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Historia

Hispanoamérica: origen del conflicto interno español

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Colón tomando posesión de Guanahaní en nombre de los Reyes Católicos el 12 de octubre de 1492.
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José Francisco Rodríguez Queiruga*.- España hoy, reflejo del pasado: La España actual está viviendo una profunda crisis de identidad que la desgarra desde el interior y pone en duda su historia y su destino como nación, donde los viejos fantasmas vividos en el período 34/36 se despiertan y nos reenvían a la mal cicatrizada herida de la ruptura del imperio.

Esta herida se abrió por primera vez a principios del siglo XIX con la atomización de los territorios americanos. Esta disgregación fue, en parte, causada por el agotamiento que supuso para España la lucha por liberarse del yugo de Napoleón y por la trama urdida por Inglaterra, con la inestimable ayuda de la francmasonería y de una porción de los criollos.

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La trama tenía como objetivo resarcirse de las innumerables derrotas infringidas a Inglaterra por España en los tres siglos precedentes y escindir desde el interior los territorios americanos, para crear un nuevo monopolio comercial a beneficio de la industria inglesa que, además, pretendía suplantar la moneda hispana, es decir, el “real de a ocho”, como moneda internacional de intercambio y de reserva, por la libra.

Este fue un proceso largo y doloroso que condujo España a vivir varias guerras civiles y concluyó con la pérdida definitiva de Cuba, Puerto Rico y Filipinas en 1898.

2.- La leyenda “de color”

El subconsciente colectivo español quedó profundamente marcado por la pérdida de los territorios de ultramar, generando una profunda sensación de fracaso, de confusión y de impotencia.

Este conjunto de circunstancias históricas ha hecho dudar a la nación española no solo de su destino sino también de su pasado, olvidando sus gestas gloriosas, sus descubrimientos, el impacto de sus universidades y lo que estas habían aportado al mundo.

Al mismo tiempo, empezaron a extenderse falacias sobre su comportamiento y la criminalidad de sus instituciones, así por ejemplo, la Inquisición española empezó a asociarse al oscurantismo, a la intolerancia y a la represión, frente a hechos como la Revolución Francesa, cuya imagen simbólica asociada es “libertad, igualdad y fraternidad”, revolución que no obstante produjo en tan solo 10 meses casi 40.000 ejecuciones, frente a las 2.500 de la oscurantista Inquisición española en “tan solo 350 años”. Y este ejemplo no es el único, los españoles han ido asumiendo que no solo eran ladrones, violadores, genocidas, difusores de enfermedades y explotadores; hasta han intentado hacerles creer que su expansión industrial en América es la que está causando el cambio climático.

Las dudas sobre sí mismos han generado un proceso de introspección social que dejó entrar en su estructura, en su ADN colectivo, en sus universidades, en su clase política y en el pueblo llano, la “leyenda negra”, sin preocuparse por poner freno a su expansión en Hispanoamérica.

3.-La manipulación histórica

Por estas razones, el español y el hispano de hoy tienen un referencial histórico parcial y muy manipulado, exclusivamente cargado de derrotas y de incompetencia científica y económica, todo esto aderezado por la atribución, al Ser español, de un espíritu maligno, cavernario, estúpido, asesino y miserable del que nada bueno podía salir y que deslegitima toda acción de futuro.

Para enfrentarse a esta situación, un buen número de intelectuales, científicos, historiadores, economistas y sociólogos intentan desde hace varias décadas, recuperar las hazañas e hitos militares, científicos o político-económicos y culturales, más notorios y de mayor impacto tanto en la historia de América como en la de la España de hoy, con el fin de evitar su desmembramiento y disolución en la comunidad de gregarios del nuevo fundamentalismo internacionalista, para el que los Estados nación son una rémora del pasado y por lo tanto estarían abocados a desaparecer.

El trabajo que están realizando es muy intenso, se han publicado miles y miles de páginas de las hazañas hispánicas tanto científicas como culturales o sociopolíticas, sin embargo, algo no está funcionando, las continuas explicaciones y demostraciones contra la leyenda negra no son retenidas ni creídas por la población y además, nuestra clase política tira piedras contra su propio tejado, animada por los intelectuales que malgastan su tiempo en estériles discusiones bizantinas, debatiendo la existencia o inexistencia de España, ahogando de esta manera los gritos de la verdad e imposibilitando una opción de futuro.

¿Por qué esta persistencia de la leyenda negra?

España ha construido una nueva civilización en América, ha generado las bases del Derecho Internacional de Gentes con las Leyes de Indias, ha revolucionado la navegación marítima y la cartografía, ha creado las bases intelectuales del renacimiento con la Escuela de Salamanca, los tratados más importantes de farmacopea, medicina e ingeniería civil y militar son españoles entre 1500 y 1800.

En los nuevos territorios americanos creó nuevas estructuras de desarrollo socio-económico que permitieron que las poblaciones del nuevo mundo alcanzasen un nivel de vida nunca antes alcanzado en Europa. En tan solo 100 años, entre 1525 y 1625, crearon 30 nuevas universidades, mejoraron la agricultura y el nivel alimenticio y de salud de sus poblaciones, salvaguardaron sus propiedades, sus idiomas y sus referencias culturales en sendas gramáticas y diccionarios, y permitieron el acceso de todas sus poblaciones, sin diferencia de color o de sexo, a la formación profesional y universitaria, lo que hasta el S.XIX ningún otro país había hecho, y sin embargo ….

4.-Endeudamiento de las nuevas repúblicas americanas e inducción de la culpa

Ante estos hechos históricos incuestionables, ¿cómo es posible que uno de los elementos de la leyenda negra más repetidos por los hispanoamericanos, y también por los españoles, diga lo siguiente?:
“Si los españoles lo hicieron tan bien y los territorios en América estaban tan desarrollados, ¿por qué ahora las repúblicas hispanoamericanas, ex colonias españolas, tienen tan bajo nivel de desarrollo respecto a las ex colonias británicas o francesas?” y algunos llegan a decir “hubiera sido preferible que nos colonizaran los ingleses, así hoy seriamos ricos”.

Esta pregunta lleva implícito el fracaso de la colonización española, sin embargo, este enunciado parte de una premisa completamente falsa, cuya realidad, tanto españoles como hispanoamericanos deben desconocer, pues el desarrollo humano de la mayor parte de las ex colonias inglesas o francesas es infinitamente inferior al de las “ex colonias españolas”, cuando no se ha dado el caso de eliminación casi completa de sus poblaciones originarias, como es el caso de Australia y, con matices, de EEUU. El caso francés de Taití también clama al cielo.

Sabemos por escritos de viajeros y de analistas de la época, como Humboldt, que antes de que se produjesen las “independencias”, el nivel de vida de las poblaciones hispanas era superior al de cualquier otra población del resto del mundo.

No obstante, 50 años después de sus independencias, ya se encontraban completamente endeudadas, ¿era la culpa de España? Evidentemente que no, su desarrollo posterior como repúblicas independientes, ya no dependía de España, eran “libres”.

¿Qué pasó entonces?

Pasaron de estar bajo la protección de España a estar bajo el sistema de explotación depredador de Gran Bretaña y nada mejor que el ejemplo para comprender:

Provincias Unidas del Río de la Plata

“El 2 de febrero de 1825 la protección que Su Majestad Británica dio a los movimientos independentistas comienza a dar sus frutos. Ese día, tan sólo cuatro días después de haber sido designado, el representante de las Provincias Unidas del Río de la Plata firma con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda el llamado “Tratado de Amistad, Comercio y Navegación”.

Dicho tratado, en su artículo 2º, contemplaba que los súbditos británicos podrían arribar con sus buques y cargas para ejercer el comercio a cualquier puerto, paraje o río argentino, con exclusión de cualquier otra bandera. Al mismo tiempo, en su art. 7º se establecía que, para verse amparados en este tratado, los buques argentinos debían ser propiedad y haber sido construidos en las Provincias Unidas. Ahora bien, dado que, la Argentina no contaba con astilleros ni industria naval alguna, en la práctica significaba que no podían alquilarse ni comprarse buques franceses o estadounidenses.

Expoliación de Perú, Colombia y México

En marzo de 1825, el mismo tratado es firmado por los representantes del Perú y en abril hace lo propio Colombia. México caerá en noviembre de ese mismo año y pocos años más tarde, cederá casi la mitad de su territorio a EEUU.

En el caso peruano, el tratado confirmaba la autorización de “el Libertador” José Francisco de San Martín a los comerciantes británicos para vender sus mercancías importadas en territorio peruano, copia exacta (según Julio C. González) del Edicto de 1806 del invasor inglés Beresford en Buenos Aires. Asimismo, el Empréstito usurario contraído por San Martín con Gran Bretaña, durante su protectorado, por la suma de dos millones de libras esterlinas, se convertirá en el modelo de los otros empréstitos escandalosos que han sumido a Hispanoamérica en la esclavitud de la Deuda Externa, sobre todo si se tiene en cuenta que dichos créditos fueron concedidos con la garantía de los fondos robados por los ingleses en las Arcas de los Virreinatos, otrora ricos.

¿Dónde se encontraba la responsabilidad de España en ese proceso de endeudamiento? ¿Cuál fue el papel de San Martín?

San Martín asumió el 3 de agosto de 1821 el mando y el poder del Perú con el título de ‘Protector’, sin embargo, renunció al protectorado del Perú el 20 de septiembre de 1822. Su gobierno duró, por lo tanto, un año, un mes y diecisiete días. ¿Qué hizo durante ese período?

  1. Lord Cochrane (inglés), el jefe de la flota de apoyo a San Martín, se apoderó de todos los fondos del gobierno peruano (Tesoro de la Real Hacienda), y de fondos particulares de Lima, que San Martín había resguardado en los buques peruanos Jerezana, La Perla y La Luisa, con el fin de evitar que dichos fondos cayeran en poder de las fuerzas realistas leales a España en caso de que éstas tomasen la ciudad de Lima. Lo que pasó es que los caudales colocados en esos tres buques fueron presa fácil de Lord Cochrane, el cual, partió inmediatamente hacia Londres con el botín.

  2. Ocurrió lo mismo que en Buenos Aires en 1806, donde Beresford embarca el Tesoro de la Real Hacienda (40 toneladas de oro) en el navío Narcissus con rumbo a Londres.

  3. Es lo mismo que sucedió en Potosí, donde Pueyrredón asalta y destruye la Casa de Moneda (agosto de 1811), enviando a Buenos Aires un millón de piezas de plata que el gobierno entrega por títulos de crédito a comerciantes británicos, que lo envían a Londres.

  4. En 1822 los británicos se apoderan de doce toneladas de oro amonedadas en Sant Fé de Bogotá (ahora Colombia). Coetáneamente acontece lo mismo en Guatemala (América Central Unida) y México. Textos extraídos de Dr. Julio C. González, “La involución hispanoamericana”.

Colombia no pagó su deuda a Inglaterra hasta principios del siglo XX. Recordemos que en 1822 Francisco Antonio Zea – el entonces el primer vicepresidente del país– negoció con la británica Herrings, Graham y Powles, un crédito de dos millones de libras esterlinas para ayudar al establecimiento de la joven república, cuyas arcas habían sido vaciadas por los propios ingleses.

Muchos políticos –y no sólo políticos– que lo sucedieron han sugerido irónicamente que dichos empréstitos no fueron un gran negocio para Colombia, escribe en su sitio web Matthew Brown, profesor de historia latinoamericana de la Universidad de Bristol, en Reino Unido. De hecho, agrega este profesor, consideran que dejó sobrecargada de deudas a Colombia desde su origen.

(Según lo investigado por Brown, Zea fue enterrado en la abadía de la ciudad inglesa de Bath, donde murió en el mismo año en que consiguió el empréstito que lleva su nombre).

Está claro, según se deduce de los textos históricos de ese período, que las nuevas repúblicas separadas de España tenían un gran capital que fue expoliado por los ingleses, que estos últimos concedieron los empréstitos de la reconstrucción de post guerra gracias al oro y reservas robadas a condición de obtener exclusividad portuaria y de comercio con estos nuevos países. Que estas circunstancias impidieron controlar los precios de sus productos y quedaron a merced de Inglaterra, endeudándose con ésta durante un siglo, y generándose así una gran inestabilidad política y social.

5.-Silencio de sus logros y deslegitimación de España

El fracaso socio-económico de estas revoluciones fue acallado, vertiendo todo tipo de mentiras sobre la gestión española y España acabó por asumir esa culpa, culpa que se extendió a los principios del descubrimiento del nuevo mundo con el fin de deslegitimar, a posteriori, toda la acción española y, por lo tanto, sus derechos a reivindicar los logros obtenidos.

Hoy España lucha por no desmembrarse (el nuevo proceso electoral que se abre el 10 de noviembre es un claro ejemplo de su lucha interna) pero su porvenir será incierto mientras no consiga cerrar la herida hispanoamericana, manifestada por los silencios de sus logros, por la amplificación de sus defectos y por la difusión de innumerables mentiras sobre su pasado, lo que le impide aceptar la legitimidad de su construcción actual, de su ser como nación histórica de valor, obscureciendo toda posible acción positiva sobre su destino.

Ahí está el origen del problema de la España de hoy, ahí está su solución.

*Economista y Président de la Chambre de Commerce Latino-Américaine


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Historia

1933, la última vez que se suspendió la Semana Santa de Sevilla

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Sevilla, que no celebrará su Semana Santa por la pandemia del coronavirus, no veía totalmente suspendida su Semana Mayor desde el año 1933, cuando ninguna cofradía salió en procesión por el enrarecido ambiente que provocó el enfrentamiento político y social en los años de la Segunda República.

En los primeros años treinta, las cofradías soportaban un ambiente hostil en la calle -ya en 1932 sólo salió en procesión la hermandad trianera de La Estrella-, pero la decisión última de no salir en 1933 fue adoptada por las propias hermandades, a manera de plante por el anticlericalismo del Gobierno y el que también se respiraba en la calle.

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Según ha explicado a Efe el escritor y periodista Francisco Robles -autor de “Tontos de capirote” y “Frikis de capirote”-, el Ayuntamiento republicano no actuó en ningún momento contra la Semana Santa, sino que la suspensión corrió a cargo exclusivamente de las hermandades, al igual que sucedió en 1932, si bien posteriormente, durante el franquismo, se tergiversó esa realidad para aprovecharla políticamente.

Ese año de 1932, una cofradía de pronunciado carácter popular como es La Estrella salió en procesión, pero no su día correspondiente, el Domingo de Ramos, sino el Jueves Santo, con lo cual no perdió la subvención que otorgaba el Ayuntamiento, como le pasó al resto de cofradías que no salieron. Una vez en la calle, al paso de La Estrella se produjeron altercados, insultos, gritos e incluso el lanzamiento de algunas piedras.

El ambiente enrarecido duró hasta 1934, cuando sólo salieron en procesión aproximadamente la mitad de las cofradías, las de carácter más popular, mientras que las consideradas más conservadoras o, de algún modo, más ligadas a la derecha política decidieron no salir. Ya en 1935 salieron todas las cofradías y en 1936, ya con el Gobierno del Frente Popular, volvieron a salir todas las cofradías, cuyas procesiones, hasta ahora sólo se habían interrumpido por la lluvia o la amenaza de lluvia.

El profesor de la Universidad de Sevilla Manuel Moreno Alonso recordaba recientemente otro caso en un artículo publicado por ABC de Sevilla hace justo dos siglos, en 1820, también por razones políticas derivadas de la presencia en Sevilla del general Rafael del Riego, entonces aclamado como el libertador de la nación.

Tras más de dos meses de la proclamación de la Constitución de 1812 en Las Cabezas de San Juan (Sevilla), Riego entró en Sevilla el 20 de marzo de aquel año, lo que conllevó alborotos y suscitó temores que dieron con la suspensión de las procesiones el Jueves y el Viernes Santo y la “Madrugá”. Francisco Robles también ha recordado un curioso hecho histórico del periodo napoleónico, durante el reinado español de José Bonaparte tres cofradías de Semana Santa se acercaron al Alcázar, en el que se alojaba el hermano de Napoleón, para rendirle pleitesia pero el rey ni siquiera se dignó salir a recibirlas.


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Historia

Las catastróficas consecuencias económicas que dejó la Gripe española de 1918

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C.C.- La neutralidad en la Primera Guerra Mundial supuso un gran negocio para España, que alcanzó una cantidad de exportaciones nunca vista gracias a la falta de competidores y a la buena relación del Rey Alfonso XIII con ambos bandos. No obstante, los salarios en España se estancaron mientras los precios se disparaban y el país sufría los estragos de la llamada Gripe española, una pandemia mundial surgida en 1918 que, según algunos autores, causó a casi cincuenta millones de fallecidos.

España, un país que no censuró la publicación de los informes sobre la enfermedad y sus consecuencias, dio nombre a la epidemia ante la creencia de que era el único país afectado o desde luego el origen. Sí fue, en todo caso, de los más infectados. El Monarca sufrió justo escarlatina durante la epidemia y se mantuvo inactivo en la última fase de la guerra.

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Las víctimas de la gripe no solo fueron los más vulnerables como los niños o los ancianos de los estratos socioeconómicos más desfavorecidos, sino que incluyó a los adultos jóvenes y sanos e incluso a algunos animales (fundamentalmente perros y gatos). La predilección por los individuos jóvenes adultos, que constituían la mayor parte 87 de la población activa, provocó que la actividad económica se redujera, e incluso en algunas localidades quedara prácticamente paralizada.

Como señala el monográfico «La pandemia de Gripe de 1918: Mitos y realidades desde la literatura científica» (investigación firmada por Manuel José Mejías Estévez, Rocío Domínguez Álvarez y Esperanza Blanco Reina), « el miedo se apoderó de la población, provocando situaciones dramáticas como el aislamiento social y la estigmatización de la enfermedad».

La gente se ausentaba de sus trabajos ante el miedo a salir de casa, produciendo un efecto directo y desastroso sobre la economía. En algunos lugares las autoridades declararon la cuarentena, prohibieron el derecho de reunión para evitar aglomeraciones, se cerraron escuelas, teatros, centros del culto… hasta el punto de que numerosos fallecimientos de niños fueron debidos al hambre (se les aislaba hasta el punto de prohibir llevarles alimentos).

La mejora económica con Primo de Rivera

En el verano de 1920, cuando la guerra llevaba dos años noqueada, el virus desapareció tal y como había llegado. La economía española debió enfrentarse a las consecuencias del virus y, a la vez, a la drástica disminución de exportaciones. Los empresarios habían olvidado emplear los beneficios de las exportaciones de la guerra para modernizarse y mejorar las condiciones de sus empleados. Los ánimos en las calles solo estaban peor que antes al término del conflicto. La cifra de huelgas anuales alcanzó el millar y solo en Cataluña se produjeron ochocientos crímenes entre 1917 y 1922 relacionados con la política.

Por vez primera, se pasó de un 57 % de mano de obra dedicada a la agricultura, a un 45 %
La situación no llegó a remontar hasta el golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera, quien además de estabilizar la política logró una mejora en la economía en los primeros años de su dictadura coronada. El efecto de la política económica llevada a cabo por Primo de Rivera sobre la producción industrial fue bueno a corto plazo. Las regiones ya industrializadas, como Cataluña o el País Vasco, vieron un incremento notable de la prosperidad económica y un crecimiento de los puestos de trabajo. Por vez primera, se pasó de un 57 % de mano de obra dedicada a la agricultura, a un 45 % de industrial, y el parque automovilístico se duplicó en seis años.

También en estos años se produjo la conversión de la banca española (sobre todo la madrileña, el Hispano y el Español de Crédito) en una banca nacional, a la vez que se consolida la banca oficial como el Banco de Crédito Local y el de Crédito Industrial así como las cajas de ahorro. La Dictadura centró su propaganda en los logros económicos, que se beneficiaron en esos años de la favorable coyuntura internacional (los «Felices Años Veinte»), por lo que cuando la situación empeoró en torno al Crac del 29 y con la caída del valor de la peseta también lo hizo igual de rápido el prestigio de Primo de Rivera.

Una gran caída y un repunte igual de repentino

A nivel mundial también los efectos de la pandemia fueron desoladores: pérdida de familiares y seres queridos, economía deteriorada, miedo colectivo y las compañías de seguro arruinadas ante la muerte masiva de adultos jóvenes. Las distintas localidades y países tuvieron que conceder créditos especiales para poder sufragar todos los gastos derivados no solo de la asistencia médica y social de los afectados, sino de la implantación y cumplimiento de las distintas medidas de profilaxis pública.

Estos gastos extraordinarios consistieron básicamente en el establecimiento de la cuarentena; el aislamiento de los contagiados; el cierre de los lugares públicos; la desinfección de los individuos, las calles y los locales, el uso de las mascarillas, vacunas, etc. No obstante, la coincidencia de la enfermedad con la propia guerra dificultan mucho saber dónde empezaron las consecuencias de una y donde terminaron las de otra. Las falta de datos macroeconómicos impiden hacer un análisis global del impacto de la epidemia en la economía.

Los indicadores disponibles sobre el caso de Estados Unidos apuntan a que los índices de la producción industrial y la actividad comercial cayeron en octubre de 1918, en el momento más agudo de la epidemia, aunque repuntaron rápidamente. Las cifras sobre la nómina de las fábricas disponibles (se carece de datos sobre toda la fuerza laboral) también señalan una drástica caída seguido de un rápido repunte.

Un estudio reciente del Ministerio de Hacienda de Canadá estima que el impacto global sobre el PIB anual fue de solo un 0,4 %. Algunas zonas deprimidas concentraron la peor parte. En un estudio económico sobre la India, donde la mortalidad fue muy elevada, Schultz estimó en 1964 que la producción agrícola se contrajo un 3,3% durante la pandemia, en comparación con una reducción del 8% en la fuerza laboral agrícola.

¿Terminó con la guerra?

Las repercusiones políticas de la pandemia fueron notables, como explica María Isabel Porras Gallo en su investigación «Una ciudad en crisis: la epidemia de gripe de 1918-19 en Madrid»: «Quizás lo fundamental, dada la trascendencia internacional que tuvo, fue la influencia que ejerció en el desarrollo de la guerra y en la Conferencia de paz y el desastroso contenido del Tratado de Versalles». Las últimas operaciones militares se vieron dificultades e incluso paralizadas por el gran número de soldados afectados por la gripe en uno y otro bando.

Algunos autores han postulado incluso que actuó de modo decisivo sobre el curso de la guerra y que incluso precipitó su final. El historiador estadounidense Alfred Crosby ha vinculado el tercer brote de la enfermedad, tras la navidad de 1918, a las razones por las que se aceleraron las conferencias de paz de 1919 y se redactó de forma algo chapucera el Tratado de Versalles.

Desde su punto de vista, la mala actuación de la Delegación americana en la Conferencia de Paz habría sido provocada por el ataque gripal que algunos de sus miembros sufrieron y que les habría llevado a precipitar la redacción final del documento. Para él, esta fue la razón de que dicho tratado acabara siendo un acuerdo para los vencedores y no un pacto para evitar otro conflicto.

 


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A Fondo

El coronavirus se suma a la maldición de las pandemias de los años 20

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El coronavirus es hoy el tema del que nadie en el mundo puede escapar. Está en cada conversación y en todos los noticieros. Los muertos y los infectados crecen día a día y se extiende por diferentes países, paralelamente al crecimiento del temor a nivel global.

Es a raíz de ello que en las redes sociales se multiplican los mensajes en torno a que en cada década de años 20 el mundo enfrenta una crisis, epidemia o pandemia que generan caos, muerte y conflictos. Y es una realidad ya que los registros no mienten.

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Por ejemplo, hay publicaciones que sostienen que la Peste Negra golpeó duramente a Europa hace 700 años, precisamente en 1320. Aunque según la Enciclopedia Britannica, sucedió entre 1347 y 1351. Lo cierto es que se sabe históricamente que la enfermedad apareció hacia 1320 en el desierto de Gobi​, entre el norte de China y el sur de Mongolia; y que llegó a este último país por primera vez diez años después.

Si bien no existen números oficiales, estimaciones indican que la Peste Negra cobró la vida de cerca de 25 millones de personas en todo el viejo continente, la que era transmitida por pulgas a humanos luego de picar a roedores infectados.

Otra epidemia fue la Viruela, que causó estragos en la civilización Azteca en la década de 1520 luego que Hernán Cortés zarpara desde Cuba en febrero de 1519 con sus tropas a lo que hoy conocemos como México. Arqueología Mexicana recordó que a esa altura la viruela del ganado mayor, el sarampión de los perros, la varicela de las gallinas y la peste de la rata ya habían pasado del mundo animal al humano en Europa, por lo tanto fueron los invasores los que trajeron tales padecimientos a un área donde aquello no ocurría.

Según historiadores, la muerte de la población originaria ayudó a España en su conquista y pese a que las armas y las tácticas que los europeos traían jugaron un rol en la sumisión de los locales, la mayor parte del trabajo la hizo la enfermedad.

En tanto, la plaga de Marsella fue el último gran contagio de Francia. La enfermedad mató a cerca de 40 mil personas entre 1720 y 1723, de acuerdo a Britannica, y llegó a esta ciudad puerto en el ancla del barco San Antonio, según recopila el investigador Christian Devaux. En su cargamento, la nave traía sedas y algodón, los que llevaron el bacilo de Yersin a la urbe y, debido al contrabando, a ciudades próximas.

El cólera, por su parte, causó estragos en una serie de ocasiones a lo largo de la historia de la humanidad, en diversos sectores del planeta. Pese a que se cree que esta infección diarreica aguda, que en los casos más graves lleva rápidamente a la deshidratación, se dio en la década de 1820 hubo un brote devastador de cólera, lo cierto es que no esa no sería la primera vez que aquello ocurría. Según la Organización Mundial de la Salud “poblaciones de todo el mundo se han visto afectadas esporádicamente por brotes devastadores de cólera. Hipócrates (460-377 AC) y Galeno (129-216 DC) ya describieron en su día una enfermedad que probablemente era cólera, y hay muchos indicios de que los habitantes de las llanuras del Río Ganges conocían ya en la antigüedad una enfermedad similar al cólera”.

Los conocimientos más acabados y refinados al respecto partieron a partir de la gran pandemia de 1817 del Asia sudoriental, la que se propagó a todo el mundo y que, por su duración, también se desarrolló en parte de la década de 1820.

Por otro lado, una vez que culminó la Primera Guerra Mundial el mundo ya enfrentaba otra crisis, pero de salud. En 1918 comenzó la gripe española, la que -de acuerdo a diferentes estimaciones- mató a al menos 50 millones de personas en todo el mundo hasta 1921, año en el cual fue controlada. Según un informe publicado por Marcelo López y Miriam Beltrán, del Programa de Estudios Médicos Humanísticos de la Universidad Católica, América Latina también sufrió los embates de esta enfermedad, a la que catalogaron como “la pandemia más importante del Siglo XX”.

La plaga de Atenas es otro de los casos registrados. Previo a la era común, esa ciudad estaba bajo sitio durante la Guerra del Peloponeso (431 AC – 404 AC). De acuerdo a la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, la enfermedad mató entre 75 mil y 100 mil personas en tres años (430 AC – 427 AC). Los afectados sufrían fiebre y sed intensa, problemas de sueño y diarrea severa, y ya Tucídides observaba que la mayoría moría entre siete a nueve días tras el comienzo de los síntomas.

La enfermedad que causó esta plaga se habría originado en África Subsahariana, al sur de Etopía, y llegó a Grecia luego de azotar el norte y oeste de Egipto, Libia y cruzar el Mediterráneo.


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