Internacional
Estados Unidos avanza hacia el ‘Partido Único’. Demócrata, por supuesto
Los militantes del Partido Demócrata se convirtieron en una suerte de esbirros freelance que se han dedicado a perseguir a todos los que no piensen o compartan los dogmas de las élites de su partido.
Hoy Washington DC parece una cárcel de alta seguridad con extensas cercas y alambradas, y permanecen acantonados en la ciudad más de 20.000 soldados del ejército estadounidense que fueron desplazados a la capital por solicitud de la líder del Partido Demócrata, Nancy Pelosi.
La líder del Partido Demócrata exigió la presencia de las Fuerzas Armadas para proteger a los congresistas demócratas de la “amenaza” que representa los ciudadanos que votaron por la reelección del presidente Donald Trump, la persona más admirada de los Estados Unidos (muy por encima de Joe Biden) según una encuesta hecha por Gallup.
Relatos desgarradores como el de la gerontócrata Diane Feinstein, senadora demócrata por el Estado de California, que a pesar de su muy avanzada edad tuvo que prepararse para defender su integridad con una cosedora de papel. O como el de la representante demócrata por el Distrito 14 de Nueva York, Alexandria Ocasio-Cortez que por culpa del asalto al Capitolio revivió un trauma de agresión sexual que creía superado; dejaron más que clara la necesidad de militarizar a Washington DC.
Fue tan grande la impresión de AOC que no asistió a la posesión de Joe Biden por temor a ser agredida y a que los congresistas del Partido Republicano le dijeran al Hombre-Búfalo y a sus secuaces, su ubicación para que la secuestren o le hagan daño. Probablemente AOC no regresará a Washington DC hasta que no exista miembros del Partido Republicano en el Capitolio, deseo que puede ser una realidad gracias al régimen del terror implantado por los demócratas en Estados Unidos que lograría, en un futuro cercano, se declare como ilegal al Partido Republicano y se consolidé la figura del partido único.
Los militantes del Partido Demócrata se convirtieron en una suerte de esbirros freelance que se han dedicado a perseguir a todos los que no piensen o compartan los dogmas de las élites de su partido. Es por eso que en el país de la libertad, desde la era Obama, se volvió un delito ser católico, heterosexual, de raza blanca o estar en contra del aborto.
Portar la bandera de los Estados Unidos o manifestar públicamente el apoyo a algún miembro del Partido Republicano puede ser un motivo para ser agredido por los ANTIFA y BLM que son la versión estadounidense de los grupos paramilitares de otros regímenes de extrema izquierda del pasado como los Camisas Pardas del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (NAZIS), el Khmer Rouge de Pol Pot en Camboya o, en la actualidad, los Colectivos Chavistas de la dictadura comunista venezolana. BLM es abiertamente financiada por magnates que simpatizan con la ideología de la extrema izquierda como el adulto mayor George Soros.
La denuncia de actos de corrupción, delitos de pedofilia o de abusos sexuales de los congresistas o demás miembros del Partido Demócrata, puede significar la muerte civil y política del que se atreve a denunciarlos. Los abogados que denunciaron el fraude electoral, por ejemplo, han sido víctimas de persecución en los medios de comunicación, en las universidades en donde estudiaron y hasta le violaron el derecho al trabajo digno a Lin Wood por considerarlo un demente un enfermo mental por apoyar a Donald Trump y le fue retirada su licencia para ser abogado por The Georgia State Bar. A esos niveles de fundamentalismo han llegado los enceguecidos seguidores de Joe Biden.
La libertad de empresa y la libre competencia también están siendo violadas en un abierto ataque al sistema capitalista que siempre ha sido perseguido y condenado por el totalitarismo de extrema izquierda. Congresistas del Partido Demócrata han estigmatizado a empresarios seguidores del presidente Donald Trump. Empresarios de las redes sociales, afines con la doctrina del Partido Demócrata, se han dedicado a censurar sistemáticamente a los que no piensen igual a ellos. El dueño del Washington Post y de la página de ventas por catálogo Amazon, ha censurado a todos los que no comulguen con la ideología demócrata que, por ejemplo, le costó a la red social Parler la expulsión de los servidores administrados por Jeff Bezos.
Hasta el deporte femenino lo va a desaparecer el nuevo régimen que dio la orden para que todos los hombres que se crean mujeres puedan hacer parte de los equipos deportivos femeninos. Con esta nueva política, es muy posible que en las Olimpiadas de Paris 2024 el equipo olímpico de los Estados Unidos esté conformado solamente por hombres y hombres que se crean mujeres.
La nueva portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaky, al parecer va a revisar previamente las preguntas que le hagan los medios que no hayan sido proscritos por el régimen demócrata. Cadenas como CNN, ABC o MSNBC han exigido que desaparezca la competencia de OAN y Newsmax para que solo exista medios de comunicación afines al régimen de Biden. Estados Unidos va camino de tener un único medio de comunicación como en su momento lo tuvo la dictadura comunista soviética con PRAVDA y en la actualidad lo tiene la dictadura comunista cubana con GRANMA.
Quizá la mayor muestra del totalitarismo demócrata es el juicio de destitución que le van a hacer a Donald Trump en el que van a destituir a un presidente que, hasta donde sabemos, ya no es el presidente. Salvo que exista información censurada por el régimen y sea verdad el fraude electoral que habían advertido que anulaba todo y Donald Trump siga siendo el presidente, se entiende que es anti constitucional hacerle un juicio de destitución a un presidente que ya no es presidente.
“La violencia no es necesaria para destruir una civilización. Cada civilización muere a partir de la indiferencia hacia los valores únicos que la crearon”, dijo el filósofo colombiano Nicolás Gómez Dávila. El totalitarismo del Partido Demócrata condenó a los Estados Unidos a su extinción como nación libre y soberana.
Andrés Villota Gómez
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
