"Il Capitano" Matteo Salvini y la política como lucha por la Identidad - ALERTA NACIONAL
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“Il Capitano” Matteo Salvini y la política como lucha por la Identidad

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Sergio Fernández Riquelme.- Todo ejército tiene su capitán. En la guerra, dirige a sus huestes hacia la victoria, y en la paz intenta mantener el orden interno. Capitanes heroicos o cobardes, fieles o traidores, exitosos o fracasados encontramos en la Historia. “O Captain! my Captain! our fearful trip is done, The ship has weather’d every rack, the prize we sought is won”, dedicaba Walt Withman al asesinado Lincoln. Líderes más cercanos que élites intelectuales o afamados generales, que comparten en muchas ocasiones el rancho y que buscan este cargo por servicio público o por intenciones de ascenso. Elegidos por tradición, raciocionio o carisma, la tropa necesitada de verdades y seguridades cree en ellos y lo consideran, habitualmente, uno de ellos.

Italia tiene ahora a Salvini, Il capitano, que pretende representar a la que considera la verdadera Italia. Frente a un Cavaliere provocador (Silvio Berlusconi), a un Professore conciliador (Romano Prodi) o a un moderno y joven Rottamatore (Matteo Renzi) muchos italianos de diversa ideología y origen siguen los pasos y los tuits del Capitán.

Presente como nadie en las redes sociales y creciendo en las encuestas de manera vertiginosa, Matteo Salvini, viceprimer ministro y ministro del Interior, impulsó en el país transalpino un nacionalismo soberanista capaz de integrar el regionalismo histórico italiano (uno de los países que más tarde accedió a su unificación político-territorial) con el nuevas posiciones identitarias frontalmente contrarias al diktat de Bruselas ante fenómenos migratorios globales, uniformizaciones culturales globalizadas, imposiciones socioeconómicas internacionales y problemas ciudadanos cada vez más profundos que eran caldo de cultivo para los llamados populismos de izquierdas o derechas.

Quedaba atrás la vieja Lega norte de Umberto Bossi, marcada por la masonería y los negocios sobre la coartada del ensueño de la Padanía étnica y secesionista (desde el neologismo de la llanura que atraviesa el río Po o Padus) y reunida cada año en la exótica celebración de Pontida para denuncia a los ladrones romanos y a los pobres sureños. Le sucedía una nueva Lega italiana, parte del gobierno nacional en 2019 (en coalición con el peculiar Movimento 5 Stelle, M5S, liderado por Luigi di Maio), nacionalista y regionalista a la vez, defensora de los valores tradicionales (de la Familia natural a la herencia cristiana) y promotora de una gran alianza de reforma europea (con Polonia y Hungría).

Pero todos tenemos un pasado. Salvini fue ardiente nacionalista lombardo, como líder del Movimiento de Juventudes padanas y como candidato de los comunistas padanos en las elecciones de 1997, siendo además asiduo colaborador del izquierdista centro social Leoncavallo y admirador declarado de los nacionalismos izquierdistas del momento (del quebequés al vasco). Pero años después, y como miembro de la Lega en el Parlamento europeo desde 2004, comenzó su transformación.

Una conversión en toda regla. En primer lugar, adoptando el soberanismo nacionalista italiano (sin olvidar el regionalismo primigenio de la Lega, pero ahora para todo el pais transalpino), al colaborar en el seno del grupo Europa de la Libertad y la Democracia, y y acercarse al nacionalismo identitario del francés Frente Nacional y del holandés Partido por la Libertad. El lema soberanista “Basta Euro” reemplazó, definitivamente, a la reivindicación del sueño folclórico de la “Padania” en la tribuna del Parlamento europeo. En segundo lugar, asumiendo el catolicismo identitario (entre la tradición y la modernidad) a partir de las enseñanzas de su admirado Joseph Ratzinger, el Papa Benedicto XVI (y del cardenal Raymond Burke) al que siempre recuerda como su verdadero Pontífice, del que reivindicó su famoso Discurso de Ratisbona y al que dedicó una camiseta que llevó en diferentes ocasiones con su foto y un lema bastante elocuente:“l mio papa è Benedetto XVI”.

A su vuelta de Estraburgo como conocido “eurófobo”, lideró la facción derechista de la Lega en 2013, y de la mano del todopoderoso gobernador de Lombardia Roberto Maroni, logró hacerse con el control de un partido en caída libre en elecciones y encuestas (tras haber sido miembro de los gobiernos de Silvio Berlusconi) y en plena crisis tras los arrestos de su cúpula por corrupción.

La toma del poder se tradujo en un cambio de estrategia. La Lega o era italiana o no sería, o era soberanista o desaparecería. Por ello en las diversas elecciones regionales de 2015 la nueva Lega se presentó con la marca “Nosotros con Salvini” (Noi con Salvini) tanto en el norte como en el sur de Italia (del Lazio a Cerdeña). Y tras apartar al mísmísimo Maroni y a Flavio Tosi, su principal contendiente en la Lega, Salvini pudo completar su transformación. El éxito de la convocatoria (primero en el Véneto, segundo en Toscana o Liguria, y tercero en las Marcas y Umbria) respaldaron su apuesta y provocaron un ascenso histórico en las encuestas, que se tradujo en el tercer puesto en las elecciones generales de 2018 (triplicando sus votos). Sin el adjetivo “norte”, la ahora “Lega Savini Premier” superó en estos comicios, y por primera vez, a su viejo socio de Forza Italia e hizo de la Coalizione di centrodestra la primera del país (junto con Fratelli d’Italia, Unione di Centro y Noi con l’Italia). Pero ante la debilidad de los de Berlusconi en las negociaciones y ante ciertas coincidencias programáticas con el ganador grillino, la Lega entró en el 65º Gobierno nacional, en coalición con el M5S (fundado por el llamado cómico antisistema Beppe Grillo) y bajo presidencia del tecnócrata Guiseppe Conte.

Omnipresente en las redes (gracias a la labor de su asesor Luca Morisi) y bajo el lema “Prima Gli Italiani” la nueva Lega desembarcó en el Palazzo Chigi. En este nuevo gobierno, Salvini y los suyos impusieron algunas de sus condiciones. Interior fue para el mismo Salvini, situando la seguridad nacional y el respaldo a las fuerzas estatales como prioridad; Familia y discapacidad fue para Lorenzo Fontana, católico tradicionalista veronés; Agricultura para Gian Marco Centinaio, defensor decidido de la producción nacional; Educación para Marco Bussetti, partidario de eliminar la ideología de género de las escuelas; Asuntos Regionales y Autonomías para Erika Stefanini, desde el regionalismo militante de la Lega; y Administración Pública para Giulia Bongiorno, buscando reducir eficazmente el Estado (con el impulso de infraestructuras y la idea del impuesto único). Participación en el gobierno que encumbró a los leghistas en las encuestas (por primera vez líder de las mismas, tanto en 2018 como en 2019 con más del 30%), fagocitando a su socio grillino y haciéndole ganar elecciones regionales en zonas insospechadas hasta ese momento como los Abruzzos o Cerdeña (liderando de nuevo la coalición de centroderecha).

La protección de las fronteras (frente a mafias e inmigrantes ilegales), el apoyo a la natalidad (ante el envejecimiento demográfico), la defensa de la autonomía regional (de Lombardía al Véneto), la reivincidcación de la Familia natural (eliminando en el documento de identidad “progenitores” por padre y madre), la protección del productor nacional, la apuesta por el salario básico universal (propuesta estrella, en puridad, de Di Maio), el proyecto de custodia compartida obligatoria, o la consecución de la Ley de legítima defensa. Estas fueron algunas de las grandes propuestas de la Lega en el ejecutivo y el parlamento, que provocaron críticas de sus propios socio de gobierno (amenazando con nuevas elecciones en más de una ocasión el llamado sector progresista de los grillini, encabezado por Roberto Fico), la furibunda reacción de la oposición izquierdista (el PD de Maurizio Martina y Niccola Zingaretti) y también de parte de la Conferencia episcopal italiana (en especial desde las páginas de Avvenire y Famiglia Cristiana). Iniciativas a las que se unieron proyectos claramente tradicionalistas como la norma de establecer crucifijos en las instituciones públicas, la Ley de custodia compartida para prevenir conflictos en la separación e incluso desalentar el divorcio (“garanzia di bigenitorialità”) del senador Simone Pillon, la ayuda de entrega de tierras públicas a las familias con tres o más hijos, la Ley frente a los vientres de alquiler (“utero in affitto”), o el apoyo directo a la celebración del XIII Congreso Mundial de Familias en Verona (World Congress of Families, WCF).

Odiado por sus enemigos y amado por sus seguidores. El Capitán lograba la polarización necesaria en tiempos de política altamente mediática. Pero especial ha sido el encontronazo con el clero democristiano (al que acusaba de “cattocomunisti”), que denunciaba a la Lega y sus socios por patrimonializar (e instrumentalizar) casi en exclusiva la bandera de la Identidad cristiana de Italia y la defensa de sus valores nacionales; especialmente ante el impacto de la imagen de un Salvini con rosario y biblia en mano en los principales actos electorales. El mismo Salvini reivindicaba las raíces cristianas de Italia y sus valores tradicionales (reconociendo públicamente sus pecados personales en numerosas ocasiones): “Rivendico che questo Paese abbia profonde radici cristiane. Nel Paese che ho in testa gli ultimi, non saranno più ultimi. Vado al governo cambiando le leggi, ma ispirandomi a certi valori”. Y Lorenzo Fontana defendía que el verdadero cristianismo debía proteger a los hermanos nacionales, a los más próximos ante las dificultades o la inseguridad: “Ama il prossimo tuo, quello in tua prossimità. Quindi se io amo le persone che stanno dall’altra parte del mondo e poi mi dimentico della persona del difficoltà e non parlo nemmeno al mio vicino di casa, allora sono un ipocrita”.

Il capitano era el político europeo con más seguidores en la redes sociales, en comunicación casi directa con sus followers, y sin pelos en la lengua. Dueño del debate político, sus lemas llegaban en internet y se publicitaban en sus sudaderas, sus mensajes se vestían de policía o de obrero, y su presencia impactaba en directo con detenciones policiales (como en la llegada del extraditado terrorista Cesare Battisti) o redadas antidrogas. Sus continuos videos en Facebook sumaban decenas de miles de seguidores, sus visitas a pueblos y barrios deprimidos o inseguros se convertían en pequeños baños de masas, y los medios de comunicación, los propios y los ajenos, no paraban de hablar de él, de Il capitano, y sobre todo de sus polémicas porque Salvini necesitaba la polémica.

Esta política virtual contemporánea (mediática y viralizada) parecía premiar o bien la corrección ideológica (desde el triunfo del “Yes we can” y sucesivas creaciones comerciales) o bien la incorrección ideológica (desde la reacción identitaria, ciudadana, soberana). No hay término medio, parece. Y Salvini, como otros antes que él, lo aprendió muy bien. Su labor política parece una incansable campaña electoral, abrazando a los amigos y señalando a los enemigos. Escuchar directamente a los ciudadanos, atender miedos e inseguridades minimizados por el poder, meterse en toda batalla en los medios, no eludir la confrontación o el debate, usar lemas directos y llamativos, combinar casi todo lo posible en el discurso político, tocar los temas más sensibles, y ser tan directo como directo es el mundo actual.

Su postura ha sido, así, radical contra las migraciones ilegales, prohibiendo el desembarco de inmigrantes a las costas italianas, tanto de las ONGs a las que acusa de connivencia con las mafias como los rescatados en el Mediterráneo por la propia Guardia costera. Su enfrentamiento con el presidente Macrón ha sido frontal, especialmente por las devoluciones “en caliente” de migrantes por parte de la policía gala que cruzaban la frontera italo-francesa (en el paso de Ventimiglia) o por temas de política europea (cruzándose palabras gruesas). Su oposición a la burocracia de la UE por la soberanía nacional ha sido casi visceral, especialmente por el control financiero de Bruselas de las cuentas italianas o por sus pretensiones de colonización ideologica y moral en la sociedad. Y sus reacciones inmediatas ante críticas (de machista o xenófobo) e insultos (casi diarios) son casi siempre trending topic.

A nivel interno, Salvini y su Lega no ha dejado títere con cabeza: frente al novelista Roberto Saviano por sus posturas ante las migraciones, frente al ganador italo-egipcio del festival de San Remo por no representar realmente a Italia, frente al Tribunal que quiere juzgarlo por impedir el desembarco de refugiados del barco Diciotti por supuesta persecución política, frente al Papa Francisco o al presidente Matarella por sus declaraciones identitarias, e incluso frente a Pamela Anderson por sugerir que Salvini era algo propio de los años treinta. Y a nivel internacional sus socios eran evidentes: los partidos soberanistas-nacionalistas que pretendían una Europa más descentralizada (y a los que quería aglutinar en una especie de ”Europa de las naciones”), la Hungría de Viktor Orbán (quién consideraba a Salvini como “mi héroe y mi compañero de destino”), o la Polonia de Ley y Justicia, con quién compartía el sueño de un “nuevo equilibrio europeo” fundado en la independencia nacional y la tradición cristiana. Sobre este equilibrio Salvini declaró que “Italia e Polonia saranno protagoniste di una nuova primavera europea, di una rinascita dei valori veri della Ue: meno finanza e burocrazia, più lavoro e sicurezza”, donde “l’Europa deve tornare alla sua identità, alle sue radici giudeo-cristiane, identità che viene respinta a Bruxelles in modo pazzesco, dove i valori della famiglia vengono respinti”.

Pero un lugar muy especial ocupó la Rusia de Vladimir Putin. Una nación de la que aprender a defender un mundo multipolar, de la que copiar su protección de los valores tradicionales, y a quién levantar las sanciones por la crisis de Ucrania (aunque disentían en la crisis de Venezuela). Una admiración (y relación) atestiguada ya en su paso por el Parlamento europeo, y nunca escondida por Salvini (virales fueron sus fotos con la camiseta de Putin en plena Plaza Roja de Moscú), centrada en la colaboración cultural, política y económica con Rusia Unida y con diversas instituciones del Kremlin. Sobre el presidente ruso Salvini declaró que “non abbiamo fatto discorsi profondi, ma credo che egli – un uomo di potere – sia toccato dalla necessità della fede. È un realista. Vede che la Russia soffre per la distruzione della morale. Anche come patriota, come persona che vuole riportarla al ruolo di grande potenza, capisce che la distruzione del cristianesimo minaccia di distruggerla. Si rende conto che l’ uomo ha bisogno di Dio e ne è di certo intimamente toccato”.

A la Lega le llamaron Il Carroccio, símbolo de independencia e identidad de las ciudades-estado del Medioevo italiano, inicialmente usado por las urbes de la Liga lombarda frente al expansionismo del Emperador romano-germánico Federico I Barbarroja. Un altar de cuatro ruedas tirado por bueyes, como plataforma rectangular con el estandarte de la ciudad y con una cruz en el centro, donde se celebraba la eucaristía y se llamaba con trompetas a la batalla. Y Salvini puso el suyo en Roma, simbólicamente, cuando los leghistas llenaron, por primera vez en la Historia, la Piazza del Popolo con ciudadanos de las ciudades del norte y del sur en su gran concentración del 7 de diciembre de 2018, ante los ojos incrédulos de vecinos y opositores. La Italia soberana, nacionalista (y regionalista) e identitaria (y tradicionalista) aparecía en escena para intentar cambiar el país y transformar Europa.

(La Tribuna del País Vasco)


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Estos son los clanes criminales de Oriente Medio en Alemania

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En la imagen: Mahmud Al Zein, jefe del clan kurdo-libanés Al Zein, asiste al funeral de un socio criminal asesinado el 13 de septiembre de 2018 en Berlín.
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Por Judith Bergman.- En un documental emitido recientemente en el canal alemán ARD, sobre las bandas familiares criminales de Oriente Medio en Alemania —o clanes, como las llaman en Alemania— el jefe de la Agencia Federal de la Policía Criminal (BKA), Holger Münch, dijo: “En aproximadamente un tercio de los procesos, había inmigrantes entre los sospechosos, y eso significa que tenemos que vigilar muy de cerca este fenómeno”.

Münch parece haberse referido al hecho de que los inmigrantes que llegaron a Alemania desde Siria, Irak y otros países durante la crisis migratoria de 2015-2016 están empezando ahora a competir con las bandas familiares criminales que llevan establecidas mucho tiempo en Alemania, cuyos fundadores originales llegaron al país desde el Líbano a finales de los setenta, durante la guerra civil libanesa.

Las autoridades alemanas temen que esta competencia pueda conducir a más violencia aún: algunos de los recién llegados tienen “experiencia en combate” al haber vivido en zonas de guerra, como dijo Frank Richter, jefe de la policía en la ciudad de Essen, a ARD. “Por supuesto, esta sería una situación muy, muy diferente de la que tenemos en este momento”, añadió.

Los clanes familiares criminales de Oriente Medio ya son un gran problema en Alemania. Las más conocidas tienen principalmente su base en Berlín, Bremen, Renania del Norte-Westfalia y la Baja Sajonia, y se llaman Abu-Chaker, Al Zein, Remo y Miri. Varias familias también son conocidas como clanes de la mafia libanesa. Su actividad criminal comprende el robo, la extorsión económica, el tráfico de drogas y la prostitución.

En mayo, un estudio presentado por el ministro del Interior del estado de Renania del Norte-Westfalia, Herbert Reul, reveló que 104 clanes criminales estaban activos allí. Se cree que algunos de los 6.500 sospechosos de tener vínculos con los clanes fueron los autores de 14.225 delitos entre 2016 y 2018. Entre ellos, dos asesinatos y 24 intentos de asesinato, además de daños corporales, robos y chantajes, dijo la policía. Se dice que sólo diez clanes han cometido un tercio de los delitos. Según Reul:

“Durante años, se han ignorado deliberadamente las denuncias de los ciudadanos y los círculos policiales sobre este problema. Fuese una corrección política mal entendida, o porque se consideró que es imposible que pasen cosas que se supone que no deben pasar, esto se ha acabado por fin. No estamos bajo el imperio de los clanes, sino del imperio de la ley”.

Según la policía, el mayor número de sospechosos de tener vínculos con clanes eran ciudadanos alemanes (36%), seguidos por los libaneses (31%), los turcos (15%) y los sirios (13%).

Según lo informado por el analista estratégico Soeren Kern, incluso en diciembre de 2015, el entonces ministro del Interior de Renania del Norte-Westfalia, Ralf Jäger, rechazó un estudio para determinar el alcance de los clanes criminales en el estado porque era políticamente incorrecto:

“La recopilación de datos adicional no está permitida por la ley. Se debe evitar, tanto interna como externamente, cualquier clasificación que se pueda utilizar para despreciar a los seres humanos. En este respecto, el uso del término “clan familiar” (Familienclan) está prohibido desde el punto de vista policial”.

Asimismo, el jefe de la Agencia Federal de la Policía Criminal, Holger Münch, le dijo a la cadena ARD que “no se debería permitir que esas cosas pasen durante años y años, esa es, yo creo, la mayor lección que tenemos que aprender de los acontecimientos de los últimos 30 años”.

Según Deutsche Welle: “Durante décadas, la policía hizo la vista gorda a las familias criminales ampliadas, en parte para evitar ser acusada de discriminación racial. Esto ha hecho que el problema actual sea aún más difícil, ya que las estructuras de los clanes se han solidificado, se han formado sociedades paralelas y el enemigo ha crecido”.

Ralph Ghadban, politólogo libanés-alemán y destacado experto en clanes en Alemania, ha estimado que:

“Hay ahora medio millón de personas en toda Alemania que forman parte de un clan, aunque no sean todas delincuentes. Están representadas muchas nacionalidades. Hay clanes libaneses, turcos, kurdos, albaneses, kosovares e incluso familias extensas chechenas que dirigen negocios ilegales”.

“Los clanes se comportan en sus entornos alemanes como si fueran tribus en el desierto. Todo lo que está fuera del clan es territorio enemigo y susceptible de saqueo”, dijo Ghadban a The German Times en octubre.

Los clanes familiares no son el único tipo de bandas organizadas de Oriente Medio que actúan en Alemania. También hay bandas de moteros, un área que antes estuviera dominada por bandas más “tradicionales” como los Ángeles del Infierno.

Según Sebastian Fiedler, jefe de la Asociación de Investigadores Criminales de Alemania:

“Los delitos cometidos por los Ángeles del Infierno siguen siendo un problema (…) Diría que estas organizaciones más antiguas son hoy más parecidas a negocios ilícitos. (…) Lo que es distinto hoy es que las bandas de moteros es que suelen tener miembros de distintos orígenes étnicos, y algunas tienen lazos con organizaciones extremistas, o a veces siguen una agenda extranjera. En resumen, las bandas de moteros se han vuelto mucho más heterogéneas”.

Fiedler añadió que algunas bandas también tienen vínculos en el extranjero:

Se sabe que la banda Osmanen Germania ha recibido ayuda económica del partido en el Gobierno de Turquía, Justicia y Desarrollo (AKP). Las bandas han funcionado básicamente como el brazo armado de [el presidente turco Recep Tayyip] Erdogan en Alemania. Muchas bandas de moteros que aparecen hoy en los titulares son parecidas. La mayoría ya no está interesada en controlar los mercados ilícitos, sino que ahora tienen objetivos mayores. Éstos siempre tienen una dimensión económica.

La policía alemana está intentando acabar con el problema con una política de tolerancia cero, pero la pregunta es si ese enfoque es suficiente. Según Ralph Ghadban:

“Una política que al fin reconoce el problema del crimen de clanes, una fuerza policial que lleva a cabo continuas redadas y un poder judicial que utiliza todos los medios legales sigue sin ser, todo junto, suficiente. Alrededor de un tercio de los miembros de los clanes quiere llevar una vida normal. Se sienten atrapados en sus clanes”.

Por lo tanto, la mano dura debe estar respaldada por programas para las personas que quieran salir de los clanes. El distrito de Neukölln de Berlín está organizando dicho programa. Según Martin Hikel, alcalde del distrito de Neukölln:

En el núcleo de estas estructuras patriarcales hay personas que no quieren acabar en matrimonios forzosos, personas que no quieren vivir en un estado de rivalidad permanente, o incluso de guerra, con otro clan, o estar escondiéndose constantemente de la policía. Pero estas personas necesitan ayuda. Estamos organizando un programa para ayudarlas a dar la espalda a este estilo de vida y empezar una nueva en otra parte.

El secretario de Interior de Berlín, Andreas Geisel, dijo hace poco que el crimen de bandas en la ciudad está controlado por “unas 20 familias influyentes, de las cuales siete u ocho tienen una actividad criminal altísima”. Según The German Times:

Hay calles en Neukölln, Kreuzberg y Gesundbrunnen [distritos de Berlín] donde la policía sólo se atreverá a poner un pie con un escuadrón. Incluso durante los actos de rutina como citar al miembro de un clan por aparcar en un carril bici, los policías se ven a menudo rodeados y amenazados por los familiares y socios. “Los miembros de los clanes destacan por su forma de actuar en su territorio”, dice un portavoz de la policía. “Su mensaje es: ¡Largo! ¡Esta es nuestra calle!”.

Neukölln es uno de los distritos de Berlín con más problemas, incluido el abuso del sistema de ayudas sociales por parte de los clanes. Según Falko Liecke, vicealcalde de Neukölln y concejal del distrito de Juventud y Sanidad, los clanes “ven las prestaciones por desempleo como una fuente de ingresos para complementar todas dus demás fuentes”.

No se sienten incómodos con el sistema de ayudas sociales. Al fin y al cabo, no tienen que depender de él para sobrevivir. No les interesan las leyes. Intentan sólo obtener ganancias de lo que el Estado y la sociedad les pueden ofrecer.

Según Liecke, estos clanes ven el Estado como “un objeto de ridículo, un objetivo para la explotación”.

Según Geisel, combatir el crimen de clanes llevará “décadas”: “Es una maratón, no un esprint”, dijo.

(Gatestone)


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Crecimiento inquietante de la violencia en una Francia en estado de crisis y angustia social

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Crecimiento inquietante de la violencia y la delincuencia, en una Francia en estado de crisis y angustia social: incremento llamativo de los crímenes sexuales, los homicidios, los robos, las degradaciones callejeras y racistas, los enfrentamientos violentos entre manifestantes y fuerzas del orden, fuerzas del orden y bandas suburbanas.

Según las estadísticas oficiales…

-Las violencias sexuales crecieron en un 12% durante 2019, con un récord histórico de 54.000 denuncias, en toda Francia (67 millones habitantes), entre 140 y 150 casos diarios de violencia sexual.

-Durante los últimos doce meses se consumaron en Francia 970 homicidios y tentativas de homicidios, a tiros, con cuchillos de cocina. «El peor balance de los últimos años», comenta Alain Bauer, profesor de criminología, antiguo condiscípulo y amigo íntimo de Manuel Valls.

-El año pasado, las estafas crecieron un 11% y los robos sin violencia un 3%. El «Observatorio nacional de la delincuencia» comenta: «Se trata de un incremento constante de la violencia y delincuencia de todo tipo. No solamente a las violencias ligadas al mantenimiento del orden, durante un año particularmente difícil. En los casos más sensibles, como los intentos de asesinato, se trata de un retroceso de cuarenta años».

El año 2019 estuvo marcado por un fenómeno de nuevo cuño: incremento espectacular de las acciones violentas, de carácter criminal y nihilista, en la periferia de París y otras grandes ciudades, la «banlieue» parisina, siempre al borde de los «ataques de nervios», desde la gran crisis nacional del 2005. Jean-Jacques Brot, prefecto, comenta el problema en estos términos: «En algunas ciudades, como Marsella, la violencia suburbana está muy ligada a la criminalidad. En la periferia de París estamos asistiendo a un fenómeno relativamente nuevo: bandas armadas provocan a las fuerzas del orden, con armas y cócteles “Molotov”, incrementando una violencia no solo criminal».

En ese marco, la gran crisis de la franquicia de los chalecos amarillos, entre finales del 2018 y buena parte del 2019, habituó a París y no pocas ciudades francesas al espectáculo semanal de manifestaciones incontroladas a las que se sumaban bandas nihilistas, como los «black bloc», «estructuras efímeras» del enfrentamiento violento con las fuerzas del orden.


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Alemania presenta un nuevo plan que obligaría a todos los países de la Unión Europea a aceptar inmigrantes ilegales

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El ministro del Interior alemán, Horst Seehofer
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Por Soeren Kern.- El ministro del Interior alemán, Horst Seehofer, ha presentado un nuevo plan para reformar el sistema de asilo europeo. Un borrador de la propuesta filtrado muestra que todos los Estados miembros de la Unión Europea tendrían que aceptar inmigrantes ilegales. (Foto de Michele Tantussi/Getty Images)

El ministro del Interior alemán, Horst Seehofer, ha presentado un nuevo plan para reformar el sistema de asilo europeo. Un borrador de la propuesta filtrado a los medios muestra que todos los Estados miembros de la Unión Europea tendrían que aceptar inmigrantes ilegales.

Los países de Europa Central y del Este se oponen a las reubicaciones obligatorias alegando que las decisiones sobre la concesión de los permisos de residencia deberían mantenerse en el nivel nacional. Han señalado que, al imponer cuotas de inmigrantes de forma unilateral a los países miembros de la UE, los burócratas no elegidos de Bruselas están intentando obligar a los líderes democráticamente elegidos de Europa que se sometan a sus dictados.

De hecho, el debate en curso sobre la inmigración es, en el fondo, sobre el federalismo europeo y el grado en que se permitirá que la Unión Europea usurpe los poderes de toma de decisiones de sus 28 Estados miembros.

Seehofer presentó su plan de cuatro páginas para reformar el Sistema Europeo Común de Asilo (SECA) a la nueva presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en Bruselas, el 2 de diciembre. Se espera que ella dé a conocer sus propuestas sobre inmigración en febrero de 2020, antes de que comience la presidencia de seis meses de Alemania del Consejo Europeo, en julio de 2020.

El nuevo plan tiene como objetivo sustituir el Convenio de Dublín de la Unión Europea, una ley que exige que las personas que solicitan asilo en la UE lo hagan en el primer país europeo al que llegan.

Los países de Europa del sur —en especial Grecia e Italia— se han quejado de que, en el contexto de la inmigración masiva de África, Asia y Oriente Medio, el actual sistema coloca una carga injusta y desproporcionada sobre ellos. Dicen que todos los países miembros de la UE deberían asumir la misma responsabilidad sobre los inmigrantes que llegan a las costas europeas.

En el punto álgido de la crisis migratoria de Europa en septiembre de 2015, algunos países miembros de la UE votaron la reubicación de 120.000 inmigrantes desde Italia y Grecia a otras partes del bloque. Esta cifra se sumaba al plan de julio de 2015 de redistribuir a 40.000 inmigrantes desde Italia y Grecia.

Se ordenó a nueve países de Europa Central y del Este que, de los 160.000 inmigrantes que había que “compartir”, aceptaran alrededor de 15.000. Aunque la República Checa, Hungría, Rumanía y Eslovaquia votaron contra el acuerdo, se les siguió exigiendo que lo acataran.

En septiembre de 2017, el tribunal supremo de la Unión Europea, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), dictaminó que el poderoso brazo ejecutivo de la Unión Europea tiene el derecho legal de ordenar a los países miembros de la UE que acepten los llamados solicitantes de asilo. También dictó que los países miembros de la UE no tienen ningún derecho legal a resistirse a esas órdenes.

Hungría y Eslovaquia, respaldados por Polonia, alegaron que la Unión Europea había incumplido sus propias normas y se había excedido en sus poderes cuando aprobó el sistema de cuotas con una “mayoría cualificada”, en torno a dos tercios de los miembros del bloque. También adujo que el esquema de reubicación es una flagrante vulneración del Convenio de Dublín.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó que el voto de una mayoría cualificada bastaba porque la UE “no estaba obligada a actuar de forma unánime cuando adoptó la decisión impugnada”. La sentencia, que no mencionaba el Convenio de Dublín, concluía: “El mecanismo, en realidad, contribuye a permitir que Grecia e Italia puedan afrontar el impacto de la crisis migratoria de 2015 y es proporcionado”.

El ministro de Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, calificó la sentencia del tribunal de “indignante e irresponsable” y “contraria a los intereses de los países europeos, incluida Hungría”. Añadió: “La decisión pone en riesgo la seguridad de toda Europa y también del futuro de toda Europa”.

En noviembre de 2019, el Tribunal de Cuentas Europeo informó de que, de los 160.000 inmigrantes que en teoría iban a repartirse los países miembros de la UE, sólo fueron reubicadas en última instancia 34.705 personas (21.199 desde Grecia y 12.706 desde Italia).

Los líderes de Francia e Italia, durante una reciente reunión bilateral en Roma, pidieron a la Unión Europea que introdujera un nuevo sistema automático de acogida de inmigrantes. El presidente francés, Emmanuel Macron, dijo que estaba “convencido de que se necesita un mecanismo europeo automático para la recepción de inmigrantes”, y que los países de la UE que se negaran a participar en el esquema serían “severamente penalizados”.

El borrador filtrado de la propuesta de Seehofer afirma que el Convenio de Dublín crea “claros desequilibrios”, ya que, en 2018, el 75% de todas las solicitudes de protección internacional fueron presentadas en sólo cinco Estados miembros”.

El documento sostiene que el Convenio de Dublín es “ineficiente” porque “en toda la UE, los solicitantes son derivados al Estado miembro (originalmente) responsable en sólo el 3% de los casos”, lo que significa que, en la práctica, los solicitantes de asilo no son devueltos al país al que llegaron primero.

La parte clave del documento pide que las solicitudes de asilo se valoren inmediatamente a la llegada a la frontera externa de la UE. Desde allí, una Agencia de Asilo de la Unión Europea (AAUE) de nueva creación “determinaría” qué país miembro es responsable de aceptar al solicitante y procesar su solicitud.

El plan de Seehofer pretende ser permanente y no limitarse a las situaciones de crisis. En particular, el plan no aborda el problema del retorno de los inmigrantes ilegales a sus países de origen.

El plan evita de forma estudiada utilizar el término “cuota”, políticamente explosivo, y lo sustituye por “parte justa” (gerechter Anteil). El documento también omite el término “obligatoria”, aunque se asume en todo momento que el esquema de reubicación de inmigrantes será obligatorio para todos los países miembros de la UE.

Si todo va según lo planeado, el proyecto de ley sería adoptado por el Parlamento Europeo en la segunda mitad de 2020, cuando Alemania ejerza la presidencia de la UE. Sería después ratificado por el Consejo Europeo, compuesto de los líderes de los países miembros de la UE.

El nuevo comisario europeo para la Protección del estilo de vida europeo en la Comisión Europea, Margaritis Schinas, expresó su apoyo al esquema:

“La comisaria de Inmigración, Ylva Johansson, y yo, nos reunimos con Horst Seehofer. Estamos completamente de acuerdo con Alemania. Necesitamos este consenso de todos los Estados miembros, y estamos trabajando duro para alcanzarlo”.

Sin embargo, el primer ministro checo, Andrej Babiš, manifestó su oposición al plan alemán. En una entrevista con la agencia de noticias checa ČTK, dijo que sabía lo que había detrás de la semántica de Seehofer:

“Rechazamos fundamentalmente la inmigración ilegal. También rechazamos permitir que las bandas de traficantes decidan quién va a vivir en Europa. Rechazamos las cuotas y me sorprende que esta cuestión vuelva otra vez a la mesa de negociaciones. Espero que la nueva Comisión Europea ponga fin a esto”.

El ministro del Interior checo, Jan Hamáček, dijo que la República Checa “coordinaría nuestra postura” con los demás miembros de los Cuatro de Visegrado (V4), una alianza cultural y política de cuatro Estados de Europa Central: la República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia.

El ministro de Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, dijo que el V4 no se iba a plegar a la presión de la UE para aceptar inmigrantes:

“La postura del V4 es clara. No estamos dispuestos a admitir a ningún inmigrante ilegal en Europa central. El éxito y la seguridad de Europa central se deben a nuestro afán en una política antimigratoria firme, y esto va a seguir así”.

Por eso Europa central es una de las regiones más exitosas de la actual Unión Europea, y su motor de crecimiento. No toleramos ningún tipo de presión, y los húngaros insistimos en nuestro derecho a decidir a quién permitimos entrar en nuestro país y con quién deseamos vivir.

(Gatestone)


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