. En Londres se conserva todavía la casa, hoy habilitada como museo, desde donde reclutaba adeptos y organizaba sus reuniones Francisco de Miranda, uno de los precursores del movimiento independista. Por su casa pasaron los Simón Bolívar de turno, todos ellos españoles sediciosos; aunque hoy los presentan como patriotas venezolanos, mexicanos, chilenos, bolivianos… Liberales, movidos por oscuros intereses particulares, y traidores a su verdadera Patria, que en ese momento no puede defenderse por estar combatiendo contra la invasión francesa. Unos liberales libertadores que no les importó llevar a la guerra civil a sus conciudadanos realistas, y que no dudaron en traicionarse entre ellos mismos cuando llegó el momento.

Pronunciamientos militares o elecciones amañadas hacen que liberales progresistas y moderados se alternen en el gobierno. Mientras que la burguesía se enriquece sin escrúpulos, las clases más bajas tienen muy pocos derechos y sus condiciones de vida son muy malas. Contagiados por los movimientos obreros que surgen en Europa, termina proclamándose la Primera República (1873-1874) cuyas ideas amenazaban la propiedad privada. Sin embargo, los propios republicanos, que pertenecían sobre todo a la clase media intelectual, estaban divididos y tienen a todas las clases sociales en contra: al proletariado, al campesinado, a la burguesía.

En definitiva, un siglo caótico, de enfrentamientos sociales violentos, en el que los poderosos liberales no dudan en acaparar el poder a toda costa. Al igual que ocurre en Europa, también en España es la época en la que surgen los nacionalismos. Sabino Arana, de familia carlista, es decir, opuestos al liberalismo, funda el Partido Nacionalista Vasco en 1895. Un siglo que nos conducirá inexorablemente a la guerra civil y a la controvertida dictadora del General Franco, que consigue aplacar las ínfulas libertarias y proporcionar al país el periodo de paz y desarrollo más largo en la historia de España.

LA IGLESIA CATÓLICA FRENTE AL LIBERALISMO

San Ezequiel Moreno Díaz fue un agustino recoleto natural de Alfaro cuyos restos descansan, incorruptos, en el Convento de Nuestra Señora del Camino, en Monteagudo (Navarra). De allí partió como misionero para Filipinas en donde ejerció como párroco, siempre cercano a la gente humilde entre quienes adquirió fama de hombre santo. Después de quince años regresó a España, pero pronto retomó su vocación misionera dirigiéndose esta vez a Colombia. Los últimos diez años de su vida ejerció como Obispo de Pasto, pero no dejó de llevar una vida austera. Regresó a España enfermo de un cáncer en el paladar, que debió ser muy doloroso y desagradable. Las operaciones a las que se sometió, algunas sin anestesia, no consiguieron librarle de su cercana muerte en el convento desde el que partió, en Monteagudo. A su intercesión se atribuyen numerosas curaciones de cáncer. Fue canonizado el 11 de octubre de 1992 con ocasión del V Centenario de la Evangelización de América.

A pesar de que la Iglesia Católica en un primer momento acogió las ideas liberales con cierta aceptación, muy pronto se mostró contraria a ellas. No en vano, San Ezequiel quiso perpetuar su oposición al liberalismo a través del epitafio: “el liberalismo es pecado”. Una expresión recogida del libro publicado en 1884 por el sacerdote Félix Sardá y Salvany. San Ezequiel, en su escrito más famoso, “O con Jesucristo o contra Jesucristo ó Catolicismo o liberalismo” (1897), cuyo subtítulo es “no es posible la conciliación”, justifica que los peores enemigo de la Iglesia son los liberal-católicos. Pero mucho antes, el Papa Gregorio XVI, en su carta encíclica “Sobre los errores modernos” (1832), hace un análisis crítico de la nueva ideología liberal. En ella se habla de la autoridad y obediencia debida a la Iglesia, defiende el celibato, se refiere a la santidad e indisolubilidad del matrimonio cristiano, trata sobre las malas consecuencias de la libertad de conciencia o incluso habla sobre la libertad de prensa, entre otras cuestiones que parecen estar de suma actualidad.

Desde entonces, prácticamente todos los papas, de una manera directa o indirecta, se han referido a los errores y consecuencias negativas del liberalismo. No voy a relacionar aquí las encíclicas de estos pontífices que, por otra parte, pueden ser consultadas con suma facilidad. Pero es claro que para el liberalismo el bien supremo no es la VERDAD, sino la libertad. No importa que con el pretexto de la libertad se hayan cometido los más crueles magnicidios y abusos. La libertad es el bien absoluto y su único límite es aquel que colisiona con la libertad de los demás. Para el liberal la ética queda en un segundo plano o, directamente, se excluye. El bien común se reduce a un acuerdo sobre las libertades que debemos disfrutar, sustituyéndolo así por el interés general. Es éste un principio que, además de pervertir profundamente la dignidad humana, contradice la doctrina de la Iglesia Católica.

Por si fuera poco, desde sus inicios el liberalismo le declaró la guerra abierta a la Iglesia Católica. La segunda expulsión de los jesuitas en España se produjo con el primer gobierno liberal de Riego. Un General, liberal y masón, que utilizó la fuerza militar destinada a combatir a los sublevados en Hispanoamérica para dar un golpe de estado en la península. A la Iglesia siempre han querido arrebatarle la educación, para ponerla en manos del Estado; lo cual no parece muy liberal. Sin olvidar las numerosas desamortizaciones o la agresividad manifiesta en la quema de edificios u objetos religiosos. La prohibición de las clases de religión, o simplemente de crucifijos en las aulas, es un tema recurrente en la política liberal española; contra el que los liberales más moderados tampoco hacen una oposición muy decidida.

Me permitiré traer otro personaje que me parece profundamente significativo: el presbítero anglicano, convertido al catolicismo en 1845, beato John Henry Newman (1801 – 1890); que también quiso ser muy claro refiriéndose al liberalismo. En su discurso pronunciado el 12 de mayo de 1879, con ocasión de su nombramiento como Cardenal, lo criticaba de esta manera: “El liberalismo en religión es la doctrina según la cual no existe una verdad positiva en el ámbito religioso sino que cualquier credo es tan bueno como otro cualquiera. Es una opinión que gana acometividad y fuerza día tras día. Se manifiesta incompatible con el reconocimiento de una religión como verdadera, y enseña que todas han de ser toleradas como asuntos de simple opinión. La religión revelada -se afirma- no es una verdad sino un sentimiento o inclinación, no obedece a un hecho objetivo o milagroso. Todo individuo, por lo tanto, tiene el derecho de interpretarla a su gusto. La devoción no se basa necesariamente en la fe. Una persona puede ir a iglesias protestantes y a iglesias católicas, obtener provecho de ambas y no pertenecer a ninguna.” Lo que dice el beato Newman sobre el liberalismo, ¿no nos recuerda lo que ocurre en nuestros días? ¿Y no vemos aquí uno de los aspectos que la masonería tiene como premisa?
Efectivamente, la masonería ha estado siempre ligada al liberalismo. Los principios masónicos liberales nos han invadido y se han asentado en las instituciones. Para la masonería, al igual que para el liberalismo, la libertad del individuo está por encima del Estado o de la religión. Las ciencias naturales son la única forma objetiva de conocimiento y el método empírico se pretende aplicar incluso a cuestiones teológicas o morales, algo contra lo que también se opuso explícitamente, por cierto, el Cardenal Newman.

En España la masonería se legalizó a raíz de la transición, pero siempre ha estado presente. En el siglo XIX todos los generales que se fueron sucediendo en el poder, en muchas ocasiones mediante golpes de estado, eran masones. Como masones, se regían más por los mandatos de las logias que por la disciplina militar. También en Hispanoamérica la masonería estaba instalada en el poder. Ya en el siglo XX, el propio Azaña, por ejemplo, siempre estuvo muy próximo a la masonería, hasta que en 1932, siendo presidente del gobierno, se hizo declaradamente masón. En la actualidad está tan viva o más como en sus orígenes. En el escenario internacional, George Soros es considerado el gran maestre de la logia de la globalización. Soros es uno de los hombres más ricos del mundo, si no el que más. Se trata de un especulador magnate financiero de ascendencia judía, una vez más, aunque poco o nada religioso en realidad. Su padre, que además de abogado era escritor en la lengua esperanto, cambio el apellido familiar de Schwartz a Soros porque formaba un palíndromo y en esperanto significa “se elevará”. Se dice que George Soros ha extendido sus tentáculos incluso en el Vaticano.

LA EUGENESIA: LIBERTAD PARA MATAR

La selección de seres humanos, en principio para beneficiar la especie, está muy ligada a los orígenes y desarrollo del liberalismo. Quizá su gran precursor fue el pastor anglicano y economista masón, considerado padre de la demografía, Thomas Malthus (1766 – 1834). En 1789 publicó su “ensayo sobre la ley de la población”, y en él escribe un principio muy liberal: “Hay un derecho que el hombre nunca ha poseído ni puede poseer: el derecho a la subsistencia cuando su trabajo no basta para adquirirla… Un hombre que nace en un mundo ya poseído, si no puede obtener su subsistencia de sus padres, y si la sociedad no necesita de su trabajo, no tiene ningún derecho siquiera a la más mínima porción de los alimentos y, en realidad, no tiene por qué estar donde está. La naturaleza le ordena que se marche…” Malthus sugirió que el tamaño de las familias de las clases más bajas debería estar regulado para no tener más hijos de los que pudiesen mantener.

Los factores clave en la lucha por el desarrollo debían ser, según Malthus:

  • Medidas de control de natalidad entre los pobres, retrasando sus matrimonios y predicando una moral de continencia, “moral restraint”.

  • Derogar las llamadas “poor laws” (leyes de pobres), vigentes en el Reino Unido desde 1601, que aseguraban un subsidio a los pobres en momentos de penurias y escasez.

Malthus se opone a estas ayudas porque “han contribuido poderosamente a engendrar esa negligencia y esa carencia de frugalidad que se observa en los pobres” (Primer Ensayo sobre la población). Otra perla: “Nos sentimos obligados por la justicia y el honor a negar formalmente que los pobres tengan derecho a ser ayudados”. El Parlamento Inglés derogó las “Poor laws” en 1834.

El Conde de Gobineau (1816 – 1882) es el ideólogo del racismo. Fue un aristócrata francés, diplomático y escritor, que lideró el movimiento racista a favor de la “superioridad del blanco caucasoide frente a los grupos de color”. Entre 1853 y 1855 escribe el “Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas”. En él afirma que la raza de los germanos, que habita en Gran Bretaña, Francia y Bélgica, es la única raza pura de entre aquéllas que proceden de la raza superior de los arios, por estar las demás mezcladas con las razas negra y amarilla. Esta teoría sobre la superioridad racial, supone el mejor caldo de cultivo para que florezcan los nacionalismos, que aún hoy padecemos. Posteriormente fue adoptada por Adolf Hitler. En España tenemos un claro exponente en Sabino Arana, defensor a ultranza de la raza vasca.

Charles Robert Darwin (1809 – 1882) fue contemporáneo del Conde de Gobineau. En 1859 publica su célebre obra “El origen de las especies” donde enuncia la conocida teoría de la evolución. En ella aparecen conceptos como especie, supervivencia del más apto, eliminación del más débil, selección, eficacia. Se expresan ideas como que: “Entre los salvajes, los cuerpos o las mentes enfermas son rápidamente eliminados, los hombres civilizados, en cambio, construyen asilos para los imbéciles, los discapacitados y los enfermos y nuestros médicos ponen lo mejor de su talento en conservar la vida de todos y cada uno hasta el último momento, permitiendo así que se propaguen los miembros débiles de nuestras sociedades civilizadas”.

El Darwinismo fue adaptado a las ciencias sociales y se convirtió en una concepción que pasó a ser llamada “Darwinismo Social”. El Darwinismo Social afirma que las razas humanas se ubican en distintos peldaños de la “escala evolutiva”, que las razas europeas eran las más avanzadas y que muchas otras razas aún llevan rasgos de “simios”. Estos argumentos serán adoptados por los esclavistas del siglo XIX para justificar sus abusos. También los llevados a cabo por el colonialismo inglés.

Francis Galton (1822 – 1911) era médico y estadista inglés, masón, primo de Charles Darwin. Está considerado el padre de la eugenesia, cuyo término emplea en su obra “Investigaciones sobre las facultades humanas y su desarrollo” (1883). Realiza estudios estadísticos para confeccionar tablas sobre la evolución de las “buenas familias inglesas”. Defendía que la sociedad mejoraría si se fomentaba el matrimonio entre los mejor dotados de cada clase social y que habría que conceder ayudas para que tuvieran hijos. Le preocupaba que las clases inferiores tuvieran muchos más hijos. También se quejaba de la caridad hacia los pobres y enfermos.

Margaret Sangers (1879 – 1966) fue la iniciadora del feminismo en norteamericana, y miembro de la secta masónica anticristiana Unity. El objeto de su lucha fue siempre el fomento del aborto y el uso libre de anticonceptivos. Fundó la “Liga Americana para el Control de la Natalidad” (que se denominó, en 1942, “Federación de la Paternidad Planificada” o lo que es lo mismo “Planned Parenthood”). En un principio, su acción fue dirigida hacia los barrios pobres de Nueva York. En 1995 esta organización contó con un presupuesto de unos 43 millones de dólares. De esta cifra, el 92,5% procede de fondos asignados por el gobierno de los Estados Unidos. En los últimos tiempos se les ha pillado infraganti vendiendo órganos de fetos abortados (¡El libre mercado!). Traeré sólo una cita de esta buena mujer: “La cama del matrimonio es la influencia más degenerativa en el orden social…”

Julian Huxley fue presidente de la Eugenics Society y primer Secretario General de la UNESCO, entre 1946 y 1948. Actualmente, la UNESCO, “es un laboratorio de ideas que marca los estándares para establecer acuerdos a nivel mundial relativos a los principios éticos incipientes” (https://www.organismointernacional.org/unesco.php). Es decir, los “nuevos” principios éticos, los que nos convienen. Este hombre influyente, cuyos objetivos se están realizando hoy, ha llegado a manifestar: “Pero yo pienso que nuestras mejores esperanzas deben apoyarse en el perfeccionamiento de nuevos métodos de control de nacimientos, sencillos y aceptables, ya sea por contraceptivos orales, ya sea, quizá preferentemente, por métodos inmunológicos que exigirían inyecciones”.

Henry Alfred Kissinger, que trabajó con al multimillonario Rockefeller, ambos masones de ascendencia judía y pertenecientes al Club Bilderberg junto a Georges Soros, elaboró el llamado “MEMORANDUM 200”, conocido también con el nombre de “Informe Kissinger”. Este prestigioso político, que aún sigue siendo consejero de los presidentes de EEUU, recibió el Premio Nobel de la Paz en 1973, a pesar de que fue el principal responsable de los golpes de estado en Hispanoamérica. En su estudio se plantean estrategias encaminadas al control de la natalidad; por ejemplo, integrar la planificación familiar en los servicios de salud públicos difundiendo métodos contraceptivos, de esterilización o abortivos. Incluso habla de propagar su ideología a través de los medios de comunicación.

En nuestros días, esta estrategia perfectamente definida y planificada está teniendo su aplicación práctica. Quizá parezca un anacronismo traer aquí la idea del clásico contubernio judeo-masónico. No tiene mucha aceptación popular aludir a fuerzas ocultas o sociedades secretas. Sin embargo, por los hechos podemos juzgar. Es claro que liberalismo y masonería forman una simbiosis, a la cual se puede vincular el judaísmo; si bien parece un judaísmo sólo de ascendencia familiar y poco dado a la religiosidad. Un judaísmo deísta, que se siente abandonado por el Dios de sus antepasados, puesto que para ellos el mesías prometido no acaba de llegar.

MAYO DEL 68, PROHIBIDO PROHIBIR

Hasta mayo del 1968 todavía se convivía con el respeto a las normas, a partir de este momento la transgresión será la norma de conducta. Fue ésta una revolución con repercusión mundial, llevada a cabo por “niños de papá”; un papá que había hecho la guerra mundial y unos niños que se habían desarrollado en la abundancia económica. Una revolución que tuvo consecuencias culturales inmediatas, pero cuyas consecuencias políticas las estamos viendo en la actualidad. No en vano, el ideario del partido político Podemos está sacado del libro “Imperio” cuyo coautor es Toni Negri, un ideólogo del 68 condenado por pertenecer al grupo terrorista Brigadas Rojas. De hecho, mayo del 68 dio lugar a la formación de diversos grupos terroristas. En España, entre otros, hemos padecido al terrorismo de ETA o el del FRAP, a cuya organización perteneció el padre de Pablo Iglesias.

Mayo del 68 es el movimiento reivindicativo de la libertad absoluta. La vida era una fiesta continua en la que el deseo se convierte en la norma de conducta. Es un hecho que esta revolución se desenvuelve en una época de abundancia, que origina un capitalismo del deseo. Hay que despertar el deseo en los consumidores para que no compren lo que necesitan sino aquello que demande su deseo. Se trata del “carpe diem”, la cultura del hedonismo y la lucha contra todo aquello que se le opone; por ejemplo, la familia, la religión y las tradiciones. Se mira, sin embargo, hacia una espiritualidad de tipo oriental, naturalista, que pretende ocupar ese vacío de trascendencia. Al mismo tiempo es a partir de este momento cuando despega definitivamente el individualismo destructor que, mezclado con la búsqueda de la satisfacción de los deseos, da lugar a las más aberrantes actitudes. Digo aberrantes por ir contra la propia naturaleza humana. Nos hemos convertido en una masa de individualidades consumidoras y ávidas de satisfacer deseos que se generan indefinidamente.

La cuestión de los vientres de alquiler es uno de estos casos en los que el deseo se transforma en un derecho. Un buen liberal no debe poner límites al antojo de ser padre o madre puesto que forma parte de la libertad del individuo para satisfacer sus deseos, siempre que le sea posible y no entre en colisión con la libertad de los otros. A este respecto se publicó hace ya algún tiempo, un cruce de artículos entre dos prestigiosos profesores liberales, el libertario Juan Ramón Rallo y el conservador Francisco José Contreras, cuya lectura es muy recomendable. Maternidad subrogada, crisis de la familia, elección libre de la identidad sexual, adulteración del concepto de matrimonio, son cuestiones que están en continua actualidad y que no son más que el resultado de este liberalismo del deseo que explosionó en mayo del 68.

Tiene sentido traer a colación una campaña promovida por el periódico francés Libération -significativo nombre- en los años 70 a favor de la despenalización de la pederastia. Un periódico que ahora, en un alarde de puritanismo calvinista, se rasga las vestiduras denunciando escandalosamente los casos de pederastia en la Iglesia. La célebre Simone de Beauvoir, partidaria también de este tipo de prácticas, estaba involucrada en la campaña de Libération, cuyo lema era “Apprenons l’amour a nos enfants”. Quizá esto nos recuerde al programa skolae de educación sexual para niños que se está implantando en Navarra, pero que ya lleva años instaurado en otras comunidades. Un programa alimentado por la ideología de género, cuya semilla regó la propia Simone.

Aquellos jóvenes del 68 llegaron por fin a escalar cotas de poder y, aunque en algunos aspectos retomaron el conservadurismo de sus padres, en otros nos condujeron al progresismo democrático; ese que nos tiene enfangados en el relativismo moral. Un relativismo que ha supuesto la descomposición familiar, la corrupción social y la manipulación interesada de la historia y la cultura. Un progresismo que fomenta el igualitarismo, ha empobrecido las enseñanzas básicas y corrompido la universidad. Progresismo que, por momentos, se inmiscuye en los entresijos de la propia Iglesia Católica edulcorándola y, a veces, incluso, adulterándola. En nuestro país, las consecuencias de todo ello las venimos padeciendo en leyes como la del aborto, memoria histórica, divorcio exprés, matrimonio homosexual. O el trato dado al problema de los nacionalismos, las negociaciones con la banda terrorista ETA, la inmigración o las incesantes subidas fiscales que alimentan una magna administración del Estado burocratizada, intervencionista y subvencionadora; que engorda empresas concertadas y bolsillos de funcionarios y políticos corruptos.

LIBERALISMO CONSERVADOR VERSUS LIBERALISMO ÉTICO

La libertad, en sí misma, no es responsable de los males que vienen golpeando en la línea de flotación de nuestra sociedad.

La libertad es innata al ser humano, y sin ella pierde parte de su dignidad. Los regímenes totalitarios que surgieron en el siglo XX, como consecuencia de un liberalismo perverso, veían en la libertad, y su gran aliada la democracia, un elemento obstaculizador para la convivencia y el bienestar social. No se puede volver atrás. El liberalismo está ya en el ADN de la humanidad. Sin embargo, este liberalismo democrático que se viene padeciendo en la actualidad adolece de múltiples deficiencias que están dando al traste con la propia dignidad del ser humano. Ni somos más libres, ni caminamos hacia una sociedad más justa, equitativa y feliz.

Según el INE, el número de suicidios en España en 2017 ha aumentado en un 3,1%, en términos absolutos 3.679, lo que supone una media de 10 muertes al día. A veces, incluso, me llega la noticia privada del suicidio de algún adolescente, dada mi actividad en contacto con ellos. En ese año 2017 se practicaron 94.123 abortos, mientras que los nacimientos han caído un 5,8%. Hubo 97.960 divorcios, un 1,2% más que el año anterior. Podríamos continuar, por ejemplo, hablado del paro o de otras cuestiones, pero con estos datos basta para destapar el sufrimiento con el que se convive. Son los datos de la angustiosa amargura de una sociedad enferma de libertades pervertidas. El ser humano no es más feliz. Sobre la juventud se cierne un aire de incertidumbre, pesimismo y desconfianza; a pesar de que gozan de suficientes bienes materiales y habitualmente disfrutan de fiestas y convivencias que les alegran la vida.

A veces he oído la expresión “mi familia es muy liberal”, como queriendo plantear en positivo un progresismo desinhibido, enriquecedor y saludable. Con ello se quería justificar una visión como la que paso a describir. El padre, que goza de un alto poder adquisitivo, echa con frecuencia sus canitas al aire. La madre, que también disfruta de sus propios recursos económicos, harta de aguantarle, lo manda a paseo y termina por encontrar ella misma su propio novio. Una prima, confusa por su identidad sexual, decide quitarse los pechos y hormonarse para que le crezca el bigote. Otro primo, se siente inclinado por practicar el sexo con chicos, habiendo llegado a intimar mucho con uno de ellos, por lo cual, de momento, ha decidido formar pareja con él. El hermano de la madre ha formado pareja recientemente con una señora que ya no puede engendrar, por esa razón han decidido alquilar el vientre de una amiga para tener un hijo, porque les apetece mucho ser padres. Es tan brusco y violento que parece un relato de novela, pero cualquier lector podría poner nombres y apellidos a estos personajes. Todos podemos reconocer el sufrimiento -yo sin duda lo hago- que genera este tipo de comportamiento; aunque nos lo quieren presentar como natural, progresista y sin complejos.

Un liberal empedernido vería con buenos ojos a una familia como la descrita. Se mostraría indiferente a ese sufrimiento aludido. Para él, lo importante es que alguien que decide vivir de esa manera pueda hacerlo sin impedimentos, sin coartar su libertad. Un liberal libertario es el que ha endiosado la libertad. Sin embargo, en una sociedad democrática las libertades se conceden o suprimen según decide la mayoría. De esta manera hemos entrado en una espiral de degradación en la que se alternan las más indignas normas, propias de regímenes dictatoriales, con las leyes más aberrantes que entusiasmarían al mismo Josef Mengele.

A quien no concibe un progresismo como el descrito, se le tacha de conservador (incluso de fascista de ultra derecha). Un conservador es quien demanda políticas favorables a la familia y a la natalidad. Si además es liberal, reclamará libertad para educar a los hijos y para practicar su religión. Sin embargo, lo que realmente se demanda es algo mucho más profundo. El profesor Fco. José Contreras lo reivindica como “ecología moral” y aduce que los liberales clásicos eran conscientes de la importancia de la virtud para el sostenimiento de una sociedad libre. Hablamos, por tanto, de un liberalismo ético que supere el relativismo moral en el que estamos inmersos. Es un hecho que el Estado es el que viene asumiendo la implantación de los principios éticos, arrogándose así una autoridad moral impersonal e interesada. Lo cual va, por cierto, contra uno de los principios del liberalismo que pretende reducir el Estado al mínimo necesario.

DECÁLOGO PARA UN LIBERALISMO ÉTICO

No es posible contemplar la convivencia entre los seres humanos sin impregnarla de ética, disciplina que estudia el bien y el mal y su relación respecto al comportamiento humano. A lo largo de los dos últimos siglos, las sociedades modernas han ido configurando una nueva ética, una ética democrática. Nos ponemos de acuerdo en qué es lo que está bien, para legislar a su favor, o mal, para prohibirlo con una ley. La mayoría democrática será la que decida si algo debe cambiar y en qué sentido debe hacerlo. Lo que hoy es considerado bueno mañana puede no serlo y viceversa. Sin embargo, no parece que nuestra convivencia haya ido a mejor. La gente sabe que algo no va bien, pero no son capaces o no se atreven a discernir adónde está el mal y adónde el bien. Se tiene miedo al enfrentamiento con la supuesta mayoría democrática. En una palabra, no se es libre. No obstante, algunos estamos convencidos de que es posible clarificar y orientar a las personas sencillas de manera que puedan recuperar esa libertad perdida. Siempre habrá fanatismos difíciles de atraer hacia la cordura y, en todo caso, el cambio ha de ser progresivo y lento. El recorrido que nos ha traído hasta la lamentable situación en que nos encontramos ha durado dos largos siglos. Quizá podríamos resumir en un decálogo lo que un liberalismo ético debería tener en cuenta:

1.- Dios ha de estar por encima de todo. Parece un anacronismo hablar de Dios a estas alturas y en este contexto; sin embargo, separarnos de Dios, recluirlo a nuestra intimidad o encerrarlo en las catacumbas no parece que nos haya traído buenas consecuencias. Por otra parte, al hablar aquí de Dios no se está planteando que cualesquiera religiones deban ostentar el poder civil en alguna de sus vertientes. Las religiones no son más que puentes que, en el mejor de los casos, permiten al ser humano acercarse a Dios, aunque no todas lo hacen de la misma manera. Bastaría con no legislar en contra de Dios y de quienes lo quieren tener presente en sus vidas. De hecho, la experiencia de Dios es lo que nos hace más propiamente humanos. Es necesario recuperar la libertad para hablar de Dios, para creer, para relacionarse con Él.
Tener presente a Dios, en una sociedad liberal, favorece que todos nos situemos en un estatus de humilde igualdad. Una humildad que siempre viene bien, como hace poco reconocía el propio Pedro Sánchez; aunque, muchos de los que le escuchábamos, descubriéramos que el doctor tampoco tiene mucho conocimiento de esto. La presencia de Dios en nuestra vida permitirá acortar distancias entre pobres y ricos, oligarquías y proletariados, castas y descastados. Y, por otra parte, intentar eliminarlo nos coloca ante otros “dioses”, otros referentes idolatrados, que son los que verdaderamente nos esclavizan y nos empujan al vacío existencial del que hablaba el psiquiatra Victor Frankle. Lo expresa muy bien en su libro “Presencia ignorada de Dios” cuando dice: “Hay siempre en nosotros una tendencia inconsciente hacia Dios, es decir, una relación inconsciente pero intencional a Dios. Y precisamente por ello hablamos de la presencia ignorada de Dios… Dios a veces “nos” es inconsciente, nuestra relación con él puede ser inconsciente, es decir, reprimida y por tanto oculta para nosotros mismos. Ya en los salmos se alude al ‘Dios oculto’, y en la antigüedad helenística existía un altar consagrado ‘al Dios desconocido’… Existe una religiosidad latente aun en las personas declaradamente irreligiosas, en las que se interpone la libertad (esto lo puede comprender –y respetar– el médico…)”.

2.- Dios no debe ser utilizado. Ningún partido político, institución o persona debe poner a Dios en su equipo; ni señalarlo como miembro del equipo rival. Nada de lo que el ser humano haga ha de hacerlo en nombre de Dios. Dios no es liberal, ni conservador, ni catalán o español. No debemos mezclar a Dios con la forma como nos organizamos para convivir. Nunca más el mayor poder económico de un individuo, institución o país, ha de ser visto como una recompensa divina por las buenas acciones. Ni la pobreza deberá contemplarse como la consecuencia lógica del pecado o la degeneración racial. No existe la libertad de utilizar a Dios.

3.- No sólo el trabajo dignifica al hombre, también el ocio y el tiempo libre. La tiranía del llamado mercado de trabajo no debe absorber al individuo hasta el punto de no dejarle tiempo para dedicarlo a otros quehaceres. No es admisible que los salarios exiguos obliguen a que ambos miembros de una pareja tengan que condicionar su paternidad o, incluso, su unión matrimonial. Al mismo tiempo, los individuos han de ser conscientes de que el tiempo no dedicado al trabajo retribuido se debe administrar adecuadamente. Para educar a los hijos no basta con dedicarles “tiempo de calidad”, como algunos pedagogos nos han hecho ver con frecuencia. La educación requiere de tiempo, de mucho tiempo. Existe el derecho a disponer con libertad del tiempo libre, y esa libertad debe ejercerse con responsabilidad.

4.- La familia es la institución natural más propiamente humana. Y por natural, ha de contemplarse como familia a la formada por el padre, la madre y los hijos. Esta es la familia que más beneficios origina a la comunidad y al individuo, y por tanto es la que debe ser protegida. El matrimonio estable, en el que ambos conyugues se comprometen fielmente para toda la vida, es el que mayor equilibrio y seguridad aporta en el desarrollo de los hijos. Las causas sobrevenidas que fracturan el vínculo familiar, ya sea por muerte o por ruptura en la convivencia, en cualquier caso, deben repararse buscando ofrecer a los hijos las condiciones más próximas a lo que demanda el orden natural. Esta familia, orientada a la generación de personas virtuosas, maduras y equilibradas, debe integrar a los mayores no como elementos utilitarios para suplir las carencias o ausencias de sus hijos hacia los nietos, sino como referentes de vida que nos vinculan con una tierra, una cultura y una historia común. El respeto y la honra hacia nuestros padres es lo que otorga sentido al concepto de Patria.

La familia debe disfrutar de una libertad absoluta para ejercer las responsabilidades que le son propias. El Estado no está legitimado para usurparle derechos. La familia es una institución anterior al Estado, y por tal razón debe estar supeditado a ella.

5.- La vida humana debe ser respetada hasta sus últimas consecuencias. La vida no es siempre el valor más preciado para el ser humano. Es legítimo y virtuoso dar la vida por los demás o por un ideal que coadyuve a la dignidad del ser humano, por ejemplo, la libertad. Pero lo que el ser humano no puede hacer, de ninguna manera, es otorgarse la facultad de arrebatar la vida o pervertirla. En esto no puede haber excepciones, porque si las hay se habrán difuminado los límites y cualquier iluminado podría cambiarlos. Nos ha pasado con la ley del aborto, sobre el que se han ido modificando las condiciones y los plazos, si bien la dirección seguida por los distintos gobiernos ha sido la de encaminarse hacia el aborto libre. En un estado liberal y ético, la vida es un derecho fundamental que nadie puede vulnerar, ni de forma individual ni institucional. No puede haber pena de muerte, eutanasia, manipulación genética de seres humanos, almacenamiento o destrucción de embriones humanos, clonación, etcétera. La propia naturaleza debe ser preservada como entorno en el que la vida tiene lugar. No existe la libertad para eliminar seres humanos.

La humanidad se escandalizó al descubrir la cruel eugenesia y experimentación humana llevada a cabo en la Alemania NAZI. Sin embargo, hemos terminado por aceptar unas prácticas macabras y antinaturales simplemente para obtener supuestos beneficios. Lo que no trasciende a la opinión pública es la gran cantidad de conflictos psicológicos, emocionales, psiquiátricos, que está ya originando este tipo de prácticas. La falta de ética siempre acaba pasando factura al ser humano. Cuando se vulnera el derecho a la vida, o se malogra el ecosistema natural, el ser humano pierde su libertad. Incluso los verdugos dejan de ser libres.

6.- El ser humano ha de ser respetado en su dignidad. En un liberalismo ético ninguna persona debe ser excluida, vejada o despreciada por razones de raza, género, religión, condición sexual, nacionalidad o ideología política. Al mismo tiempo, cada individuo está obligado a respetar y cuidar su cuerpo. No ha lugar a experimentaciones que tergiversen la realidad anatómica natural de un individuo. No existe el derecho a transformar mi cuerpo, esto no es libertad. Más aún, el idolatrado hedonismo nos esclaviza cada vez más hacia la búsqueda de un cuerpo perfecto que nunca se acaba de lograr. Esta actitud es insatisfactoria y termina por ocasionar obsesiones enfermizas. Si se inculca desde la infancia, el individuo entra en una espiral en la que le resulta imposible descubrir su verdadera identidad. No existe la libertad de hacer con mi cuerpo lo se me antoje.

7.- La propiedad ajena debe ser respetada. Es este uno de los principios básicos del liberalismo económico: el respeto a la propiedad privada. Lo vemos claro cuando contemplamos este precepto entre personas individuales, nadie está legitimado para apropiarse de lo que es de otro. Pero también debe ser así en cualquier otro contexto. No hay justificación para que el Estado, más allá de lo justo y necesario, esquilme la economía de sus ciudadanos expropiándoles el trabajo a base de impuestos, ni siquiera bajo el pretexto de distribuir la riqueza entre los más necesitados. Antes bien, debe utilizar otros medios para que esos ciudadanos empobrecidos consigan, mediante su trabajo y esfuerzo, ser retribuidos dignamente.

Las empresas no están legitimadas para acaparar beneficios indefinidos y a toda costa, mientras que sus empleados obtienen retribuciones “mileuristas” insuficientes para constituir una familia con ciertas garantías de supervivencia. En un partido político no vale cualquier medio para conseguir financiación. El fin no justifica los medios. En esto, como ocurre con el derecho a la vida, tampoco puede haber excepciones. Si las hubiera, se abriría la ranura por donde se colaran los pícaros oportunistas.

8.- Los acuerdos deben respetarse hasta sus últimas consecuencias. Quedan ya lejos los tiempos en los que la palabra dada tenía valor por sí misma. Mentir, tergiversar la verdad, ocultarla o difundir verdades a medias en beneficio de los propios intereses, deforma la sociedad y falsea las relaciones entre sus individuos. No existirá una verdadera libertad si los compromisos no se llevan a término fielmente, y esto debe ser aplicado en todos los ámbitos: el comercial, el político, el laboral, el personal, etc. Un programa electoral que no se cumple, debe ser tratado como una estafa que no puede quedar impune. Una información ofrecida a la audiencia de manera tendenciosa y partidista no está justificada por la libertad de expresión. Un compromiso de fidelidad matrimonial que se traiciona, ha de contemplarse como una vulneración que quiebra la dignidad del infiel y de quienes lo rodean; además de limitar su propia libertad.

9.- El ser humano está sujeto a pasiones que deben ser controladas. Quizá la causa más frecuente de descomposición familiar sea el adulterio. No se trata de prohibirlo, pero sí de no facilitarlo y, en todo caso, de ofrecer alternativas que reconduzcan las consecuencias de la debilidad humana. El “divorcio exprés”, la aplicación de programas supuestamente educativos que pretenden adiestrar la sexualidad en los niños, expender preservativos en los centros escolares, el acceso generalizado y cada vez más precoz a la pornografía, la banalización de la sexualidad humana, la promiscuidad en jóvenes y adultos, la incitación permanente a la homosexualidad; son todos ellos aspectos generadores de conflicto, violencia, insatisfacción y desequilibrios; erosionan a la sociedad y malogran la convivencia. En todo caso, la sexualidad debe estar presidida por el respeto al otro y a uno mismo. No existe la libertad para satisfacer las pasiones; antes bien, a mayor control sobre las pasiones más propiamente humano se es. No se trata de juzgar desde el puritanismo la vida privada de los líderes políticos o mediáticos, pero tampoco se les puede reír la gracia de sus juergas (a veces, pagadas por todos), adulterio, promiscuidad y vida disoluta. No es admisible que en un partido político haya un dirigente al que se le conozca por “el terror de las nenas”.

10.- El consumo desaforado nos conduce a la esclavitud. El consumismo es una de las trampas que nos ha tendido el capitalismo. Nuestra sociedad está repleta de individuos inmersos en la espiral de un consumo que nunca acaba de satisfacerse. Se consume estética hasta la aberración cuando los padres regalan a sus hijas adolescentes una modificación de senos. Se consume ocio cuando jóvenes y adultos salen todos los fines de semana a cenar, bailar y beber hasta altas horas de la madrugada. Se consume un supuesto bienestar saludable cuando nos abonamos al mejor gimnasio con sauna incluida. Se consume tecnología, vestuario, comida basura, vehículos, etc. Todo ello edulcorado por una publicidad que nos conduce y esclaviza en una insatisfacción crónica. La libertad de mercado no disculpa la adicción al consumo.
El perspicaz lector se habrá percatado hace tiempo de que los titulares de este decálogo fueron ya redactados -en el contexto y lenguaje de la época- hace ya muchos años, en el monte Sinaí. No hay nada nuevo bajo el sol, la pugna de pasiones a las que se enfrenta el ser humano siempre es la misma. Hay quienes se sienten incapaces y optan por rendirse, justificando luego sus debilidades; aquellas que han ocasionado sufrimiento y los han empobrecido, a ellos y a su descendencia. Otros optan por luchar y sobreponerse, lo cual siempre les eleva, permitiendo que el sufrimiento -que tarde o temprano, siempre llega- engrandezca su dignidad haciéndoles más propiamente humanos.

CONCLUSIÓN

La libertad es una originalidad propia del ser humano, que a la vez lo ennoblece elevándolo por encima de los demás seres de la naturaleza. Ningún poder está legitimado para coartar las libertades fundamentales de los individuos. Ahora bien, la libertad no es el valor supremo concluyente con la dignidad superior del ser humano, incluso aunque viviera aislado. La libertad tiene unos límites que no son los que colisionan con las libertades ajenas, sino que los impone la ética, la cual permite hacer un uso responsable de la libertad. La acción política debe estar encaminada a salvaguardar las libertades y coadyuvar en el uso responsable de la libertad.

El endiosamiento de la libertad, al cual el liberalismo nos fue conduciendo durante el siglo XIX, quizá nos ha proporcionado un mayor bienestar, pero también nos ha conducido hasta una sociedad enferma. En ella, los niños padecen la ruptura familiar, la empobrecida formación académica, la ruinosa educación orientada a complacer las apetencias antes que a sacar lo mejor de uno mismo esforzándose en el dominio de las pasiones. Unos adolescentes entregados al consumo más devastador, desorientados, inseguros y poseídos del alcohol, el erotismo y la pornografía. Supuestos beneficiados de las consultas de psicólogos, que con frecuencia entran en la espiral de la depresión, el vacío y, a veces, el suicidio. Unos jóvenes con características de adolescente hasta edades propias de la madurez, que viven de fiesta en fiesta gastándose el paupérrimo salario mileurista en tecnología y alterne. Promiscuos y a la vez huidizos ante el matrimonio y la paternidad, inconscientes de la degradación a la que están sometidos. Una sociedad en la que los adultos sobreviven manipulados por intereses ideológicos o publicitarios, con criterios poco formados y, en el mejor de los casos, sentimentalmente buenistas. Acuciados por el hedonismo y la sensualidad, ignorantes de referencias verdaderas que les permitan ubicarse en la historia y la civilización a la que pertenecen, abocados a un progresismo de muerte silenciada en donde el aborto, la eutanasia, el suicidio o la producción de embriones humanos desechables, es una constante. Y unos ancianos cansados de vivir en una sociedad que no entienden, sufrientes atormentados por las vicisitudes de sus seres queridos. Ancianos aparcados en muchos casos y abandonados en otros. Una sociedad incapaz de mirar a la trascendencia y ocupada sólo en lo inmediato.

Será difícil modificar la hoja de ruta de un plan preestablecido y que lleva ya un largo recorrido andado. Sin embargo, creo que es posible la renovación paulatina de un sistema que está produciendo dolor, frustración y falta de esperanza. Parte de la sociedad ha empezado a descubrir un nuevo liberalismo que será difícil de encauzar, pero no imposible. Un liberalismo incipiente sustentado por líderes políticos y mediáticos que todavía deben ubicarse más certeramente en una ética coherente y esforzada. Basta con proporcionar libertad a los individuos y no favorecer la ética destructora de lo más propiamente humano: la familia, la experiencia de Dios y el amor a los tuyos; que, por extensión, no es otra cosa que el amor a la Patria.

*Artículo publicado inicialmente en la Revista Naves en Llamas


Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!
Continue Reading

Historia

El papel del Cristianismo en la Batalla de Lepanto que recientemente ha reivindicado Santiago Abascal

Published

on

Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!

Loading...

La Batalla de Lepanto fue uno de los combates navales más célebres de la historia. Tuvo lugar el 7 de octubre de 1571 en este territorio ubicado en Grecia, hoy conocido como el golfo de Corinto. Allí combatieron unos 100 mil hombres entre la armada del Imperio otomano contra la de una coalición cristiana, llamada Liga Santa.

Una contienda donde la victoria cristiana permitió alejar la amenaza de que los turcos, aliados con los moriscos españoles, asentaran su presencia en la Península Ibérica. Roma celebró la victoria. Desde aquel momento, la flota del Imperio otomano parecía ahora menos imbatible, y el Papa Pío V estaba empeñado en que la Cristiandad jamás lo olvidara. Y vaya si lo consiguió.

Como hemos comentado, la batalla tuvo lugar 7 de octubre, que caía el primer domingo del mes. A partir de aquella fecha, el rezo del Rosario se popularizó. El motivo fue el siguiente: Según relatan, durante la Batalla de Lepanto, el Papa Pío V aguardaba noticias de la contienda desde Roma recitando el Rosario. En un momento dado, el Papa salió de su capilla anunciando, sin tener aún la certeza y el parte oficial, que la Santísima Virgen había concedido la victoria a los cristianos.

De esta manera, cada 7 de octubre la Iglesia católica celebra una fiesta al rezo del Rosario, ya que se atribuyó la victoria directamente a la intercesión de la Virgen María. En este punto cabe recordar que el Rosario es un rezo que conmemora los veinte misterios de la vida de Jesucristo y de la Virgen María, recitando después de cada uno de ellos un padrenuestro, diez avemarías y un ‘gloria Patri’.

Vox recordó recientemente la importancia de la batalla

No es habitual que entre la clase política española se haga alusión a acontecimientos históricos de siglos pasados. Sin embargo, hace unos meses, el partido político de Vox resucitó la Batalla de Lepanto. Fue durante la campaña de las Elecciones Europeas celebradas el pasado mes de mayo. Durante un acto, el partido que dirige Santiago Abascal afirmó que Europa debía su supervivencia a los barcos españoles, ya que fueron capaces de frenar el avance turco hacia Occidente.


Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!
Continue Reading

Ciencia Y Tecnología

Un estudio refuerza la teoría de que los caribes eran caníbales

Published

on

El estudio del hallazgo revela que la presencia de los caribes en la región era mucho más prominente, lo que le da crédito a Cristobal Colón.
Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!

Loading...

La tecnología del siglo XXI ha avalado la veracidad de los desgarradores testimonios de Cristóbal Colón sobre la práctica del canibalismo por los indios caribes.

Utilizando análisis equivalentes al reconocimiento facial, los investigadores analizaron los cráneos de los primeros habitantes del Caribe, descubriendo las relaciones entre los grupos de personas y poniendo al descubierto antiguas hipótesis sobre cómo las islas fueron colonizadas por primera vez.

Un hallazgo sorprendente del estudio, publicado en Scientific Reports, fue que los caribes, que habitaban América del Sur y supuestos caníbales, invadieron Jamaica, La Española y las Bahamas, revocando medio siglo de suposiciones de que nunca llegaron más al norte que Guadalupe, en las Pequeñas Antillas.

“Pasé años tratando de demostrar que Colón estaba equivocado cuando tenía razón: había caribes en el norte del mar Caribe cuando llegó el explorador”, dijo William Keegan, conservador de arqueología caribeña del Museo de Historia Natural de Florida. “Vamos a tener que reinterpretar todo lo que creíamos saber”, agregó el experto.
Cráneos caníbales

Utilizando análisis equivalentes al reconocimiento facial, los investigadores analizaron los cráneos de los primeros habitantes del Caribe, descubriendo las relaciones entre los grupos de personas.

Utilizando análisis equivalentes al reconocimiento facial, los investigadores analizaron los cráneos de los primeros habitantes del Caribe, descubriendo las relaciones entre los grupos de personas.

Colón había contado cómo los pacíficos arawaks en las modernas Bahamas estaban aterrorizados por saqueadores que describió erróneamente como ‘Caniba’, los súbditos asiáticos de Gengis Khan. Sus sucesores españoles corrigieron el nombre, llamándolos ‘Caribe’, unas décadas más tarde, pero los nombres de sonido similar llevaron a la mayoría de los arqueólogos a una confusión: ¿cómo pudieron los caribes haber estado en las Bahamas cuando su puesto de avanzada más cercano estaba 1.500 kilómetros al sur?

Pero los cráneos revelan que la presencia de los caribes en la región era mucho más prominente de lo que se pensaba anteriormente, lo que da crédito a las afirmaciones de Colón.

Los primeros habitantes del Caribe

Alrededor del año 800 d. C., se dirigieron al norte, hacia La Española y Jamaica, y luego a las Bahamas, donde estaban bien establecidos cuando Colón llegó.

Estudios anteriores se basaron en artefactos como herramientas y cerámica para rastrear el origen geográfico y el movimiento de personas a través del Caribe a lo largo del tiempo. Agregar un componente biológico pone la historia de la región en un enfoque más agudo, dijo Ann Ross, profesora de ciencias biológicas en la Universidad Estatal de Carolina del Norte, y autora principal del estudio.

Ross utilizó puntos de referencia faciales en 3D, como el tamaño de la cuenca del ojo o la longitud de una nariz, para analizar más de 100 cráneos que datan de aproximadamente el 800 d.C. al 1542. Estos puntos de referencia pueden actuar como un indicador genético para determinar qué tan cerca están las personas relacionadas entre sí.

El análisis no solo reveló tres grupos distintos de personas del Caribe, sino también sus rutas de migración, que fueron “realmente sorprendente”, dijo Ross.

La observación de los rostros antiguos muestra que los primeros colonos del Caribe vinieron de Yucatán, y se mudaron a Cuba y las Antillas del Norte, lo que respalda una hipótesis previa basada en similitudes en las herramientas de piedra.

Los hablantes de arawak de la costa de Colombia y Venezuela emigraron a Puerto Rico entre 800 y 200 a.C., un viaje también documentado en cerámica.

Alrededor del año 800 d. C., se dirigieron al norte, hacia La Española y Jamaica, y luego a las Bahamas, donde estaban bien establecidos cuando Colón llegó.

La monarquía española inicialmente pagaba a los indígenas por su trabajo, pero revirtió su posición después de recibir informes de que se negaban a convertirse al cristianismo

Sin embargo, los primeros habitantes de las Bahamas y la Española no eran de Cuba como comúnmente se pensaba, sino del noroeste del Amazonas: los caribes. Alrededor del año 800 d. C., se dirigieron al norte, hacia La Española y Jamaica, y luego a las Bahamas, donde estaban bien establecidos cuando Colón llegó: “estuve perplejo durante años porque no tenía este componente bahameño. Por eso, estos restos son tan claves, pues cambiarán la perspectiva sobre los pobladores la población del Caribe”, aseveró Ross.

Para Keegan, el descubrimiento resuelve un enigma que lo atormentó durante años: por qué un tipo de cerámica conocida como meillacoide aparece en La Española en el año 800 D.C, en Jamaica alrededor del 900 y en las Bahamas alrededor del 1000.

“¿Por qué esta cerámica era tan diferente de todo lo que vemos? Eso me había inquietado”, dijo. “Tiene sentido que la cerámica meillacoide se asocie con la expansión caribe”.

La aparición repentina de la cerámica meillacoide también se corresponde con una reorganización general de los humanos en el Caribe después de un período de tranquilidad de 1.000 años, más evidencia de que “los invasores caribes estaban en movimiento”, dijo Keegan.

Canibalismo y esclavización

Entonces, ¿había algún sentido en los cuentos de canibalismo?

Posiblemente, dijo Keegan, los arawaks y los caribes eran enemigos, pero a menudo vivían cerca, con matrimonios ocasionales antes de que estallaran las enemistades, dijo Keegan. “Tal vez hubo algo de canibalismo involucrado. Si necesitas asustar a tus enemigos, esa es una muy buena manera de hacerlo”.

La monarquía española inicialmente pagaba a los indígenas por su trabajo, pero revirtió su posición después de recibir informes de que se negaban a convertirse al cristianismo

Sea o no exacto, la percepción europea de que los caribes eran caníbales tuvo un tremendo impacto en la historia de la región, dijo. La monarquía española inicialmente insistió en que a los indígenas se les pagara por el trabajo y se los tratara con respeto, pero revirtió su posición después de recibir informes de que se negaban a convertirse al cristianismo y comían carne humana.

“La corona dijo, ‘bueno, si se van a comportar de esa manera, pueden ser esclavizados’. De repente, todas las personas nativas en todo el Caribe se convirtieron en caribes en lo que concernía a los colonos”, puntualizó Keegan.


Comparta este artículo, ¡Ahora también en MeWe, la red social sin censura!
Continue Reading
Advertisement
Advertisement
Advertisement

Copyright © 2019 all rights reserved alertanacional.es

Do NOT follow this link or you will be banned from the site!
ArabicBulgarianChinese (Simplified)DanishEnglishFinnishFrenchGermanGreekItalianNorwegianPortugueseRomanianRussianSpanishTurkish
A %d blogueros les gusta esto: